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7 min
DE LA NOVELA: TEORÍA PARADOJAL INSUFRIBLE
Varios |
14.06.19
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Sinopsis

Historias de Duque y Martín

“…El extraño placer que proviene de la certeza de que no hay certeza.”

Milan Kundera

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     Pretende escribir una Novela compuesta de relatos (Novela entre comillas y en minúscula, por favor. Ergo: “novela”) que se deslicen como lengua de perro en nalga de hembra tensa y mojada, que le permitan gruñir de gusto mientras se cuenta las pulgas y termina su trago. Novela como diversión o lujo silente, como hueco novela que se trague cualquier cosa sin miramiento ni espejos. Pretende escribir sin escribir: Agitar facciones y dientes y palabras para que otro las viva o las dibuje. Una novela sin novela, una transgresión que gira sobre sí misma y se complace en no cristalizar en paradigmas ni parámetros: visiones sin ojo, aullidos sin lobo.

 

DIARIO DEL AUTOR

(Madrugada de un Lunes) S/F

 

1

 

     Duque y Martín piensan que su aparición en mi novela es producto de un nacimiento protocolar clásico. Madre y padre, óvulo y semen, piernas abiertas, respire y puje, ya salió, que bonito, gordo el muchacho. Yo pienso que los imaginé a partir de una idea básica: la de escribir una novela en la que Duque y Martín piensen, una novela transitada por personas, ya no por personajes o incautos reflejos de mí mismo.

 

2

 

     Otra, Claudia, Muñeca, Frida, Krista, etc., son las hembras-vértice que todo lo conmueven: son el recurso de la pausa que da origen a realidades alternas, disímiles, conflictuales.

 

3

 

     Llamamos realidad a un incesante discurrir de palabras actos y hechos, un ir y venir de pasiones y situaciones, un suceder propio y vital que solo reconocemos si muestra nuestro propio rostro o la forma en que intuimos o creemos que debe funcionar lo real. Entendemos que lo real palpable o lo real sucedido es innegable, lo que nos absorbe, conmueve y perturba, son las innumerables abstracciones y entelequias  que manejamos continuamente, y que no tienen una existencia física que las evidencie, que las deposite a nuestros pies para mirarlas, tocarlas, olerlas, oírlas, saberlas plenamente más allá de las sensaciones.

 

4

 

     Si la realidad fuera un devenir insaciable modificado por cada una de las múltiples visiones particulares de actores y espectadores, se debería concluir, por fuerza, que se trata de un producto, y que como tal puede ser creada a voluntad, usando para ello el recurso de crear la pausa.

     Pausa para comer una manzana. Pausa para fornicar con Otra. Pausa para despedirnos ahítos y borrachos. Pausa: Otra vuelve a incorporarse a la novela. Pausa: En mi fatiga advierto que la imaginé demasiado fogosa. Pausa: humo de cigarrillo mirando al techo. Pausa: hay tipos y tipos de pausas: Pausas religiosas o metafísicas. Pausas intrascendentes.  Pausas vulgares para cagar o escupir. Pausas anónimas para esconder o casimostrar. Pausas de pausas o la sola pausa. Pausa para la pausa. Pausa.

 

5

 

     ¿Y qué decir de la estética? presencia ineludible que suele confundirse con la estática o la esférica. Pues nada, la estética es la que mejor le siente a tus huevos o a tus ovarios: barroca, surrealista, vanguardista, hedonista, modernista, postmodernista, o cualquier otro  “Ista” que se te ocurra te será igualmente inútil.

 

6

 

     El espacio puede ser tan reducido como una uña, y aun así contener a cientos de personajes fumando, culeando, yendo al teatro, asesinando, suponiendo, barajando naipes, saltando entre ideas y pasiones irremediables, suscitando pena, horror, amor, desconsuelo, ganas de sentarse o salir corriendo en pos de la ventana más próxima, de los rieles del Metro, de la cuerda de cáñamo, la silla, y la viga para el cuelgue.

 

7

 

     El movimiento de A dirigiéndose a B y B curvando hacia Z vía subir una montaña o salir disparada desde el retrete no es difícil de manejar -si obviamos a Zenón y su paradoja- y consiste básicamente en eso: en moverse. También es posible moverse en quietud o infinitesimalmente, pero ello debe estar en total acuerdo con el clima y la configuración del terreno. De hecho puedes narrar toda una novela sin moverte, en primera o tercera persona o cuarta pared.

 

8

 

     El tiempo: llegamos a la mira telescópica, sin la que un genial francotirador no pasa de ser un cabrón en calzoncillos jugando con un rifle de aire. Nadie que se precie o desprecie de escritor (zuelo ¿suelo?) puede obviar el tiempo por mucho ídem. Al hablar del tiempo no me refiero al clima ni al huso horario donde asientas tu culo ni al ya inexcusable relojito de pulsera. Es sabido que utilizando obvias expresiones  temporales, intercaladas en la narración o en los diálogos, haremos transcurrir eso que llamamos tiempo solo en base a la forma en que acostumbramos medirlo, es relativamente fácil y no presenta mayores complicaciones. Lo realmente jodido es conseguir que el lector sienta (de sentir) el tiempo, ya no la máquina. Tal vez la única forma de logarlo sea desde el ámbito de los estados emocionales. Plasmarlos -no describirlos hasta el agotamiento- puede generar en el lector un proceso que lo acerque al tiempo ya sucedido, sucediendo, o por suceder. ¿Cómo hacerlo? Imposible decirlo. Tan solo el escritor puede asir algo tan abstracto, y luego de aprehenderlo reflejarlo en la obra. También es cierto que se trata de una hipótesis, y debido a ello puede ser tan cierta como falsa: pelota que regresa en una dirección improbable, burla infantil que se destaca por guiñarte el ojo, urgente visita al sanatorio psiquiátrico más cercano.

 

9

 

     ¿Y al susodicho qué? / Se le botó la canica / De tallercito andamos / Menudo caradura / Dando clases / Ni mear sabe / Sentado, me dijeron / Como las féminas / Para no gotearse / Refinado el tipo / Dizque poeta / School Garden y es mucho / ¿Tiene mujer? / Tuvo algunas / Le hará falta / ¿Le conseguimos una? / Yo se la busco / ¿Yo no puedo? / Usted no levanta / ¿Y usted sí levanta / Claro que levanto / Polvo, no más / Deje la joda / ¿Seguimos con el otro? / Ese jura que nos escribió / Da lástima / Sin nosotros ni a la esquina / Mierda de habladores / Se metió en la conversa / Falto de educación / Cierren el pico putos / Va de codeína y brandy / No respeta / Imagina que imagina / Se callan o quemo esta vaina / Nos callamos / Pero no por miedo / Por pena ajena /¡Silencio! / Eso / Ok… / ¿Escuchó? / Hizo ruido / Está tomando / Que sorpresa / Encendió un cigarro / Rascó el fósforo / No cumple / Toc y de cabeza / La frente sobre el teclado / Se durmió / Esta roncando / Pobre idiota / Pobre.    

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Un oldman alto, hosco, y feo; hastiado de cigarros, bares, y noches sin término (hembras que llegan y se van, botellas de Whisky, la vieja escuela, el último dinosaurio, y así de pendejadas una detrás de la otra) Me aburre el sexo sin caras ni compromisos (ya tuve suficiente de esas pajas modernistas) Hoy día no me gustan los bares: parecen agujeros para heridos de guerra. Me gustan las personas y los perros (“Esa misteriosa devoción de los perros”, decía Borges) Amo a mi hija y a mi nieta: mis únicas dos rosas, mis últimas palabras. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

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