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3 min
De fuegos pasajeros
Reflexiones |
30.08.19
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Sinopsis

La naturaleza humana es tremendamente compleja. Esta puede resultar tanto pasmosamente tediosa, como más explosiva que la pólvora mejor refinada. Transitamos la mayoría del tiempo en el primer estado, al que podríamos definir como nuestro estado natural, esperando a la época en la que podamos explotar todo el fuego que cada uno cobijamos en nuestro interior, pero el cual nos asusta tanto que resulta únicamente un incendio controlado, cuyos cortafuegos son nuestras propias conciencias.

Sin embargo, la época de quemar pólvora, de explotar el fuego y derribar las franjas contra las llamas llega. Y no hay mejor manera para esta tarea que la de unir ese pequeño polvorín, esa pequeña fogata atorada en tu pecho, a la de otra alma. No es necesario mencionar que este otro espíritu debe encontrarse también en la segunda fase, en caso contrario, la llama no tendría donde extinguirse ni retroalimentarse.

Pero ambas se encuentran en el segundo caso. Y entonces ocurre. La llama arrasa la maleza. Fuegos artificiales prenden allí donde no debían y los campos completan formas de ramificaciones cuyo escenario principal hubiera sido el cielo nocturno del verano invadido por las perseidas más espectaculares. El pecho se hincha con un espeso aroma de una sustancia que ha emanado del fuego, pero que aún no tiene nombre y que puede que nunca lo tenga.

Ese aroma quema, y también marea a quien lo inhala. Es tan peligroso que puede provocar confusión entre lo que es una pequeña llama pasajera, tal vez alimentada por el alcohol, y lo que es un poderoso fuego permanente. Pero, ¿no todo fuego tiene su origen en una pequeña llama o en su defecto una chispa accidental?

Tras el momento de la colisión, el ambiente se embriaga por una sensación de paz y silencio muy similar al que impregna el corazón de dos amantes que encuentran sin dificultad ni dudas el amor en la mirada del otro. Pero como suele ocurrir, no es más que una ilusión provocada por la sustancia sin nombre que ha emanado del fuego. Y cuando las dos llamas se alejan por sus respectivos senderos e intentan recordar la chispa que avivó su encuentro, tendrán dificultades para hacerlo.

Porque muy probablemente hayan regresado sin quererlo a su primer estado de miedo y completo autocontrol. Y por el alcohol que ha alimentado el fuego, por la sustancia que ha emanado de ese fuego, por todos esos factores que han provocado que la sensación de la chispa permanezca; pero sea inviable recordar.

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