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17 min
Día de los abuelos orgullosos Old Dodotis
Varios |
04.04.13
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Sinopsis

pala :)

Teresa no deja de dar vueltas en la cama, y le dice a su marido que si ya ha pensado en qué pueden comprarle a Papá. Damián murmura algo que acaba con la palabra «metástasis». Ella le zarandea y le dice que alguna vez podría mostrar algo de consideración con su insomnio. Damián gorjea algo ininteligible de lo que solo se ha entendido «dormir».

Se oye un chasquido y Teresa empieza a fumarse un pitillo, muy consciente de que a su marido le molesta hasta el absurdo que lo haga en la cama. El único abuelo que les queda vivo a sus hijas gemelas Tánia y Ángela, es el padre de Teresa, que vive con ellos y es adicto a las pastillas para dormir. El hombre confunde con facilidad a las gemelas, y a menudo a cualquiera de las dos con su hija dado su principio de alzheimer cada vez más agudo. La principal preocupación de Teresa cuando se acerca alguna festividad oficial tiene que ver con los regalos, desde que hace más de diez años leyó un libro titulado Residuos traumáticos en los seres queridos desatendidos en las fechas señaladas. Dicho mamotreto de seiscientas páginas —cuya autora murió hace dos años en un accidente de helicóptero (ella lo pilotaba)—, señala los «alarmantes daños emocionales» que puedes causar eligiendo un regalo no acorde a la personalidad y gustos de su receptor. El lema más repetido en sus páginas es “Di no a «El detalle es lo que importa»”.

La principal preocupación de Damian hace un tiempo era la salud cada vez más delicada del abuelo; pero ese asunto ha sido radicalmente sustituido por lo que tanto él como Teresa llaman siempre «Lo de los besos». Y es que desde hace unos dos meses, Tánia y Ángela, ya a punto de convertirse en quinceañeras, no paran de besarse en la boca con lengua cada vez que tienen un rato a solas. Dicha bizarra situación que los padres no saben cómo solucionar, al parecer empezó un día en el que intentaban enseñarse la una a la otra a besar. Damián cree que siempre ha sido preocupante que las hermanas nunca se hayan peleado y siempre hayan sido cariñosas y atentas entre ellas. La gota que ha colmado el vaso ha sido cierto video colgado en Internet en el que ambas protagonizan un morreo de casi diez minutos iluminadas por una vela. Eso, junto a la manía que tienen de practicar eso últimamente en la habitación del abuelo con él presente, ha convertido el carácter acostumbradamente tranquilo de Damián en un infierno de nervios cada vez que abre los ojos por las mañanas y ve a las niñas, desayunando la una al lado de la otra, metiéndose en la boca la cuchara con los cereales, sin dejar de mirarse y sin poder aguantarse la risa.

Hace un mes, en el Día del Orgullo de Gemelos Bic, todo el mundo cuchicheaba en la fiesta sobre el asunto de los besos, un violento bulto de problemática sexual incestuosa estuvo flotando en el ambiente durante toda la celebración; incluso hubo aplausos intermitentes después de que las gemelas cantaran —como es costumbre después de recibir los regalos— la tonada “Yo siento cuando ella siente y eso se llama Amor”.

 

Cuando Damián despierta al día siguiente, es sábado, y el domingo ya se celebra El Día de los Abuelos Orgullosos Old Dodotis. Dicha costumbre lleva tantos años enraizada en la cultura occidental, que ya hay diversas teorías al respecto sobre los motivos de la celebración. Los más seguros de sí mismos se atreven a afirmar que todo empezó con un anuncio televisivo que alentaba a la gente mayor a proclamar algo llamado “Orgullo de pañal”. Damián opina que la gente siempre tiene un buen motivo para gastar dinero.

En la mesa del desayuno, Tánia no puede parar de reír y sus cereales se consumen en la leche. Ángela dice Buenos días y se ríe mirando a su hermana de reojo. Teresa bebe un café como si todo fuera sobre ruedas, algo que irrita a Damián sobremanera.

El plan del día incluye una comida familiar y comprar el regalo para el abuelo, que más tarde irá a casa del vecino a pasar el día como acostumbra a hacer. El vecino, algo mayor que él pero sano, recibe siempre muy amablemente la visita después de que su mujer muriera hace un año en circunstancias que el hombre nunca ha querido desvelar. Damián comenta que es demasiado tarde para un desayuno copioso. Son las once. A la una y media tienen hora para comer en “Dinamita Mexicana”, un restaurante de comida ídem que les encanta a las niñas.

