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10 min
Cruce de caminos
Drama |
16.01.13
  • 4
  • 17
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Sinopsis

Una carambola del destino

MANUEL

 

    Apenas podía entender aquel dolor lacerante, avanzando dentro de él como una lengua de fuego que no le dejaba descansar. Quería dormir, olvidarlo todo, sumirse en la distancia que otorga el sueño. Pero el pálpito candente que abrasaba sus entrañas se lo impedía. No se atrevía a moverse, cada vez que lo había intentado durante aquellas horas una explosión de dolor había estremecido su sistema nervioso.

    Su piel estaba helada. La nieve caía en mansos copos blancos de forma intermitente y el frío amorataba sus labios. Al principio había sido peor porque aterido, temblaba, avivando la intensidad del dolor. Casi agradeció el suave sopor del frío, aun sabiendo que podía entregarlo al abrazo de la muerte. Al menos habría dejado de sufrir, pero la cruel agonía que devoraba su interior con dentelladas salvajes se lo impidió.

    Sus ojos buscaban auxilio en algún punto del manto blanco y cuando creía percibir algo terminaban siendo  ramas de los pinos cercanos sacudiéndose el peso de la nieve. No podía ver el arroyo, pero escuchaba el rumor de sus aguas deslizándose por el fondo del barranco. Había gritado pidiendo auxilio,  cada grito seguido de un zarpazo de dolor. Terminó desistiendo.

    La sangre formaba una mancha rosada sobre el suelo níveo. Llegó a creer que moriría desangrado, pero por algún motivo desconocido había dejado de manar. ¿Estaría adormeciéndose la bestia que llevaba dentro? Ella había sido la primera, aunque las otras no tardarían en llegar, con su aspecto fiero y sus ojos rojos, sus diabólicos ojos rojos. ¡Por Dios! Que todo acabara pronto, era terrible sentir aquel dolor. Intentó recordar cómo había empezado todo. Una nebulosa gris difuminaba en hilachas su propio pasado y el recuerdo de las últimas horas le llegaba distorsionado por los movimientos de la fiera que horadaba sus entrañas.

    Todo había comenzado por las deudas. Gastaba en alcohol y en putas el dinero que entraba en la caja de su pequeño negocio. A sus hijos los alimentaba el sueldo de su mujer. El porfiaba en que pronto se arreglaría todo, pero ambos sabían que no era verdad. Se evaporaban los beneficios y el dinero destinado a pagar la mercancía. Todo. Ella, quemando los últimos leños de su amor, le dejo hipotecar la casa. El pidió más de lo que necesitaba y siguió gastando. Ella solicitó ayuda a sus hermanos, se hizo cargo de la hipoteca y le puso de patitas en la calle. Ni siquiera eso le frenó. Pidió donde no debía. Y un día vinieron a exigirle la deuda.

    Una conversación en un bar. El dueño de las tragaperras le decía al camarero que los bancos eran un riesgo, que podía quedarse uno sin su dinero. Y a él se le ocurrió que si el propietario de las tragaperras no guardaba su dinero en el banco debía esconder una pequeña fortuna en su casa. Le siguió. A duras penas, porque el alcohol no dejaba sus manos quietas en el volante y a veces tenía la sensación de que se ahogaba mientras conducía. Averiguó que vivía con su mujer en un chalet, en los albores de la sierra. Y se dispuso a dar el golpe cuando él estuviese fuera. No porque le temiera, debía rondar los sesenta y pocos, pero siempre era mejor entendérselas con una indefensa mujer. Solo quería pagar su deuda. Le aterraba el dolor. Y sus acreedores parecían dispuestos a infligírselo.

    Al principio todo fue bien. La señora le dijo dónde estaba la caja fuerte y le entregó sus joyas. Parecía aturdida, ajena al hombre que pretendía robarla, pero desconocía la combinación de la caja fuerte. Así que decidió esperar al marido. La pistola ni siquiera era de verdad. Cuando llegó, no le importó el arma, se abalanzó contra él. Forcejearon. Y se le quedó entre los brazos. Muerto. De un infarto o algo así. Le quitó la bolsa que traía con la recaudación del día. Entonces aparecieron ellos. Por eso no guardaba el dinero en el banco, tenía a su servicio fuerzas diabólicas. Pequeños y fieros animales que no eran de este mundo, de ojos rojos y dientes afilados que deseaban hundirse en su carne. Huyó, corrió desesperadamente, sin saber hacía donde, alejándose de los horribles chillidos de aquellos seres. Pero uno le alcanzó. Mordió su estómago, lo perforó y se coló dentro. Estaba devorándole poco a poco.

