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26 min
duelo 9: La lengua del alma
Amor |
04.03.17
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Sinopsis

Todos pueden votar. Escribe la letra del relato que más te guste. Es la primera vez que tenemos un duelo entre 5 escritores.

duelo 9: La lengua del alma

relato A
El anuncio le pareció extraño, pero le hizo una foto con el móvil y decidió acudir. En caso de comprobar que se trataba de una estafa daría media vuelta y a otra cosa. Por probar…
Pero iba en serio. En aquel lugar le ofrecían un trabajo a cambio de una única cualidad: tener imaginación.
Y él tenía de sobra.
La mañana era clara, de nubes espantadas, y usaba la mano como visera. Llegó al local, y en recepción analizó a los otros interesados, unos cinco contando a él.
Uno a uno pasaron por una puerta al fondo, saliendo cada uno a los diez minutos con expresiones agradables y satisfechas. Una vez fueron entrevistados, se les dijo que subieran a la planta superior. Allí volvieron a esperar, y se pusieron nerviosos por efecto contagio. La puerta se abrió y un hombre trajeado asomó. Los observó como si no supieran que hacían allí, y entonces dijo un nombre antes de volver a entrar como con prisa.
Le tocaba ser el primero.
Cuando entró, analizó la sala mientras cerraba la puerta. Parecía diseñada para conferencias, y una pantalla para diapositivas en la pared reforzó la idea. Allí dos hombres trajeados ─uno era quien lo había llamado─ y una mujer vestida de blusa blanca se situaban sentados frente a una mesa en un lado de la habitación. Le hicieron unas señas y se percató de la silla en mitad de la sala, encaramada hacia la pantalla. Una vez se sentó, se sintió abrumado por el blanco reinante del lugar.
Tras una charla amena sobre las intenciones de la compañía (fomentar la creatividad mediante todo campo posible, no sólo artístico), uno de los hombres elevó la mano e hizo un gesto con el pulgar, descubriendo que portaba un mando.
Escuchó un ruido por encima y giró la cabeza hacia el techo, donde descubrió el proyector. De mientras, la mujer se había levantado para dirigirse al interruptor de la luz en la pared y pulsarlo. La oscuridad quedó agujereada por el brillo de la pantalla.
La foto de una botella vacía se mostró. Era un llavero, pues una cadena surgía desde la embocadura, enganchada en el otro extremo a un aro. Conforme lo analizó, distinguió la textura de plástico, o al menos la impresión.
─Este llavero es portado siempre por una persona en particular. Queremos que digas siete motivos del porqué es así.
Tardó en apartar la mirada y fijarse mejor en lo que se descubrieron como jueces.
─Siete.
─Sí. Siete posibles teorías sobre alguien que lleva siempre consigo ese llavero.
Su mirada ─y por lo tanto su mente─ ya estaba analizando la imagen. En seguida comenzó a teorizar:
─Valor sentimental. Pertenece a su pareja o a su ex. Acaso de una chica que no le correspondió. No sabe dejarlo atrás.
─Bien. Continúa.
Miró de nuevo hacia ellos y se percató de un pequeño aparato negro que había sobre la mesa. Dedujo que sería un reloj o contador. Regresó la mirada hacia la pantalla:
─Puede ser también un recordatorio. Es alguien que quiere superarse, y portarlo le da voluntad.
Se produjo el silencio. Los miró, y al comprobar que se mantenían en su postura muy interesados, prosiguió. Para la tercera ahondó sobre un recuerdo de infancia, quizá una persona que conoció durante el verano se lo dio; o lo encontró en el bosque, y la imaginación infante hizo el resto. Creció, pero por costumbre no lo desechaba.
Habló de superstición en la cuarta, que el llavero fue encontrado en la calle y ese mismo día sucedió un suceso tan bueno como fortuito. Permanecía la creencia a pesar de vivir días monótonos, pero era preferible a los días desastrosos.
En la quinta una leyenda giraba en torno a la botella. Junto a una buena amiga de la que estaba enamorado en secreto idealizaron la clase de genio que vivió ahí. ¿Un genio es acaso encerrado o apresado? Eso disparaba otras teorías que no tenían relación, debía centrarse.
Con la sexta, sin pensarlo mucho, explicó que era el primer robo de un niño que fue cada vez a más hasta convertirse en un ladrón de renombre una vez adulto. Elaboró la teoría de cómo la primera mala acción, por pequeña que sea, desencadena a desarrollar aspectos cada vez más marcados de la personalidad.
─Bien. Toca la última.
Calló. ¿Ya había pronunciado seis? Le pareció que llegar a cinco ya iba a resultar difícil. Pestañeó y reanalizó la fotografía del llavero. Afirmó y su boca gesticuló una mueca neutral que evocó seriedad. Se mantuvo y al fin habló:
─La última es sobre mí. Es lo que me ha evocado esta única imagen, tan sencilla ella. Es… ─dudó─. Sí, la botella contiene mi alma ─se mantuvo; la cara iluminada por la pantalla─. Todas las cosas contienen nuestras almas. Puedo abrir esa botella y liberarme, desarrollar mi imaginación, que es una extensión de mis pensamientos y recuerdos ─remarcó─ usados en el libre albedrío. Todas las teorías anteriores hablaban un poco de mí porque contienen verdades.
Entornó los ojos. Actuó como si estuviese solo.
─Al igual que el creyente ritualiza su mundo para acceder poco a poco al interior y encontrar la voz que lo guíe, los artistas y creativos vamos expulsando hasta ensanchar la salida de la mente, que también es la entrada. Las teorías cada vez son más exageradas, pero porque hacen hueco a las buenas ideas, que siempre vienen detrás. A base de crear vamos llegando a nuestro interior, a lo más hondo. En ese lugar está el alma, y se comunica mediante este lenguaje, dando ideas que bien enfocadas ayudan a mejorar y por lo tanto a avanzar.
“Gracias”. Frunció el ceño al percatarse que lo había dicho él en voz baja.
Las personas de la mesa se miraron entre sí. La mujer se puso de pie y lo alentó con una sonrisa. Interpretó que debía acercarse. Una vez lo hizo, la mujer le ofreció la mano, la cual apretó con firmeza.


relato B
 El calor es sofocante y aún así el enfermo se estremece como un cervatillo herido.
 Trata de cubrirse el pecho tirando torpemente del embozo de la sábana, pero esas manos que no hace mucho arrancaron rastrojos y escarbaron la tierra son ahora dos apéndices inútiles y desgobernados que apenas obedecen ya a los dictados del cerebro.
Su mujer amorosamente le arropa. Él la mira o parece que lo hace en un malogrado intento por agradecer la atención dispensada.
El doctor acaba de llegar. Deja el maletín sobre la mesilla de noche, pero aparta antes un vaso con agua que, a juzgar por las burbujas que presenta, lleva tiempo servido sin ser bebida. No le queda ya ni sed en el cuerpo a este hombre a quien el doctor le acaba de tomar el pulso que es débil y le ha medido la temperatura que es elevada. Ahora echa mano del calidoscopio, instrumento prodigioso con el que percibe los latidos cardiacos y los murmullos extraños y delatores que pudiera haber en sus entrañas.
Terminada la exploración la mujer pregunta por el diagnóstico. El doctor no contesta con palabras sino que lo hace moviendo de un lado a otro la cabeza, solución más descriptiva que el uso del lenguaje hablado, afianzándose el axioma de que una imagen vale más que mil palabras.
 El doctor ya se marcha. La ciencia médica nada puede hacer aquí y otros reclaman su magisterio; uno al que coceó una mula y otro que se hizo un tajo en la mano con una hoz. Pero estos pacientes son recuperables: una venda por aquí, una friega con linimento por allá y de nuevo a la faena, que queda mucho campo por trabajar. Y no como el que nos ocupa, al que se le escapa la vida segundo a segundo sin que ningún remedio pueda contenerla.
Tiene el pecho abombado y la nariz afilada, síntomas de que la muerte está cerca, afirma una vieja versada en velorios. Entonces el enfermo trata en vano de incorporarse, mira a un punto de la habitación,  no hay nadie en ese ángulo pero mira como si realmente hubiese alguien. También lo hace una anciana  que tienes dotes nigromantes y ha dicho sottovoce que ya han venido a recogerle.
El sonido de la lápida al tapar el hueco del nicho es un sonido rotundo, como de fúnebre timbal. Los allí congregados observan silentes cómo el operario del cementerio sella con argamasa las junturas de la losa que es el postigo que incomunica a un mundo con otro.
El cortejo se marcha. Parecen pájaros en desbandada. Unos siguen el camino hacia el pueblo y otros aprovechan la estadía para adecentar las tumbas de sus seres queridos.
Hoy es domingo.
 Ya ha pasado algún tiempo desde el entierro. La viuda lleva en una mano un ramo de amapolas y margaritas que ha ido recogiendo por el camino y en la otra un cubo de cinc, estropajo y jabón. De agua se proveerá en la fuente que hay dentro del cementerio.
Mientras se afana en la limpieza de la lápida le habla al difunto.
 Le cuenta sus problemas, porque son muchas las penurias por la que esta mujer está pasando desde que él murió.
 Le cuenta las cosa que han pasado y las que van a pasar, pues uniendo lo pasado con lo presente es fácil extraer de esa ecuación lo que el futuro depara. Y es que no hay manos que recojan la cosecha que es su único sustento y ella  no puede sola. Los jóvenes se marcharon lejos en busca de un mejor porvenir y allí sólo quedan viejos encorvados y doloridos por tantos años de huesos trillados que apenas pueden ya  bregar en sus propios terruños.
 Así que la cosecha se perderá y retornará pútrida a la tierra que a golpes de azada la parió.
 Le cuenta que de hambre no se va a morir, que con lo que cabe en una mano se basta. Le dice que le queda algún ahorro y que si llegara el caso podría vender las pocas alhajas que atesora.
Muchas cosas le dice mientras friega la lápida con el estropajo rebosante de la espuma del jabón de sosa y aceite, aguardando, en su ingenuidad, a que el finado le conteste algún día, porque las almas, deben tener un lenguaje, piensa ella, una forma de entablar comunicación con los vivos… Él contestará, está segura de ello. No sabe en qué idioma, con qué lengua, con qué gramática lo hará, porque donde quiera que ahora esté, seguro que vela por ella como siempre hizo desde aquella lejana y cálida noche de verano cuando se besaron por vez primera, atenazando para siempre el vínculo de amor que les mantuvo unidos hasta el fatídico día del óbito.
 Él contestará…
 Y no le faltará razón por aseverar en tal idea, porque cuando regrese a casa se habrá producido el milagro. En un primer instante pensará que el sol, que llevó de frente todo el camino, le ha ablandado la sesera, porque en el cobertizo, apiladas encontrará las cajas de madera con las que se recoge la cosecha cada temporada y dentro de ellas esa cosecha más esplendorosa que nunca y en el huerto volverá a estar la tierra abierta en surcos, preñada de simientes  y regada con nutriente agua.
 Entonces sabrá que por fin ha recibido la ansiada contestación.


relato C
23 de abril de 1996.
 Yanni Midel manejaba un Volkswagen modelo ’90, lo acababa de pagar con el sudor de su frente y ahora se dirigía a San Vicente. A Yanni no le importaba lo material, pero le agradaba saber que no dependía de nadie para pagarse sus propios bienes y ese Volkswagen lo confirmaba.
 Luego de muchos años de liderar un movimiento social muy respetado por el pueblo, hoy tiene su reconocimiento.
 Hace dos horas le había dado la noticia a su madre por teléfono y esta no pudo contener las lágrimas del orgullo, puesto que toda su familia era gente de bajos recursos y muy trabajadora pero que jamás lograron salir de la pobreza al igual que la mayoría de personas en San Vicente, pueblo natal de Yanni.
 San Vicente hoy se reunía para una fiesta. Alguien que todo el pueblo vio corretear por sus calles de tierra cuando era pequeño se convertía en Diputado Nacional.
Apenas Yanni llegó al pueblo, los vecinos se lanzaron hacia él para abrazarlo y besarlo. Lo sentían como su héroe. Marcelo, dueño de la carnicería de San Vicente y amigo con quien Yanni jugaba a la pelota de chico, no podía creer que el mocoso que no le hacía un gol ni a un arco iris terminaría representando al pueblo entero. Todo San Vicente compartía alguna que otra anécdota con Yanni y eso les hacía sentir más identificados con él. Deseaban enormemente que haga las cosas bien en su nuevo cargo y dejar al nombre de su pueblo en alto.
 Yanni se quedó dos días en San Vicente y esos dos días fueron de total festividad en el pueblo. Él hubiese deseado quedarse más tiempo con su gente pero dentro de poco ya tenía que asistir a la cámara de diputados para su primer día de trabajo.

26 de abril de 1996.
Yanni estacionó su Volkswagen Gol a dos cuadras de la cámara de diputados. Su traje de bajo costo no impedía que se viera elegante pero comparado con el que llevaba el simple recepcionista de la cámara lo hacia verse como un pordiosero. Entró al establecimiento titubeando, no solía ponerse tan nervioso como ese día, sentía que sus nuevos colegas lo miraban de reojo, como a bicho raro. Un señor de avanzada edad paró para saludarlo, su voz transmitía tranquilidad e hizo que Yanni se calmara un poco. El señor le preguntó si era nuevo en la cámara y Yanni asintió con la cabeza, a lo que el hombre de apellido ingles “Hunter” le ofreció enseñarle las instalaciones del edificio. Hunter ya conocía cada rincón de la cámara de diputados, pues trabajar en ella por seis años no es poca cosa. Era de los diputados más reconocidos en la cámara, famoso por su capacidad de convencer a los demás.
Yanni le contó a Hunter como es que hizo para llegar a la cámara de diputados, todo el camino que atravesó junto a su movimiento social y de la fuerte lucha que realizaba para mejorar la vida de los que más necesitaban. Hunter quedó asombrado con su historia tanto así que le hablo acerca de lo que estaba haciendo él y su partido.
“De nuestra parte también tratamos de ayudar a esa gente. Hace poco presentamos un proyecto para regularizar la tenencia de las tierras. Así las personas que no son dueñas de su propio terreno ahora puedan serlas” Fue lo que dijo Hunter.
A Yanni le quedó grabada esa idea en la cabeza y le pareció muy buena. Muchas personas están siendo desalojadas de sus casas luego de vivir en ellas por años, sacándole de la nada todo lo que han construido. Sin duda le pareció un proyecto que debía ser aprobado.
Llegada la hora de la sesión de diputados, se presentó el proyecto “Regularización de la tenencia de las tierras” de la que Hunter habló anteriormente. Luego de horas escuchando discursos grandilocuentes por parte de los demás diputados Yanni lo único que quería hacer era votar, ya que no era un hombre de muchas palabras, si no de hechos.
El proyecto se aprobó con unanimidad. Por alguna razón todos los diputados llegaron a estar de acuerdo con la ley incluido Yanni, que fue convencido por Hunter horas antes.
Pasaron los meses y el proyecto se puso en marcha. Yanni se tomó unas mini vacaciones de su trabajo para visitar a San Vicente. Al llegar notó cambios bastante grandes, los vecinos ya no salían corriendo para saludarlo, no festejaban su llegada, no lo miraban como un héroe. La carnicería de su amigo Marcelo no estaba, la plaza del pueblo que solía estar repleta de gente a esa hora se encontraba desierta, la cancha de futbol donde antes jugaba estaba vacía. Casi todo San Vicente fue desalojado para que sus terrenos pasen a pertenecer a otros.
Ahí fue donde Yanni comprendió como eran las cosas realmente en el mundo de la política. “Regularización de la tenencia de las tierras” era una maniobra para quitarle los terrenos al pueblo y para que algunos pocos se adueñen de ellos, llenándose así los bolsillos como terratenientes, además de diputados.
26 de abril de 2016
Yanni seguía conservando su humilde Volkswagen Gol modelo 90’, el auto ya tenía sus años y con suerte arrancaba de vez en cuando, por fortuna no tenía que moverse demasiado ya que en San Vicente todo le quedaba cerca.
Hace veinte años eligió renunciar como diputado luego de enterarse como funcionaban las cosas y dejó pasar la oportunidad de una vida llenas de riquezas como la que tenían hoy sus ex colegas de la cámara de diputados a costa de engallar a la gente. Pero tiene algo mejor, hoy puede salir a la calle con la frente en alto sin ningún cargo de conciencia, sin que la gente lo señale por haber hecho algo malo y sin que esté defraudada. Esa es su verdadera riqueza y es gracias a haber escuchado a la lengua del alma.


relato D
¿Cómo amigarme conmigo, si nunca soy el mismo, y sin embargo no logro ser distinto a mí? ¿Cómo alcanzar la paz, si después de todo tampoco sé quien soy ni quién he sido hasta ahora, ya que el pasado persiste en cambiar según el capricho de mis sentimientos? Y por sobre todas las cosas, ¿cómo reconciliarme conmigo al comprobar que tan sólo vivo, como puedo, una vida que me vive contra mi voluntad, gracias y a pesar de ella?
 
¿Cuántas palabras habrán conformado mi vida cuando muera, entre las dichas, las escritas y las calladas? ¿Cuántas preguntas, y cuántas respuestas habré generado? Muy probablemente las palabras sean incontables. Pero las preguntas, como las respuestas, vienen decreciendo con los años que voy muriendo años tras años. Todas las preguntas parecieren conducir siempre a un mismo punto: ¿cómo vivir? ¿Cómo rellenar de sentido una página en blanco que ni siquiera escribo?
 
Creo que los hombres podrían dividirse entre aquellos que saben que existen, y los que simplemente son vividos y muertos por la propia vida, sin despertar sorpresa. No muchos se sorprenden por el hecho de haber nacido. Tal parece que los humanos aceptamos con bastante más facilidad el hecho de que todos moriremos algún día, que el azaroso destino de haber sido obligados a nacer.
 
Si sólo pudiera detener la vida por un instante, para observarla  sin que nuevos eventos y emociones se sucedan, lo haría. Porque vivir el presente es no sólo utópico, sino un absurdo y un sinsentido. Sólo existe el presente de forma retroactiva, lo cual es, finalmente, eso que llamamos pasado. Vivir el presente es como querer conservar el sabor de un exquisito chocolate deteniéndolo en el paladar sin deglutirlo. Imposible sentir todo su gusto y aroma sin estar dispuestos a tragarlo y perderlo
 
¿Por qué, entonces, algunos insisten en la utopía de vivir el presente? El arte culinario construye su presente a partir del futuro y del pasado. Un buen plato depende mucho del que le sigue y del que le precede. Es un arte de la cronología, al igual que la música, el arte del tiempo por excelencia.
 
Los que se esfuerzan por vivir el aquí y ahora deciden conservar el chocolate en el paladar el mayor tiempo posible, cuando más que fijar el presente sólo lo están postergando, manteniéndolo en suspenso y viviéndolo de manera mezquina. Porque sólo existe el pasado, que cambia de forma mientras trozos de futuro se encargan de moldear, o bien de destruir y reconstruir. La prueba de que el presente no existe es justamente que el futuro puede no sólo cuestionar sino cambiar por completo el sentido y las emociones de lo que creímos haber vivido en aquel supuesto presente que, en realidad, desde la perspectiva del futuro es tan sólo pasado.
 
Algunos dirán que el futuro no existe. Pues bien, el futuro es el hogar de la imaginación. Imaginamos que somos alguien hasta que nos niegan un beso y comenzamos a ignorarlo todo sobre nosotros mismos. O por el contrario, adoptamos una nueva identidad, la del dolor.
 
No tengo el coraje de cuestionar a los que creen en la existencia de un Dios creador. Lo que me desvela es que Dios sea la última palabra que responda sus interrogantes. No es que me sea indiferente su improbable existencia, pero me resulta inadmisible que los que asumen su ser no enloquezcan a base de preguntas sin respuestas. Es como si en una novela los personajes se preguntaran por su propio origen y luego se tranquilizaran, al aprender que finalmente es su autor quien los ha creado. Punto. Los personajes, sumisos, no se desvelan por el origen de su propio autor. Como si el autor-dios no hubiera sido a su vez concebido por otros seres. Absurdo, o por lo menos perezosamente limitado.
 
Por momentos siento ser el personaje de un relato concebido por su autor. En otras palabras, vivo una vida que me vive, mientras escribo lo que el personaje narra acerca de mí.
 
 
Cualquiera que tenga el coraje de detenerse a observar la estela dibujada por su pasado comprobará que, al fin y al cabo, no vivimos como queremos sino que apenas vivimos casi como lo necesitamos.
 
La lengua del alma es vivir en la paradoja , viviendo una vida que nos vive mientras morimos día a día.


relato E
El lenguaje del  alma 

Los sentimientos, es el lenguaje del alma, y los sentimientos  y el  pensamiento  están separados como las vías del tren ,son líneas paralelas que  nunca pueden juntarse, tan distante, porque son dos cosas distintas  dentro del interior humano  unas de otras, los sentimientos y los pensamientos son fuentes  de  comunicación que  las mismas palabras muchas, son  fuente  de malas interpretaciones, las voces humanas   sus léxicos, son  puentes  para  conectarse   unas con  otras ,mucho murmullo dentro del interior, tantas voces   buenas y malas , la conciencia es una de ellas siempre quiere hacer el  bien , mientras  la  otra voz que es su  enemiga   acérrima, si no hace  su voluntad  comienza la guerra espiritual , entre voces que cohabitan en  la habitación interior  del ser  humano y el  exterior entonces  se ve en a grande apuro , sin saber qué hacer, muchas personas   entran en una severa  depresión  por este motivo, mucha confusión , en las  esquinas
donde se concentran las voluntades  donde se produce la pelea entre las voces interiores  la guerra parece  de nunca acabar  parece que es una carga muy pesada  para el ser  humano , que está  muy  ha confundido , entre las voces  interiores   que están en guerra.
Peleando  por ver quien  se hace la líder  y dominar el  corazón humano, es feroz a veces
pero hay que  resistir, vienen  pensamientos malos  a ellos hay que vencer , viene porque  la voz mala  pretende dominarlo todo .
En el alma están  nuestros  anhelos, deseos pasiones  y muchas más está  alojado allí  y los sentimientos  son muy variados , muchas  veces no sabemos  cuál es  el verdadero, y late fuerte el corazón , cuando entro  desde el exterior, un deseo , que luego se hace pensamiento, todo el interior  humano  experimenta un tremendo sentimiento, y lo codicia  profusamente  y entra en acción , los sueños ¡ Sí !.....Esta acompañado  de la esperanza , y el alma  habla de anhelos y los cree el corazón, lo invita a conseguir sus  sueños, el alma es poeta, y recita frases  hermosas  las cuales lleva  a cantar de dicha ella visualiza su más caras tupias , desde entonces  vive  en la calle Ensueño , siempre va por la  veredas de  “Pensamientos positivos “ nunca va por otras  sendas por ejemplo  por la calleja “ Sin esperanza “, por ahí  se entra “ Pradera del  llanto “, es fácil entrar por ahí , y el sentimiento  decaería  y el lenguaje sería distinto por eso se debe cuidar mucho, y la vida cuida mucho  este detalle ya que  se perdería sueños y esperanzas  sería un guiñapo de harapos de esperanzas  que se irían muriendo  de poco .
Por eso  el alma nunca  escucha  voces negativas , para que  no caiga  en el hoyo de las desesperación , en la espera del sueño deseado  tan  acariciado  por ella, por nada del mundo  lo deja escapar.
Es apasionada, mientras espera su sueño, canta y danza, ella está acompañada por la esperanza  que  añadió el corazón,  entonces ala alma  se dio alas para  soñar  y vuela tan alto que puede se aventura  y se  le da aires para  imaginar su futuro inmediata  esto lo percibo  el ser humano y tiene fe y esperanza  y los sentidos  nos hace visualizar que concibe el alma, ella se aventura en su destino  que ya tiene marcada  como  la  hoja de ruta  que tiene  un Capitán para  pilotear su barco   al mar , el alma  lo sueña  y habla   de ello constantemente , dándole esperanza  al ser  exterior, la vida acompaña  con su  mensaje exterior  captado en el interior  con esperanza que ese sueño se dará en breve.

