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CROWD CREATION. EL CETRO DE ESMERALDAS. CAPITULO VI.
Fantasía |
13.03.13
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Sinopsis

No he podido evitar incluir un toque de romanticismo...drama...y alguna sorpresa. Espero que os guste,lo he escrito con mi mejor intención y he disfrutado haciéndolo. Ahora le toca a nuestra compañera Marfull así que ánimo, y a seguir escribiendo que es lo de que se trata.

Las primeras luces del crepúsculo  intimidan al “Osadía” que  se desliza sobre el agua lentamente. En la orilla aguantan estoicos los cientos de hombres de Magnum, mientras el frío mete la humedad en sus castigados huesos.

En los niveles inferiores de la embarcación fingiéndose invisibles, se halla el grupo de los voluntarios que portan el cetro de esmeraldas. 

Es un señuelo que ha ideado Magnum,  para que los hombres de Arzabak y los del Caballero Oscuro crean que continuaran a través del mar, hacia el país de las Tinieblas.

Sin  embargo, el plan consiste en el desembarco inminente. Las olas y el viento de estribor  hacen bailar al “Osadía” que parece gruñir enfadado, por el motivo de su parada. Lejos de la mirada curiosa de los hombres  de Magnun,  y cerca para que el bote pueda llegar a la zona de los acantilados, los portadores del cetro saltan a él no sin antes sentir el temor cuando sube Lucius y hace bambolear el bote que los llevará de regreso a tierra firme y desde allí hacia la taberna de Mohariik.

Como los menah –hoonies liderado por Klaus, creen que se hallan en altamar, el propósito de Wells radica  en pasar escondidos lo que queda de la  noche en alguna de las dependencias de la inmensa taberna, para dejar después a las mujeres y a Gélido en dicha taberna ocultos, mientras Lucius, Amorfo y él mismo salgan a  buscar caballos para  iniciar el rumbo que  les lleve a su misión.  Deben separarse por primera vez, mientras ellas intentaran surtir de víveres para el grupo.

 -Quedaros con  Gélido, podéis vestirlo como si fuese uno de vuestros hijos y el os servirá de ayuda para encontrarnos de nuevo.- había dicho Wells a modo de advertencia. No os dejéis ver si no es necesario.

Ámbar se había escondido en el alfeizar de una puerta cuando se encontró con Gélido. Un relincho de caballo les recordó a los jinetes que habían llegado poco antes.

 Ambos se quedaron inmóviles cuando escucharon con nitidez la conversación de los hombres, que estaban en el gran salón a su lado.

Era difícil diferenciar las conversaciones y sus interlocutores, porque todo era una confusión de voces precipitadas que subían constantemente de tono para poder sobresalir unas sobre otras.

Puso atención en la que parecía destacar sobre las demás. Las generosas llamas de la gran chimenea trajo hasta Ámbar las sombras de los allí reunidos, rostros sombríos que parecían no ponerse de acuerdo en el objetivo que los había reunido en el salón de la taberna.

Todos estaban en desacuerdo pero nadie aportaba el razonamiento que los hiciera coincidir en lo esencial de lo que parecía una auténtica conjura.

Levantándose de sus asientos y con sus diestras apoyadas en las empuñaduras de sus armas, se confabularon en un grito que a Ámbar y a Gélido les sonó a un juramento que precedía a la muerte.

-Necesitaremos  personas de confianza,  no podemos arriesgarnos a las traiciones. Hemos ayudado a embarcar al grupo que porta el cetro para no levantar sospechas, Ahora nosotros zarparemos en la siguiente embarcación, nos llevarán de ventaja dos lunas, descansaremos esta noche aquí y mañana zarparemos al alba.  Y sobre todo, debemos tener especial cuidado con los extraños. Encontré a esta insensata merodeando en las bodegas y mientras me acercaba a ella cayó desplomada a mis pies.- Sentenció Guoldo, el mellizo  de Arkabaz.

-Siempre las damas se han rendido a tus encantos. – Respondió Osykis con su boca desdentada y dando un ligero puntapié con su bota, ladeó el cuerpo dejando al descubierto el rostro de la joven.

Ámbar emitió  un ronco gemido.  Ella y Gélido desde su escondite contemplaron estupefactos como el cuerpo de Longoria estaba tendido sobre el suelo. La palidez cadavérica  de su rostro no presentaba ninguna duda.

Toda su existencia giró alrededor de la única antorcha que alumbraba  la estancia. Supo que el destino les había jugado una mala carta en aquella noche oscura. No podía pensar… en su mente  solo daba vueltas la idea de cómo hacer llegar a Wells, el aviso de los nuevos acontecimientos.

-¡Echar el cuerpo al mar por los acantilados, para que nadie pueda ver su cadáver! Klaus  el tabernero, dijo que no sabía quién era. Aun así yo mismo busqué caballos en las cuadras. No había ninguno, así que creí en sus palabras, sin embargo para estar completamente seguro de que nadie se interpondrá en nuestro camino, arrojarla al mar.- Expresó Guoldo, escupiendo sus palabras.

La  maquiavélica sonrisa de Osykis, de nuevo dejó al descubierto sus miserias diciendo.

-No es vanidad Sr. pero me sentiría muy halagado de que confiaseis en mí y poder realizar yo ese trabajo.

-¡Toda tuya Osikis! – Exclamó Guoldo, mientras se acercaba al fuego y jugueteaba con sus dedos entre sus cabellos rubios.

Ámbar y Gélido permanecieron escondidos, mientras observaban como Osikis, arrastraba el cuerpo de Longoria y lo subía con una fuerza sobrehumana a un caballo.

                                                   * * * 

 A Lucius le pareció ver una sombra conocida  que se acercaba y suspiró aliviado. Pero la silueta se desvaneció y con ella la esperanza de que fuera uno de sus amigos. Mantenía a duras penas la calma a su caballo, el animal presentía el nerviosismo de  su dueño.  Una brisa fresca hizo que Wells acercase la manta hacia su rostro.

La sombra se dejó ver y los dos hombres y el Dios Amorfo, exclamaron al unísono.

-¡Gélido!

Este sin preámbulos, les puso al corriente de lo acontecido en la taberna del puerto de Mohariik.

-Pararemos y reanudaremos la marcha las veces que hagan falta, no podemos ser vistos por los hombres de Arkabaz.  Esperemos que Ámbar haya hecho bien su trabajo y no tengamos que lamentar otra muerte más.- Dijo Wells, acariciando su mentón.

 Lucius tensó sus músculos como la cuerda de un arco, sujetando a los caballos que ya se mostraban irritados  y no había manera de calmarlos. Agarrando fuertemente con sus manos las bridas de su caballo subió a él y  le espoleó con fuerza alejándose del grupo.

- Dejarlo que corra… es su manera de soportar el dolor de tal noticia.- Afirmó Amorfo.

El eco del galope era el único testigo del desatino de quien se siente herido de muerte sin llegar a morir del todo, y recordaba la última vez que había visto a Longoria.

-“Si el destino te puso en mi camino, no habrá quien me separe de ti.  Pero esta sensación que me hace sentir este murmullo de placer, también me inquieta y hace que por momentos intuya malos augurios, cierta desconfianza porque todo ha cambiado para bien en tan poco tiempo”.- Pronunció Lucius, aquellas palabras atrapado por una romántica  puesta de sol.

Longoria  se había ruborizado  por la osadía de sus palabras y puso en guardia su mirada, para sentirse a salvo de quien pudiera haberlas escuchado. El rastro de unos tentáculos quedó patente de que el dios Amorfo los había escuchado. Desde entonces una sonrisa de complicidad quedaba entre ellos cuando el mismo susurraba.-Recuerda que los Dioses estamos en todas partes.

Un estruendo rompió la voz del viento y acalló el murmullo del río. No está escrito ni confirmado que las intenciones de quienes convocan a las malas artes para vengarse de quienes le han infringido daño, aunque sea por amor, se hagan realidad. Y  Luciuos juró que mientras el cubriría sus añoranzas  con vino peleón, alguien pagaría con su  vida una deuda pendiente.                                              

                                                      * * *

Ámbar había guardado un equipaje de supervivencia,  lo justo para un trayecto tan largo como incierto. Se quitó el vestido hecho harapos y maloliente y se lo cambió rápidamente  por aquel otro color burdeos, no sin antes colocarse su colección de dagas, estratégicamente ordenadas. En aquel momento de confusión, Gélido y ella habían acordado que mientras él iría a avisar a Wells y compañía, ella haría uso de sus armas de mujer y atraería al tal Osikis para al menos recuperar el cuerpo de la joven y darle una digna sepultura.

