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6 min
Das letzte Mitglied parte 3
Suspense |
13.08.19
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Sinopsis

“Ultimo minuto.  Ultimo minuto.

 

Durante esta noche se han encontrado los cuerpos de dos individuos quienes contaban con un amplio historial policíaco.  Los sujetos presentaban diversas lesiones a causa de un elemento contundente, posiblemente un bate de béisbol según la información proporcionada por los peritos.

 

Se presume que ambos delincuentes tuvieron participación en el violento asalto en la sucursal del banco SXXXXXX dejando un muerto y un lesionado…”

 

¿Habrá sido coincidencia?

 

Eso supe días después.  Alguien se encargó de ellos.  Estaba seguro de ello y para ser muy sincero.  Poco me importaron sus destinos.

 

Con el pasar de los días olvidé el asunto.  Teresa y yo nos veíamos cada vez más seguido y transcurridas unas semanas finalmente formalizamos la relación.  Su hijo estaba grandote y a pesar de todo me aceptó junto a su madre.  En cierto modo mi persona le generaba una sensación de respeto cada vez que coincidíamos.  En ocasiones un padre ausente y una mamá sola tocan en su hijo teclas sensibles en su personalidad y las obligan a luchar por desear tener una figura paterna.  Por mi parte no me quejaba, ella es un buen complemento para mis objetivos laborales en la vida y en la intimidad siempre es bueno contar con una compañía dulce y cómplice.

 

Gracias a Teresa pude conseguir un trabajo mejor remunerado.  Tal vez no era mi mejor ambiente ni el mejor cubículo.  La gente gustaba mirarme como bicho raro y yo a sonreír.  Podía ver que la vida y circunstancias cambian según las personas y situaciones que llegan a rodearte.  Por fin veía un cambio y lo negro era luminoso y esperanzador.  Así lo añoraba.  En ese período el sonido de los cuchillos y la sensación de la ducha fría golpeando la espalda desaparecían y tardaban en volver.

 

O eso creí.

 

Un martes de luna llena, mientras todo transcurría como el pasar de una pacífica canción de John Lennon las calles se silenciaron, los animales dejaron el ruido y cayeron en los brazos del dios de los sueños.  Teresa dormía plácidamente desnuda abrazada a mi torso, siempre le gustaba esa sensación de protección luego de otro encuentro sexual, es como el de una pareja de recién casados.  Hay energía, erotismo y libido exultante en cualquier situación en que se presente la ocasión.  Algo muy buscado por ella después de tantos pesares y malas experiencias.

 

A pesar del ambiente.  No podía conciliar el sueño.  La conexión con su cuerpo es algo que nunca en mi vida sentí pero no puedo dormir.  Mi mente no está conforme con esto.  ¿Soy una especie de hambriento o tal vez será otra cosa?

 

Moví mi cuerpo cuidadosamente, sin despertarla y caminé al baño buscando alguna pastilla para dormir a oscuras.  Registré el botiquín y el ruido en el vacío del silencio me llamó la atención.  Frente a mi cara el espejo con mi rostro agotado.  Estaba ensimismado en mis detalles faciales cuando pude notar un pequeño movimiento por el espejo gracias a la claridad de la luna.

 

Lentamente vi como una oscura figura, una sombra se acercaba a la puerta de mi casa.

 

“Un ladrón” pensé al instante.

 

Efectivamente, alguien ya había penetrado en el patio y se disponía a abrir silenciosamente la puerta trasera.  Su rostro estaba cubierto por un pasamontañas y desde una ventana lateral veía cómo sigilosa y cuidadosamente esa persona abría la puerta sin emitir sonidos que alertaran.

 

Me puse muy nervioso, mi corazón se agitó demasiado y no podía controlar los espasmos de mi cuerpo buscando una forma rápida de resolver las cosas.  No tenía teléfonos a mano y él se encontraba más cerca de Teresa, cualquier mala jugada podría poner en peligro su vida.  Desesperado busqué y me puse a registrar el piso.  Justo en el lugar donde estaba la oscuridad no permitía distinguir los objetos.  Mis manos temblaban y un pequeño mareo casi me hace tambalear.  Finalmente encontré algo.  En el piso.  Una cosa con un color rojo, carmesí, brillaba distinguiéndose de todo lo demás.  Recuperé la calma y sin pensarlo lo recogí.  Cerca, el ladrón ya revisaba los objetos con una pequeña linterna y pude sentir que se acercaba a mí.  Instintivamente me oculté en la puerta y dejé que entrara.  Lo dejé revisar un poco más hasta que encontré el momento preciso…

 

Sin vacilar lo golpeé con ese objeto.  Fui muy duro contra su cabeza, tanto que cayó sin gritar.  Su linterna rodó por la alfombra y él quedó tendido en el piso.  Sin reacción.  A duras penas lo levanté y arrastré fuera de mi hogar hasta la calle.  Volví por lo que me había ayudado y al levantar mi rostro, en la vereda del frente, había un vehículo con la puerta del conductor abierta y las llaves puestas.  No tuve tiempo para buscar explicaciones.

 

Cogí el cuerpo sin reacción y lo metí en el portamaletas.  Sin pensarlo mucho encendí el vehículo hasta llegar a un basural clandestino.  A mi lado podía ver que era lo que había agarrado.  Un bate de beisbol con una pequeña mancha de sangre que se distinguía por la luminosa luna llena.

 

Saqué el cuerpo inerte y lo tiré entre los pequeños cerros de basura.  Me volvía cuando pude ver que empezaba a moverse.  Me dio terror saber que volvería a mi casa así que busqué el bate y volví para seguir golpeando su cabeza.

 

Golpeé y golpeé por mucho rato.  Hasta que finalmente dejó de defenderse.  Su cuerpo quedó tirado en medio de la basura y pude imaginar mis manos con sangre.  La mancha en el bate era un poco más grande.

 

Escuché sonidos y solo pude huir de ese lugar a pie.  Después de caminar cerca de una hora finalmente llegué a mi casa.  Noté la puerta entreabierta y gracias a eso no hubo ruido.  Sin darme cuenta aún llevaba el bate en mi mano.  Luego de unos instantes de sorpresa lo escondí en el ático sin levantar sospecha.  Me metí en la ducha y accioné el agua fría e intensifiqué el chorro.  El sonido de los cuchillos regresaba. Volví a mi dormitorio. Teresa dormía y yo no pude conciliar el sueño hasta que sonó el despertador.

 

 

-Buenos días-Me despertó ella con un beso en la boca.

 

-Buenos días- Respondí quejoso.  Mi cabeza estaba nublada y estaba con la sensación de estar dentro de un sueño lúcido.  Ella salió a su trabajo y ese día no me levanté pensando en lo que había hecho.  Sospechosamente no tenía ninguna sensación de culpa.

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