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14.09.18
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Sinopsis

Historias de Duque y Martín

 

“…Camina por las hediondas calles de San Antonio en 1926, tropieza con los guijarros y busca el cielo de Texas. Ayer ha visto un aeroplano trazar un arco en el cielo; hoy, como aún es joven, espera ver otro.”

Norman Mailer.

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-¿Qué tal esa historia?

-Poco a poco

-¿Tiene sexo y violencia?

-No estoy seguro

-Un consejo

-Ajá

-Reflexiona lo menos posible

-Ok, gracias

 

(Martín se regresa a su taburete. Duque sigue buscándole un ajuste al párrafo en el que Martín se regresa a su taburete) Cuando escribe poesía las palabras surgen mágicamente, se atraen, se unen por sí mismas. Cuando escribe en prosa empuña el martillo, devasta la roca y suda.

 

-Es un párrafo tonto

(Martín leyendo de perfil)

-Así son cuando estás vivo

-No entiendo

-Ni falta que hace

 

Toda persona –hembra o macho- se juzga apta para escribir una novela. Van y se leen algún librito y la cosa les parece de lo más fácil, casi simple: cuentas una historia, le agregas palabrejas mal sonantes, y escribes una palabra detrás de la otra (¡Cristo!, una palabra detrás de la otra, cualquier vainita amigo, sí señor), y entonces la emprenden con la calle, salen y esperan que pase algo (si tienes que esperar que pase algo para escribirlo es mejor que te dediques a otra cosa), y la novela se les queda allí, como un proyecto, nunca la terminan. Estos individuos -años más tarde- suelen ser profesores, periodistas, o críticos de literatura.

 

-No hagas discursos

 

(Martín elevado a la enésima potencia, ¡carajo!)

 

-¿No tienes nada que hacer?

-No

-Al fondo está el baño

-¿Y qué?

-Vas, te la meneas, y dejas de joderme

-Lo pensaré

-No dudes y  Acciona: el secreto de una buena paja

-Habló el Sumo Sacerdote

-De las pajas

 

(Martín se devuelve a su mesa y se dedica a besar a La Leona: se comprende)

 

Tal vez si pusiera algo de Shakespeare: “Pero si vives para no dejar testigo, muere solo, y tu imagen morirá contigo.” No sirve. Si me lo razono un poco esto es tan cruel como describir un pueblo arrasado por las bombas de un B-52. Es igual de cruel, la diferencia está en el marco: El piloto del bombardero está entrenado para que los de abajo sean solo puntitos en su alma, algo así como señales en un mapa o piedritas en el camino. La altitud lo salva, no ve los miembros destrozados, ni los niños sin ojos, ni la noche perpetua de mutilación y muerte que deja caer al tocar un botoncito. Por su parte, el inglés te mete los pulgares en las orejas con aquello de la muerte individual te vas y no dejas rastro mamón de mierda. Incluso lo del testigo es una falacia. Eso sí, te lo empuja con un lacito de regalo: un verso dulce y suave, austero y lírico.

 

-Es decadente

-¿El qué?

-La terminología: ¿dulce y suave? ¿austero y lírico?

-Hazme un favor

-¿cuál?

-Lárgate a tirar con La Leona

-No tengo plata

-Dile que te lo fíe

-A ti te la da gratis

-Yo soy yo y tú eres tú

-Que sabido el niño

-Termina de irte, ¿si?

-Llevas el loco subido

-Dime algo que no sepa

-¿La raíz cuadrada del cielo?

-¿Y yo soy el loco?

-Una última palabra

-Dila y chao

-Palabra

-¿Qué?

-Palabra, palabra, palabra

 

(Suspira, cierra el cuaderno y pide un brandy. Más tarde llega tu hembra -le susurra Otelo- Se apartan de la barra y van a la mesa. Martín y La Leona se chupan la boca. Ojalá y Gitana deje su arrechera y venga -se dice Duque- recordando su culo y olvidando a Shakespeare.)

 

 

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Un oldman alto, hosco, y feo; hastiado de cigarros, bares, y noches sin término (hembras que llegan y se van, botellas de Whisky, la vieja escuela, el último dinosaurio, y así de pendejadas una detrás de la otra) Me aburre el sexo sin caras ni compromisos (ya tuve suficiente de esas pajas modernistas) Hoy día no me gustan los bares: parecen agujeros para heridos de guerra. Me gustan las personas y los perros (“Esa misteriosa devoción de los perros”, decía Borges) Amo a mi hija y a mi nieta: mis únicas dos rosas, mis últimas palabras. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

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