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12 min
duelo 4: “La historia de las palabras”
Varios |
12.02.17
  • 4
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Sinopsis

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duelo 4: “La historia de las palabras”


relato A

Ante la tenue luz del ocaso, Tomy buscaba de manera incansable por cada rincón de la casa a su compañero de aventuras. Espada en mano analizaba sigilosamente aquella cocina ahora convertida en caverna.
—Sé que estás ahí Barba blanca, ¡Arg!, hasta aquí puedo oler tu perfume de naftalina para piratas. ¡Arg!
Una pequeña risa se escapó entre los muebles de la sala, a lo que Tomy respondió con una carrera para encontrar al tan temido pirata Barba blanca. Su cara se iluminó cuando en vez de la mesa de centro, encontró a un anciano. Disimuladamente giró en torno al hombre que sobre su espalda contenía un cubo Rubik, un control remoto y la revista “hogar, salud y belleza”.
—Sal de donde quieras que estés. Tu destino es caminar por la plancha. ¡Arg! ¡Arg!
—Eres un tonto, Desbarbado. Nunca encontrarás al gran Barba Blanca, él es el rey del disfraz. 
—¡¿Quién osa hablar así?! —preguntó Tomy, girando hacia la mesa de centro— ¿Acaso ante mí tengo una mesa parlante? Un preciado tesoro de los siete mares.
—¡Arg! ¡No, Desbarbado! —Dijo el anciano poniéndose de pie y blandiendo su espada— Soy el temido Barba blanca, el pirata más fiero de los siete mares y un par de lagos. Ahora deberás pelear hasta la…
—Tomy, papá —dijo un hombre apoyado en el marco la puerta— Me imagino que el juego está bastante entretenido, pero tenemos que hablar.
—¿Qué hiciste? —preguntó Tomy—
—Yo no hice nada, ¿Qué hiciste tú? —respondió el anciano—
—Espero que no nos quiten la tele de nuevo. Sino, caminarás por la plancha —amenazó Tomy, empuñando vigorosamente su espada—.
Tomy y su abuelo, Lucas, se sentaron en la mesa donde ya estaba los padres de Tomy y su pequeño hermano. Las caras eran más serias que de costumbre, Tomy repasó mentalmente todas las travesuras que habían hecho con el abuelo buscando la posible causa al posible castigo.
Lo primero que les pidieron fue que se quitaran su indumentaria de piratas, los parches en los ojos, los pericos de felpa en los hombros, las espadas hechas con cartón y los aretes hechos con chapitas de gaseosa en lata.
—Papá —El hombre se veía más agobiado que de costumbre—. Hoy llegaron los resultados de los exámenes que te realizaste la semana pasada…

Lucas Sagredo, también conocido como tata, o el temido pirata barba blanca. Había llegado a la casa de su hijo hace más de seis meses, luego de enviudar a los cuarenta y nueve años de matrimonio <<Lo que Dios te da, el cáncer te quita>> pensaba constantemente. Afortunadamente, la tristeza de su situación pasó a segundo plano cuando conoció a su nieto Tomás. Un niño de seis años apenas cumplidos que era el vivo retrato de su amada Leticia.
Durante dos meses Lucas continuó haciendo su vida de manera normal, a sus sesenta y ocho años, era uno de los más afamados correctores de estilo del país. Sus estudios en literatura y artes, eran complementados por un gran número de magíster, diplomados y doctorados en lengua latinoamericana, latín, literatura moderna y un sin fin de especialidades. Diez años obteniendo el título a mejor profesor de la Universidad Católica y fundador de la ONG “Amplia tu mundo” que buscaba enseñar a leer y escribir a adultos de bajos recursos. Lamentablemente, al cumplirse la quincena del segundo mes, Lucas comenzó a tener problemas de memoria.
Toda su vida gozó de un gran y muy variado léxico; poliglota más por necesidad que por naturaleza; hasta que un día de marzo se dio cuenta que le costaba escribir. El alzhéimer ya había devastado generaciones anteriores de su familia, así que optó por hablar con su hijo y explicarle la situación.
Con ayuda de su nuera, terminó los últimos trabajos que tenía pendientes y envió las cartas de agradecimientos a todos los periódicos y editoriales con los que trabajaba de manera frecuente. Dio aviso en la universidad que aquello que fue un periodo de ausencia por duelo, se transformó en una renuncia. Pensó que el decano se molestaría, pero muy por el contrario, la universidad le organizó una despedida sin precedentes en honor a sus treinta años de enseñanza.

—…El medico dijo que los resultados son determinantes, no tienes alzhéimer —a pesar de la buena notica, la cara de preocupación del hombre no cambió— Tienes una enfermedad llamada Demencia semántica.
El silencio se hizo presente en la habitación.
—¿El abuelo está loco? —Preguntó Tomy—
—Tú sabes que si lo estoy —respondió el anciano—
—Yo pregunto si más loco.
—No está loco, hijo. Por lo que pude averiguar la enfermedad que lo aqueja, hará que olvide las palabras…
—Pero…  ¿todas? —preguntó Lucas— ¿me volveré un troglodita?
—No lo sabemos. El medico dijo que la enfermedad no tiene muchos sujetos de estudio. Podemos comenzar los análisis el día lunes.
La incertidumbre mitigó cualquier intentó de argumentar, todos esperaban la respuesta de Lucas
—No. No me perderé un día de jugar a los piratas, lo único que debo recordar es como decir ¡Arg!
—Pero papá, podríamos atrasar el proceso, incluso tal vez, encontrar una cura.
—¡Aaah! la Divina ignorancia —El anciano se puso de pie, se puso su parche en el ojo e invitó a su nieto estirando la mano— hijo, tuve la mejor esposa del mundo, quien me dio al mejor hijo del mundo, quien a su vez me dio la mejor nuera y el mejor nieto del mundo. Si mi destino es terminar siendo un ignorante, puedo soportarlo; pero no soportaría pasar el resto de mi vida medicado, conectado a cables y maquinas que lo único que harán es que quitarme el poco tiempo que me queda para disfrutar a mi familia.

Sin tener que argumentar, entre abrazos y lágrimas, todos apoyaron la decisión del anciano, quien luego de cuatro años solo podía repetir tres palabras. 
Seis años después, un día nueve de noviembre, Lucas sufrió un derrame cerebral que puso fin a la historia de las palabras que se fugaron de su mente.


relato B

Desconocemos el poder de la palabra, por eso tendemos tanto a equivocarnos en lo que decimos.


Conocerás mi verdad cuando conozcas mi historia...
—Qué inscripción tan rara dice esa lápida —señaló mi compañero Stanley.
—Es una tumba persa —le dije mientras desempolvaba el otro extremo de la tabla de piedra.
—Oye William, aquí hay otro mensaje.
Pues, el secreto de lo que soy se esconde en mí y yo estoy dentro de todos…
—Aquí también encontré otra escritura, dice:
Como todos están dentro de mí…
—¿De quién habrá sido esta tumba? —preguntó Stanley intrigado.
—Creo que es el sepulcro de Zoroastro, uno de los hombres más sabios de la edad antigua.
—¿Cómo lo sabes?
—¿Ves el símbolo que está en el muro? Es el FARAVAHAR. El faravahar es uno de los símbolos más conocidos del zoroastrismo, fíjate bien en su forma.
—Es como una especie de disco alado — notó asombrado Stanley—. ¿Qué representa esta figura?
—Representa la gloria real, el poder divino; la verdad oculta que pocos pueden ver —respondió Williams mientras se acercaba para ver de cerca el símbolo.
—Aquí hay más símbolos —avisó Stanley señalando el techo de la gruta en la que estaban—. Mira, parece un hombre a caballo rodeado de fuego y luz. Al lado de él otro exactamente igual montado en otro caballo con un diamante en las manos.
—Increíble —exclamó Williams mientras observaba el techo—. ¿Sabes quiénes son?
—No.
—Si te fijas bien en los jinetes pensarías que son la misma persona, pero no es así. Son Ahura Mazda y su hermano gemelo Angra Mainyu.
—No entiendo nada — se quejó Stanley.
—Según el Mazdeísmo son la representación del Bien y del Mal. Fíjate en el primer jinete, revestido de fuego y de luz. Esas son las manifestaciones de Ahura. Lo bueno, la bondad y la paz.
— ¿Y el otro jinete? Solo tiene un diamante en sus manos.
—El otro es la maldad del hombre, la avaricia, la crueldad. Están en una lucha constante para mantener el equilibrio de nuestro mundo.
—¡Es maravilloso!
—Ya lo creo.
Mientras caminaban mirando hacia arriba Stanley tropezó con un obstáculo. Cambió el foco de su vista para ver la causa de la pérdida parcial de su equilibrio. Menuda sorpresa, era el pedazo que faltaba en la lápida.

—Hey, mira que encontré. Es la pieza faltante de la lápida.
—Déjame verla. Creo que se sí es esa.
Williams se dirigió lentamente hasta la lápida y colocó la pieza faltante. Al hacerlo un compartimiento debajo del sepulcro se abrió. Ambos se asustaron por el repentino ruido que hizo el sarcófago al abrir.
—¿Qué habrá dentro de esa gaveta? —preguntó Stanley con evidente curiosidad.
—Eso es lo que voy a averiguar —respondió Williams.
Williams se dirigió hacia el compartimiento, metió sus manos en él y sacó de ahí algo envuelto entre viejos trapos.
—Parece un libro —supuso Williams mientras despolvaba con un soplo lo que sus manos sostenían.
—Ábrelo, date prisa.
Lentamente Williams fue retirando las milenarias telas que protegían el libro. El polvo del tiempo no dejaba ver bien lo que decía su cubierta.
—No puedo creerlo —dijo Williams con una sonrisa de locura en el rostro—. Es…
—¿Qué es? —preguntó Stanley desesperado por escuchar la respuesta.
—Es el HADOJT NASK.
—Hadoth…No entiendo.
—HADOJT NASK significa “El Libro de las escrituras”. ¿Recuerdas las frases de la lápida? Mira la primera página.
 Conocerás mi verdad cuando conozcas mi historia. Pues el secreto de lo que soy se esconde en mí, y yo estoy dentro de todos. Como todos están dentro de mí.
—¿Qué más dice?
—Dice:
Aquí está la historia de las palabras. Palabras que nacieron en el corazón de Mazda y se sembraron en el alma de los hombres. Palabras que florecieron y se convirtieron en verbo, el verbo se hizo carne y acción, y de ahí se formaron las oraciones; oraciones que describían los sentimientos. Luego las oraciones se transformaron en párrafos, párrafos que contaban sus historias y esas historias se llamaron escritos. Asumieron la forma de versos, la forma de prosa y regocijaron a muchos corazones. Hasta que Angra tomó sus manos y ensangrentó sus musas, y las palabras fueron corrompidas con los malos sentimientos, con los malos pensamientos, y el verbo se convirtió en resentimiento. Ese resentimiento rebosó las oraciones con un dolor que fue llevado a los párrafos y en vez de contar historias los párrafos lloraron de amargura y tiñeron los escritos de lamentos que infectaron la prosa y los versos; versos que ahora lastiman a los corazones que alguna vez fueron inocentes.
El silencio invadió el espacio por unos segundos.
—¿Por qué te detienes? —preguntó Stanley.
—Es que el otro párrafo está escrito en lengua ZEND. No lo entiendo muy bien, pero sin duda que este libro es una parte del AVESTA.
—Oye Williams, creo que en la gaveta hay otra cosa —avisó mientras lanzaba su vista hacia el lugar donde estaba el viejo libro.
—Tómalo.
Stanley tomó el objeto que había adentro del compartimiento, era una llave antigua.
—Solo es una llave —dijo Stanley desilusionado de su hallazgo.
—¿Ya te fijaste en la tumba que está cerrada bajo llave? Tal vez esa sea la llave.
—¿Tú crees? Déjame intentarlo.
Stanley metió la llave lentamente en el orificio y la giró con mucha cautela. El sarcófago se abrió inesperadamente y ambos se miraron asombrados al escuchar el seguro abrirse.
—Ayúdame Williams, está muy pesada —dijo Stanley mientras intentaba mover la tapa del sepulcro.
Ambos con el máximo esfuerzo lograron mover la pesada cobertura de la tumba. Y se encontraron con otra gran sorpresa. La tumba estaba vacía, solo había una imagen de un hombre con una manta blanca. En su mano derecha el fuego ardía, y en su mano izquierda un abalanza.  Sobre el dibujo había una inscripción que decía:
Yo soy la palabra, yo soy la verdad. La verdad más alta; la más alta forma de la verdad. Soy el camino recto entre los pensamientos de los hombres, soy uno de los seis.
—No entiendo la última parte —apuntó Stanley con total ingenuidad—. ¿A qué se refiere?
—Cuando dice “soy uno de los 6” se refiere a los 6 Amesha Spentas, las formas en que se dividió Mazda, los 6 caminos.
Este al parecer es Asha Vahishta.
—¿Qué significa Asha Vahishta?
—Significa la rectitud más alta. El buen camino, la manera correcta de hacer las cosas.
—¡Me has dado una clase de historia en minutos! —agradece Stanley mientras ríe despreocupadamente.
Williams se queda pensativo tratando de relacionar todo lo que ha acontecido. Primero la frase de la lápida, luego el libro de la gaveta de bajo del sepulcro, después la llave para abrir la tumba y ahora la inscripción de Asha.
—¿Qué relación guardan estos cuatros sucesos? Lo único que me llega a la mente es la historia de las palabras pero, ¿de qué palabras hablará? ¿Para que guardar un libro y una llave secretamente? Sin duda que hay algún misterio y tengo que averiguarlo.

(Fragmento)

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