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10 min
Donatello, el gato escribano
Humor |
31.07.16
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Sinopsis


 

Todas las noches después del trabajo llego a casa cansado y encuentro a mi gato tumbado en el sofá, con sus pequeñas, finas y grises patitas tecleando como un poseso, con el rostro desencajado y los ojos rojos, muy abiertos. En ese estado febril puede pasarse horas sin comer ni beber, sin ni siquiera pestañear. Al principio me resultaba extraño, chocante como un cuadro de Goya y lo apartaba de un susto de la máquina de escribir. Me planteé la posibilidad de que podía tratarse de un problema de salud somatopsíquico causado por el pienso o que se yo, ¡Cuatro veces cambié de marca! Como en casa el agua del grifo contenía grandes cantidades de sedimentos eliminé el liquido calcificado de su dieta cambiándolo por "Solan de Cabras", agua embotellada de renombre mundial y de conocidas cualidades sanadoras. No hubo manera, el condenado seguía trasnochando entre delirios esquizoides. Comenzó a beber café y a fumar ¡A paquete y medio por noche! La ruina para mi bolsillo obrero. Finalmente le llevé al veterinario, preocupado. A simple vista dijo que no tenía nada, que estaba sanísimo. “Tal vez está un poco estresado señor ¿Ve? Se muerde las uñas". Le inspeccionó la boca, la tripa y las pelotas, y entonces Donatello se meo en su cara. El medicastro se echo las manos al rostro y el gato se abalanzó contra su pierna. Socarronamente el muy bribón comentó que esta era una reacción normal de los gatos jóvenes y me endiñó unas pastillas carisímas con extractos naturales para el "estrés". Con el paso de los días me fui dando cuenta de que su obsesión nocturna no tenía cura. Se muerde las uñas para poder escribir porque poseé un mundo interior riquísimo que necesita ser materializado. No me quedó más remedio que sucumbir ante sus plegarias porque se ponía muy agresivo sí le quitaba la dichosa máquina. No sólo le deje escribir, sino que le di ánimos. "Hola Donatello, buenas noches, ¿Qué? ¿Escribiendo? ¡Muy bien! Buen chico”...

Han pasado algunos meses desde que escribió sus primeros relatos y tratados filosóficos "El chocolate es el camino de la ceguera", "Correr para no morir" " y "La verdad sobre el Whiskas", y desde entonces las páginas manchadas por ríos de tinta se amontonan en casa a una velocidad alarmante. Ya no sé donde guardar sus escritos. Agotados todos los armarios, cajones y rincones, no puedo caminar tranquilamente por casa, me he convertido en un acróbata circense y los viajes a la cocina casi parecen yincanas. Por falta de espacio utilizo los textos que menos le gustan para que haga pipí sobre ellos, cosa que no parece importarle, no le tiene ningún apego a lo que escribe. También los utilizo como juguetes, hago pelotitas y se las lanzo, me las trae y se las vuelvo a lanzar, él lo llama cariñosamente en unos de sus textos "El juego del péndulo".

Un buen día me aventuré a mandar uno de sus manuscritos a varias editoriales bajo el seudónimo de "José Gonzales". La obra que escogí fue "Fragmentos Seleccionados", un conglomerado de escritos, un poco de aquí y un poco de allí, que sintetizan el pensamiento filosófico y la genuina capacidad narrativa de Donatello. Según el es una obra novedosa y revolucionaria, atractiva tanto para doctos como profanos. A las dos o tres semanas el buzón de entrada de mi e-mail rebosaba y conseguí la publicación de dos de sus novelas sin apenas esforzarme, apropiándome de su talento al igual que el había hecho con mis horas de descanso, la casa y mi vida, cuando Lola, mi ex mujer, me lo regaló como obsequio de despedida.

"La bola de pelo que nunca pude vomitar" y "El ventilador es mi amigo, no mi enemigo" son dos obras maestras calificadas por la crítica como dos de las mejores novelas escritas durante el siglo XXI y se han convertido rápidamente en Best-Sellers. Con ellas Donatello ha entrado en el Olimpo de " Los Mejores Escritores Vivos Contemporáneos". Me resulta divertido porque es un gato, el mejor gato-escritor de la historia y posiblemente el único.

A menudo me comparan con Sartre y Becket, y yo ni siquiera se quienes son, pero Donatello mueve la cola y maulla cuando le recito después del trabajo las críticas que reciben sus obras, aunque odie las comparaciones. No sé cuanto durará esta situación idílica entre nosotros. De momento no me reprocha que publique sus obras a mi nombre, "el arte por el arte" dice, o "déjame el trance a mí, tú quédate el resto".

El grupo editorial del que soy esclavo por mi falta de conocimiento para los negocios ha insistido innumerables veces en conocerme en persona, pero yo, que desde la infancia me he hecho pasar por mudo debido a mi incapacidad e intolerancia para relacionarme con los demás les he dado largas, también por miedo a que me descubran, y es que tengo un problema, en cuanto abro la boca confirmo mi tontuna. Todo este oscurantismo no hace más que aumentar la ansiedad de los fans, que desean fervorosamente conocer mejor a Donatello.

