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4 min
Cuervo del desierto 1
Ciencia Ficción |
13.09.17
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Sinopsis

Después que los desiertos se comieron los bosques y el calor evaporó el agua; un cuervo sin alas continua arrastrándose, trata de no ser mancillado por su torcida realidad.

Cuervo del desierto

Rodeado por un inmenso baldío en donde las tormentas de polvo eran comunes acomodé mi turbante. El sonido del motor era tenue y el astro rey brillaba con fuerza. Era un día como cualquier otro. Una mañana en donde los rayos del sol caían sin piedad.

—Demonios, odio ir en la maletera —nuestro líder se quejó—. ¡El calor de mierd... es insoportable!

—Ni lo digas —respondió el tipo a mi costado—. Además, viajar aquí te jode la espalda. Es como plantar el culo sobre un sofá hecho de piedras.

Sin alterarme por su diálogo —si se le puede llamar así— contemplé el paisaje desértico que se extendía indefinidamente. Recuerdo que de niño mi madre me contaba historias estrafalarias. Cuentos sobre paisajes verdes repletos de vida, leyendas de pequeños océanos asentados en tierra que no eran tóxicos, mitos sobre un cielo celeste y no beige como el actual. Incluso afirmaba que las lágrimas del cielo eran una bendición; y no una maldición como lo son ahora.

A decir verdad nunca creí del todo en eso; y aún luego de su muerte (ella falleció hace cinco años, en el 2240) creer en lo que alguna vez dijo me era muy difícil. Yo amaba a mi madre, de eso no había duda, pero a mis quince años, luego de haber visto la inclemencia que rige este mundo, aceptar esas agridulces fantasías era imposible para un cuervo como yo

— ¡Oye, cuervo! ¡¿Me estas escuchando?! —De repente la voz del líder despabiló mis pensamientos—. ¡Vigila el maldito conteiner adecuadamente! ¡Recuerda que cada maldito litro vale más que tu maldita cabeza!

Un tanto ofendido afirmé en silencio, tomé los binoculares cubiertos de polvo, y revisé si alguna grieta en la cisterna —que escoltábamos— malgastaba nuestra valiosa agua.

—Todo bien —reporté.

—Bien, pronto tendrás tu recompensa. ¡Trabaja duro hasta entonces!

No es que pueda negarme, ¿cierto?

Luego de media hora de viaje una oxidada torre de metal se vislumbró a la distancia. En medio del desierto (el único paisaje en este mundo) un vestigio del ilusorio progreso humano se alzaba imponente sobre el inhóspito erial.

—Jejeje, por fin llegamos —el jefe aseveró—. ¡Yo seré el primero! ¡¿Entienden?! ¡Esta vez escogeré una buena!

—Sí, como digas… —replicó su colega—. Yo seré el segundo. Supongo que puedes tomar las sobras, cuervo.

Apenas disimulando mi disgusto por su tono posesivo maldije en silencio. Yo nunca sería como ellos. Nunca.

—Llegamos.

Ya dentro del miserable poblado inspeccioné mis alrededores: Decadentes edificios a punto de colapsar, escombros fritos por el sol, esqueletos de autos abandonados, costras de óxido que la brisa barría como hojas marchitas. La desertificación hace mucho que se había tragado nuestro mundo, sumiéndolo en un estado de fiebre infernal.

— ¡Le traemos su cuota, viejo! —Nuestro líder, de barba negra, agregó—: Quinientos litros de oro traslúcido. Suficiente para que su granja de placer siga en pie.

—Perfecto, perfecto —el sexagenario acarició su barba blanca—. Deposítenlo en el tanque de siempre. Y como prometí, cada uno puede llevarse a alguna de estas tres jovencitas. Todas son tiernas, así que…

— ¡No diga más! ¡Elijo a esta!

— ¡Y yo a esta!

— ¡Perfecto! Entonces la última es para ti, muchacho. ¡Tómala sin miedo!

Sintiendo la mirada de todos observé a la muchacha. Luego rasqué mi cabeza. Si esto no funcionaba, entonces nada lo haría.

—Todavía no… —tomando a la chica entre mis brazos la besé—. Pero resérvela. Algún día la tomaré.

Sin poder hacer nada más miré la puesta de sol.

Un héroe inútil.

Un cobarde sin remedio.

Un cuervo del desierto.

Eso era yo.

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  • Jajaja, que buena analogía. Gracias por leer. Publicaré lo que sigue dentro de poco.
    A ver si te leo algo más largo. El final me ha sorprendido totalmente, como una patada a los testículos. Jajaja.
  • Después que los desiertos se comieron los bosques y el calor evaporó el agua; un cuervo sin alas continua arrastrándose, trata de no ser mancillado por su torcida realidad.

    Pigmeo relato de terror.

    Protector de almas inocentes...

    Mi ultimo pincel...

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Vengo a leer y a escribir, a dar opiniones y a aprender; vengo a desligar mi mente de la realidad. Y a sumergirme en esta idílica sociedad.

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