cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

14 min
Demencia
Terror |
19.09.19
  • 5
  • 0
  • 106
Sinopsis

Nota de autor: El relato que le he dedicado mas horas, mas detalle, mas cariño y mas ganas. ¿Cuanto sufrimiento puede soportar una persona antes de perder la cabeza?

Bill se despertó agotado esa mañana, durmió cuatro horas a lo mucho, ese fatídico lunes en el que deba ir a una conferencia con su jefe; debía explicarle el motivo por el cual no cumplió del mes de abril. Los nervios sumados a la inseguridad fueron un coctel perfecto para hacer de sus sueños completas pesadillas, soñó que estaba todo desarreglado frente a su jefe durante la conferencia; este estaba  llorando de la risa al verlo, la risa se cortó para tornarse en una mirada severa de completa desaprobación « ¡Estas despedido Bill!». Las palabras resonaron en su cabeza repetidas veces, sintió un escalofrió que recorrió toda la columna; era más importante luchar contra la somnolencia. La cama se veía tan acogedora y cálida; como el abrazo de una madre amorosa. Expulso el deseo de regresar y dormir con la excusa de «cinco minutos más no harán daño».

 Se preparo un café cargado, sabía que su Litiasis le molestaría todo el día con los dolores ocasionales; no le importo, lo bebió rápido y sin degustarlo; como una persona que se toma una medicina buscando evitar el mal sabor que dejara. Fue al espejo  para ver que tan mal estaba, el paisaje era desalentador, ojeras, ojos irritados y el pelo hecho un desastre. Bill tampoco era el tipo de persona que resultaría atractiva a simple vista; eso le llevo a sufrir muchas burlas en el instituto, era muy delgado, carecía de musculatura, usaba lentes debido a la miopía, cabello negro con un corte de degradado, barba descuidada por el trabajo. Tenía una ropa formal que había remendado varias veces para alagar su vida; costearse ropa nueva sería imposible. La crisis económica había golpeado fuerte el país, apenas podía pagar los impuestos, la comida y los préstamos para llegar a la quincena; sobrevivir era  una proeza titánica.

Se dedico a limpiar su rostro, los lentes, el uniforme, entre otras tareas del hogar; lograban alejarlo un poco de la tensión de la conferencia. El café empezaba a surtir efecto en su cuerpo, se sentía más despierto y motivado, le dedico una linda nota a su esposa terminándola con un  «Te amo, mi caramelo». La pego en el refrigerador con la esperanza que viera el dibujo mal hecho de un corazón, suspiro de felicidad recordando cuando los tiempos eran mejores, rebusco en los recuerdos donde la invitaba a comer o al cine; momentos que no volverán jamás. Un Bill mucho más radiante y presentable hizo su aparición en el espejo, se dio los toques finales con una colonia barata luego termino el trabajo peinándose un poco. Sus pensamientos se centraban en la conferencia, ideando las excusas convincentes para eludir el ataque de su jefe, deseaba poder salirse con la suya y poder cobrar su salario completo; ya que si no lo lograba tendría que acostarse sin cenar hasta la otra quincena. Tomo las llaves de la habitación junto con el portafolios, salió a las calles motivándose a sí mismo; si alguien lo hubiera escuchado, pensarían que estaba desquiciado pero entre tanta gente metida en sus propios asuntos, paso inadvertido. Llego a La Zona Rental, estaba esperando el metro; manteniéndose alejado de la muchedumbre  para evitar el contacto físico. Los niveles de inseguridad en las instalaciones del metro resultaban más altos que en los años anteriores, chocharte con una persona podía acabar perder tu teléfono o cartera. El gobierno había tomado medidas, colocando a policías en puntos estratégicos en las horas punta pero los funcionarios nunca entraban al andén, en muchas ocasiones estaban más metidos en sus teléfonos chateando que vigilando lo que ocurría; a veces lograban capturar a un ladrón para luego pedir una recompensa a la víctima del robo y en caso de negarse el funcionario optaba por quedarse el objeto robado.

 El metro hizo su aparición, las puertas se abrieron dejando salir a toda la gente que estaba apretujada en una lata de sardinas larga, desesperadas buscando aire fresco entre el calor asfixiante. Bill luchaba por ingresar evitando algún contacto físico o empujón; no quería perder su teléfono, logro escabullirse entre la gente quedando cerca de la puerta, era un alivio para él, no tendría que luchar tanto para salir. Había quedado entre un anciano de mal olor y un hombre sudoroso, tenía espacio suficiente para evitar dañar su pulcritud; lo cual era un alivio, siempre terminaba pegado a un hombre con mal olor o una persona que sudaba muchísimo con el corazón en la mano, rezando para que no le quitaran el teléfono o su cartera. Su mente regreso nuevamente a maquinar estrategias para persuadir al jefe haciendo del trayecto un paseo, desarrollaba un plan maestro dentro de su cabeza  que fue interrumpido por el aviso de la última parada, estaba todo listo y saldría impune de su conferencia.

Las puertas nuevamente se abrieron mientras la gente buscaba salir de aquel calor infernal, entre empujones Bill logro salir con el corazón acelerado, se palmo rápidamente ambos bolsillos para asegurarse que todo estuviera en su lugar, soltó un suspiro de alivio un segundo después, todo estaba allí; hoy regresaría con todas sus pertenencias. Camino el resto del tiempo hacia el banco con una sonrisa de triunfal se dibujada en el rostro, llego al banco y saludo al anciano que trabaja de guardia de seguridad, una mano en el hombro lo detuvo en su intento por subir las escaleras hacia las oficinas, era el anciano.

  • Bill sé que no quieres aceptarlo aun, sé que es difícil para ti pero- dijo el guardia con tristeza tanto en su voz como en la mirada; era la tercera vez que Bill regresaba al banco.
  • ¿aceptar, difícil? ¿Qué intentas decirme John?-dijo Bill confundido ante las palabras del anciano ¿acaso intentaba jugarle una broma de mal gusto?
  • Ya… no trabajas aquí, fuiste despedido hace una semana por tu demencia- el viejo John sabia que a Bill le habían diagnosticado demencia tras la muerte de su esposa e hija.
  • ¿Cómo que demencia? No juegues con esas cosas John, anda deja la broma de lado y déjame pasar- dijo Bill que insistió en subir a la fuerza pero nuevamente el anciano le corto el paso; no quería hacerle daño pero se lo estaba ganando.
  • Solo mira la hora, son las tres de la tarde, llevas una semana sin venir y no puedo dejarte pasar, si subes tendré que verme obligado a llamar a los guardias y ellos no son tan amables como yo, así que hazte un favor y regresa a casa –dijo el anciano mirando la reacción a Bill; deseaba no tener que usar la fuerza para sacarlo. 

  Bill quedo catatónico, realmente había sido despedido, no había sido un sueño ¿sufría de demencia?, no lograba asimilarlo. Se dio media vuelta siguiendo el consejo del anciano pero cuando intento recordar donde vivía; no lo sabía. La pregunta ¿Dónde vivía yo?, salió de sus labios de forma lenta e inconsciente; como cuando un niño se pierde en un supermercado. John realizo una llamada para pedir un taxi, dando la dirección del hotel y el nombre del pasajero, colgó el teléfono y subió a las oficinas buscando a un amigo de Bill para que lo acompañara en el trayecto. Alan estaba ocupado haciendo unas estadísticas cuando John toco su puerta, abrió y solo con ver la mirada del guardia supo que había vuelto a ocurrir, el era un amigo cercano de Bill y quedo impactado cuando supo de la muerte de la esposa e hija en un accidente automovilístico; fue de los primeros que ofreció ayudar en todo lo posible a Bill. El examen médico arrojo que el pobre de Bill había desarrollado demencia a temprana edad debido al estrés por traumático por la reciente pérdida de su amada familia, Alan estaba presente en aquel momento.

