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4 min
De maternidad y hedonismo.
Drama |
12.10.17
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Sinopsis

Recibió una noticia mientras trabajaba, una noticia directa y clara: Miguel no despertó ese día. Murió mientras dormía. Un ataque al corazón mientras estaba en observación. Siempre había tenido problemas cardíacos, sabía que este momento llegaría. Pero Miguel no tenía ni diez años. No sabía cómo encajar esto. Lucía decidió salir del trabajo antes de tiempo.

-Su…

Se sentó, tomando una revista que sacó del bolso y fingió que estaba leyendo. Intentó mantener la compostura, pensando que nada había ocurrido. Cruzó las piernas, nerviosa, colocándose bien los zapatos. Mientras la parada se empezaba a llenar de desconocidos que la miraban de reojo. Sin saber qué hacía aquella mujer allí sola. Eran las siete, las ocho, las nueve. Su móvil no paraba de sonar, de vibrar, de estallar pidiéndole atención, la necesitaban, pero ella lo ignoraba. No cogió el autobús, no podía moverse de allí. No le iban las piernas. No quería moverlas.

-Su hijo…

Miró un cartel a su izquierda, un anuncio de alguna marca de refrescos, tres perros de raza Gorki estaban jugando en la playa. Eran gladiadores de peluche con armas de juguete, se pegaban entre ellos en una monísima escena perruna. Estaban los tres cerca de la orilla saltando felices,  con las orejitas levantadas. Se notaba que habían comido bien, estaban regordetes. Al fondo de la imagen creyó ver un niño, su niño, Miguel estaba ahí, al fondo de la fotografía. Parpadeó. Desapareció, su hijo nunca estuvo ahí.

-Su hijo está…

Venían los autobuses y ella seguía aún paralizada en la parada. Le empiezan a reaccionar las piernas, se levanta y se va andando. Lucía empieza a sentir el cosquilleo de la sangre por sus miembros, se dirige a casa, sabiendo que vive a tres horas de allí. No le importa, necesita recobrar el sentido. Siente que la han matado. Que ha perdido algo. La han herido, atravesada de muerte, necesita respirar –pero no puede-. No termina de entender lo que ha pasado, sacude la cabeza de un lado a otro buscando por las calles alguna señal. Algo que le diga que todo le irá bien. Pero no encuentra nada.

Escucha por el camino a la segunda hora de paseo a tres chicos cantando, parecen felices. Dos guitarristas de larga melena y un violinista corpulento y barbudo. Cantan sobre la vida, sobre la calle y sobre el sufrimiento -sin saber qué significan estas palabras-. Lucía se acerca a ellos, sentándose en el primer banco que encuentra. Quiere oírles mejor, quiere distraerse. Se suelta el elaborado moño que había preparado para ir al trabajo y juega con su pelo haciéndose una trenza. Empieza a recobrar la respiración oyendo aquello que tocan.

-Su hijo está muerto-. Éstas fueron las palabras que el doctor Emilio le dijo a Lucía nada más llamarla. Un comunicado tan frío como esclarecedor. 

Se levanta y se sienta con los tres chicos. Ellos sonriendo a Lucía le pasaron un porro que llevaban unos instantes fumando. Lucía lo tomó entre sus dedos gustosa y fumó. Y fumó. Y fumó. Y fumó. Y Pasaron las horas. Lucía tiró lejos sus zapatos y se tiró en el césped. Sentía un ardor dentro de su interior, llamándola, incitándola a vivir. Estuvo atenta al violín, hacía virguerías, improvisaba una melodía sentimental, melancólica –Lo que me faltaba- pensó.

Una voz empezó a hablar con ella, en su cabeza. Diciéndole así:

-El fin de la tierra estará y estuvo siempre lleno de irreverentes verdades y crujientes mentiras a medias. No reflexiones aquello en lo que creas, lo que sientas o lo que quieras ver ante una estampa inocua y vacía. En tu vida sólo siente lo que sientas, apénate de todo lo que quieras pero alégrate también, disfruta de los sentidos hasta que puedas, hasta que tu cuerpo te deje. Hasta que tu corazón decida dormir para siempre, hasta un día en el que vuelva a despertar.

Lucía se incorporó y estaba sola. El mundo empezaba a desmoronarse a su alrededor. Paró unos segundos en el sitio y lo escuchó. El universo le hizo un regalo:

-¡Mamá! –Dijo Miguel mientras abraza a su madre-. 

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  • @Nubis realmente no niega la realidad, se queda dormida en el césped y sueña con su hijo. Aunque cada lector es libre de dar interpretaciones diferentes. Hay quien me dijo tras leer el relato que al final su hijo no estaba muerto, se equivocaron de número al llamar a la madre al teléfono.
    Esto es escribir, señores. Has contanto la historia de otra persona y me la he creído. En el final interpreto que ella sigue negando la realidad hasta un punto extremo. Me ha encantado tu texto.
    @MrsHyde, lo siento, esa era la intención :(
    OMG me hiciste arrugar el corazon😢
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