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24 min
duelo 10 semifinal 1/3
Varios |
31.03.17
  • 4
  • 11
  • 2554
Sinopsis

Empieza la semifinal. Vota por el que más te guste. Todos pueden votar, entre más votos mejor. Anímate, tú eres el dios que decide el futuro de estos tres mortales.

relato A “Ni una sola palabra”

Estrelló el tubo contra la base del teléfono, en el mismo momento en que la ira estallaba en su rostro como si le hubieran cruzado la cara de un cachetazo.
“Acaba de ingresar acompañado al alojamiento de la calle…”, dice el lacónico mensaje del investigador a quien había pagado una abultada suma con la secreta esperanza de no tener que escuchar nunca ni una sola de las palabras que acababa de escuchar.
La sospecha, ahora confirmada, la tiene a maltraer desde hace algunos meses y siente que, poco a poco, la rabia crece más rápido que el dolor.
Haciendo equilibrio sobre una banqueta frente al placard del cuarto de vestir, manotea,  casi desesperada, en el estante superior hasta tomar el revólver Smith & Wesson calibre 38 que alguna vez compraron por si acaso. Temblando se apunta a los ojos pero no dispara, es sólo para estar segura que en el tambor estén las seis balas.
Arranca de la percha el tapado de paño negro y se lo tira encima sin importarle la ropa de entrecasa que tiene debajo. Del estante inferior toma el primer par de zapatos que encuentra y se los pone. Son los de salir, los de taco aguja, bien altos.
Con el arma pesándole en el bolsillo derecho, se larga del departamento hecha un furia sin importarle dejar la hornalla encendida, el lavarropas centrifugando, la puerta abierta, ni el micro del colegio que ya está casi por llegar con los chicos.
¡Qué dolor! Con el estómago hecho un fuego baja enloquecida las escaleras –ni siquiera intenta esperar el ascensor- y sale a la calle justo cuando las lágrimas comienzan a nublarle la vista.
Cuatro cuadras hay desde el departamento hasta la dirección que la voz impertinente le escupió desde el teléfono. Sólo cuatro cuadras es la distancia que, para el desgraciado de su esposo, hay entre la felicidad y la traición.
Los delgados tobillos apenas resisten el peso de su angustia y se bambolean a punto de quebrarse con cada paso que los tacos repican sobre las veredas rotas. Desencajada, pasa junto al kiosco de diarios para cruzar la calle sin mirar e internarse en la segunda cuadra de su calvario. ¿Cómo le va a importar mirar? Si su pasado acaba de venírsele encima para empujarla en un solo instante contra su incierto futuro.
Otra calle, una frenada, un insulto que contesta con una grosería jamás antes pronunciada. Porque en cada hombre que se le cruza cree ver la cara de su esposo reflejada en la del conductor, en la de todos los hombres del mundo que sorprendidos se van apartando de ella.
Falta una cuadra, desfallece y para no caer se sujeta con fuerza a la empuñadura del revolver.
“¿A quién mato primero? ¿A él? ¿Acaso no recuerda que por él sacrifiqué mi propia carrera universitaria para que pudiera recibirse antes y establecerse como médico? ¿Acaso no sabe lo que sufro de noche sola en casa cuidando sus hijos mientras hace doble turno en la empresa de emergencias médicas?”
“¿La mato primero a ella? Esa desconocida gozadora impune de mi esfuerzo y sacrificio?”
Ya casi está llegando y la última calle se cruza en su camino vacía de automóviles.
Con la mano izquierda se corre el cabello pegado a la cara por el sudor y las lágrimas. La derecha, escondida en el bolsillo sujeta el revólver mientras nota, irónica y divertida que todavía tienen el coraje para razonar quien será la primera víctima de su venganza. Ya casi llega a la puerta del alojamiento y su corazón está a punto de estallar.
“¿Lo mato a él primero? Para que la desgraciada tenga tiempo de horrorizarse frente a su propio e irreversible final. No, mejor primero la mato a ella”.
Ya decidió. Primero le tocará su amante, así el inmundo agoniza dos veces viéndola morir y después mientras por favor le pide que lo perdone…, que era la primera vez…, que nunca más…
Ingresa al hotel pero no quiere ni puede escuchar a un sorprendido conserje que sin embargo, y por experiencia, se larga escaleras arriba, detrás de ella, presintiendo un final conocido.
Ella no sabe cual de los puños aprieta con más fuerza. Si el derecho con la Smith & Wesson o el izquierdo que ya está crispado sobre el picaporte de la habitación doscientos cinco.
Inexplicablemente la puerta está sin llave como si la fortuna, si a eso se le pudiera llamar fortuna, hubiera decidido burlarse de ella con un último golpe de suerte.
Decidida a todo, penetra en la habitación mientras su mano derecha sale tiesa del bolsillo de su tapado para extenderse a la altura de los ojos que, de repente, están secos y observando con atención.
La escena se congela como cuando se cortaba la película en los viejos cines de barrio. El revólver apunta hacia la derecha de la habitación mientras que, hacia la izquierda sus ojos desorbitados se cruzan con los de su marido a quien al instante reconoce espantado, vestido con lencería femenina y un grotesco maquillaje corrido sobre el rostro.
Parado junto a la cama un cincuentón desnudo, alto y delgado, de cabello casi blanco y una cicatriz en el lado derecho del mentón, mantiene la calma sin pena ni culpa, como aguardando los acontecimientos.
Mientras el asco le sube hasta la garganta y la rabia, la vergüenza y la sorpresa terminan por invadirla, dobla despacio brazo hasta apoyar el caño del revolver sobre su propio pecho.
*****
El estampido la despierta haciéndola sentar de un salto sobre la cama, con el rostro convulsionado, empapada en sudor y con el pulso totalmente acelerado.
-¿Qué pasa? Se sobresalta su esposo mientras ella se abalanza dentro del baño.
-Nada, seguí durmiendo, tuve una pesadilla. Le dice en una mezcla de reproche, susto, rabia y miedo, mientras temblando abre la ducha. No le dice una sola palabra sobre su sueño horrible.
Ahora mira hacia arriba, hacia la lluvia fría que golpea su cara y desciende por su cuerpo cuando una puntada feroz baja también desde el cuello hasta el centro de su pecho, en el mismo lugar por donde, en el sueño, había entrado la bala.