  • Los pacientes que sufren un trastorno de estrés postraumático a una edad temprana tienen mayor riesgo de desarrollar demencia-dijo el médico mientras en una hoja escribía el resultado y  tratamiento.
  • ¿no tiene cura? Por más terapias o medicamentos no regresa a la normalidad… ¿verdad?- dijo Alan sintiendo como la esperanza de recuperar al antiguo Bill  eran destruidas como un castillo de arena a merced del mar.
  • No tiene cura alguna, aquí tiene el tratamiento y las terapias que debe seguir, ayudaran a mantenerlo más estable, necesitara atención y cuidados constantes, si usted no se ve en la capacidad de tomar esta responsabilidad, considerar internarlo o llevarlo con algún familiar sería lo más adecuado.

  Alan hizo el favor acompañarlo, por suerte, Bill aun lo reconocía y hablaba del trabajo como si nunca se hubiera ido, pago el taxi y se bajaron. Llegaron a la recepción donde una joven reconoció al dueño de la habitación 6-E y empezó a llamarlo; Bill estaba encerrado en su mundo de confusión y tristeza profunda. Alan le dio una palmada en la espalda sacándolo del trance y señalo a la chica que lo estaba llamando, regreso al mundo real mientras caminaba sin ánimo alguno. Encontró a una joven recepcionista furiosa que le estaba cobrando los días que no había pagado, amenazándolo con sacarle las pertenencias de su habitación, su amigo acudió a rescatarlo y explico todo lo que Bill sufría, además del motivo que lo causo. La chica suspiro ante el pobre hombre que tenía al frente, lo miraba confuso mientras balbuceaba levemente algo incoherente para ella, acepto que Alan pagara los días que debía.

  • Bueno en ese caso lo que debemos es cambiar el titular de su habitación por la de usted señor Alan- dijo la joven para luego posar la mirada en Bill- Señor Bill ¿usted salió con las llaves de la habitación?- temía que  las hubiera perdido durante su salida esta tarde; seria culpa de ella no habérselas pedido al salir.
  • ¡por supuesto! ¿las necesita para algo del hotel?- respondió Bill
  • Quiero revisarlas un segundo nada más.

  Bill busco entre sus bolsillos y saco las llaves que tenia, tanto Alan como la recepcionista notaron que no eran las llaves de la habitación; eran las de su vehículo, había olvidado completamente su existencia. La recepcionista llamo a seguridad para que hicieran el favor de usar la llave maestra en su habitación, el hombre de seguridad no demoro en aparecer en recepción, Alan se quedo con la recepcionista haciendo el trámite de cambiar el propietario y pagar los días, seguridad se ofreció a guiar hasta su habitación en el sexto piso a su respectivo inquilino. Subieron el ascensor hasta el sexto piso y caminaron por el pasillo hasta que encontraron la habitación 6-E, seguridad ingreso la llave maestra y abrió la puerta, pudieron ver como la habitación estaba completamente inundada, Bill había dejado la llave del lavabo abierta.  Seguridad rápidamente entro y cerró el grifo, informo a las camareras que requería una limpieza de emergencia en la habitación 6-E, regreso con Bill para decirle  «las camareras vendrán en unos minutos, procure que esto no vuelva a ocurrir». El hombre se marcho dejando solo al pobre de Bill; inundado por la tristeza y confusión como su habitación, recorrió con la mirada su habitación, se detuvo en un cuadro colgado en la pared, una mujer con una bebe en sus brazos sonría feliz ante la cámara. Un dolor punzante atravesó el corazón de forma repentina; como si alguien le hubiera clavado un cuchillo en ese lugar ¿Quiénes eran? ¿Por qué le dolía aquella imagen?  No entendía porque aquel cuadro le generaba estos sentimientos. Lagrimas brotaron en silencio sin que nadie las llamara, bajaron por su mejilla hasta su mentón para finalmente caer y unirse a toda el agua de la habitación, entro a la habitación con lentitud; no le importo mojarse los zapatos con las medias al revés, la culpa se acumulo en los hombros haciendo que tomar el cuadro fue difícil, miro e intento recordar quienes eran sin éxito alguno.

  • ¿Quiénes son ellas? ¿¡PORQUE NO LOGRO RECORDAR NADA!?-dijo Bill en una explosión de ira.

Lanzo el cuadro contra la pared, el vidrio salió disparado en todas direcciones pero nuevamente un dolor aun mucho más agudo atravesó el alma; no debido haber hecho eso. Bill intentaba entre llantos reparar el cuadro, le costaba mucho unir incluso los pedazos de vidrio más grandes, se cortaba, dolía y sangraba; no importaba. La ira exploto nuevamente al no poder reparar el cuadro, se levantó decidido a destruir toda la habitación pero un inquilino cercano apareció en el umbral de la puerta.

  • ¡DEJE DE HACER TANTO ESCANDALO, INTENTO DORMIR MALDITA SEA!- dijo un hombre de baja estatura, esbelto, calvo y vestido con un pijama.

Antes de que incluso pudiera descargar sus puños contra Bill que tenía fuertemente agarrado un pedazo grande y afilado de vidrio, sangraba mucho; comenzando a tornar el agua roja de su habitación. Bill corrió hacia él con toda esa ira en su cuerpo, el hombre apenas pudo gritar del susto que le dio, intento esquivar el ataque del demente pero solo logro exponer mas el cuello; algo que le facilito mas el trabajo a Bill. Realizo un corte profundo en la cargante, la sangre emanaba de su cuello como una fuente, el hombre cayó de rodillas intentando pedir ayuda; sin éxito alguno, intento luego detener la hemorragia pero ya era tarde, su mirada lentamente se apago para finalmente derrumbarse ante los pies de su asesino. Alan subía por el ascensor hasta el sexto piso, las puertas se abrieron y comenzó a buscar la habitación de su amigo, logro ver una habitación con la puerta abierta, la cantidad de agua que salía de la habitación de un tono carmesí; mas aun lo era los pies de una persona en el suelo, corrió rezando que ese cuerpo no fuera el de Bill. El trayecto le pareció eterno  pero logro pararse en el umbral, vio la habitación llena de agua mezclada con sangre, vio la habitación completamente destrozada, y sobre todo eso, vio a Bill parado en la barandilla con una sonrisa en los labios que resultaba inquietante. No pudo pronunciar palabra alguna; el miedo ante lo que ocurrió lo dejo en shock. Bill opto por dedicarle  sus últimas palabras a su mejor amigo «ya lo recordé todo Alan….yo las mate…» dejándose caer desde el sexto piso del hotel y tras pocos segundos después el inconfundible sonido de algo impactar contra el pavimentó.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Este relato no tiene comentarios
  • Es impresionante como una canción, un olor o un sabor, te pueda transportar al pasado como una máquina del tiempo.

    Nota de autor: El relato que le he dedicado mas horas, mas detalle, mas cariño y mas ganas. ¿Cuanto sufrimiento puede soportar una persona antes de perder la cabeza?

    Los que nos da miedo a veces puede ser algo tan simple como un pequeño insecto…

    Un simple desahogo que se me ocurrió durante mis 4 días sin luz en mi país

    Cuando las riquezas son muchas y hay enemigos acechando haremos todo por ello, creando guerras y ríos de sangre para transformar todo eso en oro.

    Durante el viaje la paz y tranquilidad me hacen pensar muchas cosas terribles y otras no tanto.

    ¿sacrificarías tu eternidad en el reino de dios por amor? ¿destruirías a un ser malvado a pesar de ser tu amigo? ella tomo la mas difícil decisión

    La noche puede ser mas que simple cielo con estrellas acompañadas por una luna...

    Hoy yo he de regresar a mi pueblo y quiero que mis lectores sepan donde vivo.

    Una cosa que no puedo darle nombre me acecha cada noche viene por mi y nadie logra creerme...

  • 24
  • 4.56
  • 226

Cuando la realidad se comienza a distorsionar, cuando los portales se comienzan a abrir dando paso a todo tipo de criaturas donde la oscuridad empieza a ser un peligro cuando el abismo infinito se hace presente es cuando yo me siento ante todas esas locuras y lo escribo.

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta