cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

19 min
CUENTO DE OTOÑO – CHARCOS.
Amor |
09.09.19
  • 5
  • 4
  • 62
Sinopsis

Todo ha cambiado, hace pocos minutos, revisaba una caja codificada como secretos de la niñez. Mi estado estaba invadido por la nostalgia, y todo se debió a una vieja peli sobre la segunda guerra mundial, el bombardeo de la cuenca del Rhur, donde diferentes presas producían energía para la industria armamentística Alemana. El escuadrón 617 fue el encargado de llevar a cabo la misión, el Avro 464 Lancaster “Dambuster”, este llevaba una bomba cilíndrica llamada de rebote, y entre el 16 y 17 de mayo de 1943, con bastante éxito y pagando un precio alto en la moneda más cara, la vida de 60 hombres, entre pilotos y tripulaciones.

~~En otoño, podía jugar a un hobby importante en mi escala de construcciones. Presas, construía cauces para que llevaran el agua de varios charcos, hasta un lugar donde yo había construido una presa, con pequeñas piedras y pegadas con ese barro amarillento, muy especial, que aparecía en betas amarillas, que se descubre después de las lluvias en algunos lugares de tierra.


Y esa mañana de sábado, con mis pequeñas herramientas corría a la calle, llevaba un cuaderno para anotar todo, además del diseño de la presa, que más tarde volaría con una serie de petardos.


Y en la hoja del cuaderno, empecé a diseñar el boceto. Dibujo de los charcos existentes, distancias, inclinación del terreno, y sobre todo que charco estaba situado alejado, dentro de la inclinación y el más grande.
Ese charco era reformado con la piqueta, le hacía más profundo y su base de piedras, muy juntas de forma que la tierra no absorbiera el agua embalsada. Y según modelaba la forma, un rectángulo irregular, una fina y alargada sombra señala donde la piqueta rompía el agua salpicando, giro la cabeza y veo a una niña, rubita, una coleta cuelga de su hombro izquierdo, me mira con curiosidad, le digo un hola despreocupado.


- Oye, me está siguiendo un tipo muy raro, huele muy mal ya que me cruzado con él, y al verme se ha dado la vuelta y viene hacia aquí. Tengo miedo.
A mis nueve años, sabía ya algo de eso, tengo seis hermanas y cuando se apagan las farolas, me disfrazo de perro de presa. Levanto la cabeza y en efecto, un tipo malcarado se acerca hacia nosotros, en voz alta para que me oiga, la digo.
- Reme, ven, ayúdame, se me escapa el agua. Toma la piqueta.
La niña corre a mi lado, coge la piqueta y simulo que pico al aire.
- Si se acerca, le clavas la piqueta en el tobillo, yo mientras le voy a distraer. Guarda tu miedo, te puede costar caro.


- ¿Cómo sabes todo esto? Y yo no me llamo Reme.
- Tengo seis hermanas y algunas más pequeñas tú, y te he bautizado con el nombre de Remedios, que es lo que vamos hacer. Encontrar un remedio a tu miedo.
Junto al charco, había dejado la bolsa, había grandes clavos para hacer agujeros donde encajar las piedras y una pequeña pala militar, de esas que se doblan y pliegan, la cogí mirándole, el tipo se detuvo y Reme me sobresaltó, le gritó.
- Es mi novio ¡Anda atrévete!
El tipo se detuvo, sopesó el peligro, ella no, pero yo sí, moví la pala como si fuera un péndulo. Retrocedió despacio y se alejó con paso tambaleante, un alcohólico. Respiré aliviado, y me volví mirándola con el ceño fruncido.
- Yo no soy tu novio, somos pequeños para eso.
- No, que va, me has defendido poniéndote en peligro. Se lo voy a decir a mi madre, que ya tengo novio.


- Déjate de bromas, espera a que guarde todo en la bolsa y t acompañaré hasta tu casa.
- Nada de eso, ese tipo puede estar esperándonos, mejor que se canse, sigue con juego, y por cierto ¿Qué estás haciendo?
- Reunir toda el agua en este charco que estoy haciendo más profundo, su base de piedras y barro santo, como le llaman evitará que la tierra lo absorba, y una vez que canalice todos los charcos, observarás que todos están en un plano superior, su agua llegará sin problemas.


- ¿Para qué haces eso?
- Un juego de otoño. Y una vez lleno el embalse, pongo un par de petardos en la presa y la vuelo, el agua escapará sin control, pero si observas un poco más abajo, hay plantados pinos, necesitan agua, sobre todo ahora que los acaban de plantar, es decir, que mi juego tiene su parte ecológica.


- ¡Entiendo!
- ¿Vives cerca? – Pregunté intrigado, no me sonaba su rostro.
- No mucho, en aquel edificio tan alto del fondo.
Miré en aquella dirección, una zona de construcción nueva, como en todo el entorno. Y en esto que llega Pedro, uno de la panda, este chico tiene fama de ser un gran buscador, nada más salir de su casa repasa todos los bloques, recoge cosas que se caen de los pisos, y llega con cosas interesantes de poner en el juego o en lo que hayamos inventado, todos decimos que es un trapero en ciernes.
- Hola – Dijo soltando su pequeño saco de tela. ¿Tienes una fan?
- ¡No seas majadero! – Le increpa Reme – Es mi novio.
Pedro se partió de risa, y eso hizo que ella le mirara con hostilidad.


- Me ha salvado la vida.
Sin dejar de reír preguntó si se ahogaba en los charcos y que yo la había salvado nadando en ellos. Como respuesta a tu burla, le contó lo del indigente, Pedro dejó de reír.
- Además, me ha enseñado a manejar la piqueta, incluso me ha dicho donde hace más daño, pero el hizo de escudo, con la pala, me ha salvado, por esa causa me enamoré de él.

Quité hierro al asunto y seguimos haciendo canales, empezando a unir charcos, y poco a poco la contra-presa se fue llenando. Pasamos a incrustar bien las piedras en la base de la presa, y dejamos que el agua entrara.
Reme estaba entusiasmada, aplaudía con suavidad dando pequeños saltitos. Pedro y yo cruzamos miradas, evitando la risa.


La segunda parte fue abrir canales en dirección a los agujeros de los pinos, y por último, colocar los petardos. Cerramos la presa una vez que se llenó de nuevo y la volamos, con la fatalidad que el barro hizo de metralla, poniendo el vestido de Reme echo un asco, nos miró con gesto mohíno.
- ¿Qué le digo a mi madre? – Gesto enfadado.
- La verdad, no tienes que mentir, y por cierto, no le cuentes lo del indigente, no la preocupes.
- Nada de eso, debe saber que en este barrio los hay.
- Los tienes en el centro, por tanto no es raro. Vamos a la fuente y quitamos ese barro.
Como no teníamos nada con que frotar, me quité la camiseta, y con ella se fue quitando el barro, pero la mancha quedó. Me devuelve la camiseta y me la pongo.


- Tío das asco – Dijo con mala intención.
- No me preocupa, vamos a acompañarte hasta tu portal, no sea que es hombre te espere.
Y con la presa vaciada y los huecos de los pinos húmedos, acompañamos a Reme hasta su portal, pero ella no soltaba la piqueta, por tanto dejé que se la llevara.
Pasa la semana y el domingo siguiente por la mañana, estaba ayudando a mi padre con los tiestos de la terraza, y sale mi madre a la terraza, diciendo que preguntan por mí y le hace una señal a mi padre que también entre. Y sorpresa, Reme y una señora muy encopetada.
- ¿Cómo has sabido donde vivo? – Pregunté sin poder evitarlo.


