cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

6 min
Dulce paloma (Séptima parte)
Suspense |
28.04.13
  • 5
  • 2
  • 1698
Sinopsis

Las tres perspectivas de un crimen

       Tan solo necesitaron una hora para poner fin al demoníaco plan que tantos días les llevó por el camino de la amargura. Francisco ayudó a Zully a apartar el cuerpo de Álvaro para que ella tomase los mandos del Range Rover. Condujeron con ambos vehículos, cada uno con un cuerpo, dirección a una zona tranquila de Sant Cugat cercana a la autopista. El corazón de Francisco galopaba en la oscuridad debido al estrés de la situación y a las dos últimas rayas de cocaína. Bajó de su coche y abrió el maletero. Rosa gemía lentamente cercana a la consciencia mientras su marido golpeaba lentamente sus mejillas.

— Despierta cariño, tenemos que caminar un poco — Rosa abrió lentamente los ojos totalmente confundida. Al ver el rostro de su marido se tranquilizó y le hizo caso. La ayudó a bajar del gran maletero del Audi sosteniéndola por debajo del hombro y justo en medio de la oscura avenida se detuvieron. Rosa estaba aún bajo los efectos de la burundanga y no podía sostenerse en pie. La puso de rodillas en medio del asfalto y la cogió de la cara.

— Rosa, mírame bien. Es importante que me hagas caso. Quédate aquí un momento y no te muevas, voy a pedir ayuda — Rosa intentó preguntar a su marido qué estaba pasando pero no tenía las fuerzas suficientes para hacerlo. Sin entender nada, rompió a llorar. Su marido desapareció y tan solo pudo escuchar el motor de un coche a toda velocidad acercándose mortalmente por su espalda. Zully la arrolló y en el primer impacto le mostró la muerte. No fue suficiente para ella y dio la vuelta treinta metros calle abajo para volver a pisotearla. Francisco no quiso ver el brutal atropello desde su coche. El Range Rover asesino se paró junto a él. Zully bajó rápidamente para comprobar el cuerpo inerte de Rosa y le arrancó un mechón de su rubia melena. Lo esparció por el maletero del coche de Álvaro, cogió el bolso de Rosa y puso el asa en las manos dormidas del amante.

— Ya mi amor. Debemos regresar a toda prisa — le dijo Zully a Francisco. Se había acabado todo para él y sintió pena por su fallecida esposa. Antes de partir hacia el polígono, Zully se aseguró de rociar de nuevo el Range Rover para que Álvaro no despertara ni recordase nada de aquella atrocidad. Se puso una máscara y arrancó el motor.

(...)

 

César estaba poniendo comida a sus dos gatos persas mientras pensaba cómo había acabado el caso. Por la mañana siguiente pasarían el informe a limpio para entregárselo al comisario. Los resultados de la patrulla científica fueron claves para presentar cargos contra Álvaro. Al analizar el Range Rover encontraron restos de adn en la rejilla de ventilación del vehículo a parte del fuerte golpe. Había pelos de la víctima en el maletero y huellas en el bolso. El móvil del crimen fue supuestamente pasional por abandono, Rosa tenía que haberlo dejado arrepentida e intentó arreglarlo con su marido. Verónica no le pareció convencida ni con tantas pruebas, pero la presión a la que estaba sometida hizo que cerrara el caso. El siguiente informe sería para poder acusar al amigo de cómplice de homicidio.

Verónica se marchó a casa enfadada y no quiso que le acompañara. Hoy no César de verdad, le dijo. César vivía en un ático del centro de Sant Cugat y pocas veces ella lo había pisado. Miedos al compromiso, pensó. César se puso la chaqueta y decidió bajar al restaurante chino que tenía justo en frente. Podía haber llamado para que se lo trajeran pero prefería bajar al bufet libre y rellenar él mismo los botes de plástico. Más cantidad, mismo precio. Al cruzar la calle vio algo en la esquina. Allí estaba un Audi Q7 con las luces de warning puestas. César se escondió detrás de un árbol y pudo ver a Francisco esperar a alguien mientras miraba el móvil. A César jamás le pareció inocente el marido de la víctima pero no tenían nada contra él. De pronto de la nada apareció la guapa colombiana corriendo introduciéndose al coche de Francisco. César cogió el móvil, sacó una fotografía y rápidamente llamó a la inspectora.

— Vero, soy yo. Perdona que te moleste pero estoy viendo al marido con una mujer justo en frente de mi piso — le dijo sin parar ni para respirar

—  Será alguna familiar César. Hemos cerrado el caso, que haga lo que quiera —

— Pues parece latina y para ser familiar se han comido los morros. Oye que arrancan, voy a seguirlos te llamo luego ... — César colgó el teléfono y disimuládamente fue en busca de su moto aparcada justo en la puerta.

— César ... César ... ¡Joder! — Verónica se cabreó y volvió a llamarlo. Sin respuesta.

Por un instante pensó que los perdía de vista pero aquél vehículo era como una ballena de grande y rápidamente lo localizó. Trató de mantener la distancia de seguridad para no ser descubierto mientras callejeaban por las calles del centro. César pensó en su arma olvidada en el ático. A dos coches de distancia veía como la acompañante de Francisco asomaba fuera de su asiento para juguetear con él. Aquello era sospechoso. Un viudo destrozado jugueteando con una atractiva latina vistiendo un chándal y por la dirección que estaban tomando le pareció que se dirigían a la mansión de Valldoreix.

Al llegar a la casa de Francisco y la víctima, César paró las luces de la moto y guardó la distancia mientras la puerta del garaje se abría. Marcó el número de Verónica.

— Oye perdona iba con la moto. Me huele raro Vero, se acaban de meter en casa y la mujer ha ido comiéndole el cuello todo el camino —

— ¿Por qué me has colgado coño? No puedes seguirlo así sin más César ¡joder! pareces nuevo — Verónica estaba molesta

— No pasa nada tranquila, estoy dando un paseo en moto no te preocupes. Oye aquí hay gato encerrado — dijo César mientras caminaba por la acera de la mansión. Al mirar por un pequeño hueco que dejaba la valla de brezo vio como la pareja se besó de nuevo. La puerta del garaje se cerró y perdió la oportunidad de fotografiarles.

— Quédate ahí quieto, voy deseguida — le ordenó

— Lo siento Vero, voy a entrar. Lo pillaré por sorpresa, date prisa porfavor — César desobedeció y colgó mientras picaba al interfono de la casa ...

 

Continuará ...

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 54
  • 4.38
  • 522

Soy alguien que compone canciones e intenta escribir.

Tienda

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta