cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

4 min
DESPUÉS DEL DESAYUNO
Amor |
20.09.20
  • 4
  • 4
  • 195
Sinopsis

Un amor juvenil venciendo obstáculos y al tiempo.

DESPUÉS DEL DESAYUNO

 

Justo cuando ella mordió el croissant y tomó un trago largo de capuchino, Roberto pasó su mano por la mejilla de Cris, la hundió en el cabello sedoso, llegó a la nuca y la atrajo hacia él. Ella tragó el pedacito de croissant y abrió los ojos con sorpresa y los cerró cuando la mano de él se hizo caricia sobre su oreja y sintió la respiración masculina cerca de su boca.

La besó. Y todo se esfumó a su alrededor. Quedaban ellos, sentados, frente a frente, las bocas unidas, el gusto del capuchino mezclándose, las frases inconexas que eran susurros excitantes, flotando en el aire como si fueran una música inédita que se les metía en el alma.  

Tantos años después, sus almas volvían a encontrarse, sus cuerpos ya viajados por el mundo y por tantos días, se reconocían. Eran de nuevo un muchacho y una muchacha, recostados en la puerta, amparados por la penumbra amiga, buscándose en el beso, inventando caricias prohibidas por encima de la ropa, llegando al límite y muriéndose de ganas, muriéndose para pasar la frontera y explotar en un mundo hasta entonces apenas imaginado y nunca alcanzado.

Se besaron y el mundo desapareció, se hizo humo. Estaban los dos allí, solos como nunca, como siempre habían deseado, como siempre se les había negado. Eran libres. Adultos. Hambrientos de amor.

Cris, decidida, se levantó y él fue junto. Antes de entrar al dormitorio, él la tomó por la cintura, la hizo girar, la recostó en la pared, la dejó sentir su cuerpo apretándola un poco y la besó con una pasión antigua, con un deseo que ya no podía ser represado, ignorado o evitado.

- Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero...! – murmuraba Roberto mientras la devoraba a besos. Y ella sentía que la sangre corría más fuerte, que sus sentimientos eran caballos enloquecidos corriendo por las praderas inmensas de su ser. Lo deseaba, lo quería, lo había esperado sin saberlo por todos aquellos años.

Cris se dejaba hacer. Estaba navegando por mares desconocidos, allí estaba el muchachito transformado en hombre, descubriendo la mujer que todavía llevaba dentro a la muchachita enamorada, inocente y llena de ilusiones.

Entraron al dormitorio y ella temblaba como si fuera una niña, como si nunca hubiera estado en una situación similar. Cerca de la cama, apenas iluminada por una pequeña lámpara, él la detuvo y lentamente la comenzó a desnudar, besando cada pedacito de piel que se asomaba a su mirada hambrienta. La dejó solamente de bombachita y sostén. La besó. La besó otra vez y otra vez. Ella lo detuvo un instante y empezó a desnudarlo, poco a poco, con una sonrisa tímida que embellecía aún más su boca de mujer hermosa. Lo dejó solamente con el calzoncillo y pudo notar el tamaño de su excitación, lo que la perturbó y agradó al mismo tiempo.

- Esperé mil años por este momento – susurró Roberto, mientras la liberaba del sostén. Él la miraba maravillado. Acercó su pecho peludo hasta sentir el suave contacto de la piel femenina, los pezones duritos tocando su piel de hombre curtido. Entonces, la besó. Y ella perdió la noción del tiempo y del espacio. Fue como un vendaval de emociones que la cercó, levantó y la dejó caer en la cama, desnuda, pronta, esperando por el hombre que venía del siglo pasado, para terminar lo que nunca había comenzado.

Cris cerró los párpados y lo sintió plenamente. La boca de Roberto dibujaba locuras en su piel, exploraba sus recodos más sensibles, la elevaba a la cima y la derribaba en una dulce sima, en un mar de increíble placer, donde se zambullía sin miedos, dueña de su sensualidad, de su cuerpo y de su gozo.

Ella supo devolver el cariño y dar mucho placer. Los años no habían pasado en vano. La vida le había enseñado como retribuir y como transformar minutos en siglos de placer.

La mañana se deshizo en locuras de amor. Cuando se dieron cuenta, ya pasaba del mediodía. En algún momento, después de tanta insania amorosa, se miraron a los ojos, como dos  chiquilines enamorados y empezaron a reír, felices de estar vivos y de no haber perdido la chance de unir sus soledades.

El mundo parecía mucho más hermoso.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 206
  • 4.52
  • 263

Lectura, cine, deportes.

Tienda

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta