cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

9 min
Dulce paloma (Final)
Suspense |
29.04.13
  • 4
  • 2
  • 2042
Sinopsis

Las tres perspectivas de un crimen

       Tardó un par de minutos en reaccionar el dispositivo con cámara que hacía de portero de la mansión de los Garriga. César había puesto el móvil en silencio a sabiendas que iba a recibir una colección de llamadas por su desobediencia. Sin duda pensaba en el mérito de poder dar un giro a la investigación y no le temía a nadie. Se encendió una luz de cortesía y el led del interfono acompañado de un ¿quién es? un tanto desconfiado.

— ¿Señor Garriga? soy el sargento Blanco, abra por favor — ordenó César con su tono más brusco.

— ¿Necesita algo? estaba a punto de acostarme — Francisco intentó ralentizar su entrada

— Abra la puerta Francisco, traigo novedades importantes — La puerta emitió un fuerte chasquido seguido de una campanilla y la gran y pesada puerta por fin se abrió. El pequeño jardín Zen que le llevaba a la puerta principal se encontraba a oscuras. César tuvo que guiarse a ciegas con la poca iluminación que dejaba a lo lejos el salón. Francisco abrió la puerta y por arte de magia aquél jardín se iluminó automáticamente. Le recibió en bata, zapatillas y una cara de pocos amigos que César le vio ya de lejos.

— Buenas noches señor Garriga, perdón que le moleste a estas horas. Quería informarle que ya hemos presentado cargos contra el sospechoso y mañana lo pasamos a disposición judicial — César quiso cambiar de tercio para no levantar sospecha

— Sargento, ya me ha llamado el comisario y me lo ha contado todo, no entiendo el motivo de su visita aunque se lo agradezco — César le estrechó la mano

— ¿Puedo pasar? — le preguntó sin más

— Verá es que mañana me levanto muy temprano para preparar la ceremonia —

— Será sólo un minuto por favor — Francisco abrió la puerta y le hizo un gesto invitándole a entrar. Le acompañó al salón y le indicó que sentara en el sofá seguido de un Usted dirá.

— Son un par de preguntas para cerrar el caso, no se preocupe ¿quién es la mujer? — César fue directo a la yugular

— ¿Perdón? ¿qué mujer? —

— La mujer que iba con usted dándole besos — César le clavó la mirada desafiante

— Mire sargento, esto no es de su incumbencia. Voy a llamar al comisario para pedirle explicaciones ¿pero quién se ha creído que es? — a Francisco se le empezó a ver el plumero con su nerviosismo

— El caso se cerrará cuando queramos cerrarlo nosotros. Mañana usted entierra a su mujer y le veo en medio de la calle con una chica tonteando ¿entiende lo que hago aquí? —

Zully permanecía encerrada en el despacho de Francisco con verdadero pánico. Le ordenó que no se moviera de allí por nada del mundo pero sabía que venían problemas y quiso intervenir para sacar del apuro a Francisco. Miró alrededor del despacho en busca de algún objeto pero lo único que le sirvió, fue un palo de golf colgado de la pared acompañado de una placa metálica donde aparecía el nombre de Francisco como ganador de un torneo. Abrió la puerta lentamente, se descalzó las deportivas y caminó hacia el salón. Veía la cara de culpable en su amante y sabía que aquél madero lo tenía acorralado. Francisco notó la proximidad de la colombiana que caminaba a espaldas del sargento y trató que retrocediera con la mirada pero no pudo. César se percató de que la mirada de Francisco se desviaba a su izquierda y escuchó el ruido del aire cual boomerang seguido de un brutal impacto en su sien izquierda.

Los noventa kilos del cuerpo de César se desvanecieron al instante. Perdió la vida justo en ese instante antes de tocar la cara alfombra beige con su rostro. Zully respiraba a toda prisa por la adrenalina y Francisco se echó las manos a la cara soltando un largo ¡No! Discutieron durante tres largos minutos. Francisco la abofeteó con todas sus fuerzas y ella le respondió con una histérica carcajada. Allí se dio cuenta que su amada era una despiadada asesina pero debían planear algo urgentemente. La mierda ya les llegaba al cuello. Trataron de mover el cuerpo del sargento pero no fue tan fácil como el de Rosa. Zully se vio acorralada, fue en busca de su mochila, sacó su pequeña Glock y apuntó a Francsico.

— Las llaves del Audi y del parking ¡Ya! — gritó

— ¿Zully? ¿qué mierda estás haciendo? — Francisco no quiso entender por qué le estaba amenazando. Rápidamente se dio cuenta que aquella mantis tarde o temprano le iba a comer. Se puso en pie intentando ser cariñoso con ella, aún sabiendo que aquello no funcionaría, ella tenía el arma y la capacidad para matar. En aquél instante volvió a sonar el interfono de la casa. En la pantalla apareció la inspectora. Zully gritó ¡Joder!

