cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

8 min
Dulce paloma (Quinta parte)
Suspense |
22.04.13
  • 5
  • 1
  • 1432
Sinopsis

Las tres perspectivas de un crimen

        Álvaro decidió aparcar su Range Rover lejos del cuartel de Can Llong. Decidió acercarse a pie para no levantar sospecha. El corazón golpeaba su pecho a sabiendas que se encontraba a las puertas de un gran dilema. Volvió a mirar su iphone mientras caminaba pero no había señal de Rosa. Era peligroso volver a intentarlo, así llevaban las pautas de su misterio. Al llegar a la garita de seguridad mostró su Dni al agente que la regentaba y preguntó por la inspectora Hidalgo. Tras un espere un segundo fuera y una llamada, le invitó a entrar al enorme edificio. Rodeado de vehículos de la policía y lecheras de los antidisturbios, Álvaro comenzó a sentirse francamente mal.

Esperó varios minutos en una salita leyendo las normas cívicas y algún que otro estúpido cartel cuando un agente vestido de paisano preguntó por él. Acompáñeme porfavor le dijo. Subieron dos pisos hasta que se adentraron en unas oficinas en las que pudo ver unas salitas numeradas de interrogación. El agente de paisano le dijo amablemente que se sentara y guardara unos minutos. Allí no había rastro alguno del famoso espejo por el que miran desde el otro lado, como en las películas, sonrió nervioso. Ensayó su mejor cara de poker cuando escuchó la voz de una mujer diciendo algo como encárgate tú Samuel tengo un interrogatorio, acompañado de un fuerte taconeo acercándose. La puerta se abrió y por fin conoció a la inspectora. Le pareció guapísima y su rostro le mostró tranquilidad, suspiró.

— Buenas tardes Álvaro, gracias por venir — dijo la inspectora mientras le daba la mano.

— No hay de qué, encantado ¿en qué puedo ayudarla? — preguntó confuso

— ¿Conoce a esta mujer? —  Dijo Verónica sacando la fotografía de Rosa de una carpeta mientras se sentaba. Álvaro se bloqueó mirando aquella hoja imprimida en color con el rostro de Rosa

— Si, es una amiga. Se llama Rosa Teixidó — levantó la vista preocupado

— Verá, lamento comunicarle que anoche la atropellaron — Verónica intentó ser lo más natural posible. Odiaba dar ese tipo de noticias pero era su pan de cada día

— ¿Está muerta? — preguntó Álvaro desesperado

— Sí, lo siento mucho — Álvaro rompió a llorar estrujando aquella hoja con rabia posando su cabeza contra la mesa

— Tómese su tiempo y cuando esté preparado hablamos. De verdad que lo lamento Álvaro ¿quiere un poco de agua? — no hubo respuesta, tan solo gemidos de dolor — le dejaré un rato ¿de acuerdo? — Verónica salió de la sala suspirando mientras cerraba los ojos. Otro corazón roto, pensó. Decidió ir a tomarse un café mientras Álvaro se reponía cuando vio aparecer a César nervioso con una carpeta. Le hizo un gesto para que le viera y éste vino en un instante.

— Traigo buenas nuevas jefa. El informe de la científica y el video de la gasolinera ¡ ah! y la compañera de trabajo niega haber quedado con ella — dijo César mientras revolvía la carpeta. Verónica le tranquilizó y le pidió un resumen mientras se dirigían a la máquina de café. César por fin sacó el informe y se lo resumió.

— A ver ... huellas parciales y totales en el asa del bolso ... huellas en el teléfono ... restos de pintura metálica negra en camisa y pelo ... restos de rimel en los dedos ... en el video de la gasolinera entre las dos y las cuatro, el único vehículo negro que pasó fue este — César sacó una hoja con la captura de la imagen. Se podía apreciar un modelo todo terreno de color negro a lo lejos.

— ¿Y qué han dicho de las huellas? — preguntó mientras apretaba el botón de café solo

— Hay de la víctima y otras recientes que han dado negativo en el registro ¿qué sabes del chico? — preguntó mirando a la sala de interrogatorio

— Tiene un Range Rover negro matriculado hace tres meses. Creo que lo tenemos aunque llora desconsolado en la sala — Verónica bostezó cansada y le guiñó el ojo a su amante con gratitud y complicidad. Los dos agentes fumaron en una zona habitlitada y se preguntaron si el chico se derrumbaría. Había que darle tiempo allí encerrado para que hablara. César se ofreció para entrar y sacárselo de malas maneras pero la inspectora se negó pidiendo prudencia. Le ordenó que fuera redactando el informe que tenían que entregar al comisario antes de finalizar el día y volvió a la sala.

— Bueno Álvaro, se que no es buen momento pero deberá responderme a unas preguntas ¿de acuerdo? — Verónica volvió a sentarse. Álvaro asintió aún con la cabeza postrada en la mesa.

— ¿De qué la conocía? —

— La conocí en el gimnasio hace ya un tiempo — Verónica le ordenó que se incorporara, se acabaron las dulzuras.

— ¿Cuando la vio por última vez? — Álvaro necesitó un instante para recordar

— El miércoles en el gimnasio, luego tomamos café cerca del parque Catalunya de Sabadell — recordó

— Ayer la llamó sobre las nueve menos cuarto ¿cierto? —

— Sí, y esta mañana también ... no respondía — volvió a llorar

— ¿Dónde estuvo anoche Álvaro? —

— ¿Anoche? fui a cenar con unos compañeros y luego de copas por la Villa olímpica

— ¿Cómo lo puede corroborar? — preguntó la inspectora que ya iba lanzada

— La cena la pagué con targeta y mis compañeros estaban conmigo, llámelos si quiere — Verónica no dudó ni un instante. Aceptó el teléfono de Álvaro y le pidió que marcara el número de su amigo. Tardó en contestar pero al fin habló con Eric. Éste le dijo que le dejó en casa sobre las tres de la madrugada, tomó notas y le pidió que estubiera localizable,  puesto que tenían retenido a Álvaro. Eric se mostró colaborador y amable.

— Verá Álvaro, tenemos un problema y gordo. Haré mandar una patrulla en busca de su amigo para que haga una declaración jurada ¿tiene un Range Rover verdad? — Álvaro la miró boquiabierto durante unos segundos y rodeado como escorpión se clavó el aguijón y confesó toda la historia. Verónica tomaba notas mientras le contaba toda su versión, todo empezaba a cuadrarle. Le leyó los derechos y le propuso que se buscara un abogado porque iba a estar retenido durante cuarenta y ocho horas mientras finalizaba la investigación. Álvaro replicó una y otra vez que él jamás le haría daño, que la amaba como nunca había amado a alguien. Le suplicó que investigara acerca de los extraños mensajes que recibió donde aparecían las palabras Dulce Paloma, secreto de la pareja. Verónica volvió a dejarlo solo y se fue a ver al comisario Bernat.

— Comisario, ha confesado parte de la historia pero dice no recordar, niega haber tenido nada qué ver, parece destrozado. Voy a mandar una patrulla grúa a buscar su vehículo para que lo analicen. Quizá tenga cómplices, no lo veo nada claro —

— Haga lo que requiera pero con brevedad inspectora, necesito el informe urgentemente. Si tiene pruebas suficientes, presente cargos ya. El alcalde ya me ha llamado y no he sabido qué responder. El marido conoce a gente importante ¿sabe?  — Verónica salió del despacho del comisario y se reunió con César. Pensó en la buena y dolorosa actuación que había vivido con el primer sospechoso interrogado en la sala, nunca un culpable le pareció tan destrozado. Se había encontrado de todo en su carrera pero aquél chico estaba sufriendo de verdad. Se acordó de la droga que comentó el forense y le llamó.

— Marcos ¿qué sabe de la sustancia encontrada? —

— Disculpe Verónica, es Escopolamina, acabo de recibir el resultado. Es la primera vez en mi carrera que se lo detecto a alguien. He estado investigando y me he quedado a cuadros. Se la conoce como Burundanga —

— ¿Burunqué? ¿qué narices es eso? — Verónica no entendió nada

— Inspectora, la burundanga es la droga de la voluntad —

 

Continuará ...

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 54
  • 4.38
  • 521

Soy alguien que compone canciones e intenta escribir.

Tienda

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta