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6 min
DÍA DE SUERTE
Varios |
07.09.18
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Sinopsis

Historias De Duque y Martín.

“Lo malo no es que sea feminista. Lo malo es que se cree George Sand con el tabaco en la boca.”

 

Javier Mirabal.

 

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En la terraza del León, y a eso del décimo brandy, se tropieza con una irrebatible afirmación místico-sexual, una epifanía que alumbra su rostro de estoy borracho pero sigo alerta: puedo tener a casi cualquier hembra que quiera tener. No se trata de ser bonito o feo, alto o bajo, musculoso o fofo (reconoce que su musculatura es más bien grasa de sobra con una clara tendencia a los desbordes laterales) se trata de otra cosa, algo que está en ti o no lo está: párpados de noche, gato en reposo, flor que se abre con avispa incluida.

Mira de frente a la joven solitaria de la mesa más próxima. Un culito como para perder los nervios y dejarse llevar sin estribos ni riendas, absuelto de normas y lazos convencionales: una cogida con daños a la moral en uso. Deseoso de aclarar sus intenciones (lo que suele ser inútil porque las intenciones del macho rara vez varían y la hembra de sobra las conoce) inclina la cabeza un poquito a la derecha y pone ojos de cachorro extraviado o Cristo agónico sujeto a una cruz misteriosa. La mujer lo mira y se voltea levantando la punta de la nariz: un elegante ¿quién coño te crees tú?, que adorna sus fosas nasales cuando se queda absorta de regreso en su trago. Bueno –razona él- por eso dije casi todas y no todas: alguna  hay  que  fallar.  Como  tantas  otras  noches, y desde que practica el sexo ocasional sin condones (esas mierdas que le quitan el sabor al frote y que siempre te ajustan como la reputa madre) se instala a tomar sin un centavo en el bolsillo. Tal vez atraquen el negocio y todo el mundo arranque sin pagar. Quizá le dé un infarto al dueño y en la confusión pueda escaparse y dejar la cuenta en una mesa vacía. O la mejor de las opciones: una mujer madura cancela todo y se lo lleva de recuerdo para que le sirva de adorno en su apartamento playero: coitos, cigarrillos, caña, y gastos de viaje mientras dure su turno.

Aparte de imaginar, beber, y observar, no parece quedarle mucho por hacer esa noche. Ni siquiera puede preguntar en cuanto va la cuenta (nadie con dinero inquiere pendejadas) porque de seguro le ponen el ojo encima, y aquí todos los mesoneros son flacos y rápidos a la hora de pescar a un cliente que pega la carrera. Luego de estudiar su abanico de posibilidades (mercadotecnia pura) elige lo único que le resta por elegir… pide otro brandy mientras piensa en pedir otro brandy. El carajo que atiende su cuenta se lo lleva  con diligencia y trotecito rápido (así pretende estimular una propina que espera equivalente al esfuerzo y la sonrisa desplegados) Con éste me pongo en veintemil: hoy me sale dormir en litera y rejas por los cuatro costados más pote para mear y lavamanos roto.

A la par que disminuye el trago gira la cabeza de un lado a otro. Abre los orificios de la nariz. Husmea, busca hembra mojada o a punto  de moje. Al Sur solo vómito y tabaco. Al Este huele a mierda. Al Oeste, 16 grados, una ligera brisa de sal lo detiene: Un buen prospecto, cercana a los cuarenta, sola solita, buenas caderas que anuncian un culo importante, pelo corto y rubio, piernas un poco gordas pero de buen ver. No lo duda un instante: puesto en pie se dirige con paso largo a la mesa de la rubia. La mujer solo advierte su presencia cuando lo tiene enfrente. Con estudiado desdén estira el brazo y apaga su cigarrillo metiendo la punta en el trago ajeno. Arroja la colilla al piso y la aplasta con el tacón de aguja. Se lo queda mirando con calma, lo detalla, lo examina de cabo a rabo, le observa fijo donde el pantalón abulta, lo interroga en un silencio de ojos ebrios y lengua tosca: lengua pegada al paladar, lengua rasposa y torpe dormida en whisky.

 

-¿Puedo sentarme?

-Siéntate

-¿Qué tomas?

-Chivas 18…solo

 

Le hace una seña al mesero. Pide para ella y para él. Los tragos llegan, el mesero se marcha, la mujer toma impulso para separar los labios, remojar los dientes, encajar la mandíbula floja en una frase de corte radical: inútil articulación de cartas marcadas y póker repetido.

 

-No te lo voy a mamar

(Categoría de fémina: vanguardista loca. Dossier básico: jura que es lo máximo dejar sin habla al macho diciendo alguna barbaridad. Procedimiento a seguir: sacar al caballero e invitar al bruto amoral y desalmado)

-Voy a llenarte la boca de leche

-Nada de eso

-¿Cuca si?

-Si

-¿Y culito?

-Puede ser

-Voy a llenarte la boca de leche

-Ya veremos

 

La mujer hace venir al mesero. Él inicia el gesto de llevar su mano al bolsillo trasero para sacar la cartera. Si calculó bien no tendrá necesidad de terminarlo. Antes de que sus dedos rocen el pantalón ella lo interrumpe tajante y sin lugar a deudas ni a dudas que malogren su intención de prevalecer frente al hombrecito de aparición ocasional y prescindible.

 

-Deja, yo pago todo

-no me jodas: yo soy el macho

 

(Esta cortante afirmación, para una mujer del tipo fuerte a toda prueba, es como la puntilla del torero al toro: El matador  entierra el estoque hasta la empuñadura y el público aplaude frenético de sangre)

 

-Déjate de vainas. Pago yo y basta

-Okey… mi linda

- Linda un culo: ya pagarás

 

Arroja su Visa dorada sobre el platillo del mesonero. Un gesto magnífico, realizado con una desenvoltura tal que solo puede mover a compasión (estupidez y ceguera galopante, piensa él, mientras juega su naipe cara de bobo que acata y no dice ni pío a la tierna dama victoriosa)

Macho y hembra se levantan. Elástica y decidida le toma la delantera sacudiendo un dúo de nalgas que gritan aquí estoy pasa y galopa. Cada frunce del culo parece hablarle mientras la sigue sin quitarle el ojo del dulce ojo, ojete, ojazo,  que duerme entre las dos gemelas.

Ella lo conduce hasta un Mercedes Benz 450 Tiburón. Desde siempre él había querido subirse a uno de esos.

 

 

 

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Un oldman alto, hosco, y feo; hastiado de cigarros, bares, y noches sin término (hembras que llegan y se van, botellas de Whisky, la vieja escuela, el último dinosaurio, y así de pendejadas una detrás de la otra) Me aburre el sexo sin caras ni compromisos (ya tuve suficiente de esas pajas modernistas) Hoy día no me gustan los bares: parecen agujeros para heridos de guerra. Me gustan las personas y los perros (“Esa misteriosa devoción de los perros”, decía Borges) Amo a mi hija y a mi nieta: mis únicas dos rosas, mis últimas palabras. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

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