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4 min
E-MAIL PARA CARLOS (IV)
Amor |
09.10.06
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Sinopsis

De: mariaaudije@opimet.com
Para: carlosmengod@tricomail.com
Asunto: Re: Chungo
Fecha: 10 de octubre de 2006

Hola Carlos;

Antes de nada; ayer ví las fotos del suplemento del domingo pasado, aquellas de los jardines de Belgravie Square. Las reconocí, en un periódico olvidado en la recepción, no porque llevasen tu firma, sino porque eran un reflejo de lo que eres: muestras el momento, tímidamente el exterior, aunque más allá de la instánea hay todo un mundo por descubrir.

No te voy a preguntar el porqué de la pelotera con Teresa, aquella que tuviste que olvidar a fuerza de beber para no variar, aunque no es muy dificil de imaginar: una mirada de más, la botella sobre la mesa y un sin fín de reproches por su parte, por la tuya, quizás un portazo más fuerte que otro, ni una palabra, ni un gesto de arrepentimiento, caladas hondas a tu cigarro y, como no, la desidia por aliada. Fuese como fuese, seguro que nada agradable.

Ayer por la tarde, antes de entrar a trabajar, fuí a pasear a la Plaça do comercio. Ojalá pudieras ver lo bonitos que son los atardeceres aqui, en otoño, árboles rojizos, tranvías de colores, vendedores ambulantes y el mar bañando la escena. El sonido de una guitarra a lo lejos, invocó tu presencia y te ví allí, mochila al hombro, junto a un hombre que pintaba retratos por quince euros. Te giraste, me guiñaste un ojo y desapareciste como la visión que eras. No sé que decirte, tu confusión me está contagiando; a decir verdad, creo que me estoy obsesionando con ésto; contigo, con todo lo que rodea nuestra historia; me parece verte y oirte en todas partes, cada rincón de Lisboa sabe a tí. La melancolía que te envuelve lo hace ahora conmigo y lo que ayer me gustaba, hoy ya no. Anoche las teclas de mi piano se volvieron blandas, como los relojes de un Dalí cualquiera. José, el jefe del restaurante, se percató de mi torpeza y me dijo que sabía que algo me preocupaba aunque no se lo hubiera dicho. Me regaló una botella de Wisky a compartir con mis penas y eso hice; llegué a casa, me desnudé frente al espejo, mudo testigo de nuestra pasión, y me senté frente al ordenador con la botella en la mano, releyendo una y otra vez tus mensajes hasta que la vista se me nubló. Ésta mañana me desperté tendida en la cama, no sé muy bién como llegué hasta allí, con la noción del tiempo perdida, tu colgante entre los dedos y un fuerte dolor de cabeza; tú que entiendes de eso sabrás lo que te digo. No sé como puedes matarte con ésto Carlos, alcohol, tabaco, tabaco, alcohol...qué más da, todo la misma mierda sin la cual, parece, no puedes vivir; ¿qué intentas olvidar?

Deseé tenerte entre mis brazos cuando leí tu versión de nuestra primera noche juntos, aquella en la que nos liberamos de las rejas que nos hacían presos del deseo. Ahora sé que te parecí bonita aquella vez aunque no tuvieras claro si fué amor o simplemente sexo pero, a juzgar por tus besos y caricias, yo si sé lo que sientes o sentías por mi. Hay un hilo invisible que nos une, Carlos, el mismo que cruzó tu relación con Teresa. Sabes de sobra que te entiendo, a veces eres angel, a veces demonio pero, al fin y al cabo, te entiendo. Lo he intentado, no te voy a engañar, pero no he podido ni quiero olvidarte.

Besos Carlos,

María

P.S. Cuídate el resfriado; Jack Daniels no es la mejor medicina.
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Ummmm, leer, escribir, ir al cine, escuchar música y, sobre todas las cosas, ¡tocar el piano! "Terra mágica, perco-me em tuas ruas com aroma a sal enquanto contemplo morrer a tarde sobre teu rio e mar "

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