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4 min
Doblegado en el agujero, escuchando los susurros de algo que insiste en decirme algo...
Poesía |
19.06.17
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Sinopsis

*Modestia aparte* Hablando en plata, no tengo la intención de crear un relato comienzo–desarrollo–desenlace. Mi ritual al escribir es un ritual que inicio con el único afán de experimentar, sorprenderme y salir de la escritura ordinaria, que claramente rebosa en este sitio web. Comparto lo siguiente sin intensión de recibir adulaciones, observaciones o X. Mi único propósito es darle a este sitio un debido giro de tuerca.

 El tren que debí tomar desde hace mucho tiempo sigue traqueteando a través de la tierra milagrosa que jamás conoceré...

En el sueño de la siesta más cerca a este momento se quedó en curso un loco viaje a la velocidad del vértigo donde miles y miles de extraños rostros macilentos demacraban el paisaje con la elasticidad de sus pieles adherida a La Maquina del Sueño, creando complicados laberintos de gestos rotos ante el avance y la velocidad, que esta noche confundo con las inusuales paredes de mi habitación, que se extienden hasta lo inimaginable según la profundidad de mi mirada.

Delirantes ecos de leyenda muerta sumergidos en lo submarino suben a la superficie ahogados para morir en la explosión de burbujas. Viejos discursos, nuevas ideas aún no concebidas por ningúna generación en las ondulaciones de la superficie se expanden hasta el infinito, más allá de las orillas.

La esperanza de algo nuevo llena de ilusión a los hombres, pero El Predicador inquieto sigue esparciendo su sabia palabra inmortal de tierra en tierra, siempre encontrando nuevos rostros en los lugares repetidos:

—¡No hay nada nuevo bajo el Sol! Todo lo que sea ya ha sido en otros tiempos...

El cristal de la fe tiembla y hace dudar al espectador de su solidez; parece frágil.

Una estampida equina se aproxima y arrastra consigo, entre el polvo y las herraduras, un horizonte moribundo que todo lo distorsiona y lo dilata; los picos de las montañas enmarañados de niebla levitan como esperando la mirada de algo solemne; la paz ha sido rota a voluntad de un inquieto.

Endemoniados espíritus caen sobre el ganado y envuelven a los animales en una sombra de enjambre que los reduce a osamentas en un parpadeo. Los huesos limpios sobre el pasto evocan una luna dividida en extrañas formas.

La silueta de un ápice en la red crea la ilusión de la captura, pero el momento sigue libre y nosotros seguimos tras él, corriendo inútilmente sin notar que la carne se nos vuelve pesada, sin notar que el imperio de nuestros sueños se desmorona con el viento de la desilusión que sopla omnidireccionalmente en el eje del tiempo, más allá de las posibilidades de la carne pavorosa.

Un instante sin tiempo de luciérnagas llenando el todo cede paso al amanecer, las ascuas de un nuevo día reclaman nueva leña, combustible para elevarse y arder hasta que las sombras reclamen el supuesto descanso que la tierra merece...

Pulsaciones de tambor aporreado en una marcha sin patria me ponen alerta, mi corazón tiembla en pos al ritmo que tocan, soy vulnerable a la taquicardia del éxtasis: todo me confunde pero todo lo comprendo... O casi lo comprendo, casi veo la respuesta de la confusión en un resquicio de luz trastornada, pero la puerta se cierra de golpe y me deja en mi propia oscuridad, solo, con el fuego azul de mi conciencia.

De nuevo el tren, silba y casi puedo ver el humo elevarse desde mi ventana...

Tengo mi maleta preparada desde hace dos años, lo que no tengo preparado es el espíritu para abandonarlo todo y ser nadie en el mundo donde todos quieren ser algo, cualquier cosa aunque el costo sea revolcar sus dignidades en el fango...

¿Me quedo o me voy?

Me quedo... Sigo echando humo de mi boca, hirviéndome los pulmones con ensueños muy propios...

Me quedo pero pronto me iré; para dejar mi casa, mi familia, mis libros, mi cama, mi identidad... Me iré para siempre, sin decir nada, dejando sólo estas huellas no muy claras...

Buenas noches, buenos días, buena vida pero puede haber mejores, noches, días, vidas...

Algo encontraré en el camino, posiblemente la muerte; no de mi cuerpo, sino de lo que supuestamente vengo siendo desde que estoy creciendo. 

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