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14 min
Don Pío
Amor |
12.07.13
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Sinopsis

Los hombres somos capaces de amar intensamente, hasta la muerte y con locura , pasional e irracionalmente, las mujeres igual pero sabes que esa chispa se apagará en ella cuando se cansen, o pueden decepcionarse, poner límites, y apagar la pasión, pero el sol del deseo, es un poderoso y cruel estigma que todo hombre tiene. Pues no hay dios mas poderoso que el que se encuentra entre las piernas de una mujer.

Cuándo Don Pío Alegría, hombre ya de avanzada edad, accedió a acostarse con aquella muchachita, de la que prácticamente podría ser su abuelo, no tenía en mente darle más importancia que la del hecho de que su amigo Celedonio, le convenciera una y otra vez, insistentemente durante las últimas tres semanas, para olvidar la trágica muerte de su mujer,de un infarto mientras dormía.

Lo cierto es que para Pío, la vida cambió radicalmente cuando su esposa falleció. Con el paso de los años, se habían llegado a conocer tan bien, que tenían la habilidad de esquivarse en el momento justo antes de que uno de los dos iniciara una gran pelea por la cosa más tonta. A veces eran inevitables, pero durante sesenta años tuvieron una convivencia donde lo hacían todo juntos. La compra, la limpieza de la casa, la comida, se dormían el uno al lado del otro viendo la tele, y hasta con ochenta años aún follaban con ganas y pasión. Ella no podía resistirse cuando él aparecía con un traje de chaqueta abierto, un bastón de cáñamo brillante, una pajarita al cuello, y bien perfumado y aseado, como a le gustaba.

Parecían tortugas copulando, intentado pillar la postura, con pequeñas embestidas, pero nunca, nunca dejaron de hacerlo hasta que un día Evangelina, que así se llamaba su mujer, amaneció pálida y tiesa, con las piernas hacía arriba y curvadas. Daba la impresión de que dejó el mundo con un hueco entre sus piernas para llevarme con ella en un éxtasis eterno- decía Pío-

Hasta en la última noche siguieron follando como animales en celo, por culpa sobre todo de que Evangelina le veía tan ridículo con el traje, que le daba mucha pena por él, pero al mismo tiempo tenía un olor tan característico y tan rico, que la pena se mezclaba con las ganas, siendo la última la vencedora.

Para colmo el perro que tenían, siempre que hacían el amor se asustaba, porque escuchaba los golpeteos lentos,e inexorables, y parecía darle la impresión de que uno de los dos estaba atacando al otro, pero nunca lo tenía muy claro. Así que se ponía a aullar como un lobo a la luna. Era tan escandaloso que la sirena del camión de los bomberos, a su lado, se quedaba corta.

La mujer de Celedonio, que vivía en una casa cercana se despertaba siempre encabronada, se despejaba los ojos y mirando el reloj, despertaba de malas formas a su marido diciéndole: -¡míralos, ya esta otra vez ese dichoso perro, siempre a las dos de la mañana!, ¡O un día hablas tú con tu amigo o lo hago yo!-

Y a continuación se volvía a tapar entre las mantas farfullando una especie de alfabeto.

El día que Celédonio tuvo las agallas de ir a decirle algo a su vecino, ya era tarde, pensaba en la mujer de Pío que murió quedándose totalmente rígida, casi parecía un cangrejo por la postura. El doctor dijo que no había visto una cosa así en mucho tiempo y después de que el juez ordenara el levantamiento del cadáver, como pudieron la agarraron y se la llevaron. Se la llevaron, bajo una manta llena de pliegues y montículos, como si dentro hubiera un cánido boca arriba.

En ese momento, el husky de la pareja que hasta entonces no había hecho nada, empezó a aullar desesperadamente, esta vez como una sirena intermitente dándole a pensar a Don Pío en ese momento, que siempre la había querido un poco mas a ella, lo cual le puso algo celoso y no entendía por qué justo en ese momento.

Tras unos meses de soledad, donde cada tarea se le hacía un mundo, a Don Pío, sin saber muy bien por qué, después de unas semanas le dio la manía de salir al balcón al anochecer y mirando las estrellas, se ponía a cantar canciones a todo volumen sobre la patria, antiguas guerras, y el comienzo de los nuevos amores. Cosa que enloquecía a todos los vecinos, pero para mas inri su tono de voz era tan grave, que su perro no podía con el hecho de estar quieto en su rincón y salia al lado del anciano a acompañarle en la canción. Sus aullidos esta vez eran peores para el vecindario, ya que se entrecortaban todo el rato, parecía querer hacerle los coros a su amo, con pequeños y agudos tonos que acababan con un aullido que se prolongaba en el tiempo casi llegando a otras partes de la vecindad.

En una ocasión, un vecino llamó a la policía, y cuando le preguntaron a Don Pío que a cuento de que venían estas operetas, él tan solo decía, -es que tengo roto el corazón-.

En ese momento uno de los agentes se le acercó y mirándole con cara de pena le dijo, -esta bien, siga, pero hágalo bajito y en su casa o será a nosotros a quien nos rompan algo- . El otro, un agente mas joven, le dio la mano y le dijo, -el amor es el néctar de la vida, es lo que nos mantiene vivos, usted fue muy afortunado-. A continuación le abrazó fuertemente y le dijo, -cante hasta que ella le oiga-.

Y nunca más la policía volvió a molestar a Don Pío.

Pero la mujer de Celedonio lejos de gustarle el ritual de amor operístico de su vecino, se levantaba mirando el reloj de la mesilla, farfullando y enfurecida de tal forma, que en un momento dado le dijo a su marido: - O hablas con él y haces que esto acabe, o a partir de hoy duermes en el sofá-cama. Primero el perro, y ahora esto ¡y el perro!, ¡lo que me faltaba!-

-Pero mujer, a mi edad en el sofá...

-¡Me da igual! tienes dos días Cele.

Celedonio se había levantado especialmente dolorido, esa mañana. Su espalda ya no estaba para muchos trotes y a diferencia de su enérgico vecino hacia un par de años que no se le levantaba a no ser que se tomase una buena dosis de viagra.Mucho ruido y pocas nueces, bueno al menos con su mujer.

Esa mañana en la ducha, repasó una y otra vez el discurso que salvaría, ya no su matrimonio, sino mas bien su espalda, y él, sobre todo necesitaba tener una espalda sana.

-Verás Pío... llegamos a una edad en la que la vida...

¡No! ¡No! ¡No y no! maldecía una y otra vez frente a la esponja con forma de pato.

Pío es diferente, las obviedades no van con él.

-Escucha, viejo, tú y yo prácticamente hemos crecido juntos...

Y se empapaba de agua y jabón mientras sus labios seguían en silencio el discurso que iba apareciendo poco a poco en su mente.

Salió poco convencido, la verdad, de lo que le iba a decir, repasándolo una y otra vez mientras se vestía.

Tan despistado estaba, que al sentarse en la cama, no se percató de la presencia de la mascota de la casa, un gato persa al que llamaban «Tico», y este al sentir la enorme presión de la nalga izquierda de Celedonio, aplastando su cuerpo, pegó un bufido, saco las uñas y le dejó un arañazo que le recorría la nalga desde la espalda hasta las piernas. -Diantres de gato...-

No parecía importarle mucho en ese momento, parecía estar mas pendiente de lo que le diría a su viejo amigo.

Quería sacarlo de la senda de la melancolía en la que aquel viejo había decidido vivir y volverle a enseñar lo que era la vida, la vida que les quedaba y de la que el propio Celedonio dudaba, porque con ochenta años uno debe llevar algo más que ilusiones en la maleta, o eso decía él.

AL fin se personó ante la puerta, llamó al timbre. Cómo tardaban en contestar llamó una vez más, y al fin la última.

Un murmullo salio de la lejanía- ¡ya va, ya va!, que prisas. Cuando llegues a los ochenta años...-

Abrió la puerta y Pío se encontró casi de bruces con Celedonio.

-¿Qué haces aquí viejo amigo?

-¿Puedo pasar?

-Ummm, mascullo Pío, si no queda mas remedio adelante.

- Los dos se sentaron y se sirvieron una copita de vino.

Y empezó hablando Celedonio.

-Mira... Pío, una perdida, tú y yo lo sabemos no es algo fácil, pero llega el momento en el que uno debe mirar hacía adelante y andar lo poco que nos quede.

Debes recomponer tu vida

-Verás viejo,-le contestó- cuando nací y mis padres me criaron, me dejaron bien claro que lo mas importante era tener una educación, que me diera la posibilidad de tener un buen trabajo. Y así lo hice, mi infancia y juventud las pasé hincando los codos.

¿Pero sabes que es lo mas curioso?

-No, dime.

-Que por aquel momento yo tenía un sueño, y era dejarlo todo para irme a cantar, lo sé, viejo amigo, una locura que nunca me atreví a confesar a mis padres, sobre todo conociendo lo austeros que eran en ese sentido. Pero algo me pasaba, y sentía que reprimir esa sensación, me mataba por dentro. Al final acabé ignorándola pensando que podía vivir sin algo que solo era un capricho.