 


La conciencia

La voz prioritaria  para el ser humano donde convergen , muchas pensamientos , del cual pareceré  que sabe  lo que es bueno para nosotros , entonces aparece  aquella voz negativa  que dice  que no debemos obedecerle  pero  muy dentro nuestro  sabemos que tiene  razón . 
Si  ella está en combinación con los sentimientos  ellos nos trasmiten  paz  nada de lo que  pasa afuera lo decae, ya que ha comprendido que si  la conciencia  le habla, es porque  es para bien, no en todos los casos pasa lo mismo.

El mundo de las palabras

El mundo  del lenguaje  es muy  complejo allí es la parte fundamental,  por medio de los sentimientos  que es lenguaje del alma, muchas palabras  se podrán decir, pero cuando el alma habla  hay que prestarle atención , en ellos  están los  deseo más profundos, en ella  existen, los sueños , en  ella están  los sueños , y las ilusiones cohabitan con el alma ¡La vida sería tan triste sin los sueños!.....Sin esperanza ,  sin imaginar algo maravilloso, a la verdad  seria morir  en el intento de vivir  ¡ Sí!..... Por eso digo ella  nos ínsita  a vivir, a soñar, para  llenar  de gozo nuestra vida, y el alma  lo sabe muy bien por eso nos alienta con palabras está en nosotros aceptar  su, mensaje.

 


Las voces interiores y el lenguaje del alma  

Mucho murmullo , pasa  en el interior , grandes reuniones , se hacen  para hablar de muchas temas , las voces  están instaladas , como   premio, que nos han dado, a nosotros  nos toca discernir  claro que esta  la voz buena y mala
¿A quién obedecer?..... El alma  se viste  con un traje muy bello, siempre presentable, siempre está dispuesta  a dar batalla, a conseguir su propósitos ¡Sí!.... Claro que muchos no  lo creerán lo que digo pero es tan real como que sale el sol a la mañana, ella manda esta  entre  el espíritu y el   corazón , allí esta ella   compartiendo esta enorme habitación espiritual entre tantas voces  esta ella ansiando utopías  deseando algo maravilloso, todos lo espera , la esperanza vive en ella  ya nada podrá  apártala  de su labor lograr los sueños, los sentimientos son su  voz y la vida le concederá su deseo , y así  el ser humano disfrutara, la felicidad hecha realidad.   

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