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2 min
De mayor, quiero no ser
Varios |
29.05.07
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Sinopsis

No sabía cómo ni porqué nació, pero, sospechaba, tan sólo era producto de una serie de nefastas casualidades, dadas en un pequeño motel de la autopista A-6, hará aproximadamente siete años y medio

Aquel fue un día radiante. Una suave y oronda brisa marina sugería bienestar mientras el sol se alzaba con majestuoso ímpetu sobre los sudorosos rostros de los ciudadanos de Herego. Las predicciones se cumplieron. Un día antes de que Juan Carlos I. se diera cuenta de que era exactamente igual al resto de los niños, en el telediario profetizaron que una ola de calor inundaría las callejuelas de la ciudad con altas temperaturas y una absurda, y a la vez reconfortante, felicidad.
Juan Carlos Irugui era un niño de mediana edad, estatura normal, padres normales que se rodeaba de amigos asombrosamente normales en un colegio normal de la calle Norte-Malmé nº 14.

Juca, como normalmente le apodaban, se encontraba al borde de una crisis existencial, tan corriente por aquellos entonces. No sabía quien era, no sabía porque era, ni para qué era; no sabía cómo ni dónde ni cuándo era. Le asqueaba esa sensación de vivir en un mudo de segunda mano tan exprimido ya por cuantos le precedieron. Lo que Juca pensaba había sido ya meditado, lo que Juca sentía tantos otros lo experimentaron, lo que sufría fue ya llorado en esa espiral de predeterminada existencia.
Repudiaba su vida tan simultáneamente vivida. Juca quería ser diferente, dispar; quería ser hada en una novela negra, fiscal en un cuento de hadas, quería ser sueño en la vida del insomne.
Obnubilado por la causa, inmerso en un delirio demencial, Juca despedazó cada espejo de Herego para poder proclamar su unicidad.
Sin embargo, pese a su obsesiva dedicación, su insignificancia apenas acalló durante unos instantes. Juca pronto se vio atrapado en las frustrantes redes de la mediocridad sin entender que lo que le distinguía, aquello que le tornaba especial, se halló siempre en su ansia de lucha a contracorriente, en su ferviente deseo de escapar de la eterna condena del borreguismo social.
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