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6 min
Desventuras de un superviviente (Fumar ya no es un placer)
Varios |
17.06.16
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Sinopsis

Yo, al contrario que mi personaje, no he resistido a la presión y ya no fumo: soy un perdedor...

Desventuras de un superviviente

Fumar ya no es un placer

Yo fumo, ¡qué cojones!, pero lo hago a escondidas; hasta en las escaleras de incendios de los hospitales, cuando voy a visitar a algún enfermo. Con esto de la prohibición, cuando consigo pegar fuego a un pitillo, inundo de humo mis pulmones como si no me fuera a ver en otra. Creo que hasta se me pueden ver los capilares venosos en el blanco de los ojos, como en los dibujos animados.

En casa fumo en el balcón que da a una calle peatonal, por la que apenas pasa gente, que es sin salida y nadie, a no ser que vaya allí, tiene por qué pasar por ella; tampoco tiene para qué hacerlo, por lo que, prácticamente, solo pasamos los habitantes de la misma. De este modo, me mantengo en el más absoluto anonimato.

Cuando llega el buen tiempo lo llevo muy bien, no como en el invierno o, en general, cuando hace mal tiempo… ¡Qué tontería! En invierno es cuando hace mal tiempo:

“No ha salido el sol todavía. Escarcha en los cristales de los coches aparcados en la calle. Frío. Vaho en el cristal de la ventana del balcón, que nunca sé si se considera ventana o puerta, ¡qué locura! Ya huele el vapor de café que sale del puchero -que Lourdes no utiliza cafetera a presión italiana, de esas de enroscar; y ¡qué te voy a contar de las ultramodernas minidosis!, creo que ni sabe que existen-. Calor en la cama entre el edredón nórdico. Asomo un pie a ver cómo está la temperatura de la habitación. Mucho frío. Abro el cajón de la mesilla: allí está el paquete de tabaco. Me lo llevo a las manos y huelo su aroma. ¡Cualquiera sale de la cama para ir a la terraza a fumar! Espacio sin humos; como si el tabaco fuese radioactivo. En toda la casa no se puede fumar. La gran jefa me ve y me recrimina con la mirada lo que todavía no he hecho; no quiero morir, pero, ¿qué hago?”

Termino fumando a escondidas en el cuarto de baño; el cual, por mucho que lo airee, que tiene ventana grande, no termina de perder el olor a tabacazo, como dice Lourdes encogiendo sucesivamente la nariz, como si del hociquillo de un perro chato se tratase.

Qué diferencia con el buen tiempo, cuando los rayos del sol se filtran por la ventana del balcón; que es muy temprano, pero ya ha salido el sol y compone un bonito cuadro entre las flores que tiene plantadas allí Lourdes.

Entonces no hay problema. Salgo al balcón a fumar y punto; pero a escondidas, por si acaso.

Qué tiempos aquellos, antes de la prohibición, en los que no tenía que fumar a escondidas, que lo hacía hasta en el trabajo, de cara al público; y, cuando era pequeño y aun no fumaba, recuerdo como me llevaba mi padre, o lo acompañaba yo, al médico y los dos fumaban: médico y paciente. ¡Qué orgía de humo! ¡Qué atmosfera deletérea! ¡Qué tugurio de tratantes a modo de consulta! ¡Qué tiempos…!

Qué bien se sentían el médico y mi padre allí, sin percatarse de que a mí me lloraban los ojos y de que iba tomando buena nota de lo que hay que hacer en la vida: fumar; de manera que hoy en día, si se pudiera, iría a la consulta del médico con un veguero entre los labios.

No me dejan en paz. No puedo fumar en ningún sitio:

“Ni en mi propia casa, que no es lugar público, pero que da lo mismo, como si lo fuera, que allí está la gran jefa para prohibir el uso del tabaco; no ya que se expela por la boca o por la nariz, sino que esté tan sólo ardiendo, que yo me conformaría con su olor, en lugar de pasar calamidades por la abstinencia; que no se da cuenta de que está muy feo decir a la gente lo que tiene y no tiene que hacer. Y en la calle, creo que te miran mal, como si te echaran mal de ojo y, cuando te aproximas a saludar a un amigo no fumador, encoge la nariz y te dice en muy mal tono: ‘¡cómo hueles a tabaco, tío!’ Tanto con que si hay que respetar a los demás en todo: en sus creencias, en sus inclinaciones, en sus filias, en sus fobias… En todo, vaya; pero, a los fumadores, se nos trata peor que a los apestados de antaño, con los que al menos se tenía compasión y misericordia”.

Conozco quien ha dejado de fumar porque no soportaba esta situación, pero conmigo no pueden, ¡no señor! Yo, como decía Cela, soy de la opinión de que quien resiste gana. Y yo espero ganar, lo que pasa es que no sé cuándo sucederá esto.

Lourdes me ha dejado unos días solo. ¡Qué felicidad! Puedo fumar cuando y donde se me antoja, dentro de la casa, claro: ¡Qué zorrera tengo organizada en el salón! ¡Hummm! ¡Qué placer! ¡Qué olor a tabacazo! (Ahora sí que lo percivo). ¡Cómo disfruto… Aaah! No abro ni una rendija por la que se pueda escapar el humazo.

