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2 min
durmiendo al pie de las escaleras al cielo.
Poesía |
02.01.19
  • 5
  • 2
  • 733
Sinopsis

Su cuerpo era
un templo.
Antiguo y abandonado,
tan encantado(r) 
que resultaba
maldito.
Sus muros guardaban
batallas perdidas lideradas
por las manos de mil hombres
y quinientas mujeres,
narradas con la voz 
más ronca y marchita,
incapaz de expresar
con palabras o versos
la desgracia 
que en aquellos
relatos acontecía.
Monjes y falsos profetas
predicaron bajo 
la luz de la claraboya;
las palabras de Judas
proclamaban las paredes
con clavos tan mudos
y dolientes como las promesas
y los anhelos sin cumplir.
Gitanas y maleantes 
buscaron refugio 
de una realidad que no podía ser,
con rosarios desgastados
por el llanto de 
los ángeles caídos 
y monedas arrancadas
en manos llenas de sangre
sin vida.
Viajeros con brújulas rotas
y mapas sin destino,
siguiendo los cráteres
de una luna de hormigón
y nombrando estrellas
que aún no habían
cumplido su mayoría de edad;
buscando un lugar donde
poder gritar que los
rincones del mundo
se pueden doblar aunque
la Tierra sea redonda.
Amantes buscando un nido
donde poder escribir poemas
con la lengua,
donde poder ser la paradoja
y los antónimos de lo complejo,
donde no hacía falta
consumir los relojes
para que se amaran
a destiempo.
Dioses del 
Caos 
y
de la Paz 
buscando un sitio
donde nacer mellizos
y enamorar a una mera mortal
con banderas blancas
y guerras contenidas
en tarros de sombras
y monstruos
sin rostro.
Nada resultó más sencillo
que dejar a su corazón
tomar el control de su cabeza
y enamorarse de la destrucción,
del caos y su teoría,
porque cualquier guerra
es una revolución
y ella era una
granada.
Su cuerpo era 
un templo,
tan roto

exhausto
que ni sus grietas
de oro consiguieron
evitar una orden
de desahucio.
Sólo quedaba vagar,
columpiarse en las nubes
y caminar junto a las
almas sin propósito,
cuyos hilos habían
sido cortados como
petición de algún 
dios caprichoso.
Adentrarse en la espesura,
donde toda mirada 
pierde sentido
y las palabras ya no bailan
para tener significado.
Allí la encontrarás,
durmiendo al pie
de las escaleras
al cielo.

 

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