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5 min
Doce Campanadas
Drama |
30.12.16
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Sinopsis

Uvas amargas.

DOCE CAMPANADAS

 

                Allí se encontraba. Tirado como una colilla en aquella pensión  vieja y desagradable, un tugurio de la más baja calaña, de apenas 5 euros la noche;  en la que cualquiera para dormir tendría que tener una dura pelea con las chinches y las cucarachas. Y sin embargo tenía tele. Una tele de los 90, también cochambrosa, de esas de tubo, con el culo gordo, y una delgada antenita en su parte superior derecha. Ni la antenita estaba ya en buenas condiciones.

                 El caso es que cumplía su función, aunque a duras penas. Y eso es lo que él hacía. Viendo la retrasmisión de las campanadas, sentado sobre el mugriento colchón que se hundía hasta casi poner en contacto sus nalgas con los viejos muelles del somier. No se había molestado ni en quitarse la ropa. Estaba como ido. Los ojos fijos en la tele. Oyendo, pero no escuchando los comentarios de los presentadores.

                Entonces comenzaron las campanadas. Y eso le activó sus recuerdos.

                Oyó la primera y pasó fugaz por su pensamiento el recuerdo de Julio, cuando amaneció en aquel otro antro, al lado de una fulana por la que cualquiera hubiera pagado sólo por tenerla lejos. Pero él pagó religiosamente. ¡Vaya si pagó!

                Oyó la segunda campanada y se recordó en Febrero, llegando borracho como una cuba a casa de sus ancianos padres, unos padres muy queridos para él, pero a los que gritó, insultó, y hasta escupió en un arrebato provocado por el alcohol. Los vió llorar al día siguiente. Lo único que fue capaz de hacer fue marcharse y no volver a la casa por la vergüenza y la culpa.

                Una tercera campanada le llevó a Septiembre, donde un desalmado le ofreció algo nuevo. Algo que se administraba a través de un pinchazo. Aquel día fue el primero en meses que durmió sin pesadillas.

                Cuando llegó la cuarta pensó efímeramente en Abril, cuando fue despedido de su empleo por propinar un puñetazo a su jefe en una discusión por sus continuados retrasos en el puesto de trabajo. Su jefe no le denunció sólo por hacer honor al que había sido hasta hace poco un trabajador ejemplar y un buen compañero.

                Quinta campanada.  Se acuerda de cómo en Junio abandona su ciudad, coge un bus y se va lejos, a una ciudad más grande, y más inhumana quizás.

                Sexta campanada. En Marzo pasa varios días en casa de su mejor amigo. No cesa su abuso con el alcohol. En una de sus borracheras le suelta un improperio a la mujer de su amigo. Éste deja de serlo. No importa. Vivirá solo.

                Séptima campanada. Aún tiene recientes algunas heridas de la paliza que recibió el mes pasado, por querer pasarse de listo con unos camellos. Casi dos semanas en el hospital y un buen número de puntos así lo atestiguan. La próxima vez serán huesos. Y no tendrán cura posible. Ha de pagar.

                Cierra los ojos con la octava. De todo lo que ha hecho de lo que más se avergüenza es de haber intentado forzar a aquella chica en Agosto. Por suerte estaba muy oscuro y no le reconoció nunca la cara. Paró a tiempo y huyó…

                Ya van nueve. Una nueva borrachera le lleva a tirar su orgullo en Mayo. Vuelve y ruega. Suplica. No hay comprensión. Sólo han empeorado las cosas.

                Con la décima piensa en su mes más íntimo que se produjo en Octubre. Sólo él y ella. En su piso. Ya la ama. La necesita. Abusa de ella. Pero ella es agradecida. Sólo le devuelve placer y tranquilidad. Sí. Definitivamente hace honor a su nombre, porque le ha salvado. Aunque ponerla en su cuerpo sea algo doloroso al principio…

                Llega la úndecima y aunque no quiere, se le pasa por la cabeza ese momento del mes de enero, donde todo empezó. El momento de llegar a casa y ver a su esposa con sus maletas preparadas. El amor de su vida. Le traía flores. Se desvivía por ella. Era tan hermosa. Tan perfecta. Al menos para él. Le hacía tan feliz… Pero que poca reprocidad había. En un solo día, sin amor, sin hogar, y sin expectativas. Lo único que se le ocurrió fue irse a un bar. Él nunca bebía.

                Con la última se acaban las campanadas. Se ilumina el cartel luminoso de color verdoso con el feliz año… La última campanada le lleva a este mes de Diciembre. Ha hecho una pequeña inversión con el poco dinero que le queda. Espera gracias a ella arreglar al fin las cosas. Aún hay un hilo de esperanza.  Sale de su ensimismamiento.

                Alza su mano hacia su cabeza. El tacto es frío y duro… Oye decir a los presentadores “Año nuevo, vida nueva”… -Que así sea… Es lo último que piensa…

               

                 

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