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4 min
DIETA
Varios |
28.01.17
  • 4
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Sinopsis

Relato para un concurso sobre "la gula".

Una tostada de pan integral untada con queso fresco reposa sobre el mármol de la cocina. En la radio suena un villancico que le confiere un toque navideño al austero desayuno, el último de la dieta que he seguido estrictamente durante seis meses. He perdido cuarenta kilos y he ganado soledad. Mi obesidad ocupaba dos asientos, una forma de compensar inconscientemente el vacío que me rodeaba.

Estoy harto de pagar a prostitutas que me miran con cara de asco y fingen un placer que ni tan siquiera alcanzo yo. Harto de las miradas de compasión o ternura de las mujeres con las que me relaciono. Harto de mí mismo, de mi cuerpo deforme, de ser siempre el gordo simpático, el patético, el torpe.

Esta noche conoceré a la mujer con la que llevo varios meses relacionándome a través de internet.

El espejo me devuelve una realidad de pellejos colgantes. Me visto con un traje que disimula algunos excesos aún enquistados. Realmente me encuentro más atractivo sin los kilos olvidados.

He reservado una mesa en un restaurante del puerto. Llego con quince minutos de antelación y solicito una copa de vino mientras espero. En la mesa de al lado, cuatro ejecutivos exhiben su poder adquisitivo en una conversación de la que resulta imposible mantenerse ajeno. Lucen relojes caros, trajes de diseño y gestos inconfundibles del que se sabe ganador. Son un buen contraste con mi traje desgastado, mi inseguridad y mi penetrante aroma de perdedor.

Mi estómago ruge cuando veo el desfile de centollos, langostas, percebes, besugos y la cola de una sirena que aún aletea aferrándose a una vida perdida en una olla gigante. Para beber, Vega Sicilia. Yo les hubiera sugerido algún vino blanco, que dicen combina mejor con el pescado. Imagino las risas y burlas que hubiera causado la propuesta de un gordo venido a menos que ha ahorrado su sueldo para permitirse invitar a una desconocida y brindar por hipotéticos días felices.

Pasan treinta minutos de las diez, quizás sea demasiado pronto para alarmarse. No quiero llamar a Cecilia, mi princesa de internet y darle muestras de mi inseguridad. Pido otra copa de vino. En la mesa de los ejecutivos ya han servido los postres: dulces minimalistas. Necesitaría una docena para calmar el ansia que empieza a invadirme.

Una hora de retraso. Otra copa de vino. Se me está olvidando el motivo por el que estoy en el restaurante. Encargo una ensalada y un entrecot con foie y cebolla caramelizada. No consulto los precios. El camarero, con cara de asombro, anota también mi petición de una mariscada para dos. Estoy desatado, necesito algún dulce para tranquilizarme. Pastel de cuatro chocolates, trufas y un sorbete de limón para ayudar a la digestión.

Reconozco a Cecilia preguntando a un camarero por la mesa reservada a nombre de Pascual Gil. Tengo náuseas que achaco a los nervios. Mi camisa está adornada con espontáneos lamparones y unos enormes círculos de sudor alrededor de mis sobacos. Me levanto y saludo mostrando mi mejor sonrisa. Mis dientes embadurnados con chocolate no lucen como debieran.
Me mira con cierta repugnancia mientras dejo de agitar la mano con la que le saludaba y vuelvo a sentarme. Le dice algo al camarero y da media vuelta dirigiéndose hacia la salida.

Alzo la copa medio vacía y brindo con la ausente por mi soledad. Mi reflejo en el cristal de la copa es tan patético como la versión chill out de Merry Christmas que suena de fondo, burlándose de mis infelices navidades.

Una tostada de pan integral untada con queso fresco reposa sobre el mármol de la cocina.

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Comentarios
Valoraciones
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  • Enhorabuena, me alegra mucho tu posicionamiento porque mereces estar en ese primer lugar. Soy lector de tus escritos y me parece que lo haces muy muy bien. Felicitaciones.
    Buen relato, duro de digerir. Es cruel la realidad a veces.
    muy bueno, y si, somos prisioneros de la apariencia, aunque en este caso también me preocupa la salud del física del personaje, felicitaciones
    Me ha gustado mucho como jugaste con tu historia. Se te ha notado muy a gusto. Excelente el desarrollo de tu personaje. Entre su perpetua baja estima, sus miserias, sus deseos y su abandono a la desdicha y ansiedad. Felicidades. sigue escribiendo mucho.
    Que pena con nuestro amigo. Si al inicio aupamos su esfuerzo y le deseamos suerte en su esperanzador encuentro amoroso, al final provoca jamaquearlo por la pechera para que se espabile. Creo que más que una estricta dieta requiere urgentemente un curso de autoestima. Excelente relato, bien escrito y de fácil lectura. Un saludo
    Patético. Uno no puede dejar de sentirse identificado con el ex gordo perdedor. La gran literatura desde el realismo inaugurado con El Lazarillo, El Quijote... y los personajes de Dostoievski ha preferido a los perdedores. Para los ganadores quedan las imágenes de los anuncios publicitarios.
    Muy buen texto. Muy buenas las descripciones.
    Muy buena narracion, desgarradora, papitante , consigues remover las entrañas con crudo realismo. El personaje me recuerda a Ignatius, protagonista de la conjura de los necios...
    siempre e creído que cuando alguien se conecta con el imaginario de otro.... es por que el viaje a sido y será en pleno. te felicito tienes pluma de acero.
    Interesante
  • Relato para un concurso sobre "la gula".

    Relato para el Torneo de Escritores, duelo 28. Lo he dejado tal como lo presenté, probablemente debería cambiar el final, como apuntó Paco durante el torneo. No he tenido demasiado tiempo, quizás más adelante lo revise y modifique algunas partes que tampoco me acaban de convencer.

    Relato que presenté para la 2º ronda del torneo de escritores.

    Mi segunda aportación para un concurso de microrrelatos de fantasía.

    Relato para un concurso de microrrelatos MICROFANTASY III.

    Relato que envié al TORNEO DE ESCRITORES para el duelo 4. Como últimamente estoy escaso de tiempo y de ideas, publico este relato.

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