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6 min
5. Dos muertes
Fantasía |
29.01.14
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Sinopsis

Sigue la serie de relatos ambientados en el continente de Falrak. Dos muertes que aparentemente no tienen nada que ver entre si. Que esconden realmente?

Los pescadores faenaban frente a las costas de Menderia, en la bahía de Gorai, donde desembocaba el río del mismo nombre. La mañana era soleada y la leve brisa que corría acariciaba a los atareados hombres en sus pequeñas embarcaciones. Cada día justo al despuntar el sol, una nutrida flota descendía por el Gorai desde Lehako, se desplegaba a lo largo de la extensa bahía y al acabar la jornada, con las bodegas rebosantes de pescado fresco, regresaban a la capital de Menderia río arriba. La mejor zona solía ser justo en la desembocadura del río.

Zats y Lain llevaban toda la mañana allí, el día estaba resultando flojo y los bostezos comenzaron a ser contagiosos. El mecer de las olas sobre la embarcación acunaba a los pescadores que poco a poco, en una lucha contra el sueño, iban cerrando los ojos.  Un fuerte golpe en el casco de la barca arrancó súbitamente a los muchachos del sopor en el que se estaban sumiendo, haciendo que dieran un brinco de sorpresa.

-¿Qué ha sido eso? – preguntó Zats.

-¿Y como lo voy a saber? – Contestó Lain.

-Asómate, vamos.

-No, asómate tú.

-Nos asomaremos los dos

-De acuerdo – concedió Lain. Y poco a poco, los dos jóvenes se fueron asomando por el lado de la borda por el que habían notado el golpe. Algo oscuro y extraño flotaba semi-sumergido.

-¿Qué es esa cosa? – preguntó de nuevo Zats. Lain lo miró con irritación.

-Haces preguntas estupidas. ¿Tengo cara de saberlo? Si lo supiera todo, estaría enseñando en la Universidad de Lehako y no aquí pescando algas contigo. Haz algo y ayúdame. – dicho esto le dio a Zats un arpón de mango largo con la punta curva. Lain cogió otro para él.

-Engánchalo y a la de tres lo subimos – Zats hizo caso de su compañero. – Bien, ¿Lo tienes? Vamos. Uno, dos y tres. – Con un tremendo esfuerzo los muchachos subieron aquel extraño y oscuro bulto a bordo, emitiendo un asqueroso chapoteo al caer pesadamente a cubierta.

-¡Que los Dioses nos amparen! – Exclamó Lain. Zats simplemente vomitó por la borda. Ante si tenían el cadáver putrefacto y abotargado de un hombre. Estaba hinchado y liloso, su piel correosa rezumaba el agua que había reventado todos los tejidos cutáneos. La ropa estaba desteñida en parte y el sol se le había comido el color. No se podría decir con exactitud el color del atuendo, era un tono entre azul y verde oscuro, lo que estaba claro es que aquella ropa pertenecía a alguien del mundo del espectáculo: pantalones y suéter ceñidos, con calzones y hombreras abombados. El olor que emanaba penetraba en las fosas nasales de los muchachos removiendo lo mas profundo de su estomago, pareciendo en vez de un hombre, una ballena muerta hacia días. Debido a la descomposición en la que se encontraba no se podía apreciar su edad, lo único reconocible era una media melena negra lánguida y aguosa, pero lo mas impactante no era la putrefacción trabajando a marchas forzadas sobre aquel ya pedazo de carne inerte, sino que alrededor del cuello tenia atados los hilos de dos marionetas que colgaban y un gran tajo en el vientre que lo atravesaba de un lado a otro. Tras contemplar tan horrenda visión, Lain se unió a Zats, y también vomitó por la borda.

 

●●●

 

El cazador llevaba dos días siguiendo el rastro de  su presa. Tras eludir sus trampas, lo había avistado a tiro y medio de flecha y dio comienzo la persecución a lo largo de todo el monte Arrego. Después de carreras, caídas, saltos y magulladuras, simplemente se había esfumado. Por que si, como por arte de magia. Magia, ese era el problema.

El día finalizaba y la temperatura empezaba a descender con cierta celeridad para su gusto. No estaba cerca de la cumbre, pero tampoco a poca altura que dijéramos. Los últimos rallos de sol se desparramaban por encima de las copas de los árboles haciéndolos parecer un mar de ascuas candentes. Suspiró. Aunque había tenido un mal día, una puesta de sol siempre animaba el espíritu. Espíritus, mal asunto. No era supersticioso, pero las leyendas por aquellos lares eran numerosas, sobretodo acerca del monte donde se encontraba. Estupidos campesinos y cabreros. Se puso en marcha de nuevo. Tomó un camino de pastores que venia siguiendo hacia rato, mas adelante había visto una pared de piedra vertical que le daría cobijo durante la noche. Un escalofrío le recorrió el espinazo solo con pensar en la noche. Otra estupida leyenda, El Hueco, la noche personificada, una ráfaga fría en la negrura que susurraba tu nombre y te hacia desaparecer en el olvido de la oscuridad. Definitivamente aquella gente no podía hablar en serio, debían estar en sus casas riéndose a base de bien sobre aquel cazador al que le habían metido el miedo en el cuerpo y se había pasado toda la noche temblando en el monte. Hoy no.

Ya casi había llegado a la base de la pared, solo le faltaba cruzar unos matorrales de cierto espesor, cuando escuchó el balido de una oveja. Se paró un momento y asomó la cabeza. Entorno a la base de la pared de piedra, que más bien era el fondo de un barranco,  se formaba un claro en la espesura, algunas piedras se habían desprendido por la erosión del agua y el viento y formaban una pila contra la misma. Al lado del montón de piedras, yacía el cuerpo de un niño, de unos ocho años, inerte. De una mano le salía un cordel que tenía atado a un corderito, que tironeaba y balaba. Un segundo escalofrío le recorrió la espalda. Que Ubotán le amparara.  

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  • Es bueno, pero no conozco los otros cuentos conectados, pero creo que vale la pena seguir el hilo, voya buscar a los demás.
    Gracias Ender, aprecio mucho el detalle. Si te animas ya me contarás que tal te parece. Saludos ;)
    No he leido el resto de la serie, pero parece interesante. A ver si saco tiempo paera leer el resto anterior.
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