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8 min
Dulce paloma (Seguna parte)
Suspense |
15.04.13
  • 5
  • 1
  • 1944
Sinopsis

Las tres perspectivas de un crimen

        Al leer aquél mensaje, Álvaro pensó en Rosa. Siempre se despedía de ella con esas palabras. Marcó el número desconocido pero nadie contestó. Sin bajarse del coche pensó que había cambiado de número y le escribió esas misteriosas palabras para saber que era de ella. Eric fumaba a las puertas de la macro tienda cuando llegó la moto de Saúl. Siempre haciendo ruido, pensó Eric. Saúl vestía un mono verde a juego con su Kawasaki de gran cilindrada. Se quitó el casco, zarandeo su pelo cual a cámara lenta y fue hacia a él.

—  Buen día rey de los mojitos — le dijo a Eric mientras le saludaba — ¿Qué le pasa al jefe, no quiere abrir o qué? — preguntó mientras miraba a Álvaro. Una vez en el trabajo la complicidad de ambos florecía. Álvaro era el jefe y nadie de los otros compañeros se imaginaban que tuvieran tan buena amistad los tres. Si tenían que criticarlo no se cortaban un pelo, aunque cuando era criticado por alguno otro se molestaban.

— Hola tío, el jefe tiene problemas. Anoche acabó la fiesta más tarde para él — dijo Eric casi susurrándole — cuando pleguemos tendríamos que hablar con él, la cosa pinta mal —

— Bueno, bueno, resaca y misterio no son compatibles ahora mismo — contestó Saúl.

Álvaro volvía a llamar una y otra vez pero nadie contestaba. Era la hora de abrir, en la puerta ya  estaban casi todos los trabajadores y podía verlos como le miraban por el retrovisor. Se bajó del coche, saludó a la decena de ellos  y abrió las puertas. Cada uno sabía lo que tenía que hacer en su sección. Álvaro subió las escaleras hacia las oficinas, acompañado de la secretaria del jefe y las chicas de contabilidad. Les pareció más serio de lo habitual, pero alguna sintió más deseo por él. A sus casi cuarenta años, Álvaro estaba en plena forma. La camisa azul que vestía marcaba unos fuertes bíceps y grandes pectorales. Sabía que podría enrollarse con cualquiera de ellas, pero por encima de todo valoraba su trabajo con el lema Donde tienes la olla, no metas la polla.

Álvaro, sentado en su despacho, encendió su ordenador y pensó en Rosa de nuevo. Recordó la primera vez que la besó en la Villa Olímpica y cómo una paloma se cagó encima de ellos. De la boca de ella, entre risas, salieron las irónicas palabras Dulce Paloma, las que les acompañaría durante su idilio. Recordó la primera vez que la vio, tras el cristal haciendo spinning. Se quedó perplejo mirándola hasta que el monitor lo miró. Toda la clase se giró hacia el cristal viendo a Álvaro pasmado. Fue en la máquina de bebidas cuando iniciaron sus primeras palabras. Rosa llevaba diez años casada con un empresario adinerado y él la notó infeliz. Los días en el gimnasio fueron pasando y entre breves saludos iniciaron una bonita amistad que les llevó a la pasión de las sábanas.

Llevaban más de tres meses manteniendo una relación oculta pero estaban enamorados. Rosa quería hacer las cosas bien y divorciarse pero notaba que Álvaro aún no estaba preparado. Ansiaba ser madre, su reloj biológico la agobiaba a sus treinta y nueve años. Ya no amaba a su marido aunque la comodidad económica le permitía hacer y deshacer a su antojo. Sabía perfectamente que el loco de su marido se había follado a todo lo que se movía. En alguna ocasión quiso huir de su mansión de Valldoreix pero no tenía dónde ir. Era cuestión de tiempo. Mataba su agonía en el gimnasio y allí lo conococió. Una amiga de Rosa, vivía en Sabadell y le ofreció apuntarse con ella. Era su única confidente.

