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3 min
Cuestión de confianza (1)
Suspense |
15.10.20
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Sinopsis

Sentados en una plaza, bajo la sombra de un hermoso ficus y escuchando el ronroneo del agua de una fuente, los dos personajes charlan...

Al Padre Miguel le gustaba hablar con sus feligreses sentado en un banco de la plaza, al aire libre, decía que así le quitaba formalismo a las consultas y éstos se expresaban mejor. A Lucía la conocía desde que su madre la trajo al mundo y durante toda su vida había sido su director espiritual, así que el hecho de estar hablando junto a la pila constituía para ellos una forma habitual de comunicación.
—Lo que me dices es muy serio, Lucía.
—Lo sé padre, por eso vengo a verle.
—¿Pero de verdad crees que Alberto es capaz de una locura de esas características?
—No me mira a los ojos, casi no me saluda y presiento en torno a él un halo misterioso que me da miedo.
—Hace tiempo que no lo veo ¿tan cambiado está?
—¿Cambiado? Siempre ha tenido unos prontos terribles, capaz de cualquier cosa, lo que ocurre es que ya casi no lo recuerda usted, como dejó de acompañarme a la iglesia.
—¿Él no había rehecho su vida?
—Eso me parecía a mí, pero se ve que aún persiste cierto resquemor, que es al que temo.
—Y tú que también eres un rabo de lagartija.
—¡Qué quiere, padre, si me pisan, salto!
—¿Pero te ha dicho algo desagradable, te ha tratado mal?
—Eso es lo malo, padre, que no dice nada, ahí es más temible aún.
—Bueno, si habéis roto, tampoco tiene por qué estar contándote cosas. Ya te decía yo, hija mía, que la Ley de Dios…
—¡No padre! Por ahí no, si vengo a hablar con usted es para encontrar la paz espiritual, pero no me sermonee, no es el momento.
—Está bien, hija, es que me dejo llevar por la profesión, ya sabes…
—¡Padre, que está usted jubilado!
—¡Ay, querida Alicia! Los curas no nos jubilamos nunca. Me parece que fue ayer cuando te echaba agua ahí, ahí mismo y llorabas ¡madre mía, como llorabas!
—¡Padre Miguel!
—Perdona, perdona hija, es que a este pobre viejo se la va la olla de vez en cuando, ¿lo has denunciado?
—¿A quién? ¿A Alberto?
—¡Hija! ¡A quién va a ser!
—Si lo hago, puede usted ir preparando el hisopo. Se ve que no lo conoce bien.
—Si tanto temes, más vale que te asesores, ya sabes que hoy día te pueden ayudar para vigilancia y esas cosas.
—Se las saltaría todas a la torera. Se lo tenía que contar a alguien y usted es el menos sospechoso para sacarlo de sus casillas. Olvide la policía. Yo también me se defender.
—De eso estoy seguro, pero en estos casos…
—Me interesa más su opinión que la de la policía. Yo quiero sentirme bien conmigo misma y ellos no lo van a conseguir, de esa manera me encontraría peor.
—¿Y un psicólogo?
—Eso sí que lo he pensado ¿pero, sabe una cosa, padre Miguel?
—¿Qué?
—Confío más en usted.
—Pero hija, yo no soy más que una oveja casi apartada del rebaño, acogido por esas monjitas y con menos fuerza que un mosquito.
—Lo que hay dentro de usted es capaz de arrancar de raíz este laurel de indias que nos da sombra.
—¿Tú crees? Es muy grande, y tiene muchos años, muchos más que yo, ¡no te fíes!
—¡Ja, ja, ja!

.../....

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  • Sentados en una plaza, bajo la sombra de un hermoso ficus y escuchando el ronroneo del agua de una fuente, los dos personajes charlan...

    Les dejo este pequeño relato, surgido en una tarde cualquiera de un día cualquiera. Saludos afectuosos

    Les presento a Elvira, una muchacha que vivía en una plaza, en la que además tienen lugar otros acontecimientos.

    Cortito pero sabroso...al menos eso espero. Saludos

    Final del suspense. Trabajito ha costado,pero aquí está. Saludos

    Ahí va la segunda parte de este relato. Que les guste...

    Aquí les dejo el comienzo de esta historia, que espero les guste. Saludos

    Con que nos creamos la mitad de lo leído, habremos ganado mucho.

    Un hombre vestido de negro entra en unos grandes almacenes y se encapricha con una pequeña agenda que guarda en su bolsillo. Antes de salir a la calle es descubierto; se escabulle y termina introduciendose en una escaparate haciéndole compañía a los maniquís...

    Para demostrar las cualidades intrinsecas, a veces, hay que recurrir a estrategias inauditas.

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Tengo a la Literatura por bandera dentro del convulso mundo que nos ha tocado vivir.

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