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2 min
Desahogo de un demente
Terror |
17.09.19
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Sinopsis

Si eres sensible a contenido explícito de violencia no recomiendo leer este relato.

Podría haber tenido una yaga en la boca y por eso notaba el sabor a sangre, pero las gotas que le resbalaban por la barbilla indicaban lo contrario. Dejó de jadear y cerró la boca apretando la mandíbula y notando como tierra en la boca ¿cuándo había tragado tierra? A, claro, no era tierra. Con cierta curiosidad intentó saborearlo haciendo caso omiso del sabor de la sangre, y con asombro noto que este sabor era distinto al que notaba al morder un hueso de pollo. Salivó para escupir la sangre y trozos de cráneo que sin querer habían terminado en su boca pero se acordó que su saliva tenia su ADN y con leve desagrado se lo tragó. Se ajustó las gafas que no acostumbraba a usar, pero que tenia para no mancharse lo ojos. Se incorporó mientras movía la muñeca, ¿se la habría abierto? Lo cierto es que le dolía. Juguetón dio una patada a lo que creía que era la lengua, la cual se escurrió por el suelo y divertido pensó que cómo había terminado ahí. Observo su obra con minuciosidad, le había costado varias horas aplastar con un martillo cada uno de los dedos de manos y pies. También había aplastado la cabeza pero con una sutileza que solo se apreciaba en las orejas. La gente no se daba cuenta pero con el primer martillazo se entra en un frenesí y terminas por perder el control. En su caso las orejas estaban intactas, manchadas de sangre por supuesto, pero intactas. El resto de detalles eran mas típicos como romper las costillas en zigzag. Recogió el martillo y cambio de habitación. Con fatiga pensó en las tres habitaciones que quedaban. Agarró con más fuerza el mango y comenzó como siempre asestando un golpe en la garganta para que se callara.

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