Hace unos días lamentablemente mi identidad se hizo pública, y es que mi nombre real es Jose González. Debí esmerarme más con el seudónimo. Un cartero de incógnito vino a casa. Yo me hice el mudo, como siempre, y entonces dijo ¡Eres tú! Seguido por un ¡Soy no sé quien de la editorial! Me desmaye en el acto. Tuvieron que llamar a una ambulancia. Hoy soy conocido en todo el mundo. Los paparazzis se aglutinan en mi jardín. Un periodista se ha documentado a fondo sobre mi aburrida y patética vida. Tengo biógrafo oficial y estoy fichado en Wikipedia. Mi foto aparece en Internet si ponéis mi nombre,me  resulta incómodo admitirlo pero acostumbro a Googlearme. La gente me para por la calle cada cinco minutos. Quieren autógrafos y fotografías, resulta agobiante, sobre todo porque no puedo cagarme en sus muertos, todos creen que soy mudo.

He dejado el trabajo porque los de la editorial dicen que un genio como yo no puede dedicar su vida a un trabajo embrutecedor y escribir a tiempo parcial. Todavía no me han descubierto, puede que tengan razón y sea un genio, y por eso me las he ingeniado para contratar a un representante que hable por mí. Me acompaña a todas las reuniones y al supermercado, cualquier cosa en la que sea requerida la interacción humana.

Donatello sigue a lo suyo, escribiendo en el más absoluto y feliz anonimato. No tiene techo y me pregunto si algún día se quedará vacío. Su vida apenas ha cambiado, bueno, últimamente bebe demasiado whisky, a palo seco, como los tipos duros de las películas, y alterna la escritura con noches locas en la calle de las mininas.

He publicado mi quinta novela, "Atrapado", y un libro de poesía llamado "Homúnculo". Soy una celebrity y creo que estoy acostumbrándome a ello, aunque apenas salgo de casa. Vendo libros como churros un domingo a las 8 de la mañana y he amasado una fortuna regalándole al mundo mi más absoluta indiferencia, y aún así, me aman, aman a mi gato.

Recientemente Donatello y yo nos hemos mudado al barrio más caro de Madrid. Despilfarro el dinero en un montón de extravagancias que él desprecia. Ayer, por ejemplo, compré un teatro para regalárselo creyendo que le iba a hacer mucha ilusión porque ahora mismo está sumergido en la creación de una sátira teatral: "La purpurina de Yavé". Dice que revolucionará la imagen que se tiene sobre este Dios. Es curioso que se ponga a escribir comedias porque últimamente está muy deprimido, bebe demasiado, se enfada a menudo, y lo paga conmigo. Espero que mi gesto alivie un poco su amargura existencial.

Donatello se emborrachó a solas en el teatro y lo quemó. La policía vino a casa para hacerme un montón de preguntas. Soy el principal sospechoso. Dicen que fue un incendio provocado. Suerte que no ha habido heridos, solamente daños materiales. Tendré que pagar una multa astronómica para no pasar por la cárcel.

La semana que viene tengo cita en "El hormiguero". La maldita editorial dice que es imprescindible para la venta de mi próximo libro. Que si allí acuden todos los personajes de renombre, que sí la florinata, que sí lo otro, además no me puedo negar porque tengo un contrato firmado. ¡Pero sí es mudo! les espetó en la cara mi representante muy cabreado, a lo que respondieron: ¡Qué importa! Le pondremos un traductor con voz elegante y cercana.

Tengo miedo. Necesito ampliar mi vocabulario en el lenguaje de signos. Necesito palabras que nadie utilice para que no me entienda ni Dios padre y así salvaguardar mi papel de incomprendido, de lo contrario, estoy perdido, me descubrirán, descubrirán que soy un imbécil.

Hoy es el gran día. La primera vez que me entrevistan. Van a verme en directo millones de personas. No sé sí puedo hacerlo. He releído todas las obras de Donatello pero no entiendo nada. No comprendo como puede vender tanto. Los críticos dicen que sus libros son leídos por doctos y profanos, que tienen la capacidad de gustar a ambos, Donatello estaba en lo cierto sobre eso y sobre que a lo mejor soy mas tonto que los profanos.

Me falta el aire, me va a dar un ataque. ¿Donde está mi inhalador? No puedo soportar más esta gran mentira. Estoy pensando en suicidarme. Donatello ha dejado de escribir y me mira dulcemente con su cara peluda y mullida. Voy a legarte todo mi patrimonio. No quiero que te falte de nada. Ven, bonito, ven, rrrrhhhhhgggg rrrhhhhhhgggg.

No fui al hormiguero. Sufrí un ataque de asma y casi me voy al otro barrio. Me mordí la lengua y caí al suelo de bruces, quedando esta seccionada. El ruido de mi caída y mis gritos alertaron a los vecinos de abajo que enseguida llamaron a urgencias. Ahora no puedo hablar bien, en fin, que importa. Voy a comprarme una isla virgen en el Pacífico y nos retiraremos los dos a vivir allí, aun estoy a tiempo, antes de que la fama y la mentira me consuman. He pensado que a lo mejor Donatello no está agusto en la ciudad y que por eso escribe, por si acaso me equivoco, en la isla tendrá mucho espacio para guardar sus escritos, sÍ por el contrario estoy en lo cierto estas serán sus últimas líneas.

 

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