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4 min
Dónde van a morir los pájaros
Reales |
11.04.17
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Sinopsis

Los animales tienen una vida secreta para nosotros. Decidí poner por escrito mis aventuras de jardín, no sea que las olvide.

Los pájaros son como peces, surcan el cielo a toda velocidad para luego zambullirse en el jardín. Parece que nadaran, sobretodo los zorzales. Un aleteo y pausa, un aleteo y pausa, hasta que aterrizan sobre el pasto. Y se creen los dueños del lugar, pues como capitanes de puerto, con sus gritos corretean a unos y desafían a otros. Aún así, los pequeños chercanes se las arreglan para evadirlos, instalándose todos los años en la casita entre las hojas del magnolio. La llenan de ramitas que se asoman por el agujero de entrada, tan finas como sus propias patas. Se paran en un gancho del árbol, y miran para todos lados. Luego vuelan hasta la punta del techo, se detienen ahí, miran hacia la izquierda, hacia la derecha y girando en el aire, se meten para adentro. Otros se visten de monjas, son grises con un velo blanco, y hasta Octubre estuvieron dando picotazos en la ventana, cortejando a su propia imagen. Diría que les dio buenos resultados, pues hicieron sus nidos en la buganvilia.  Ayer me acerqué a ella, sigilosa, a penas pisando el pasto para no meter ruido. Me agaché por debajo de sus floridos ganchos rojos, hasta entrar al túnel de ramas y espinas, buscando con la mirada de dónde venía ese, a ratos incesante, piar agudo. Que sorpresa fue ver que un polluelo estaba erguido en el borde del nido, derechito, casi marcial, mirando hacia adelante sin moverse. Deseé tocarlo, aunque pareciera imposible. Pero sólo permanecí atenta, aguantando la respiración a ver qué pasaba. Que difícil no moverse, apenas estar ahí, casi levitando, tratando de no pensar siquiera, por si un pensamiento ruidoso lo pudiera asustar. Es que los pensamientos se cruzan por la mente como aviones fuera de control, como ideas que se estrellan en la frente explotando en mil colores. O tal vez son imágenes que viven ahí dentro, esperando a que haya espacio para aparecer como fantasmas, y suenan, retumban y yo lo que menos quería era espantarlo. Como pude, me agaché más aún, y me atreví a acercar mi mano al nido, poco a poco. Estiré el dedo índice y, muy lentamente, llegué al borde. El polluelo no se movía, no pestañeaba. O estaría durmiendo, como los peces, con los ojos abiertos? Finalmente, lo toqué. Acaricié su pecho de arriba a abajo, sintiendo sus frágiles huesos y la suavidad de sus plumas. El seguía en posición firme, cual guardia del Palacio de Buckingham, mirando al frente, sin prestar la más mínima atención a esta turista de jardín. Sentí el calor de su cuerpo y rogué que mi osadía no le dejara algún trauma, nunca se sabe. Creo que el corazón se me iba a salir del pecho cuando me alejé en silencio, preguntándome dónde van a morir los pájaros, dónde terminan sus cuerpos a la hora de partir.  
Así pasaron los días, hasta que una mañana di con la respuesta, pues un zorzal joven yacía muerto al pie de la escalera en el jardín. Los ojos siempre abiertos, las alas un poco lacias, las plumas de la cabeza medio revueltas como si hubiera habido una batalla. Los zorzales son grandes, incluso cuando polluelos, de modo que no se si este volaba siquiera. Tal vez murió de un susto al caer de su nido. No había sangre, no habían testigos. O quizás el hambre lo hizo saltar al vacío, resultando en un salto de fe que salió mal. A lo mejor era un zorzal inexperto explorando el mundo a pié, con el deseo de acabar con la soledad de un nido que dejó de ser visitado por los padres. Como sea, ahora se dónde van a morir los pájaros: terminan en el suelo, como el sentimiento.
© Myriam O

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  • Este relato demuestra que lo que hace interesante un relato es cómo lo contamos. Hay una breve escena que me pareció maravillosa en la película de Roberto Benigni "el Tigre y la nieve" en la que un niño cuenta algo maravilloso, un hecho insólito que le sucede con un pajarillo, pero su madre no le echa cuenta. Al final explican que la historia pudo ser maravillosa si hubiera sido capaz de transmitirla tal y como el la sintió....un abrazo
    Cada pájaro tiene su propia muerte, una muerte pajarítica.
    Ameno relato que me trajo nostalgias de zorzales, y chercanes.
    Lo que escribiste es hermoso Myriam, pocas veces he visto narrar con tanta ternura, contar sobre los pájaros, sobre lo cotidiano que pasa a nuestro lado y no lo miramos, con la tristeza detrás de las palabras.
    Todo lo que sube tiene que caer. No pense que fuera el suelo el lugar a donde van a morir los pajaros, pense que seria un lugar secreto, o magico o algo, pero si; es la triste realidad. Muy Bueno tu texto!! Bien narrado y me gustan todos los sentimientos de asombro y tristeza que manejas. Bien bien manejados! Talvez en tu archivo Word separaste bien los parrafos pero al pasarlo aqui se amontono todo. Yo lo que hago es escribir con DOBLE espacio en word porque al pasarlo aqui se amontona.
  • breve historia

    A buen entendedor, pocas palabras

    Sólo lo esencial

    Qué sucedió con la mujer del taxi? No sabemos aún. Pero sí podemos saber qué le sucedió al conductor mientras la llevaba. Fantasía, amor o realidad? Juzgue usted. Esta es la segunda o primera parte de "A primera voz".

    No estaba segura si catalogarlo de relato fantástico, o de amor. Para algunos, incluso podría caer en ciencia ficción. Qué opinas tú?

    La amante propone

    Como el océano, como estrella de mar

    Creo que el agua y el amor se parecen mucho

    Sentir in extenso que da paso a un brevísimo relato de amor y pasión.

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Soy artista. Además, me gusta escribir.

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