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5 min
Delicatessen
Terror |
24.09.08
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Sinopsis

Humor negro en una cena improvisada con el casero de tu apartamento

Me atraganto, y hago todo lo posible por escupir o eructar hasta que me dan arcadas. La bilis se mezcla con la sangre y vomito, pero giro la cabeza en el último instante para evitar manchar el cuerpo.
Nunca me había llegado a imaginar que fuese tan asqueroso, tan guarro, tan… tan, tan…no sé cómo decirlo. Otra vez vomito, y esta vez no puedo evitar hacerlo sobre él.
Quién se lo iba a decir esta mañana. Yo, no, está claro. Menudo hijo de puta, siempre una ominosa sombra acechando en la puerta, una y otra vez llamando, aporreándola como si fuese una estola o un tambor o qué se yo; cualquier cosa menos mi puta puerta. Ahí estaba, de nuevo, como siempre, una bola blanca incrustada sobre tejido adiposo que se desparramaba por todos los lados llena de sudor y gritando mientras tozudamente aporraba la puerta: ¡CABRON DESGRACIADO DE MIERDA!¡ÁBREME LA PUERTA O LA TIRO A BAJO ¡Cabrón, cabrón, cabrón!
Cada golpe que daba era como el repique de campanas de una iglesia pero al son de cabrón, cabrón, brón, ón, ón……
Ciertamente lamentable, así que abrí por fin la puerta, por cierto, casi se cae sobre mí como una avalancha de nieve sudorosa al quedarse sin el freno de la puerta todo el ímpetu de sus puños, y nos encontramos frente a frente. Mi casero y yo, yo y mi casero.
Tenía cara de perro sarnoso imbécil. No dudé ni un segundo, blandí con firmeza llena de odio y asco la plancha que había cogido antes de abrir la puerta temiéndome lo peor , y aplasté su cabeza, cuyos ojos por unas décimas de segundo traslucieron toda la sorpresa y el pavor del mundo, con un golpe seco.
Fui hábil y apartándome con presteza, conseguí evitar la caída del coloso y cerrar la puerta al unísono. Fue admirable. Intrépido, y a la par bastante estúpido.
Allí estaba yo con casi 200 kilos de mi casero en el suelo y una plancha en la mano……
¡Qué coño iba a hacer ahora! Cómo deshacerme del cuerpo estaba claro que era lo primero y lo más difícil, por no decir imposible.
Había yo visto cantidad de películas y leído multitud de libros con numerosas ideas y posibilidades. Descuartizarlo y meter en bolsas sus restos o algo así parecía lo más lógico y novelesco, pero no. El señorito lo descartó. No sé que se me pasó por la cabeza, pero sólo pasaban por mi mente imágenes de niños hambrientos en el tercer mundo, gente rebuscando en la basura, perros royendo lastimeramente huesos en cualquier lado… Y yo allí con 200 kilos de magro. Sí, se podría hacer hamburguesas, incluso estofado o chuletitas. ¡Tantas opciones y tan poco tiempo! Pero dará tiempo, pensé solidario, y también que no se puede dejar de lado el disfrute personal dado que uno ha sido siempre pelín freaky, o vaya, especial, y le han fascinado de siempre las películas de zombies y todo eso. ¿Qué se debía de sentir?
Interesante cuestión. Lleno de entusiasmo, me dije que tenía que descubrirlo, que sentirlo, que saborearlo…..Y vaya si lo he saboreado; hasta vomitar del asco, la verdad.

Empecé haciendo una pequeña fisura en la inmensa mole que era su barriga con un cuchillo, y adentelladas me fui abriendo camino en sus entrañas, me gustaría poder usar para tal acto la analogía de un lobo, pero me parece que más bien he sido como una rata, mordiendo y desgarrando cubriendo mi cara de sangre y restos de una manera, creo yo, bastante profesional, bastante de zombie a lo George A. Romero, pero en vez de La noche de los muertos vivientes, era La tarde comiéndome al casero, pero bueno, las cosas se presentan de una forma y ya está.
No sé cuanto tiempo he estado, pero lo peor y lo que hizo que dudase de mis propósitos, fueron los intestinos, intestino llenos de mierda,¡mierda señores!
Qué asco, pero me fui a los riñones y al bazo y pude seguir un rato más, hasta que me atraganté, y vomité. Y sonó la puerta.
Increíble, ¿quién coño sería? Sin levantarme, gire la cabeza hacia la puerta, y volví a mirar a mi casero que parecía ahora mirarme con sus ojos, no, no me los había comido todavía, recriminando mi actitud y como diciéndome: “lo ves, lo ves, si es que yo sabía que eras gilipollas, ¡pero no tanto!”
De nuevo, con más insistencia, sonó la puerta, y yo allí, que debía dar penita verme mirando a la puerta como esperando que se abriese sola y entrara quien aporreaba la puerta. Y de hecho, ante mi perplejidad, oí cómo introducían una llave y la puerta se abrió.

Es mi novia, y yo con trozos todavía de carne entre los dientes y toda la cara manchada de mierda, sangre y vete tú a saber sobre el cadáver parcialmente devorado de mi casero al que me parece oír reírse a carcajadas debajo mío. Lo siguiente que oigo es un chillido.

Bueno, se acabó todo, esperaré a que llegue la policía que me salve de esta locura, o me pegue un tiro, me da lo mismos. Pero por si tardan, seguiré un rato comiendo, o vomitando, o llorando….
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