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4 min
De hueso y marfil.
Amor |
11.09.18
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Sinopsis

Me detengo unos instantes en esto que llamamos vida para contar una historia.

Esta es una historia sobre el amor, el de verdad, el que cala en los huesos e impregna el corazón.

Voy a contaros algo sobre el mío, el que una vez hizo que mirase a las estrellas con un brillo en los ojos, el que me hacía atravesar montañas y mares, el único que alguna vez hizo sentirme vivo y deseado.

Ese amor, mi amor... ¡ha muerto!, y yo no puedo asimilarlo aunque quiera, porque aun noto su presencia, y en mi corazón su esencia, y aunque ella no lo sepa, la noto respirar a mi lado por las noches cuando estoy solo, tumbado en la cama, a punto de caer dormido, noto el tacto de su mano, agarrando ya la mía, y en las noches oscuras, frías, cuando me siento abandonado, noto como se me clava su mirada al apagar la luz, e ilumina mi estancia, oscura, eterna y ausente, presa de las garras del vacío, de su suplicio, insertado ya en mi mente .

Pero todo eso ya pasó, ella ha muerto, y yo ahora tengo que acostumbrarme de nuevo a la nada, a la monotonía, a pesar de mi alma marchita, que grita desgarradora, que llora por las noches, y que, aunque me esta haciendo languidecer, la comprendo, porque se siente sola, sola y triste, y ella no entiende, tampoco yo, y no tenemos por que entenderlo, nos quitaron la esencia que nos unía a otra esencia, y nos envolvía en un manto de éter ...

Mi alma se quiere ir, quiere dejarme, abandonarme y dejarme sin ganas de vivir, y ya no la puedo convencer para que no intente escapar, escapar de mi cuerpo en busca de otra alma, del alma de mi amada, pero ella... ¡ella ya no está!, ¡ni estará!. ¡Jamás!, ¡nunca más! Porque ella murió, una noche fría de marzo a eso de las doce y algo, y es a a eso de las doce y algo cuando se hiela el aire de mi habitación y por unos instantes su silueta se dibuja entre los rayos de luna que entran por la ventana, y su presencia aunque cálida, me recuerda lo que fue la ilusión de tenerla, de amarla, y de repente, todo hasta el mismo tiempo, se torna desgarrador, frío y se para.

Y así todas las noches a eso de las doce y algo, su fragancia emana camuflada entre luces de ceniza, viene y atormenta mi alma, de por si confusa y dolorida , hiela mi sangre, y lentamente pero sin prisa, va desapareciendo poco a poco, como evaporándose con el último rayo de la tenue luz de esa triste luna deseada.

En mi mesa hay una carta, una carta que no está abierta y que reza:

Te quiero, siempre te he querido, y jamás podré comprender por que la vida te arrebató de mi vera, justo cuando eramos mas felices, justo cuando más nos amábamos... tú tan joven, bella, digna y llena de vida, y yo, bueno, yo siempre a tu lado.

Te esperaré sentado, frente a mi ventana por la que entra la luz de la luna, esperando que tus ojos plateados iluminen mi estancia, ya de por si olvidada tras el paso de los años. No quiero nada más, ni el manjar de los sabores, ni los placeres de la carne, solo tu recuerdo, que hasta el último aliento de mi ser consume, y de mi alma atormentada se nutre, hasta el punto de que ya no quiere nada, nada que no sea escapar por la ventana hasta encontrarte donde te hayas, para poder una vez más, sentirse atrapada.

Y así fue durante años, o eso tengo entendido. Porque la presencia de la muerte alerto a los vecinos mas cercanos, que tiraron la puerta abajo y efectivamente me encontraron. Allí sentado en el sofá, con los brazos apoyados, de hueso, marfil y sin carne, eterno, al lado una carta sin abrir durante años empolvada, y olvidada, como lo que una vez fue mi cuerpo, ahora solo huesos y recuerdos, por el paso del tiempo, yo cadáver, y ella... ignorada.

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  • Es un relato tremendo que estremece. Pero también es muy comprensible porque el amor es la fuerza motriz de la vida. Sé de casos que ha habido gente que han fallecido por haberse ido la persona amada.
    Me detengo unos instantes para destacar tu dominio de palabras. Potente, envolvente... Sin duda muy buen relato.
  • Esto podría pasar perfectamente, ¿o no?

    ¿Somos producto de nuestras circunstancias?, ¿El esfuerzo garantiza seguridad?, o ¿es todo una cuestión de suerte? Quizás una mezcla de todo un poco.

    Los hombres somos capaces de amar intensamente, hasta la muerte y con locura , pasional e irracionalmente, las mujeres igual pero sabes que esa chispa se apagará en ella cuando se cansen, o pueden decepcionarse, poner límites, y apagar la pasión, pero el sol del deseo, es un poderoso y cruel estigma que todo hombre tiene. Pues no hay dios mas poderoso que el que se encuentra entre las piernas de una mujer.

    No es un término muy psiquiátrico, pero básicamente viene a decir lo mismo. Tener un problema serio es una similitud muy acertada con el título de este relato. Dedicado a los que lo puedan entender, sin duda, de ellos es, porque a veces la locura no es locura, es el amor que no tiene cura.

    No hay Sinopsis de lo que no debe haberla.

    Pequeñas cosas muy de continuo acaban desgastándonos... la vida con sus golpes y giros de tuerca a veces puede vencer a tu estado anímico, pero... así es la vida, con lo bueno y con la lucha del día a día. Hay qué intentar no perder nuestra identidad.

    Una poesía dedicada a todas esas mujeres (y a la figura de la mujer) que están a nuestro lado cuidándonos desinteresadamente, porque simplemente nos quieren. A todas esas madres, hijas, esposas, tias, abuelas y amigas, gracias, sobre todo por las veces en las que nos olvidamos de decirlo.

    Un texto en prosa poética dedicado a esos momentos de la vida en los que nos rompemos. No hablo de la muerte como tal, sino de los momentos que representa.

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