A la hora del desayuno, Álvaro como cada día, llamó a Rosa. Era el único momento de la mañana que podían hablar. Ella trabajaba de decoradora y se escaqueaba para hablar con él. En el estudio todos conocían a Franciso, el marido de Rosa, y no quería levantar sospecha. Rosa no contestó. Álvaro se sintió frustrado, era la única persona que le tranquilizaba, después de lo ocurrido quería verla a toda costa. Tendría que esperar a la tarde en el gimansio para verla. Al bajar a la tienda se cruzó con Saúl.

— Jefe ¿todo bien? — preguntó su amigo

— Sí tranquilo ¿comemos los tres juntos? — preguntó Álvaro asegurándose que nadie le oyera. Saúl levantó el pulgar y se fue al almacén. El iphone de Álvaro vibró en su bolsillo. Otro mensaje de otro número. Dulce Paloma. El corazón ya le iba a mil. Llamó rápidamente al número y de nuevo nadie le contestó. No veía con claridad y la resaca persistía. Sacó otro ibuprofeno y mientras iba a la cocina del personal el teléfono volvió a vibrar. Ésta vez era una llamada con número oculto.

— ¿Álvaro? — preguntó la voz de una chica que no reconoció.

— Sí yo mismo ¿quién es? — preguntó confuso.

— Buenos días, soy la inspectora Hidalgo de los Mossos de Esquadra ¿podría venir al cuartel de Can LLong? — preguntó la agente.

— ¿Ha ocurrido algo? ¿Ahora? Estoy trabajando — Álvaro no pudo evitar tartamudear.

— Estamos investigando un caso y nos gustaría hablar con usted ¿a qué hora puede venir? —

— Pues acabo el turno a las cinco — contestó Álvaro asustado.

— De acuerdo. Cuando llegue pregunte por Verónica Hidalgo y le acompañarán a mi despacho — concluyó secante.

Álvaro ya pudo confirmar que tenía un problema de verdad. Después de averiguar que su coche tenía un fuerte golpe y restos de sangre, ahora la policía preguntaba por él. Era evidente, alguien vio algo y lo identificaron. Comenzó a tejer una estrategia pero no podía imaginarse nada. Diría la verdad. No quería implicar a sus amigos aún sabiendo que podría salpicarles en muchos sentidos. La mañana le pasó volando sin dejar de pensar en el problemón que le venía cual enorme tsunami. Llegó la hora de comer y se dirigió a la cervecería donde había quedado con sus amigos.

— Chicos, la cosa es grave. Me han llamado los Mossos — dijo mientras se sentaba.

— ¡Joder tío! tú no digas nada. Deja que hablen ellos antes — interrumpió Eric nervioso.

— Álvaro ya lo sé todo. Pienso que si te escondes pueden investigarte más. Yo diría todo lo que sepas, no has hecho nada, tranquilo — Saúl a pesar de ser el cabra loca de los tres resultó ser el más responsable

— Veré a ver por qué me reclaman. Si veo que no hay salida lo contaré todo tal cual —

— Tienes el coche abollado, había sangre y algo de ropa, ahora te llama la " poli". No sé Álvaro, tiene mala pinta y yo estuve contigo hasta las tres. Yo declararé si pasa algo no te preocupes — Eric le cogió del hombro.

— No llegué a casa hasta pasadas las cuatro y media. Si fue así, tuve una hora y media en la que no recuerdo nada. Espera ... ahora recuerdo ... — dijo Álvaro mirando al infinito — te dejé en tu casa es verdad ... no recuerdo la hora ... y luego aparecí allí en el polígono —

Los amigos comieron unas hamburguesas y dos raciones de patatas bravas entre conjeturas. Álvaro no dejaba de pensar en Rosa, la necesitaba constantemente. Los amigos le hicieron buena compañía en los cuarenta y cinco minutos que tenían para comer y todos volvieron al trabajo. Ellos plegaban a las siete de la tarde y Álvaro a las cinco. Ventajas de ser el encargado, pensó. Deseaba llegar al cuartel para averiguar por qué lo reclamaban y con tanta agilidad. Pudo imaginarse que si había sido un atropello, los agentes no habrían ni dormido para dar con él a tanta velocidad.

 

Continuará ...

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