 

Más tarde, cuando van de camino en el coche, Damián no para de mirar por el espejo retrovisor interior vigilando a las gemelas. En su fuero interno cree que, muy fácilmente, pronto podrían comenzar a tocarse a otros niveles o, Dios no lo quiera, darse la mano en público. Algo que le pone especialmente nervioso es la manía que tienen con seguir vistiéndose exactamente igual, peinándose exactamente igual. De hecho suelen comer exactamente lo mismo, y si una no tiene más hambre con el plato a medias la otra dice que tampoco. Además, sospecha que su mujer le esconde el hecho de que más de una vez se podrían haber duchado juntas; algo muy probable teniendo en cuenta cómo está degenerando todo. Damián tiene miedo de explotar. Y algo que no sabe Teresa, es que su papá en recesión, después de una de las veces en que Damián pilló a las niñas besándose en su habitación, tenía una más que clara erección bajo el pantalón de pijama. Fue el el Día de los Juguetes Eróticos para Adultos Satisecha. Y lo recordará toda su vida.

 

En el restaurante, las chicas se centran en la comida. Teresa está como ausente y Damián sigue sufriendo por el presente. Le gusta que las gemelas tengan esa pose de quien come sin más. Esas sonrisas que adoraba en sus hijas cuando eran más crías ahora le hacen pensar en modos de separarlas; ha llegado a urdir planes para que se enfaden entre ellas. Pero por otro lado le da miedo que al cabo del tiempo se perdonen y se unan con más fuerza. Lo cierto es que ni él ni Teresa pueden hacer nada. Absolutamente nada. Están en sus manos. Las niñas mandan. Solo pueden esperar a que en un tiempo dejen de hacer lo que hacen, se avergüencen y se conviertan en adolescentes cabreadas y confusas corrientes. Quizá góticas. Damián nunca pensó que desearía algo así, pero está deseando que comiencen a salir con chicos. Quiere tener las preocupaciones normales de los padres que sufren por quién se estará follando a sus hijas en el lavabo de qué discoteca. ¿Utilizarán condón? ¿Se quedarán preñadas antes de los diecisiete? Fantasea con esas preocupaciones, envidia a los progenitores que echan de menos a sus bebés por haberse convertido estos en máquinas-insaciables-de-tener-sexo-cuanto-antes-otra-vez. No quiere que sus hijas le den los buenos días ni sean educadas ni pidan perdón con la boca pequeña aguantándose la risa cuando él separa sus bocas. Van a cumplir quince años, por Dios; quiere que le odien y que lleguen tarde a casa y una sea siniestra y la otra vista de rosa y no se puedan ni ver entre ellas. Quiere poder decir eso de sí-son-gemelas-pero-tienen-un-carácter-muy-distinto. Quiere discusiones y comidas de navidad conflictivas. Unas hijas normales. Que ignoren al abuelo y perciban el mundo como algo amenazante, que escriban diarios en los que hablen de querer suicidarse por algún detalle sin importancia. No quiere lo que pasa, quiere lo que tenía que pasar.

 

Después del mexicano deciden ir a una cafetería y así hacer tiempo hasta que las tiendas abran. De camino, en el coche, Tánia ha acariciado con recreo la pierna de Ángela. Damián ha dicho que Basta y las dos han comenzado a poner esas caras de papá-no-te-enteras-de-nada. Teresa ha intentado calmar a Damián al verlo resoplar, le ha dicho que son chiquilladas; y sin embargo, él no recuerda haberle dado a su mujer un beso tan largo como el que vio en Youtube, Vimeo y Veoh entre sus dos hijas de catorce años. Tiene ganas de decirle A tu padre se le puso dura viendo a las niñas haciéndose el ventilador con la lengua la una a la otra. Pero la realidad es más soportable con una buena dosis de negación. Teresa ni se imagina, piensa Damián, la paciencia que está teniendo este padre de gemelas. Ambas pelirrojas, siempre con el mismo cardado en el pelo y sus coletas, como si siendo todavía unas crías quisieran aparentar ser más crías aún. Casi le entran ganas de llevarlas disimuladamente a algún garito de tatuajes para ver si deciden de una vez por todas provocar que él les pueda echar una bronca normal un sábado después de que ambas se hayan plantado un dragón antiestético y enorme en la espalda.

Meten el coche en un parking y salen a la superficie. Entran en una de esas cafeterías en plan cadena de cafeterías; todo es o parece madera. La niñas piden té. Teresa café solo. Damián, cuando la camarera está esperando su decisión, se queda con la mente en blanco un momento, y farfulla a duras penas: Un... cortado. Ese momento de mirada perdida ha venido dado por un gesto que ha hecho que se le hiele la sangre. Ángela ha tocado con un dedo la mejilla de Tánia; luego ésta ha sonreído mirándola a los ojos. No ha sido la típica sonrisa no-puedo-aguantarme-la-risa, han sido una sonrisa y una mirada totalmente... serias. Después de pedir el cortado se ha quedado mirando a Ángela; ésta ha mirado hacia otro lado. Entonces Teresa ha buscado los ojos de Damián hasta que éste ha desistido de comenzar una discusión que ni él mismo sabe cómo abordar. Teresa le coge una mano intentando calmarle. A tu padre se le puso dura viendo a las niñas haciéndose el ventilador con la lengua la una a la otra. Teresa acaricia la mano derecha de Damián, sin que las niñas se incomoden lo más mínimo como harían si fueran adolescentes al uso, y no muñecas rusas pelirrojas que engrosan el material virtual para pederastas. A tu padre se le puso dura...

Tras los cafés, y con los nervios cada vez más a flor de piel de Damián, la familia decide dar un largo paseo con las tiendas aún cerradas. No hay mucha gente en la calle. Las gemelas caminan juntas y cuando se dicen algo entre ellas siempre es en susurros, acercando la boca a la oreja. Damián procura que caminen delante de él y Teresa; está deseando soltar algo como Mira las secretitos, o, Me están pitando los oídos, señoritas. Algo así, con un tono de obvio enfado. Pero siempre pasa lo mismo, cuando no sabes «Lo de los besos» parecen dos chicas adorables, como para adoptarlas y pasarte los días fotografiándolas y presumiendo ante todos sobre lo bonitas y tiernas y cariñosas que son. No como los demás adolescentes.

 

Algo más tarde, comienza la vorágine de tiendas abiertas y chicas y novios sujetando los bolsos de las chicas y padres cuarentones y señoras que hablan gritando demasiado en lugares públicos. Teresa es la que lleva el mando. La primera tienda es la antítesis de esas megasuperficies llenas de perchas con envoltorio MTV y grupos de veinteañeras y parejas por todos lados. Es un pequeño establecimiento dedicado a trajes de chaqueta y sombreros. Hay un solo dependiente y aparenta más de cincuenta años y no para de mirar a las gemelas. Teresa busca un sombrero, el abuelo es aficionado a los sombreros y hace años que se empeña en usar el mismo. Damián cree que quizá esta vez el tema del alzheimer intermitente ayude.

Solo hay dos cubículos para probarse la ropa. Damián mira a un lado y a otro. Las gemelas han desparecido.

Damián descorre como un poseso la cortina de uno de los probadores. No hay nadie. Y le grita al otro: ¡Qué hacéis ahí dentro!... El señor de la tienda pide calma, por favor. Teresa pone las manos en los hombros de su marido. Cariño, le dice, han ido a la tienda de al lado, quieren comprarle algo a su tutora del colegio. Damián respira con dificultad, pide perdón sin mirar al señor. Aun así, respirando agitadamente, descorre la cortina del segundo probador. Teresa dice Ya nos vamos. El dependiente suelta un extraño «Estoy solo y...».

 

Teresa sigue llevando el mando y decide que es mejor que Todos nos tranquilicemos y vayamos a casa. El Día de los Abuelos Orgullosos Old Dodotis es una celebración relacionada con la cena, y aunque ir el mismo día a comprar es más caótico aún que el día antes, Teresa ha pensado que ella sola por la mañana puede solucionar el asunto. Damián tiene la mirada perdida. Las niñas han comprado un suéter para Alicia, la tutora. Lo lleva Ángela. Siguen caminando de ese modo, juntas, pizpiretas, susurrándose al oído. Damián decide que le contará a Teresa lo de A tu padre se le puso dura viendo a las niñas haciéndose el ventilador con la lengua la una a la otra. Su mujer merece saber la historia entera. Él no puede seguir así, no sabe cómo dirigirse a sus propias hijas. Cada vez que oye lo de Día de los Abuelos Orgullosos Old Dodotis, le viene a la cabeza esa terrible tienda de campaña en el pantalón de pijama del padre enfermo de su mujer. Y ese video de Youtube y Vimeo y Veoh y de vete a saber cuántas webs y blogs más. Ese video terrible. Ya puede imaginarlo en las páginas que él mismo visita a veces cuando todas están de viaje y se queda de “Rodríguez”. Todas esas webs, “Aztepajas” “PornoTube”, “FreePorn”... Unas gemelas reales dándose el lote ante el mundo. Sin ningún disimulo. Dos hermanas que en lugar de odiarlo todo y entre sí, quieren matar a su padre lentamente con una tortura color rosa sacada de los delirios de un cura con “Currículum”.