- Nada tan fácil, preguntamos donde vive ese chico que juega con los charcos, te conoce todo el barrio – Respondió la mujer, había cierto parecido, supuse su madre.
Se sientan, mi padre y yo vamos al baño a adecentarnos un poco y ellas se sientan. Mi padre me miraba escondiendo una sonrisa, volvemos y él se sienta junto a mi madre, yo que me quedé de pie, alejado de Reme, me daba miedo. La madre de Reme me mira, empecé a sudar.


- Primero darle las gracias a su hijo – Dijo mirándome -, defendió a mi hija. Luego llegó un amigo suyo y ambos la acompañaron hasta nuestra casa, algo insólito en estos tiempos, nadie quiere líos.


Mis padres me miraron, no les había contado nada.
- Parecen sorprendidos – Dijo la espabilada mujer.
- No nos ha contado nada – Respondió mi padre mirándome.
- Con su juego, manchó de barro el vestido de mi hija y el con su camiseta le limpió lo que pudo, y decidimos regalarle esta camiseta.
Mi madre desenvolvió el papel y mostró la camiseta. Diseño rápido, una presa recibiendo el agua de lluvia que caía. Me miraron.
- No es necesario, me gusta, muchas gracias

.
Continuó la madre.
- Y lo más importante, mi hija pide la mano de su hijo.
Mis padres pasaron del susto a la sorpresa, yo quedé estupefacto, la miré y Reme me obsequió con una sonrisa prometedora. Sentí calor en las mejillas. Mi padre pasó de la sorpresa a la hilaridad, y empezó a reírse levemente. Reme le miró arrugando el morro.
- Señor, es verdad, le he escogido, sin conocerme hizo de escudo, me protegía, será el primero y el hombre de mi vida.


Mi padre se levantó, ocultando el rostro saliendo a la terraza, pudimos escuchar sus carcajadas, mi madre con disimulo cerró la puerta.
- Por cierto muchacho – dijo mirándome – No se llama Reme, su nombre es Lirya. Como todas las mujeres de la familia, es ancestral este nombre, y si tenéis una hija, llevará el mismo nombre, mi rama familiar tiene linaje. Firmarás el acuerdo.
Cogió una de las manos de mi madre y le preguntó.
- ¿Algún problema sobre el enlace de nuestros hijos?


Mi madre titubeó, su mirada iba, de ella a su hija, luego a mí, como buscando una solución. La madre habló de nuevo.
- Que hablen ellos, al fin y al cabo, son lo más importante.
Lirya me miró, suavizó el gesto, estaba tirante debido sobre todo a la reacción de mi padre, y la dudas de mi madre.
- Pienso que es un poco pronto, dentro de nada cumpliré diez años, todo esto me viene muy grande, soy infantil y esto no lo entiendo.
Saltó al ataque Lyria.


- ¡Y una mierda!, eres un niño cuando quieres, respondiste como un adulto en aquel momento, no vi que te alterara el tipo ese, y ese movimiento que hiciste con la pala me llenó de pavor, sabía que la utilizarías, como también lo supo el indigente.


Mi padre había entrado, aunque seguía enrojecido, pero ya controló el muelle de la risa.
- Lyria. ¿Qué edad tienes? – Preguntó mi padre.
- Doce años cumpliré al mes que viene.
- ¿Sabes cuál es tu coeficiente intelectual?
- 122, Wechsler – Respondió de forma tajante.


Mi padre quedó silenciado por la respuesta y este detalle confirmó mis temores, era una listilla con fundamento. Pero le conozco, preparaba una nueva pregunta.
- ¿Sabes que es una relación seria entre una mujer y un hombre?
Madre e hija se miraron, Lyria desvió su mirada en mi dirección, yo había dispuesto la distancia suficiente para que no me apabullara, todo esto me venía muy grande, pensé en escapar a mi habitación. Y sin decirme nada, miró a mi padre.


- Sí, mi madre desde bien pequeña me ha ido instruyendo de lo que son los hombres y para qué sirven. Sé que se nos considera niños hasta los dieciocho, sin darse cuenta de que no todos tenemos la misma capacidad, esas reglas no sirven para mí, y tengo una deuda con su hijo, con ese ser que se esconde en el niño, no quiere responsabilidades, las teme pero yo cuidaré de él.


