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7 min
DE LA CARTA AMOROSA A LA PANTALLA EXCITANTE...
Reflexiones |
16.09.20
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Sinopsis

Reflexión sobre la evolución de la comunicación amorosa y su forma de expresión.

 

 

“Mi querido ángel: 

Estoy loco por ti: no puedo unir dos ideas sin que tú te interpongas entre ellas. Ya no puedo pensar en nada diferente a ti. A pesar de mí, mi imaginación me lleva a pensar en ti. Te agarro, te beso, te acaricio, mil de las más amorosas caricias se apoderan de mí” (Balzac) 

 

¡Qué encabezamiento más romántico!, apreciado en el inicio que escribió Balzac en tan amorosa carta. Puro sentimiento... Pero, ¿quién no hubiese querido ser Juliette Drouet, la destinataria de las epístolas de Víctor Hugo, recibir las de Hemingway inspiradas en Marlene Dietrich? Las que le escribió Pablo Neruda a Matilde, la dama que hizo palpitar su corazón y hasta las de Napoleón Bonaparte para Josefina, que, desterrado en la isla Santa Helena, no perdió tiempo en ratificarle el amor, su arrepentimiento por sus errores a su amada, en tan conocidas misivas. Es que la forma de cómo expresar el amor han cambiado, no solo con el avance tecnológico, sino con el lenguaje empleado.  

Las cartas, hoy en día solo están en la añoranza, plasmadas en canciones, inundadas de poesía, como, por ejemplo, la  compuesta e interpretada por Joan Manuel Serrat, “Tus cartas son un vino”, Nino Bravo, nos deleitó con “Cartas Amarillas”, de igual forma, Javier Solís y Alfredo Sadel, con “Escríbeme”, más reciente, la última interpretación del cantante barranquillero, Lown León, de su propia autoría, “Las Cartas”, así como otras  melodías, alusivas al sustituido medio de comunicación. 

Veamos, en tiempos más contemporáneos, los amantes más osados, incluían en sus apasionadas epístolas, dibujos con forma de corazones, flores y flechazos de cupido...todo esto han fenecido. Hoy esa declaración de amor y expresión, está sustituida por mensajes de texto o imágenes por WhatsApp o   Instagram, en el actual mundo de la tecnología. 

Pero, si nos remontamos a la historia, existen hechos anecdóticos, referidos al método antiguo de los mensajes de amor en telegramas, postales, en llamadas que se efectuaban en teléfonos públicos, hoy igual remplazados por el móvil o teléfono celular, en las palomas mensajeras y hasta en mensajes introducidos en botellas, que luego eran arrojados al mar. Métodos que han inspirado la creatividad de cineastas, llevados al mundo de la distracción y el espectáculo. Otro ejemplo, la película, denominada “Mensaje en una botella” (1999), protagonizada por Robín Wright y Kevin Costner, extraordinariamente  emblemática , que encierra un bello mensaje de amor.  

¿Y quién no se volvió a “enamorar” disfrutando la película “Tienes E- mail"? ( You´ve got Mail”) con Tom Hanks y Meg Ryan, una comedia romántica, donde el encuentro y el punto que une a los protagonistas, es el correo electrónico. 

Pero, algunos lectores y disculpen la distancia, recordarán, en sus años de mozos, en los centros de educación secundaria, la forma de cómo enamoraban a las chicas. Era muy simple, lanzaban y a veces con complicidad de algún amigo, entre pupitres y mesones, “papelitos” a su enamorada, con dibujos de corazones y al lado, algún rudimentario bosquejo de una flor o un anillo o aro de compromiso, como símbolos del sentimiento que brotaba en sus juveniles experiencias. Era el lenguaje de la inocencia efímera, del romanticismo efervescente, pero efectivo, del varón para la fémina, que rendida percibía, en la rudimentaria práctica, la “declaración de amor”. 

No faltaba el joven más determinado, el que se expresaba con una extensa carta transcribiendo literalmente sus emociones: “Laurita, estoy locamente enamorado de ti, eres el sol de mi vida…”  Ella le respondía de la misma manera, con otra misiva, o escribía en el mismo papel entregado, su respuesta: “Yo más, adorado José. Eres mi cielo y todas las constelaciones. Mi todo...” Y después, del “sí” y si el aire soplaba a su favor, proseguía el otro “salto”: la solicitud formal, frente a los padres de la amada y de allí, se acordaba (dependiendo también de la cultura) el compromiso para el acometimiento de la futura boda. Por supuesto, aquella joya dibujada como señal de amor, se hacía real, tangible en el dedo anular de la mano izquierda de la novia elegida. 

Han pasado los años y hoy, con el avance voraz de la tecnología, la comunicación de símbolos, códigos o caracteres ha permitido que los emojis, creados en el año 1999 por el japonés Shigetaka Kurita, dan lugar a una gran variedad de emoticones y stickers, representados por pequeñas imágenes utilizadas dentro de la comunicación de texto digital, que expresan el estado emocional del emisor, trasmitiendo de una forma sencilla todo lo que se quiere “hablar”. 

Antes de la creación de los emojis, solo nos comunicábamos con los antiguos móviles en mensajes de texto. Al usuario que no le agradaba escribir, se esforzaban en trasmitir un mensaje sucinto, recortaba palabras, muchas veces atropellando el lenguaje, distorsionando o abreviando la escritura, inclusive, me atrevo a afirmar, que muchos mensajes ni los entendíamos.  En ocasiones, fue un desafío descifrarlos. 

Poco después llegaron al mercado los móviles más sofisticados y la plataforma se inundó por las redes sociales: WhatsApp, Telegram, Twitter, Facebook, entre otras,  y así, se ha ido desarrollando una gran  variedad de emoticones y stickers, que expresan desde la reacción más alegre del hombre hasta la más triste, con alusivas a su entorno cotidiano: alimentos, vestuario, medio de transporte, banderas para la identificación de nacionalidades, incluyendo también,  fauna y flora, e iconos de diferentes culturas mundiales. 

A este punto hemos llegado, en comunicarnos con cualquier reenvío de símbolos, desplazando éstos, las palabras seleccionadas y muy bien cuidadas para expresar el sentimiento del amor. Las nuevas generaciones, les ha tocado fácil trasmitirlo, con códigos, no hay mucha preocupación. A manera de ejemplo, basta solo un sticker de un rojo y palpitante corazón enviado por WhatsApp u otro emoticón que pueda interpretarse el mensaje. 

En este mismo orden de ideas, el universo de la tecnología trajo sus novedades en cuanto a las relaciones amorosas, ya no es necesario la “presencia” para mantener una buena comunicación, “en línea” la puedes lograr. Hasta ir en busca de parejas, sin tener que salir de casa, ni a clubes, boliches o cafés. Y si te enamoras y te atreves, hasta lograr un” acercamiento íntimo” (cibersexo) con el elegido, todo es cuestión de tú decisión.  

Recientemente, por Netflix, se estrenó una comedia romántica “Amor Garantizado”, que muestra el escenario de las citas por internet y que resulta interesante conocer todo lo que involucra, inclusive, consecuencias  en el nivel jurídico. 

En lo personal, sin juzgar ni rechazar, porque todo encuentro amoroso es vivificador cuando dos corazones se encuentran en sus rutas, de cualquier forma y manera, no confío en los emoticones ni en los stickers, son impersonales, porque no son utilizados en forma exclusiva, sino en términos generales, confunden, pueden ser reenviado uno, de la misma imagen,  para manifestar las emociones a varias damas a la vez y la infidelidad no va conmigo y en el universo virtual, al parecer, es eso lo que abunda, pero es un tema a conversarlo en otra ocasión. Nada parece diáfano en el mondo de los códigos. 

Yo, me he decidido por el mundo presencial...Pero, de que exista una “realidad virtual” la hay...utilizada por muchos.  

Ana Sabrina Pirela Paz 

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Soy una aficionada a todo género del arte y me apasiona la escritura, la desarrollo como parte de mi actividad diaria. El cuento, el relato y la poesía libre me fascinan, como una manera de expresión, que la combino con mis actividades profesionales como abogada.

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