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3 min
Cuando las fresas no saben a fresas.
Reflexiones |
29.08.17
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Sinopsis

Una reflexión algo absurda de cuando las cosas no son lo que tienen que ser

Una de las mejores cosas del verano es el placer de comerte un helado mientras paseas por algún bonito lugar. Ese hecho se puede convertir en una maravillosa ceremonia en el que sueñas ilusionado con una heladería concreta, y mientras  te diriges a ella, vas ilusionándote con el sabor de un helado en concreto (en mi caso, y no me considero infantil, el sabor de fresa). Le pides al dependiente el cucurucho más grande que tenga con una gran bola de helado y cuando te lo entrega, lo miras deseoso. Como a cámara lenta, te lo diriges a la boca y cuando llega a tu lengua….¡Pero qué coño es esto! ¿Desde cuándo las fresas saben así?


Cada vez me siento más decepcionado. Estamos en una época en la que cada vez tenemos vas variedad y poder de decisión en casi todo. Tenemos helado de mora, frambuesa, frutas del bosque (los tres podrían ser el mismo), a gominolas, a nubes, a pitufo (en serio, ¿alguien ha probado alguna vez un pitufo?) y ninguna llega a ser verdaderamente autentico.
Ese ejemplo lo podemos llevar actualmente a casi cualquier asunto de la sociedad actual, al ámbito tecnológico, al laboral, al político, etc. Móviles que sirven incluso para llamar por teléfono, profesiones clásicas que desaparecen y se crean nuevas de ¿gran utilidad? (como los personal shopping, etc), políticos sin devoción solo movidos por el dinero que representan a personas a las que les importa un bledo…


Creo que llega el momento de decir basta. Es la hora de llamar las cosas por su nombre, y no me entendáis mal. No tengo nada en contra de la variedad, de la tecnología, de las nuevas profesiones, etc., pero que no nos vendan lo que no es. (Aunque me siento mayor, no lo soy tanto como para estar en contra del progreso, es más, esto lo escribo desde una Tablet) Pero eso sí, no equivoquemos la sinceridad con la falta de educación, aunque eso lo hablaremos otro día.


¿Por qué os explico todo esto? Porque las cosas ya no son lo que tienen que ser. La fruta ya no sabe a fruta, ni el pan parece pan. Ahora voy a la heladería con miedo, y cuando pido mi helado favorito, siempre tengo la duda de no saber a qué sabrá.


Yo solo quería un helado de fresa que supiera a fresas.
 

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soy una persona normal tirando para absurdo, y cada vez tengo mas claro que mi cabeza va a otra velocidad (mucho mas lenta)

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