Luego conocí a Evangelina y vinieron los niños, tres, para ser más exactos. Conseguí un trabajo de arquitecto que me robaba muchas horas de mi familia, pero se supone que es lo que todos me decían que debía ser la vida.

Estuve muy ocupado, y poco a poco los chicos se hicieron mayores y mi esposa y yo nos empezamos a conocer de nuevo. Hasta que me di cuenta, o nos dimos cuenta que el uno empezaba a disfrutar del otro con todo el amor del que era posible. Tanto la quise Cele... Que te voy a contar en ese aspecto.

Mi vida empezó a girar al lado de la suya, hacíamos miles de cosas, viajábamos, salíamos, compartíamos y hasta follábamos.

Pero había una cosa que nunca le dije, no se si por dejadez o por vergüenza, o por lo terrible de mi voz, y es que disfrutaba cantando delante de la gente...

-Como una ópera...

-Algo así. La noche que murió hicimos el amor, y yo estaba esperando el momento justo, no sé por qué pero esa noche llevaba dandole vueltas a la cosa.

Lamentablemente no pudo ser. Cuando murió, también murió con ella mi corazón y parte de mi mundo. Ella lo era todo para mí.

Así que decidí que estuviera donde estuviera, yo cantaría, bien alto, para que pueda compartir esto con ella y así no me sientiese tan solo... Para que se vaya tranquila conociendo todas mis facetas, o yo me quede tranquilo pensando que las conocía, aunque sea con un poco de retraso.

¡Ay amigo mío!, que terrible cosa es la soledad. Y tantas veces que la gente piensa que la soledad y la intimidad son lo mismo y ni se parecen. Antes pensaban que era un viejo solitario, pero la tenía a ella y disfrutábamos de una vida de puertas para adentro plena y que no le incumbía a nadie. Me sentía lleno, por pocas visitas que tuviéramos, estabamos ella y yo ¡suficiente!. Eso no era ninguna soledad viejo.

Ahora sí estoy muy solo, y la echo de menos.

La charla mas larga que tengo al día es con mi perro, cinco minutos para ser exactos. Luego miro el retrato de Evangelina y me pongo a llorar. Bebo un poco y la canto, la canto este donde este, para hacernos compañia...

-Pío... amigo... entiendo tu perdida, tu frustración, pero debes seguir con tu vida. ¿Y si te vuelves a enamorar?

-¿Yo?, ¿a mis ochenta años? No seamos ingenuos... somos muy mayorcitos ya...

-Mira Pío un clavo saca a otro clavo, y tu mujer debe estar ahora en alguna parte de tus recuerdos para cuando quieras disponer de ella, pero ya no es parte de tu vida.

¡Prueba otras mujeres!, llévalas a cenar a escuchar música... llega a casa y acuéstate con la satisfacción de un día aprovechado junto a otro corazón.

-Cele, no tengo tiempo para eso... Solo había un corazón para mí.

-¿Y eso no te gustaría, viejo amigo?

-¿Si me gustaría sentir de nuevo a una mujer? Claro que sí. Pero soy un viejo con pocas probabilidades viejo, y ella se lo llevó todo, ya no siento ni padezco por otras hembras.

Celedonio sacó un papelito de un club de alterne donde al parecer estaban las mejores señoritas con las que podías hacer el amor por esos lares y que no te iban a poner pegas tuvieras la edad que tuvieras. Pero cuando Pío lo vió exclamó:

-Pero bueno Celedonio, jamás pensé que tú eras de estos.

-Bueno...¡ni yo, ni yo!. Al principio yo tampoco, y mi mujer ni tan siquiera sospecha. Pero Pío, a veces tu propia mujer puede no ser suficiente, y esto ha salvado muchas veces mi matrimonio. Déjame que te cuente...

-¡Viejo!, para mi lo era, más que suficiente.

-Mira, si el problema es en parte sexual, saciaras tu necesidad de calor femenino y seguirás con tu vida, normal, sin excentricidades. Con recuerdos y nostalgias, sí, pero una vida sin tantas penas.

Ni te imaginas la de veces que los hombres confundimos el sexo con el amor. Y no te digo que no la quisieras, te digo que esto te ayudará a olvidarla poco a poco sin tanto cante estrafalario.

Pero si en realidad lo que te impide vivir es que cuando ella murió tú te fuiste con ella y estás esperando el momento, entonces quizás nada cambie para ti, y jamás te desharás de esa sensación de soledad. ¡No pierdes nada!

-Te entiendo Celedonio pero creo que no son formas.

-Mira, somos mas viejos, mas sinceros, y no nos andamos por las ramas, esto es lo que hay. Yo mismo después de tomarme una o dos viagras, iré contigo y disfrutaré al igual que tú, de los pecados de la carne si así debe ser.

-Tras varias horas hablando, del amor, la lujuria, el sexo, la injusticia y la melancolía, acabaron emborrachándose de tal forma que pasaron la noche cantando los tres, Pío, Celedonio y el perro, a la luz de las estrellas.

Durante tres semanas, Celedonio no se separó de Don Pío, hasta que este por fin le dijo, -tú ganas viejo testarudo. ¡Lo probaré si con eso me dejas en paz!, pero no creo que aliviar el cuerpo me quite el picor que siento en mi corazón.

-Cuando Don Pío se levantó completamente desnudo, a la muchachita que podría ser su nieta le hizo gracia un antiguo tatuaje de marinero que le colgaba del brazo de una forma muy peculiar. Deberían ser tibias firmes y rectas pero parecían hilos de plastilina.

Cuando estaba a punto de marcharse, la chica le dijo algo.

-Dime papí, ¿te gustó? ¿Has conseguido algo de lo que buscabas?

-Sí, dijo él sarcásticamente con una medio sonrisa en la boca.

¡Darle la razón a un viejo cabrón testarudo!

-Le dio un beso en la mejilla y se despidió de ella hasta la próxima semana

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  • Las historias sobre ancianos y pérdidas suelen ser tristes. Esta no lo es, es tierna y está bien dibujada, ademas con tintes humorísticos que te quedaron divertidos. Estoy con JM en que te ha quedado un poco surrealista el poli, pero bueno mejor así. Me ha gustado. Felicidades y saludos.
    Magnífico. Me gusto mucho Si gustas conocer mi obra puedes hacerlo en http://www.mitallerliterariocrepuscular.blogspot.com.ar/
    ¡Pero que bueno! Me han encantado el relato, hacía tiempo que no lo pasaba tan bien leyendo algo. Me gusta la forma de contarlo, la humanidad y bueno, c,est fini que luego el ego por las nubes,jeje Saludos
    Un relato tierno y simpático. Yo he tenido perros cantantes (los que tengo ahora no lo son), pero nunca, nunca, conocí policías como los de tu relato, tan surrealistas. Dos observaciones: 1) La fallecida unas veces se llama Evangelina y otras Linda. 2) Las normas de cortesía prefieren "mi esposa y yo" que "yo y mi esposa". Saludos.
    Magnífico relato Lore, derrochad sensibilidad de la primera a la última letra. Lo he disfrutado muchísimo. Felicidades. Saludos
    Muy buen relato. Los personajes - animales incluídos- están tan vivos que adivinas sus fisonomías. Buenos episodios humorísitcos - la postura de la mujer fallecida-.
    Sencillamente fenomenal Lore!!! Me ha encantado el relato de principio a fin. Bravo
  • Esto podría pasar perfectamente, ¿o no?

    ¿Somos producto de nuestras circunstancias?, ¿El esfuerzo garantiza seguridad?, o ¿es todo una cuestión de suerte? Quizás una mezcla de todo un poco.

    Los hombres somos capaces de amar intensamente, hasta la muerte y con locura , pasional e irracionalmente, las mujeres igual pero sabes que esa chispa se apagará en ella cuando se cansen, o pueden decepcionarse, poner límites, y apagar la pasión, pero el sol del deseo, es un poderoso y cruel estigma que todo hombre tiene. Pues no hay dios mas poderoso que el que se encuentra entre las piernas de una mujer.

    No es un término muy psiquiátrico, pero básicamente viene a decir lo mismo. Tener un problema serio es una similitud muy acertada con el título de este relato. Dedicado a los que lo puedan entender, sin duda, de ellos es, porque a veces la locura no es locura, es el amor que no tiene cura.

    No hay Sinopsis de lo que no debe haberla.

    Pequeñas cosas muy de continuo acaban desgastándonos... la vida con sus golpes y giros de tuerca a veces puede vencer a tu estado anímico, pero... así es la vida, con lo bueno y con la lucha del día a día. Hay qué intentar no perder nuestra identidad.

    Una poesía dedicada a todas esas mujeres (y a la figura de la mujer) que están a nuestro lado cuidándonos desinteresadamente, porque simplemente nos quieren. A todas esas madres, hijas, esposas, tias, abuelas y amigas, gracias, sobre todo por las veces en las que nos olvidamos de decirlo.

    Un texto en prosa poética dedicado a esos momentos de la vida en los que nos rompemos. No hablo de la muerte como tal, sino de los momentos que representa.

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