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8 min
Diario de un ama de casa trasnochada (II)
Humor |
03.09.14
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Sinopsis

Capítulo segundo: Orgullo de padres.

Como os decía, no hay nada mejor que la cafeína aromatizada para poder afrontar un día en la vida de un ama de casa. Que si recoger la casa, que si arreglar a los niños y darles el desayuno, que si llevarlos al colegio, que si cocinar… Y mil recados más que hacemos por el camino. Porque eso sí, a los pequeños hay que criarlos en el hogar familiar, que si no, no aprenden buenos modales y se sienten abandonados por sus padres. Nada de niñeras ni niñeros, mi Luis es muy tradicional para esas cosas. Pero oye, lo de cambiar un pañal le tocó hacerlo un par de veces en 10 años y ya no vuelve el jodío.

La primera fue por culpa del mayor, Pablo, que ahora tiene 9 años, pero por entonces tenía 5 y una fiebre del carajo, que sudada el pobre a “chorrón vivo”. Efectivamente, me lo lleve corriendo a urgencias, dejando la responsabilidad de Félix (de 15 meses) en manos de mi marido. ¿Qué podía pasar en una hora a lo sumo? Bueno, para empezar esa hora se convirtió en 4, ya sabéis lo colapsadas que están las urgencias un sábado noche… ¡Eso está más lleno que el afterhour a las 8 de la mañana en Nochevieja! E igual si te pones a hacer controles de alcoholemia te llevas una gran sorpresa. Adolescentes borrachos, adolescentes borrachos con heridas de haberse peleado, adolescentes borrachos con heridas de haberse caído, adolescentes sobrias (o borrachas) en espera de la pastilla del día después… Un caos de alcohol, sexo & rock&roll, que hace que te hierva la sangre más ti, como madre angustiada, que al propio niño con la fiebre. Tras 4 “fugaces y placenteras” horas de espera por fin nos llamaron al consultorio. Un residente con cara de pocos amigos (y de haberse hartado de tratar borracheras y sus consecuencias) me pregunta “amablemente” que qué tiene el niño para llorar tanto y hacernos bajar a urgencias. Y yo, muy educada también, le digo que nada, que nos aburríamos en casa y quería enseñarle al pequeño los dañinos efectos del alcohol en la juventud y que la paciencia es una virtud que escasea hoy en día. ¡Ay, si las miradas mataran… creo que aquel hombre me habría fulminado en el momento! Pero yo, madre coraje preocupada por el bienestar de su prole, no me acoquiné ante esa cara de mala leche. “Mi hijo tiene 39,5º de temperatura ahora (me llevé el termómetro de casa, ya se lo di hasta diagnosticado y todo), cuando salimos de casa tenía 38º. Llevamos 4 horas ahí fuera esperando a que evapore el ron de la sangre de esos “vivalavida”, sin quejarnos, entendiendo que hay otras prioridades y que ustedes no dan a vasto. Pero, no me venga ahora con chulerías médicas, porque me voy a atención al paciente y les planto una reclamación del 15. ¿Va usted a mirar a mi hijo o no?” Así le solté toda la retahíla con el tono más autoritario que pude y mi cara de señora compungida. Las madres siempre sacamos las uñas por nuestras crías. Es ese instinto animal que nos lleva a bufar a los desconocidos y proteger en la madriguera a los pequeños. (¿Qué soy, una gata que bufa o una coneja en la madriguera? Uy, mejor dejamos esos dilemas para otro día). Por suerte, mis palabras surtieron el efecto deseado y en diez minutos ya salíamos de la consulta con el antipirético en mano y con la seguridad médica de que mi hijo no tenía nada malo. Un resfriado nada más. De todas formas, los niños de ahora son de goma, en mi tierna infancia las madres nos tapaban hasta las orejas para “sudar la fiebre” y te daban calditos calientes por si acaso… ¡Y nadie se moría! Pero ahora tenemos ese proteccionismo irracional materno y a los dos minutos nos los llevamos al médico por si pasa algo grave. ¡Qué se le va a hacer! Mejor eso que deshidratarlos a base de mantas.

El caso, es que justo al salir de la consulta me sonó el móvil, era Luis con una crisis de ansiedad.

-“Cariño, que el bebé lleva llorando un rato, ¿qué hago?”

+ “Pues mira a ver si tiene hambre, le duele algo o quiere que le cambies el pañal. Mécelo un poquito en la cuna para ver si se tranquiliza.”

- “Creo que va a ser lo del pañal, porque huele mal.”

+ “Pues ya está, cámbiaselo.”

- … … …

(Silencio al otro lado de la línea)

+ “¿Luís? ¿Estás ahí? ¿Me oyes?”

- “¿Y eso como se hace?”

+ “Con las orejas la mayoría de la veces.”

- … … …

(Más silencio)

+ “Si te refieres al pañal, hay nuevos en el armarito del cuarto del niño, le quitas el sucio, le limpias y le pones el nuevo. En el paquete viene como tienes que ponerlo por si no sales con el empleo. Pero vamos, que tampoco hay que tener un máster en pediatría para hacerlo. Verás cómo es fácil. Nosotros vamos ya hacia casa. Luego te veo.”