*****

La baliza de la ambulancia gira en el silencio de la madrugada, mientras algún vecino trasnochado espía la escena detrás de una persiana. En un departamento del tercer piso, un médico cincuentón, alto y delgado, de cabello casi blanco y una cicatriz en el lado derecho del mentón mantiene la calma tratando de dar contención a su colega. Un cuerpo inerte yace espontáneamente envuelto por la cortina del baño arrancada en su caída. Un desastre de frascos, trozos de espejo rotos, peines y cepillos está desparramado por el piso.
-Infarto agudo. Masivo. Clarísimo por el color del rostro y la expresión. Imposible hacer nada aunque hubiera estado presente en el momento que ocurrió. Hiciste bien en llamarme; el certificado de defunción lo firmo yo. Ya conoces como es esto: cuando una mujer joven y sana muere repentinamente, el marido es el primer sospechoso. Decime una cosa ¿Ya le habías hablado de nosotros?
-Te juro que no le dije una sola palabra.


relato B “El espejo”

Enciendo el vídeo en Youtube.
En pantalla aparece una chica rubia de unos diecinueve años. Tiene un maquillaje exagerado y ata su bella melena dorada en dos colitas al estilo de la popular Harley Queen. Una camiseta con el logo de una banda de rock desconocida presiona su figura de atributos generosos. La chica sonríe y comienza a hablar:

El juego del espejo es sencillo de explicar. Lo único que debes de hacer es sentarte frente al cristal y ver tu reflejo todo el tiempo que puedas hacerlo. Dicho así no parece algo demasiado complicado. Nada de matar gallinas negras y salpicar con su sangre un calabozo oscuro, nada de sacrificar una virgen o invocar entidades de otros universos mediante rituales prohibidos... ¡Sólo te sientas y miras!
Sí, lo sé, no suena como algo demasiado emocionante. Sin embargo, mis compañeras de clase han dicho que el juego es perturbador en cierto punto y que es algo que sólo los valientes se atreven a realizar.
Esta noche he decidido poner a prueba la veracidad del famoso juego del espejo. No te cambies de vídeo y acompáñame. ¡Recuerda que estoy transmitiendo en vivo y que nada de esto está editado!

La chica se levanta. Por un momento puede verse en la pantalla el cuarto típico de una adolescente. La cama está hecha pero los zapatos están tirados en el suelo en evidente desorden, se distinguen sostenes y otras íntimas prendas colgando de los muebles y un afiche de un pésimo cantante pop adorna una de las paredes.
Las luces se apagan. La chica regresa y se sienta frente a la cámara. Continúa hablando:

Para hacer el juego del espejo se necesita un espejo “cargado”. Sí, lo sé, te estás preguntando qué carajo es un espejo cargado.
Investigando por ahí, algunos tipos de esos que les gusta el ocultismo me dijeron que a un espejo se le llama “cargado” cuando ha reflejado a muchísima gente, por ejemplo espejos en un gimnasio o en un hotel. Al haber reflejado a tantas personas el espejo adquiere algún tipo de facilidad para proyectar cosas sobrenaturales.
Por eso el lindo espejo de mi cuarto no me servirá de mucho, lo bueno es que he conseguido un nuevo espejo...

La chica muestra un espejo de un metro de alto por medio de ancho. Tiene un marco de metal plateado sin detalles y no parece ser especial en ningún sentido. Ella continúa hablando:

Este espejo es el que estaba en el baño de cierta cafetería. ¿Cómo lo sustraje? ¡Es mejor que esa parte me la quede para mí misma! Ese es el tipo de detalles que puede meterme en problemas.
Bueno, volviendo a nuestro juego: no sé si este espejo esté lo suficientemente “cargado”, aunque supongo que eso es algo que vamos a averiguar pronto. ¡Espero que mi linda audiencia no se vaya a marchar en este punto! Vamos a quedarnos en silencio observando el espejo.
Desde este ángulo, ustedes podrán verme a mí y a mi reflejo, además dejaré los micrófonos abiertos a toda su capacidad. Espero que si algo pasa lo podamos captar... ¿Listos? Comencemos.

La chica apoya el espejo en una pared cercana. Luego se levanta para acomodar la cámara y por un momento, en pantalla, sólo se observa el logo de la camiseta de la joven. Una vez encontrado el ángulo correcto, se puede observar el reflejo de la chica y el perfil de ésta. El fondo está totalmente oscuro. La única luz parece ser la que proyecta la computadora.
La joven empieza a hablar en susurros:

No olviden que estamos transmitiendo en vivo, audiencia, así que no se desesperen si las cosas andan un poco lentas. Recuerden que esto no se puede editar.
Ahora me sentaré frente al espejo por un rato y ya veremos qué es lo que sucede. Son las diez con cuarenta minutos de la noche, no se vayan...

10: 43 pm: Lo siento, sé que esto se ha puesto aburrido... La verdad es que no pasa nada. Me siento un poco idiota por estar viendo esto y me imagino que ustedes también. ¿Hay algo más aburrido que ver cómo se seca la pintura? Imagino que sí y eso debe de ser el ver a otro tonto mirando cómo se seca la pintura.

10:47 pm: (Suspiro). Lo lamento mucho. Sé que deben de estar desesperados... Si no pasa nada de acá a las once lo dejamos, ¿vale?

10: 51 pm: Esto sí que me enfada. Estoy perdiendo mi tiempo y perdiendo el tiempo de ustedes, mi querida audiencia, sin embargo no es mi culpa. Espero que puedan comprenderme y que esto no me termine convirtiendo en un hazmerreir en las redes sociales.

10:52 pm: ¡Diablos! ¿Vieron eso?... ¿Lo vi sólo yo o también lo vieron ustedes? Por un momento mi cara, en el espejo, me sonrió... Es decir, ella sonrió, yo no. ¡Es extraño! Me dio un poco de miedo... Por favor, escriban en las redes sociales si pudieron verlo.

10:54 pm: No sé si deba seguir con esto. Me estoy sintiendo muy inquieta, siento que respiro con dificultad y mi corazón está acelerado. ¡Quizás debería dejarlo ya! No lo sé, ya no quiero seguir con esto. Cuéntame qué opinas en las redes sociales: ¡Yo hago lo que la audiencia diga!

10:56 pm: Bueno, si mi audiencia pide que me quede, entonces yo me quedo. Veo que mis redes sociales están por explotar. ¡Gracias a toda esa gente maravillosa que me apoya en esta loca aventura!  Lo que aún no puedo entender es que no pudieron ver a mi reflejo sonriendo... ¿Será posible que sólo lo viera yo?... ¡Oh, Dios mío! Lo hizo de nuevo. ¿Lo vieron? Por favor, díganme que lo vieron...

11:00 pm: No puedo creer que no lo hayan visto... ¡Me sonrió, sé que me sonrió! Ella, ella que no soy yo, aunque se parezca a mí, aunque me imite a la perfección pero no soy yo, es ella... ¿Entienden lo que trato de decir? No sé si estoy hablando de forma coherente. Me duele la cabeza y no estoy respirando bien. Lo siento, amigos, creo que tengo que dejar esto ya, lo siento mucho...

11:05 pm: Está bien, todo sea por la audiencia. ¡Aquí sigo, y seguiré, y no me pienso ir! Gracias a todos los que me apoyan con sus mensajes a mi celular. Es difícil ver el espejo y luego leer comentarios, pero bueno, acá seguimos hasta ver qué más sucede.
Alguien me dijo que narre lo que estoy mirando y sintiendo, porque la cámara no lo está captando todo. Muy bien, me parece buena idea.
¿Cómo me siento? Bueno, en este momento, no lo voy a negar, me siento muy inquieta y con miedo. Yo no soy asustadiza. Ustedes saben que en este canal ya jugamos la ouija hace una semana y descubrimos que era un fraude... Pero esta vez, debo reconocerlo, estoy aterrada. Creo que lo pueden notar en mi voz, a pesar de que estoy tratando de guardar la compostura. Mis manos tiemblan, el corazón parece querer salir de mi pecho y cada vez siento que respiro con más dificultad.
Además, es cierto, ustedes ya lo notaron aunque estaba tratando de disimularlo. Yo miro más el celular que el espejo... ¡Pero es que no quiero verlo! Sé que podría ver otra cosa y entonces... ¡OH DIOS MÍO! (La chica se levanta y corre, saliendo de cuadro)

11: 06 pm: (La chica se pone de frente a la cámara. No mira hacia el espejo. En éste se refleja la espalda de la chica. La joven habla con una voz trémula).
Sé que no lo vieron porque no han podido ver nada de lo que yo he visto. Fue horrible. La imagen de mi rostro en el espejo se volvió algo demoníaco, maligno. Mi cara se desfiguró totalmente, parecía una bestia, un ser salido de una tenebrosa pesadilla, pero al mismo tiempo seguía siendo yo, o ella, mejor dicho ella, la del espejo, esa que no soy yo... Perdonen, no estoy coherente... Pero sé que ella no es yo, aunque se parezca, ella es otra y está viva. Me mira cuando la miro... ¡y ya no quiero verla más!
Lo siento, amigas y amigos, pero ya no puedo seguir con esto. Me levantaré, encenderé la luz y romperé el maldito espejo. ¡No importa cuántos mensajes envíen! No voy a seguir con esta porquería... Lo siento.

En ese momento, el reflejo de la chica, que estaba de espaldas, se vuelve y mira, no sólo a la chica, sino a toda la audiencia, y sonríe de forma siniestra. Mientras tanto, la joven se levanta y mira su reflejo observándola y de inmediato lanza un grito, un aullido de terror.
Desesperada, la chica trata de huir pero no se da cuenta de que golpea la computadora y la cámara. Todo se pone confuso. Por un momento las imágenes giran y la cámara termina en el suelo. Ahora nada se mira en la pantalla excepto el piso y unos zapatos en la lejanía... ¡Pero el micrófono sigue captando los alaridos! Sí, alaridos, alaridos horribles, macabros, desesperantes... Luego se oye un “crack”, un sonido seco de algo que se rompe. Los gritos se callan. Silencio.

11:11 pm: La mano de una chica alza la cámara. Se ve el rostro de la joven rubia. Sonríe y habla con normalidad:
Espero que ya hayan recuperado el aliento después de eso... ¿Qué tal me ha quedado la broma? ¡Estoy seguro de que muchos de ustedes se la tragaron! Manda mensajes a mi perfil si logré darte un buen susto...

Doy pausa al vídeo, cierro el Youtube y apago la computadora. Enciendo las luces de mi casa y trató de controlar el ritmo de mi respiración. Definitivamente ya no quiero seguir viendo el rostro de esta chica rubia. Algo me dice que ella ya no es ella... ¡Ella es la otra!


relato C “Sed animal”

Sed animal


Es medianoche. El joven Apolo está sumido en un sueño profundo. Se ha tomado un Diazepan y lo ha acompañado de una cerveza. Sigue el mismo ritual desde hace tres meses: cada noche engulle una pizza mediana se toma su pastilla para dormir y se bebe sus dos cervezas, después se arrastra hasta la cama y lentamente las imágenes de su cerebro se vuelven borrosas, intenta no pensar en las visiones que aparecen como fogonazos de luz. No pensar. Dejar de pensar en aquella noche. Aquella noche de la cual, no recuerda nada solo lo que le ha contado la policía, el camarero del bar y todos aquellos que ahora ya no llama amigos o vecinos si no testigos. Testigos de un crimen del que él es el acusado. Necesita olvidar esa barahúnda de gritos y llantos.


A la mañana siguiente Apolo se levanta con un intenso dolor de cabeza y unas fuertes punzadas en los brazos. Se mira las manos y al palpar las muñecas siente dolor, se siente tan enfermo que no le da importancia, se tambalea sobre el retrete, sus piernas están algo pegajosas y sucias. Se arregla los pantalones y se dirige hacia el espejo que se haya sobre el lavabo. Sus ojos inyectados en sangre le lloran incesantemente. La luz del sol que entra por la ventana del baño le daña y le impide ver su rostro con claridad.

Se dirige al sofá y se deja caer, piensa que es un castigo “me lo merezco por beber tanto” la noche anterior se dirigió hasta el bosque pasado el monasterio de monjas de enclaustramiento, hasta llegar al lugar exacto donde Bilha Barón Leiva había sido brutalmente asesinada. A los pies de un pinus pinea de tres metros de alto las gentes del pueblo, conocieran o no a la difunta, se habían desplazado hasta el lugar a dejar ramos de crisantemos y dalias, coronas con grandes cintas doradas con lemas fríos carentes de verdadero amor, fotografías de Bilha grapadas a la corteza del árbol. Cruces y rosarios fabricados con todo tipo de material. La madre de Bilha había colocado en medio de todo aquel despropósito un gran cuadro de una virgen “nuestra señora del sagrado corazón” le recordaba incesantemente como si aquel cuadro le iría a dar la paz que le había sido arrebatada. Aquella imagen tenía una mirada beatífica y estúpida, propia de aquellos que ajustan sus contenciones a las tuyas.

Le hervía la sangre en las venas al ver aquel circo. Pensaba que era ridículo. Someter el alma de Bilha a un Dios que tiene abandonado su rebaño, ahora estaba muerta. Desangrada, vejada y devorada. Llegaban tarde, llegaban tres meses tarde. Dios ni ninguno de su séquito había estado allí la noche que ella les necesitó.

Estaba ebrio y con los sentidos embotados por el odio y la impotencia. Le dio patadas a las velas con todas sus fuerzas, se cayó varias veces por la inestabilidad que provoca el alcohol. En el suelo rompió, destrozó y escupió sobre las flores. Y por último vomitó sobre el cuadro.

Está siendo castigado por todo aquello, Dios no movía un solo dedo para ayudar a los desamparados pero no perdía el tiempo si de castigar se trataba. No, eso tendría su explicación. Pero en el fondo de su alma sabía que había algo más profundo. No lograba recordar qué pasó después de vomitar. El alcohol hace muy bien su trabajo y le borró todo recuerdo.

Se palpó de nuevo las muñecas y de las rascetas le emana un líquido amarillento, siguió el recorrido del brazo hasta la sangradura y comprobó que tenía dos heridas completamente iguales. Está débil y cansado.

Unas gotas de sangre salpican en el cristal del cenicero que está situado en el suelo, reposa sobre el sofá de la misma forma que Apolo, una chispa se enciende y se apaga en su cerebro. El salón se oscurece, parece que las luces de neón pierden energía por momentos, sin embargo la oscuridad procede de sus ojos, es su cerebro el que se queda sin energía. Se agarra fuertemente a los cojines del sofá. Cree que así evitará caer al abismo a ese abismo oscuro al que cae y no tiene fondo cada noche desde que murió Bilha ahora lo sabía con certeza. Iba a morir. Se estaba pudriendo por dentro. Sus órganos se estaban muriendo uno a uno. Tenía cáncer, algún tipo de cáncer silencioso y mortífero. Ya no hay cura y en parte ese pensamiento le hace feliz, la misma felicidad que tuvo con dieciséis años al despertar en una cama de hospital después de pasar ocho días muerto. Inconsciente a causa de un accidente de tráfico a la salida del instituto, al despertar de aquella pesadilla se encontró cara a cara con Bilha la niña extranjera que no hablaba español y se había unido a su clase ese año. Aquella pequeña extranjera revolucionó su corazón y su mundo.

—Estoy enfermo y me muero.

Decir esas palabras y asumirlas le daban fuerzas.

Torpemente se levantó del sofá y caminó por el salón dando vueltas a la mesita de café como bolitas daba vueltas frenéticamente en su rueda. Las piernas le temblaban sentía los huesos débiles y los músculos flácidos bajo la piel.

—Debo ir a ver al médico.

Se dijo de nuevo en voz alta.

Desde la puerta del salón y sujeto a la puerta miró en dirección al dormitorio desde su posición podía ver el reflejo de la cama sobre el espejo. Las sábanas habían caído al suelo y el edredón dormitaba sobre una esquina de la cama y el suelo, el colchón aún guardaba las formas sinuosas de Anane Mendoza. No recordaba haberse acostado con ella aquella noche. No recordaba haber llegado a casa con ella ni con ninguna otra mujer. La noche anterior se llenaba de lagunas negras en su mente.

Estaba convencido que aquella noche la pasó solo, él y sus botellas de cerveza.

Se acercaba otro día trece, otro mes más se une a la pérdida de su esposa, cada día bebía más y más la echa de menos, más consciente era de lo mucho que la necesitaba y lo poco que se parecían las demás mujeres a ella.

El ruido de una taza de café cayendo al suelo lo asustó y le confirmó que Anane había pasado la noche con él.

—Al menos ella me llevara al médico y no tendré que estar solo.

Al oír sus palabras la felicidad que había sentido desapareció, ahora por su mente veía imágenes de salas de hospital, de comida insulsa, de quimioterapia, caída de cabello, vómitos y dolor.

Camino despacio y en silencio hasta la cocina, allí se encontraba Anane limpiando una gran mancha negra del suelo y balbuceando.

Se quedó mirando cómo limpiaba y al levantar la vista, Anane lo miró con los ojos entrecerrados y en el rostro una mueca de apatía y desagrado.

—Estoy enfermo. Tienes que llevarme al médico.

—Estoy muy ocupada. —contestó Anane con un tono de voz agudo. —Ve andando, no está tan lejos. No eres el único con resaca.

Apolo resoplo y prosiguió —No es la resaca…¡Mírame! ¿no me ves nada raro?

Anane se adelantó y se puso frente a Apolo que retrocedió ligeramente por impulso.

—Apestas, más e incluso que de costumbre. Apestas a muerto. Perdón, perdona —se apresuró a decir —No debí decir algo tan grosero. Ve a la ducha, después te sentirás mejor.

—¿En serio no ves nada raro en mí?

—Sí —respondió sería.

Apolo pensó que sus sospechas no eran infundadas, tenía razón algo pasaba y no era bueno.

Anane prosiguió —Estás más hablador y preguntón que de costumbre.

Dio la vuelta y se fijó que el reflejo del espejo del pasillo le devolvía la imagen de un tipo traslúcido y vidrioso, como no podía darse cuenta.

—Necesito ir al médico, esta misma mañana. —pronunció mirándola directamente a los ojos, unos ojos castaños oscuros y brillo juvenil.

—¿Sabes qué es lo que necesito yo?

—No, yo no ¿Qué?

—Que tu estúpido hámster deje de hacer ruido con la estúpida rueda.

—Se llama bolita.

—Quiero estrujarlo.

—Es hembra.

—Quiero estrujarla, pero estrujarla hasta sentir el crujir de sus huesos en mis manos.

Apolo la miraba con repulsa nunca la había oído decir tal cosa, ella era una chica muy dulce e incluso demasiado educada algunas ocasiones para su gusto.

Anane prosiguió —¿sabes?, ni siquiera me gustan los animales me dan asco ¿crees que debería matarlo?

—¿Estas drogada? Deja de decir esas cosas,¡deja de hablar por el amor de Dios!

Anane sacudió la cabeza como un perro mojado y le dijo.

—Ve a la ducha, después te sentirás mejor.

Apolo obedeció al igual que un niño. Se ducho, se curó las heridas con betadine y se vistió con su ropa más nueva, cuando salió a la cocina encontró una taza de café caliente y unas magdalenas sobre la mesa. Y una nota.

Querido Apolo:

Hemos pasado unas semanas de amor y sexo brutales, pero ya no quiero seguir cuidándote, después de saber que fuiste tú quien mató a Bilha. Anoche me encontré con Danel ¿te acuerdas de él? Por lo visto erais los mejores amigos hasta la muerte de tu esposa. Pues bien, él me contó la verdad y no voy a cuidar de un asesino.

Espero recibas tu merecido.

Anane.


Apolo necesitaba ayuda, el pecho le oprimía y el corazón le daba fuertes latigazos, el aire era denso tan denso que podía verlo como se ve la niebla un día de invierno.

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