Es la vida. Y la vida sigue siendo cuando todos llegan a casa. Y se encuentran al vecino esperando en el portal. Diciendo que está esperando una ambulancia. Que el abuelo está arriba y ha sufrido un ataque y muy probablemente ya esté muerto. Muerto el día antes del Día de los Abuelos Orgullosos Old Dodotis. Teresa prorrumpe en lágrimas y Damián la abraza. Las niñas se quedan quietas y serias.

 

Por una serie de aburridas circunstancias, pasan cuatro días hasta que se puede hacer el entierro como es debido. Damián se ha estado centrando en cuidar de su mujer sin atender demasiado a las evoluciones de todo lo concerniente a las niñas. El entierro coincide con el Día de los Maduritos Atractivos Dior, una festividad cada vez más exitosa que el escritor Jonathan S. Cuthbert calificó de Tan hortera que hace que el Día de las Sesentonas Sexualmente Activas parezca algo justificable.

Ya durante el ritual del entierro, tenemos a Teresa muy seria sentada en una silla y a Damián de pie detrás de ella con las manos en sus hombros. Ángela y Tánia permanecen al lado con algo como un álbum de fotos que Damián no ha querido preguntar aún qué es. Van vestidas exactamente igual, con un vestido de una pieza negro, velos negros, guantes negros, unas medias negras que a Damián le parecen más de rejilla de fresca que elegantes de verdad. Zapatos también negros planos y de cordones. Juntas, tal y como están, parecen la imagen de una película de terror oriental. Damián sabe que muchos asistentes lo han comentado ya. El vecino y amigo del abuelo está a la izquierda de Damián, y sus hijas a su derecha. El cura acaba con su discurso, del cual el padre de gemelas no ha captado nada teniendo como tiene el cerebro en ebullición, lleno de informaciones cruzadas y miedos y sus hijas y...

Entonces se produce un click en él...

...y se crispa definitivamente con lo del el álbum de fotos. Le cuchichea a Ángela que qué es eso, eso que lleva. Ella dice que quiere enterrarlo con el abuelo. Pero qué es, pregunta Damián. No tiene importancia, dice Tánia. Ahora mismo me vais a decir qué es, insiste él. Ángela mira al cielo con desespero y le pasa el álbum a su padre. Éste lo ojea; es grande y con cubiertas marrones, dentro hay unas veinte fotos ampliadas. En todas, la cara del abuelo en primer plano, a veces con los ojos como platos, a veces con ellos entreabiertos, pero siempre es su cara. ¿Qué es esto?, vuelve a preguntar Damián. Ángela intenta explicarse, no con mucho éxito, pero su padre enseguida capta el asunto. Cada una de las fotos está tomada justo después de un beso ante el abuelo, en la habitación del abuelo. Ese instante en que ellas se separaban, Ángela tomaba la foto de la expresión del hombre mirándolas. Nunca nos decía nada, dice, era muy bueno. Veinte fotos significan veinte besos como mínimo. Aquella tienda de campaña... Día de los Abuelos orgullosos Old Dodotis... ¿Se tocaba?, pregunta Damián, susurrando, hirviendo. ¿Qué?, murmura Ángela; y entonces dice: No te preocupes tanto, estaba ido, él siempre creía que yo era mamá. Damián: ¿Cómo?... Dos tipos esperan para manipular unas palancas y bajar el ataúd hasta el agujero. El cura pregunta si pasa algo, si está todo correcto. Damián está con la mirada perdida, con un ligero temblor en las manos. Teresa mira a unos y a otros y rompe a llorar definitivamente ante el desconcierto. Tánia le arrebata el álbum a su padre y lo deposita encima del ataúd. Mañana es el Día de los Homicidas Involuntarios Inculpados Glock. El cura vuelve a preguntar: ¿Pasa algo?

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