Media hora después entramos por la puerta de casa. La habitación parecía una batalla campal, pañales por suelo, polvos de talco esparcidos por el cambiador, caca en la almohada de la cuna… Me dieron ganas de volverme a urgencias a esperar otro ratito más. Luis estaba en el baño lavándose las manos y con una sonrisa de satisfacción en la cara, había utilizado 5 pañales distintos y el sexto no es que estuviera muy bien puesto que digamos. ¡Pero cualquiera le chafa a alegría al hombre! Orgullo de padre, ya se sabe.

La segunda y última vez que le encomendé esa ardua tarea fue con Juan, el más pequeño de críos, que ahora tiene 3 años. También fue una noche (las desgracias siempre vienen por la noche, con la fresca), mientras yo estaba en la función escolar navideña con Pablo y Félix (uno de pastorcillo y el otro de oveja). Luis no había querido perderse “nosequé” partido que emitían por la televisión (a mí de “fúrbol” no me habléis que ni pajolera idea), así que se quedó con sus amores: la tele, la cerveza y el bol de patatas fritas. (¡Venga colesterol!) No pudo ver la gran actuación de la noche, mi Félix balando, una auténtica monada. Os juro que clavó el papel. Todos pensamos que se había colado un animal en el salón de actos. Desde entonces, siempre le dan el mismo personaje en el belén del cole. ¡Qué orgullosa estoy de mi carnerito! Pero, como no podía ser de otra manera, en mitad de la actuación me sonó el teléfono, de nuevo era Luis.

+ “¿Qué pasa? No puedo hablar, que estoy en mitad del teatro.”

- “Nada, que Juan se ha ensuciado, ¿vais a tardar mucho o me toca cambiarlo?”

+”Pues hombre, quedan 2 horas, si no es mucho pedir que apartes la vista de la tele y hagas caso al niño, te lo agradecería… que si no va a estar escocido durante una semana.”

Solo queda deciros que nunca más se volvió a quedar solo por la noche con ninguno de los niños por miedo al horrendo cambio de pañal. Por un lado fue un cambio positivo, porque mira, así me acompaña con los niños y no me toca lidiar a mi sola. Y por otro lado también fue positivo, porque así no alimenta esa barriguilla cervecera que tantos disgustos nos iba a dar… Pero esa es otra historia que ya os contaré a su debido tiempo. Me voy a llevar a los niños al cole que si no les ponen falta y me toca quedarme con ellos el resto de la mañana.

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  • Claro, ser madre es el trabajo más difícil del mundo! Y eso que aun no me ha tocado vivirlo, jaja. Prometo una tercera entrega en breves. Un saludo!
    Genial, se ha cumplido la promesa del primero.
    Shiva: La tarea de madre no es fácil pero tiene sus cosas hermosas y divertidas. Muy bien la forma del relato. Cariños.
    Punto lantinoamericano??? Jaja, pues no sé porqué será... Me alegro que os gustará. En unos dias sigo con la saga! Un saludo!
    No sé por donde pero el relato tiene un punto latinoamericano,se me ocurre pero no me pidas más concreción. Tiene momentos divertidos e ingeniosos y da cierta compasión la señora. Venga un abrazo Shiva.
    PAÑALES SUCIOS esas dos simples palabras hacen temblar hasta a Rambo te lo digo yo jajaja muy bueno
  • Remonto después del veranito... espero estar más activa con el frío =).

    "Su piel posee un característica llamada dermografismo, que consiste en que cualquier contacto le deja una marca que tarda un rato en borrarse [...] Si la piel es sensible, ¿qué no dejará marca en el alma?" -Marwan-

    Amapolas.

    "Cando penso que te fuches, negra sombra que me asombras, ó pé dos meus cabezales tornas facéndome mofa." -Rosalia de Castro-

    Unas zapatillas, voluntad y ganas de olvidar.

    Micropoesía en colaboración con el paisano BLUESS. Gracias por todo =).

    Vuelvo a las andadas tras una temporada perdida por la realidad del trajín diario, pido perdón por la ausencia, aunque esté justificada... Os deseo feliz año a todos!

    "Entre la hojarasca / el pecho de la ardilla / se llena de luz." -Haiku de Otoño-

    “El espectáculo es imponente. Todas aquellas negras murallas de la gran caldera, con sus crestas, que parecen almenas, con sus roques enhiestos, ofrecen el aspecto de una visión dantesca. No otra cosa pueden ser las calderas del Infierno que visitó el florentino. Es una tremenda conmoción de las entrañas de la tierra; parece todo una tempestad petrificada, pero una tempestad de fuego, de lava, más que de agua." - Miguel de Unamuno-

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Lectora compulsiva. Aprendiz de escritora en mis ratos libres. Enamorada de la naturaleza. Desencantada con el egolatrismo de la sociedad. No conozco mejor forma de organizar mis pensamientos que plasmarlos en papel.

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