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5 min
Diario de un vampiro
Amor |
10.01.18
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Sinopsis

Todos necesitamos amor

¿Quién me mando a seguir los consejos de aquel crápula, allá en mi querida Rumania, que me trajo a Buenos Aires, escondido en el baúl de un rumano, que ejercería aquí la mendicidad profesional?
Hace quince años que deambulo tristemente por las noches, en esta ciudad con poca historia, sin sentir que este cambio ha sido beneficioso. 

Pero, querido diario, a pesar de esto, no te voy a abandonar, seguiré escribiendo. Algún día, cuando la suerte cambie, te leeré con la soberbia del que ha superado los infortunios y piensa que nunca van a volver; porque la vida de un vampiro es larga y necesita de esa soberbia para sostener la hidalguía que nos ha regalado la literatura.

Salí el Sábado pasado, más bien temprano, con mi capa algo maltrecha, debido que al descender del tanque de agua abandonado donde vivo, se me enganchó en un caño produciendo un siete espantoso, que debo disimular tomando la capa justo por el tajo, y haciendo un elegante ademán con el brazo, para que esta vuele un poco y asuste y seduzca al mismo tiempo. 
A poco de caminar, sola, veo en un auto a una mujer de negra cabellera y la imagino bella, tan bella como para dejarla en un sitio destacado de estas memorias. 
Me acerqué por detrás, golpeé con delicadeza el vidrio de la ventanilla y, cuando la joven se dio vuelta, alcé mis brazos en forma elegante luciendo mi capa, recordando el tajo que estrenaba esa noche y sonreí discretamente mostrando mis caninos.
Ella me miró, con su tez nívea, muda por la sorpresa y con una electrizante pasión que comenzaba a nacer en su rostro.
• Estás en mi poder - pensé victorioso -.
Ella bajó lentamente el vidrio de la ventanilla y con voz suave me dijo:
• No puedo creer que esto sea verdad.
• Es verdad y serás mía eternamente.
Clavó sus ojos encarnados en mí con la pasión más voluptuosa que he visto, y desenfrenada me gritó:
• ¡¡¡Sos un pelotudo!!! Te dije que yo venía disfrazada de vampiresa, que te buscaras otra cosa para ir al baile. Esto me pasa por hacer arreglos con desconocidos por Internet.
Di un paso hacia atrás asustado por su histeria. Ella encendió el motor con furia y, antes de arrancar me arrojó una cruz que me hizo dar un salto. La reacción fue tan violenta e inesperada que el susto aflojó mis intestinos, que sólo pudieron contenerse por unos segundos, suficientes para entrar al jardín más próximo y liberarlos.
En tan triste situación terminé mi primer conquista aquella noche. Cuidando mi primorosa capa, que en esos momentos de desesperación, era sólo un bollo de trapo entre mis manos y mis muslos, tensos por la posición en cuclillas en que me encontraba.

Luego de un buen rato retomé la marcha, tratando infructuosamente de olvidar lo sucedido. Ante el efecto inesperado de aquel susto, hice las siguientes deducciones:
• La cruz no puede haber sido. No es la primera vez que me arrojan una, que más allá de cierta repulsión, otra cosa no me causa ¿qué me habrá pasado, que habrá sido? Seguramente el azúcar ¡Sí, el azúcar debe haber sido!
En esta maldita ciudad, y en estos tiempos, todo el mundo come porquerías dulces y eso me hace mal al hígado. 
¡Ah mi Rumania de los viejos tiempos! 
¿Cuánto hace que no bebo sangre amarga? ¡Malditos diabéticos! Y la peor sangre es la de esas mujeres que se cuidan y le ponen edulcorante a todo ¡Qué asco!

No me di por vencido y seguí la marcha; aún quedaba tiempo. Tuve que esperar que se hiciera tarde, porque ahora todo se hace tarde, lo cual reduce las horas útiles de un vampiro. 
En algún momento pensé que, tal vez, debería empezar más temprano ¿pero temprano qué podría conseguir? ¿Alguna anciana?
¡No! Lo mío es sangre y pasión. Necesito a una hermosa y joven mujer asustada, que caiga desmayada en mis brazos.

Eran las cinco y media de la mañana, quedaba poca noche para aprovechar. Todavía había mucha gente en los interiores de las casas y locales bailables cuando, de pronto, entre unos containers pertenecientes a un hospital, vi el cuadro más triste que puede verse de un vampiro.
Un colega, que supo tener mejor vida en Transilvania, paje de un noble de la primera época, yacía recostado contra el portón del hospital absorbiendo algodones embebidos en sangre y otros aderezos.
Esta imagen cruel amargó lo poco de optimismo que me quedaba.

Afortunadamente, habría de suceder casi al fin de la noche, algo especial para dejar atrás tal imagen. Sucedió que al dar vuelta la esquina me topé con tres travestis.
Entre chistes y grititos tuve el permiso de besar a uno en el cuello, que al sentir el ardor de mi pasión pidió un momento de privacidad a los otros dos.
Encantados o encantadas, nos dejaron solos y así pude conquistar un sirviente para mí. El mejor que he conocido hasta entonces. Hasta estoy pensando en cambiar de tanque de agua para estar más cerca de él.

Como verás, querido diario, a veces, entre tantos infortunios puede suceder algo bueno y deberíamos recordar al Príncipe Vlat III que decía: “no sólo de sangre vive el vampiro”.

FIN

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Soy músico (violinista) y luthier. Escribo eventualmente y por necesidad interior. 59 años

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