Por la mañana vendrá la bronquitis del fumador; esa tos cavernosa, seca, que hace que parezca uno un viejo gargajoso; pero no me importa: todo lo doy por bien empleado al poder llenar de humo de tabaco mis pulmones, a pleno placer, sin miramientos, riéndome de los consejos de todos, porque yo: para qué quiero vivir tanto. Con llegar a viejo me conformo, no quiero ser un viejo decrépito y, creo, lo conseguiré con la ayuda del tabaco. Si no, demandaré a las empresas tabaqueras o al Estado, por mentirme y hacerme creer que iba a morir antes, motivo por el que, realmente, lo compraba.

No quiero ni pensar la que se va a organizar cuando ella vuelva, tío, que no sé si voy a poder quitar la fragancia acida del tabaco ni, por supuesto, la cantidad ingente de ceniza que he ido esparciendo por toda la casa, para marcar el territorio; pero, yo, ahora, lo único que hago es disfrutar como un marrano en un charco y me olvido, porque el futuro no existe, de lo que pueda pasar cuando ella vuelva. Ya se verá.

Entre cigarro y cigarro, a jueves 2 de junio de 2016

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  • Yo, por ahora, no quiero, si quiera, dejar ese calamitoso hábito adictivo; pero, aparte de las imágenes de las cajetillas de tabaco, por favor, que no suban más su coste; es una ruina. Me ha encantado leerte, así, al tun- tún. Felicidades, kfm
    Me da a mí que un poco obsesivo sí que eres. Sin pretenderlo has hecho uno de los relatos más eróticos de la web, porque esa pasión no tiene parangón. Quizás te ha quedado un poco redundante, pero claro, como no va a ser, si no puedes pensar en otra cosa, jeje. Al menos, cada linea es de las que te saca una sonrisa. Y eso lo logran únicamente los buenos cómicos y tú lo eres.
    Me encanta tu texto , el humor bien llevado y la descripción de las sensaciones. Yo también deje de fumar hace diez años pero soy de las que les molesta que fumen en lugares cerrados jaja! No lo puedo evitar!
    Qué realidad más lograda, y con buen humor, dí que sí. Se nota que le tirabas, con esa locura tan sana como personal, con la parsimonia y la liberación frente a la pareja. La ironía del fumador es potente.
    Devanando ese estilo tan tuyo transformas una situación cotidiana en un acto literario, elevas un poco el tono de crítica para alcanzar un tono de ironía "acida", si me permites el adjetivo. Pintas, por último, un personaje entrañable al que matizas con trazos de buen humor muy bien ajustados, y que a su vez es la voz que narra. Un trabajo literario muy fino. Un texto digno de elogio. Muchas felicitaciones por este trabajo. Te mando un gran saludo.
    yo dejé de fumar hace mas de 30 años ..... pero aun sueño que lo hago..... y son momentos de placer .....
    Pronto subiré videos en mi canal de nombre Pacolandia donde pronto subire videos gameplays en youtube te invito a suscribirte a mi canal . https://www.youtube.com/channel/UCboKYOCkrZCPev8PCvzSNLQ Supongo que me despido de esta web gracias por todo .Buen relato
    Qué toque de humor, que buen rato leyendo. Natural, vivo, real. De muy fácil lectura, se me ha hecho corto. Jaja. Felicitaciones Azmezcua, a pesar de que yo no fumo. Un saludo.
  • A mi no se me ha ocurrido hacer esto...

    A mi nunca me han echado las cartas

    Aveces, sin saberlo, escribimos de lo que nos pasa.

    A mis personajes, ¡les pasa cada cosa!

    Me ha quedado un personaje de lo más triste, como este día de lluvia de otoño aquí en Madrid, España.

    Creo que deberías leer mi relato titulado las cajas de la memoria, pero, como es demasiado largo, a lo mejor no te atreves, aunque te aseguro que merece la pena, y en su lugar cuelgo este que es más corto y asequible, como la mayoría de los que escribo.

    Cajas, ataúdes..., quién sabe... Es más largo que los que acostumbro escribir, pero, después de mucho pensarlo, creo, sinceramente y sin ánimo de vanidad por mi parte, que merece la pena, ya veréis si lo leéis.

    Mis problemas con el azúcar

    No me hagáis mucho caso...

    Con este relato regreso al tema del amor. Mi 'ex' dice que es muy cursi; incluso me contestó al correo, con mi relato recortado en lo que más le parecía cursi. Yo creo que estos temas han de ser cursis, ¿o no?; si no, no se entiende la 'ralladura' mental de quien padece este trastorno. En estos temas del amor, como casi de todo en general, nos parece que sólo nos ha pasado a nosotros y nos creemos únicos.

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Me fascina el rojo carmín en los labios de mujer, por eso pongo esta estupenda foto. Sobre mí..., ya iréis conociéndome, si a más no llega, según publique alguno de mis relatos, que esta página me parece muy interesante

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