El acantilado estaba en la zona posterior de la taberna, los débiles rayos de luna era la única luz que alumbraba el camino, sin embargo sus ojos rápidamente se acostumbraron a la oscuridad. Desde donde estaba pudo divisar al tal Osikys, llevando de las riendas al caballo.

Se escondió tras una roca, mientras contemplaba como el hombre de sonrisa desdentada, descolgaba del caballo el cuerpo de la joven Longoria y la depositaba en el suelo. Le extrañó que este tuviese tanto cuidado con el cuerpo inerte de la muchacha.

El hombre miró hacia un lado y otro… y empezó a deshacer el nudo del corpiño que aprisionaba los senos de la joven. Ámbar,  con la mirada acariciaba también los muslos de la mujer por encima del vestido y que Osikys llevándose entre sus dedos la rígida  tela, dejaba al descubierto la  delicada piel de Longoria.

-¡Ven aquí Ámbar!- Escuchó decir y esta palideció al instante.- Tú serás el arma que necesito para destruir este conjuro.- Ámbar acércate no tengas miedo,  tenemos que salvar a Longoria. ¡Ella no está muerta!- Exclamó con otra voz desconocida y añadió.  No soy un Mara, soy la bruja Rala. No tengo tiempo ahora de cambiar el hechizo, es más importante salvarla a ella y espero que no encuentren aún, al verdadero Osikys maniatado y amordazado en una de las cuadras de la taberna.

-¿Porqué  sabías lo que había sucedido aquí?- Preguntó Ámbar sobrecogida por los acontecimientos.  

-Ella es la hija de Suomi, el  Rey del país donde los vientos descansan cuando estos no trabajan. Siempre uno de sus súbditos la acompañan…la brisa, la ventisca, el tifón, torbellino, siroco etc, etc… siempre nos susurran donde se encuentra, pasan por el bosque de Ormuikhan  donde se encuentra Seleis y de alguna manera estamos en contacto.

- ¿Entonces, no está muerta?- Volvió a preguntar Ámbar.

-¡No!- Ella al ver a Guoldo, para que no la reconociese  quiso hacer el conjuro de la invisibilidad, pero ya conoces sus fallos… esta vez fue un error inmensurable, pero aquí estamos para enmendarlo. Acércame esa bolsa negra que está junto a mi caballo y déjame sola unos minutos. No te preocupes por el clan de Guoldo,  los vientos me avisaran si alguno de ellos se acerca por aquí.

Ámbar sentándose en una de las rocas del acantilado, pudo contemplar cómo la noche  se teñía de colores e iban desapareciendo a medida que la bruja Rala movía sus manos y nuevos colores y nuevos recuerdos atraía hacia ellas.  Era como la separación de la luz de las tinieblas y viceversa.

La joven Longoria  que  presentaba una pose regia, vestida con un corpiño  de cordones ahora deshechos  y falda voluminosa, su cabello ondulado suelto en cascada sobre sus hombros, ahora yacía en el suelo  y sus ojos, aquellos ojos…

El secreto de su mirada, es lo que de verdad le hubiese gustado en aquel momento poder descifrar. Unos ojos brillantes, unos labios sensuales humedecidos, con una poción que Rala le había dado de beber  y Ámbar sin poder contenerlo pronunció el único conjuro que ella conocía.

-¡”Ojos de pato, ancas de rana, que se vaya de mi mente y se venga a mi cama”!

-¡Ámbar!- Gritó la bruja Rala…al unísono de ayudar a incorporarse a Longoria.

-Lo siento, lo siento… fue mi subconsciente… ¡Longoria, estás viva! ¡Estás viva!- Gritó la mujer de cabellos rojos.

-Shsss calla loca, o nos escucharan desde la taberna.- Dijo la bruja Rala y  añadió. Huyamos de aquí, vayamos donde están  vuestros amigos, los portadores del cetro de esmeraldas. Les daremos una gran sorpresa…

 

 

 

 

 

 

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