Todos quedamos mudos, hasta su madre, que su mirada iba de su hija a mí, ya que Lyria me miraba fijamente, yo también la miraba pero hacía trampa, desenfocaba la mirada, me aturdía, pensé en los soldados que estaba pintando, ya pensaba en un fuerte aislado en el interior de la selva, esa selva ya estaba escogida.


Supe que Lyria sabía que no la miraba, pero no aflojó la presión, insistió.
- Padres de.., dudó, - No le dije mi nombre. Siguió sin el nombre – Pido la mano de su hijo, sé que somos muy jóvenes, y que de nuevo formalizaremos cuando cumplamos los 18, tal y como señalan las leyes obsoletas, en manos de ignorantes anticuados.


Los tres se miraron, ella volvió a fijar su mirada en mí, la cual rehuí, estaba cansado, me venía grande, muy grande y fue cuando empecé a pensar que ser mayor es una complicación, no quería crecer, empecé a sopesar si me había equivocado defendiéndola.
- Sugiero, si no hay nada en contra, de que formalicen su relación, que lo hagamos ante notario. Al margen de las condiciones que se vayan produciendo, según vayan llegando a la mayoría de edad.


- Si madre – Interrumpió con brusquedad -, pero ahora quiero una señal, un detalle de que formalizamos un principio de acuerdo, que se me escape, que se dé cuenta de es un acuerdo formal de matrimonio.


No pude más, me iba a echar a llorar, estaba fuera de control, ya no sabía discernir qué coño era todo este montaje y disculpándome corrí a mi dormitorio, cerré con un portazo echando el seguro, me escondí en el rincón que quedaba entre la mesilla y el armario empotrado, y en penumbra pedí que se marcharan, estaba aterrado.
Unos suaves golpecitos en la puerta me sobresaltaron, supe que era ella, estaba a punto de meterme debajo de la cama, mi miedo crecía lentamente. Supe que debía enfrentarme a ella, ya que los golpecitos seguían, me puse en pie quitando el seguro, pero no abrí la puerta, me quité las lágrimas con las manos y esperé.


Escuché el chasquido de la cerradura, y la puerta que era empujada, apenas un hueco donde ella se quedó, era una sombra, aterradora sombra, que me empujó hacia el rincón, delante como protección la cama y la mesilla, su sombra no se movió.
- ¿Qué te ocurre?


Preguntó empleando un tono suave. No respondí, no podía articular palabra alguna. Entró sin cerrar la puerta, su sombra se perfilaba en la penumbra de la habitación.
- Tienes que afrontarlo, no me voy a marchar sin saber qué opinas, tengo una deuda contigo, además de un valor incalculable y no me gusta deber nada a nadie, y más de él valor de lo que tu hiciste, ahora podía estar tirada en un vertedero, muerta pero antes no quiero ni pensar que hubiera hecho conmigo ¿Lo comprendes?
Negaba con la cabeza, pero ella no podía verme, no entendía cómo podía ser tan mayor con esa edad.


- Que sepas, de vez en cuando peino, a la colección de mulecas de mi madre, quizá sea la sublime señal de lo que somos, madres en potencia, solo eso.
Se sentó a los pies de la cama, pero pasando las piernas por encima, quedó sentada frente al armario, ahora nos veíamos los rostros.
- Mi madre y tus padres, parecen estar de acuerdo con nuestra relación. Piden que te dé tiempo, que te presiono mucho y que posiblemente no sepas de que va esto.
Mantuve silencio, cada vez que hablaba, más me asustaba.
- Hemos quedado con mi padre, vamos a comer juntos, vendrá a buscarnos, debes prepararte, estará aquí en una hora y poco.


- No quiero ir – Apenas pude balbucear.
- Debes hacerlo, te prometo que no te presionaré, sé que cuanto más insista, más resistencia ofrecerás y no quiero perderte.
Se incorporó levemente, para ponerse encima de la alfombra, y anduvo a gatas en mi dirección, tragué saliva, la fiera se acercaba, despacio, lentamente y su rostro casi se rozaba con el mío.


Unió sus labios a los míos, una leve presión, se separaba y volvía a juntarlos, y esa vez quedaron juntos. Mi cuerpo estaba revolucionado y mente un caos, sin darme cuenta sujeté su cabeza con mis manos, apartándola un poco, no podía respirar, me ahogaba, ella se sentó en el espacio que quedaba, y al ajustarle me empujó de lado, quedamos encajonados en ese espacio, y ella apoyó su cabeza en mi hombro, y su mano derecha cogió la mía.
- Mi padre es como el tuyo, un hombre tranquilo, muy trabajador pero nada creído de sí mismo, nunca le he visto serio y en mi casa jamás un grito, tacos y mal rollo, nada de eso, todo lo contrario. Le caerás bien.


- Lyria, yo no quiero ser mayor, quiero seguir jugando, soy un estudiante mediocre, lo tuyo todo es perfección, me apabullas, me superas en todo y haces que me sienta inferior, por no poder entenderte.
Apretó mi mano, no sabía que mi temor aumentaba.
- Tienes que lavarte, mi padre es muy puntual, he visto que tienes baño en la habitación, que chulo, yo no le tengo.
- Esta habitación era de la criada, aquí se guardaba todo lo de la casa, me sobre armario. Y el baño tiene un inodoro, un pequeño plato de ducha y un lavabo.
- ¿Has tenido criada? – Preguntó sorprendida.
- No, el anterior inquilino, le compraron el piso por su distribución.
- Vamos.


Nos incorporamos, fui a la ventana subiendo la persiana, ella abrió el armario, las puertas eran correderas y estuvo mirando. Cogió una camisa, unos pantalones y calcetines, luego se agachó mirando las cajas de zapatos, abrió un par de ellas, sacó unos zapatos negros, van con todo, había escogido colores oscuros, me miró una vez que extendió la ropa encima de la cama.


- Estos tonos le gustan a mi padre, debes saber anticiparte, saber del enemigo más que él. Mi padre valora mucho el primer flash que tenga cuando te vea, el conjunto, sabe de los de los charcos, por cierto le sorprendió el detalle, aun siendo cosas de críos.
Me fui a la ducha, con cierto temor. Ella estuvo husmeando todo el armario, luego vi que había cambiado la camisa, tenía montados varios juegos encima de la cama, y ante mi sorpresa, vi su sombra, se levantó la falda y vi cómo se bajaba las bragas. Poco después ruido de un chorrillo caer en agua, cogió papel y limpiarse, como si tal cosa, se ajustó la ropa, se incorporó, y de pie pasó los dedos por la mampara al salir del baño.


Cerré el agua, abrí un resquicio la mampara cogiendo la toalla, y empecé a secarme deprisa, la temía y además con motivo, vi llegar su sombra.
- Déjame que te seque, mi madre lo hace con mi padre, tenemos un espacio en la espalda inalcanzable, y aunque pases la toalla, no queda limpio, y más adelante, cuando transpires pica.


Me quedé mudo, tapado con la toalla. Esta tía no descansaba.
- Vamos tío, sé que lo que tienes, será algo inferior a lo de mi padre, se lo he visto muchas veces, no se corta.
Y dejé que me secara, su rostro era pétreo, y tampoco cuando llegó a la entrepierna, no pude evitar el efecto secundario, pero ella le dio otro repasito, sus labios iniciaron cierto ensayo de sonrisa contenida. Y sorpresa.


Se separó un poco, apartó los dos tirantes de su falda, se desabrochó la blusa, y se quitó el sujetador, mostrándome dos pechitos pequeños, cierto tono rojo en sus mejillas.
- Yo te muestro lo que tengo, pero crecerán, a mi madre la pasó lo mismo y mira ahora que par tiene. Más adelante tendrás más, es como yo, me he conformado con la toalla.
Y esto es el primer secreto de pareja, y escúchame bien, esto nadie, absolutamente nadie debe saberlo, recuerda estas dos palabras. Secreto de pareja ¿Lo entiendes?
- Sí, yo nunca hablo de mis cosas y menos de esto.


- Conozco unos cuantos que se jactan en grupo, de sus conquistas y describen su cuerpo y lo que hicieron con todo detalle, esos machos cabríos, ya que llevaran cuernos en el futuro.
- Bien, sellemos el primer encuentro con un beso, no con eso me has dejado en tu caverna.
Salimos del baño, ante mi sorpresa me empuja, me siento en la cama, se sube encima de mis piernas y me empuja, se echa encima y mete su lengua en mi boca, casi me ahogo, se separa sonriente.


- Debes aprender a respirar.
Su sonrisa empezó a preocuparme, se hizo más amplia y comprendí la causa, algo que me asustó llenándome de vergüenza.


La toalla se había escurrido de mis piernas, y el segundo empujón, quedó apartada, pude sentir el tejido de sus bragas, encima de lo que estaba creciendo fuera de mi control, comprendí esa nueva sonrisa que desconocía, sentí calor en las mejillas, ella desmontó despacio sin perder ese gesto.


De rodillas en la alfombra, acercó su rostro al mío, su mano llegó a la entre pierna, sentí como le agarraba, me envaré, la sensación que sentía era desconocida para mí, agradable y me puse muy nervioso, mi respiración se alteró, empecé a fatigarme, pero su voz me calmó.


- Tranquilo, lo dejo aquí, no es el momento, ya que tampoco disponemos de tiempo.
 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Frances Miralles. Lyria es real, aquella etapa para mí fue cruel, iba muchos pasos por delante de todos nosotros, incluso de sus padres, me ahogaba. En casa podía ver cómo eran mis hermanas, formaban grupos, triunviratos, y peleaban entre ellas para conseguir sus fines. Mi padre no entraba y mi madre era la culpable. Era el perro de presa, y alguna que vez que otra, lo vieron. La calle empezaba a ser peligrosa en las noches, y en invierno, empecé a mostrar mi presencia, fui un niño resentido con la vida, bueno, lo sigo siendo, sigue en mí. De lejos, nos vimos una vez más, ella tendría unos treinta calculé, solo nos miramos, yo como depredador según me enteré, ya que dejaba recados en sus amigas, era tan inteligente, que fue tejiendo un sublime puente entre ella y yo, los soportes fueron sus amigas del barrio y mis amigos, para su desgracia, muchos pilares desaparecieron. Cuatro de mis amigos murieron muy jóvenes, avatares de la vida, yo tuve ocho ocasiones de morir y aquí estoy, ellos no, a la primera cayeron.
    Serendipity 2018. Aquella edad la guardo envuelta con el brillante papel de lo llamado magia, de vez en cuando salto en el tiempo. Aquellos juguetes que me llegaban en Reyes, pero lo más importante son mis palabras, lo que escribía con faltas de ortografía, bocetos, dibujos, mi ente le reconocía de inmediato. Ella fue una pesadilla ya que no comprendía nada, pensaba que todos tenían que ser como ella, pero…..
    Esto sí que es toda una aventura. ¿Es real? Esta niña es una chica precoz y una aprendiza de mujer fatal. Es un relato que engancha enseguida, y es original. ¡Ándate con cuidado de las malas influencias del inconsciente!
    De pequeña hacía carreteras, calles y garajes y jugaba con coches a circular por ellas. Me lo has traído a la memoria. De amores a esa edad, nada. Aunque no es imposible, dadas las características de la protagonista. Saludos, Rinthus.
  • De nuevo la costumbre ancestral, anticuada, familia conoce a familia, el problema en mi interior se agrandaba. Ya no solo por la diferencia de clases, el problema yo veía desde un lado muy diferente al de ellos. Lyria me venía muy grande, yo era un torpe analfabeto a su lado, seguro que mi coeficiente no pasaba de 4 comparado con el suyo. Hielo en su mirada.

