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6 min
CUENADO EL MISTERIO LLAMA A LA PUERTA 1
Reales |
01.02.21
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Sinopsis

Un hombre de un pueblo marítimo, tiene que decidir sobre una dificil situación en su vida, pero recibe la inesperada visita de un misterioso personaje que le ayuda a resolver la duda. Es un relato sobre el SINCRONISMO, un fenómeno paranormal.

A mediados de los años 60 del siglo XX Victor Castells era un joven alto, bien parecido; oriundo de un pueblo marítimo del litoral de Cataluña llamado EL MASNOU el cual tenía una profunda vocación sacerdotal. El joven pensaba que el humanismo cristiano del que hablaba tanto la Iglesia; lo que hoy en día llamamos Solidaridad Social se tenía que agudizar más en la vida cotidiana de su municipio y en particular en su entorno familiar. De manera que cuando vistiese los hábitos estaba dispuesto a ser un buen ejemplo a seguir para los habitantes de aquel lugar.

Pero asimismo este amor incondicional que Victor sentía hacia sus semejantes lo proyectaba en las gentes y en el paisaje de su región a través de los excelentes poemas que solía escribir ya que Victor era además un enamorado del idioma de su territorio natal y de la literatura en general, de igual modo como un pintor lo es de los colores y de lo hay a su alrededor. Pues a la tierra en la que uno ha nacido se la puede amar de muchas formas, pero también se la puede enaltecer cantando con entusiasmo cada rincón de la misma.

No en vano el gran ídolo de nuestro amigo al que inconscientemente él pretendía emular era Jacinto Verdaguer que había sido un sacerdote y un gran poeta nacido en el año 1840 y fallecido en el año 1902 que había escrito dos obras maestras con un acento épico referentes a Cataluña como eran LA ATLÁNTIDA y EL CANIGÓ, que es un macizo montañoso de los Pirineos, por lo que se considera que es el padre de las letras catalanas. Pero a Victor le llamaba la atención; le sublevaba el hecho de que el sacerdote-poeta que se había volcado en auxiliar a los más necesitados de su tiempo y que había practicado el exorcismo a personas supuestamente poseídas por el diablo fuese tan incomprendido y tan vilipendiado tanto por sus familiares como por el obispado de su diócesis. ¿Tan cerrada de mente y tan mezquina es cierta gente que cuando hay alguien que pretende ser coherente con sus principios éticos; ponga en práctica su lado más positivo; su humanidad al servicio de los demás al margen de cualquier conveniencia social o egoísmo personal se le haga la vida imposible; se le trate como aun paria sin ningún valor? - pensaba nuestro hombre-.

Victor fiel al amor que sentía por el folcklore de su tierra no perdía ocasión en ir a bailar sardanas algunos domingos por la mañana en una plaza de su pueblo cada vez que se organizaba un festival de aquel tipo. Mas él no se podía imaginar que en una de aquellas celebraciones una vieja amiga del grupo le presentase a una hermosa mujer morena, de ojos azules llamada Elena que el místico poeta enseguida se sintió arrebatado por su espontánea vivacidad y su contagiosa simpatía.

- Tú eres andaluza ¿verdad? - le preguntó Victor a aquella dama al percatarse de su peculiar acento del sur de la Península Ibérica.

- Sí, soy de Málaga. Pero hace ya tres años que mi familia y yo vivimos aquí - respondió ella risueña.

- ¿Y te gusta vivir aquí?

-¡Huy, sí! Barcelona es fantástica. Pero me cuesta un poco entender el catalán.

-¡Bah! Esto se aprende enseguida. Verás que Cataluña es muy acogedora con los que vienen de fuera; aunque también hay gente que vive muy encerrada en sí misma. ¿Y a qué te dedicas si se puede saber? - le preguntó él.

- Bueno, yo trabajo en la Administración de una empresa de productos químicos de Barcelona. ¿Y tú qué?

- Yo estoy empleado en el Ayuntamiento de este pueblo, pero estoy pensando en hacerme sacerdote. Es que yo soy un hombre de fe - le contestó él con un aire de solemnidad.

-¡Ah...! Vaya...

Tras una tensa pausa en la que parecía que Elena se inhibía del trato con aquel sujeto; pues aquella revelación  la chica no se la espeaba, para sortear el abismo que se había abierto entre los dos ella comentó:

- Es... Es muy bonita la música de la sardana..

- Sí. La sardana es la danza más bella de todas las danzas...- respondió Victor sonriendo y evocando la frase de un famoso poema-. Como ves se trata de una danza realizada en círculo en la que todos estamos cogidos de la mano como un símbolo de fraternidad. Se cree que su origen es de la época grecoromana y que fue adaptada por los pueblos íberos. Parece ser que esta coreografía se extiende en varias culturas tales como en Europa, América, Asia y Oceanía.

- Caray, sí que estás enterado.

- Sí, es que me siento muy apegado a mi tierra.

Desde aquel día Victor por más que lo intentaba no podía dejar de pensar en aquella chica tan guapa y tan simpática llamada Elena. Resultaba que la sensual de su persona; su embrujo pocedente del sur del país de influencia casi árabe se había filtrado muy sutilmente en el alma de aquel poeta.

De modo que en lo sucesivo los poemas que él pudiera escribir, ahora en lugar de dirigirlos al paisaje de Cataluña y al de sus habitantes en general se centraban únicamente en la malagueña.

Así que Victor gracias a su amiga sardanista, aquella joven que le presentó a Elena, consiguió saber la dirección en la que ésta trabajaba, y regularmente tomaba el tren y se iba a la ciudad de Barcelona a esperar a que la chica terminara su jornada laboral.

Al principio ella se extrañó de verlo siempre tieso como un poste en la puerta de su empresa esperando a que saliera, pero como también se encontraba muy bien en su compañía nunca le puso ninguna pega.

Entonces Victor le recitaba algunos poemas dedicados y la joven sonreía complacida, halagada; pues en realidad le gustaba cómo escribía aquel extraño hombre de fe. Y como no,aquella pareja se hacía toda suerte de confidencias; hablaban de sus respectivos trabajos, de sus familias, etc.

Pero un día la pareja fue a tomar un refresco en la terraza de un bar de las Ramblas de Santa Mónica,y en un momento determinado en que se hizo un revelador silencio entre los dos, instintivamente Victor besó apasionadamente los rojos labios de su acompañante.

 - Creo que te quiero Elena - le susurró él.

- ¿Lo crees o estás seguro? - inquirió suspicaz la chica.

- Sí. Estoy seguro.

- ¿Y lo del sacerdocio?

Victor agachó la cabeza pensativo.

- Tienes razón. No sé. Lo tengo que pensar.

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