    Ya estaban allí. Le rodeaban. Aguardando a que su compañero terminara su festín, alcanzándole algún órgano vital, para dejarlo convertido en un osario. Ojalá todo terminara pronto. Había dejado de doler. Cerró los ojos, no quería verlos, buitres demoníacos al acecho de su presa. Se dejó llevar por el dulce sopor.

 

LA SEÑORA FRANCISCA

 

    Treinta y cinco años llevaban juntos. Toda una vida de vejaciones, de maltratos, de desprecios. Los dos primeros fueron felices, al menos para ella. Después, comenzó a cambiar. Justo a raíz de su embarazo. Pensó que tenía una amante, pero lo dejo estar, por el niño. Al principio solo eran insultos, desprecios. Más tarde llegaron los golpes. Pero ella, infeliz, seguía amándolo. Y no consentía que hablaran mal de él, a pesar de que en el pueblo todos sabían cómo la maltrataba. Sus gritos de súplica rasgaban las noches.

    Intentó adaptarse a él, buscando gozo en el dolor. Porque tras de cada paliza la poseía desesperadamente. Aguantaba estoicamente los golpes sabiendo lo que venía a continuación, cada golpe encerraba un anticipo de placer. Hasta que él se dio cuenta. Desde entonces, solo golpes.

    Fue un alivio que su hijo fuera creciendo, porque delante del niño jamás le decía una palabra más fuerte que otra, nunca la golpeaba. La presencia de su niño suponía un oasis de paz para ella. Así que intentaba tenerlo el mayor tiempo posible en casa. Quizás hizo mal, atando sus alas para guarecerse bajo ellas. Ahora lo pensaba. Pero el niño creció, inevitablemente, y comenzó a salir con sus amigos, y más tarde, con su novia, hasta que se marchó a Francia destinado por su empresa Y de nuevo arreciaron los golpes y los insultos.

    Alguna vez tuvo que ir al hospital, diciendo que se había caído. Incluso intentaron convencerla para que lo denunciara. Se negó, no quería hacerle pasar a su hijo una humillación tan grande.  No podía entender que le pasaba, económicamente marchaban muy bien. Y a ella no le importaba que fuera con otras. Ya no. Entonces... ¿Por qué? Estaba poseído por el diablo, no había duda. No cabía otra explicación. Aun así, aguantó, pero ya no le quedaban fuerzas. Quería vivir los últimos años de su vida tranquila, cuidando sus flores. Soñando lo que pudo ser.

 

CONVERSACION ENTRE EL INSPECTOR GONZÁLEZ Y EL INSPECTOR ANDRADE (extracto)

 

    —El tipo salió zumbando de la casa como alma que lleva el diablo, armado con un cuchillo que tomó de la cocina —dijo el inspector González—. Tenía el coche enfrente pero se metió en el bosque, solo tuvimos que seguir el rastro de las joyas y el dinero esparcidos por la nieve. Lo encontramos en medio de un charco de su propia sangre, con un cuchillo clavado en el estómago. Lo curioso es que las únicas huellas que había sobre la nieve eran las suyas, no tenía mucho sentido. ¿Correr desesperadamente para luego hincarse un cuchillo en el estómago? No tiene antecedentes, solo es un pobre diablo agobiado de deudas, alcoholizado según su ex.

    —Pues le salió mal el primer intento de cruzar la línea —sentencio Andrade—. ¡Y con un hierro de juguete! Tenía que estar muy pasado. O ciego de algo.

    —Aún no sabemos los resultados de la autopsia. Pero veta a saber. Ya sabes cómo es esto, donde menos te esperas salta la liebre.

 

CONVERSACION MANTENIDA ENTRE EL INSPECTOR GONZÁLEZ Y EL INSPECTOR ANDRADE, DIEZ DÍAS MAS TARDE (extracto)

 

    González no pudo evitar una carcajada.

    —Ahora que me lo preguntas, no te lo vas a creer. Estuvimos husmeando por ahí y ya nos pasaron los resultados de la autopsia. El ladrón debía dinero y estaba agobiado, creo que querían cobrarle y estaba sin blanca. La ex está pagando una hipoteca que se dilapidó él solito. Un bala perdida de esos que van amargando la vida de los demás. Aunque el del infarto tampoco se quedaba atrás, zurraba a la señora Francisca un día sí y otro también.

    — ¿Y qué resultados dio la autopsia? —preguntó Andrade.

    —Ahora viene lo mejor —volvió a reír González—. Parece que la señora Francisca se cansó por fin de hacer de saco de boxeo y le preparó al marido un platito de setas venenosas. Amanita muscaria y no sé qué más, mezcladas con otras buenas. La muscaria  además de ser venenosa tiene propiedades alucinógenas. Manuel, el ladrón, estuvo picando del plato mientras esperaba que llegara el marido. Esas alucinaciones fueron las que le hicieron huir y más tarde, acuchillarse a sí mismo. Vete a saber qué demonios estaría viendo.

    — ¿Vais a detener a la señora Francisca?

    —Para nada —dijo González—. Los dos se llevaron lo que merecían. La señora Francisca no le invitó a tomarlas, llenaríamos un montón de papeleo innecesario. Intoxicación con amanita muscaria de origen desconocido. Estaban aún en el frigorífico, igual tenía remordimientos. Tiré los restos por el inodoro y luego fregué el plato.

 

LA SEÑORA FRANCISCA

 

    Tenía la casa llena de flores, ahora nadie podía impedírselo. Se sentó en su nueva mecedora. Había cambiado muchos muebles, por los malos recuerdos que le traían. Allí, rodeada de sus tiestos, mientras contemplaba aquella vieja película en blanco y negro que tantas veces la había hecho soñar y comiendo palomitas, se sintió llena de paz.

en Twitter @enderJLduran

 

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  • Yo tengo tres historias de este tipo, en las que juego con la estructura: ''Los ojos de Tiffany'', ''La llave'' y ''La casa de la señora Ágata''. Sería un placer que le echaras un vistazo a alguna de ellas. Un saludo, Ender.
    Me encantan las historias cruzadas y esta es una maravilla, sencilla, pero una maravilla. Bien estructurada, desvelando con diferentes puntos de vista lo sucedido. Situando cada escena en su momento idóneo, jugando así con el texto y con el lector. Muy bien escrito, lo que no me sorprende (falta alguna tilde que supongo fruto de un despiste). Destaco el inicio, la forma en la que nos vas metiendo en situación, en la que nos desvelas dónde y cómo se encuentra el personaje. Imagine una escena en la que la cámara comienza en un plano detalle y se va alejando poco a poco en un plano cenital, terminando en un plano general...
    Qué excelente juego literario; llevar la trama tan bien relacionada en un tiempo circular sin que se desborde da un jugoso resultado.
    Un gran relato. Bien estructurado, muy bien desarrollado e ingeniosamente resuelto. Relato de suspense con giros inesperados y sorpresa final con la Amanita Muscaria como guinda del delicioso pastel: una guinda alucinógena y alucinante.
    Qué bueno! Vaya manera de relacionarlo. Al principio muy subrealista y luego todo tiene su lógica. Qué curioso y sorprendente sisi, impecable de nuevo
    Hijuemadre, perdoname la expresion, lo de los animales no me la esperaba, esta buenisimo. Ya quisiera que existieran! Muy buenas estas historias entrelazadas. El final con musica y todo saca la risa como dice zenon. Abrazos
    ¡ Qué bien resuelves este relato! Se nota el oficio, amigo mío... Me ha divertido, despistado y reconciliado con la vida y el buen humor finalmente. Gracias. Un saludo, josep.
    creo que eres uno de los que mejor escriben en esta página. Siempre resulta interesanante leerte, aunque si te he de ser sincera, esta historia muy bien escrita me ha resultado un poco confusa. Muchos saludos
    Escribe tus comentarios...¡Hola amigo! Cariños desde Chascomús.
    Bueno, bueno. Qué genial historia nos ofreces. Realmente perfecta, con ese toque de irrealidad introducida en el relato de Manuel. Me gusta en particular la narración desde múltiples voces, que enriquece muchísimo la historia. Enhorabuena, amigo Ender.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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