    Todo ha cambiado, hace pocos minutos, revisaba una caja codificada como secretos de la niñez. Mi estado estaba invadido por la nostalgia, y todo se debió a una vieja peli sobre la segunda guerra mundial, el bombardeo de la cuenca del Rhur, donde diferentes presas producían energía para la industria armamentística Alemana. El escuadrón 617 fue el encargado de llevar a cabo la misión, el Avro 464 Lancaster “Dambuster”, este llevaba una bomba cilíndrica llamada de rebote, y entre el 16 y 17 de mayo de 1943, con bastante éxito y pagando un precio alto en la moneda más cara, la vida de 60 hombres, entre pilotos y tripulaciones.

    INTRODUCCIÓN DE LA RECTIFICACIÓN DEL ORDEN. MI OPINIÓN. Reconversión de los capítulos: ANTERIOR AL DIARIO DE UNA JOVEN. 3 Podía ser 5 y 4 es 3, pero 3 es 2 ya que 1 no es principio de su diario. Esto me dice de su estado alterado. He empezado de nuevo, reconozco que me había saltado muchos días, y hasta ahora no me había dado cuenta de su importancia, de cómo empezó a preparar su escapada, la huida de su familia, sin embargo estaba equivocada en muchas cosas, ya que ignoraba lo que era su vida y obedeció a su familia en todo, primero ellas y si queda algo, para EL, y si no, que se joda. Cuando se lo contó, cayó en saco roto aunque fingió otra cosa, su mente tenía un final, escapar y para ello hizo lo vulgar, pero ya llegaremos, e hizo lo más fácil para ella, fue señalar al culpable de todo, EL. Y me atrevo a asegurar que ella. Propició ese odio familiar hacia EL, pobre chica de pueblo, engañada por un tipo de la capital.

    Aquí no se pueden ilustrar los relatos con fotografías y he pensado hacer una prueba. Utilizar la foto del perfil, es suficiente, suelo apañarme con lo que tengo.

    Su sombra era proyectada por la cimbreante llama de la vela, perfumada por lejanas flores. La alargada figura movía las caderas de forma insinuante, avanzaba desnuda y de su mano colgaba un largo fular blanco, y sus pasos estaban pensados, como si anduviera por una imaginaria línea recta, sonreí al descubrir a la mujer del desierto, sus ancestros renacían en ella.

    Los domingos por la mañana, rastreo el rastro, busco fotos y sobre todo agendas, libros y busco, siempre encuentro. Uno de ellos llamó mi atención y rebusqué en ese montón, no había más con la misma letra, pregunté si había más de ese piso, dentro, me dijo el hombre de sucio aspecto. Dentro, un montón de libros apilados entre dos paredes, y tuve suerte, además le coloqué los libros, el tipo mostró perplejidad ante el aspecto cambiado, pero ojo, no soy tonto, le pedí rebaja por el orden, y lo hizo, le dije que volvería y volví. Esto que escribo, tiene partes de la vida de una mujer. Como ejemplo el segundo es de una HEMBRA, el tercero es….

    Hoy he aprendido, que los comentarios tienen cierta capacidad y mi comentario no cabe en su medida.

    Soy un ser mecánico, construido con residuos de metal informático, mezclado con esa pelusa que se adentra, en los lugares más recónditos de nuestro ordenador, portátil o móvil, de ese fino polvo no se escapa lugar alguno, de todo lo que construye el humano.

    Otra noche ha pasado, el amanecer llega como siempre, mi vida es así, los médicos cuando era pequeño, decían que cenaba mucho, que era un glotón, y me hicieron pasar hambre, pero las pesadillas continuaban, no saben nada de la mente y aunque parezca extraño, tengo cierto interés en saber que ocurrirá en mi muerte ¿saldré de dudas?

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta