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3 min
Despierta mundo, despierta
Reales |
07.01.19
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  • 81
Sinopsis

Aylan duerme profundamente mientras los rayos de sol secan su ropa y su piel mojada.

"Tienes que dormirte ya, mi pequeño", le repite una vez más, pacientemente, su madre. Es la segunda vez, tal vez la tercera, ya ha perdido la cuenta. Pero es en vano, los nervios y la emoción que siente no dejará que esta noche pueda cerrar sus bonitos ojos: esos dos ojos negros como la oscuridad de la noche.

Su mente se llena de decenas y decenas de imágenes: un balón de fútbol para jugar con su prima Aamaal, una bicicleta para dar largos paseos con su hermano mayor, una camiseta de su color favorito, un peluche enorme para ponerlo en su cama... Ojalá mamá le regale mañana una de estas cosas. Pero, sin duda, lo que más desea es un libro de esos que tienen dibujos para colorear. 
Mañana es su cumpleaños.

Acércate, ven, míralo. Sí, ¿lo ves? El pequeño, que está tapado con la sábana completamente, tiene en su cara una gran sonrisa. Mira esos hoyuelos en sus cachetes, no me digas que no te encantan. 
¿Sabes por qué sonríe? Sonríe porque se ve abriendo ese regalo, se ve descubriendo tras el papel ese libro de dibujos, se ve coloreando uno de los dibujos donde hay un barco sobre el mar. Despacito, muy despacito para no salirse de las líneas. Con mucha paciencia para que el dibujo quede perfecto. Con mucho cuidado para que todo el mundo vea lo bien que sabe colorear. "Despacito, mi niño, así, tienes que hacerlo muy despacito", le dijo su madre el día que le enseñó a colorear su primer dibujo.
Muy despacito...

Ha quedado precioso, ¿verdad? El mar es azul, de un tono un poco más oscuro que el cielo. Hay pájaros que vuelan entre los rayos de sol. Mamá coge el dibujo, lo pega en el frigorífico y, cada vez que alguien venga a casa, se lo enseñará orgullosa mientras dirá: 'Mi pequeño Aylan es un artista'.

 

Oh, Aylan, claro. Seguro que te suena ese nombre. Seguro que ya sabes de quién te hablo. Por tanto, no hace falta que sigamos con esta mentira, ¿verdad?
Sí, su madre intentando que Aylan se duerma, él sonriendo bajo las sábanas, sus hoyuelos marcados, el libro de colorear envuelto en papel de regalo...
La verdad es que el dibujo de Aylan pegado en el frigorífico es solo un sueño. Ya sabes por qué... Claro, Aylan está muerto.

 

Cuando vimos la imagen de ese niño, poca abajo, en la orilla de una playa de Turquía, daban ganas de gritar fuertemente: ¡¡Despierta Aylan, despierta!!

Pero no era Aylan quien tenía que despertar.

Somos nosotros y nosotras quienes tenemos que hacerlo.

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  • Ohh, muchas gracias Noah tinger, tus palabras también me atraviesan a mí. Un abrazo. :)
    Muchas gracias Justino Carallo!!
    Supo usted transformar las imágenes, los sentimientos en palabras. sus líneas me atravesaron, bárbaro
    Sobrecogedor y bien escrito. Enhorabuena María José.
    Gracias Roberto, eres muy amable! Un abrazo
    María José Robles te lo agradezco. Lo compartiré en mi blog dándote el crédito. Para que lo compruebes, puedes dar click mañana en este link. Un abrazo. https://lacuevadeadulam1.blogspot.com/
    Hola Roberto Berríos! Siento haber reabierto esa vieja herida, yo creo que es una herida que nunca vamos a cerrar del todo porque es imposible cerrarla. Es una tragedia enorme lo que estamos dejando que ocurra en este mundo. Yo también recuerdo a Aylan todo el tiempo y se me parte el alma cuando veo algún pequeño niño cogido de la mano de su madre o padre, cruzando una calle, riéndose, o jugando en un parque y lleva la misma ropa que él. Es algo inexplicable. Gracias por tus palabras Roberto. Y claro que puedes compartirlo en tus redes sociales, de hecho yo también lo compartí en mi perfil cuando lo escribí hace ya bastantes meses. Un placer. Gracias.
    Me has abierto una vieja herida. Te juro que lloré cuando vi las imágenes de Aylan y todavía me causa dolor verlas o recordarlas. Hermoso escrito. ¡Me dejarías usarlo para compartirlo en mis redes sociales! Prometo darte todo el crédito.
  • Las fronteras conllevan una de las cosas más dolorosas del mundo: la separación de los seres queridos, padres, madres, hijos/as, hermanos/as que se ven obligados a soltarse de las manos sin saber si algún día volverán a verse sanos y salvos. Pero uno de esos niños espera con mucha tranquilidad porque sabe que alguien vendrá a salvarlos...

    Ana corre a toda prisa como el enanito del cuento para escapar del malvado gigante, su madre también ha corrido durante muchos años, pero Ana ha corrido más que ella.

    Aylan duerme profundamente mientras los rayos de sol secan su ropa y su piel mojada.

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    Pequeño relato que intenta que nunca se olvide el nombre de Rand: una brillante violinista que emprendió un viaje con su madre y su hermana menor en busca de un nuevo hogar.

Simplemente, me gusta escribir. No sé si lo utilizo como una forma de denuncia sobre las injusticias de esta sociedad, no sé busco encontrar a los demás o tal vez a mí misma, a lo mejor puede que lo utilice como vía de escape, como refugio, tal vez sea la única forma que conozco de acercarme a los demás, de despertar y sacar fuera sentimientos de los otros y las otras en este mundo que parece estar dormido, siendo yo la primera... De cualquier modo, para una cosa u otra, lo cierto es que lo único que sé con certeza es que me encanta escribir. Y es como una droga, porque una vez que empiezas parece que es imposible parar.

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