— Como abras te pego un tiro en la cabeza — Zully comenzó a caminar de un lado al otro tratando de buscar un plan de huida pero la única salida de la casa era por la verja principal y allí había una inspectora con muchas dudas. Volvió a sonar el timbre.

— ¿Qué vamos a hacer? no lo pagues conmigo por favor. Saquemos el cuerpo de aquí y te escondes, es la única opción. Borro de mi mente que me hayas apuntado con un arma — Zully entendió que aquella era la única opción y cedió para ayudar a Francisco. No habían movido el cuerpo ni dos centímetros cuando la inspectora ya aporreaba fuertemente la puerta de entrada. ¡Abra la puerta señor Garriga! ¡Se que está dentro, abra la puerta o la rebiento! De un último esfuerzo escondieron el cuerpo de César en el pequeño rellano que bajaba al parking y Zully se escondió. Francisco cerró la puerta del recibidor diciendo un Ya voy que sonó ciertamente confuso. Se hizo el dormido y abrió la puerta.

— ¿Dónde está el sargento Blanco? — preguntó  Verónica con la cara desencajada

— ¿Perdón? ¿Qué está pasando inspectora? ¿Ha saltado la verja? — Francisco trató de actuar como buenamente pudo

— No me joda señor Garriga. Se que ha estado aquí ¿dónde coño está? — Verónica trató de hacerse hueco para esquivar al millonario mentiroso pero a éste no se lo ocurrió otra cosa que impedirle el paso cogiéndola por los hombros agresivamente. Verónica sorprendida retrocedió, sacó su arma y sin respirar le disparó en el muslo izquierdo. Francisco cayó acompañado de un grito que hizo eco en toda la silenciosa urbanización. Libró su obstáculo y se asomó al salón. Inspeccionó rápidamente, como estaba adiestrada, y vio la sangre en la alfombra y un pequeño surco dirección a una puerta cerrada. El corazón le dio un vuelco. Abrió lentamente la puerta sosteniendo el arma que aún escupía humo. La adrenalina y el holor a  pólvora danzaban lentamente cuando vio el cuerpo tendido de César. Una lágrima se suicidó ante su rostro mientras se agachaba a comprobar si había pulso. Parte de ella murió en aquél pequeño rellano de mármol.

Supo por instinto que allí debajo había alguien más. La misteriosa mujer que César le había dicho. Bajó dos peldaños lentamente para poderse asomar cuando escuchó un fuerte disparo. La bala pasó justo por delante de su cara. El pitido era ensordecedor y mientras recuperaba el oído esuchó un Púdrete zorra y el arranque del motor de uno de los dos coches del parking. Sabía que era el instante. Se armó de valor, repasó mentalmente su romance con César en una milésima de segundo y supo que aquello fue amor. Bajó el último tramo de la escalera, localizó su objetivo que comenzaba a moverse y vació su cargador en él. El Audi se detuvo en la puerta metálica que aún estaba subiendo. Zully fue cosida a tiros.

(...)

Verónica miraba fíjamente a la mansión sentada en la moto de César. No podía dejar de llorar arrepentida por no haberle dicho que le amaba y porque ya jamás podría hacerlo. Una docena de coches patrulla invadían la calle y una ambulancia daba los primeros auxilios a Francisco. El comisario se le acercó lentamente con el rostro abatido.

— Verónica, han encontrado una bolsa con botes de spray, mascarillas, dos teléfonos prepago que seguro coinciden con los que recibió el sospechoso. Lamento la pérdida del sargento Blanco. Se que era muy importante para usted. Buen trabajo a los dos —

— ¿Cómo no nos dimos cuenta comisario? sabía que algo no me cuadraba, aquél chico era inocente y ahora César está muerto —

— Nos la han jugado a todos. No voy a sermonearla ahora por lo imprudentes que han sido ¿de acuerdo? Me jode más que a nadie perder a alguien, pero gracias a él nos acercamos más a nuestro objetivo — el comisario le pareció afectado pero no acabó de entenderle

— ¿Nos acercamos? caso resuelto comisario — dijo Verónica enfadada

— Me han llamado de Barcelona inspectora. Hay otra víctima y el forense de la central acaba de certificar que la drogaron con la misma sustancia ....  Burundanga  —

 

                                                     <<  FIN  >>

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 54
  • 4.38
  • 522

Soy alguien que compone canciones e intenta escribir.

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta