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6 min
ECOS DEL MÁS ALLÁ 3
Suspense |
25.09.20
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Sinopsis

En efecto. A la inicial pena que supone el fallecimiento de un hijo y de un nieto, se unía la terrible incertidumbre de aquel misterio, y también el ser objrto de la opión pública, que parece ser un ente insacible de morbosidad.

Como es lógico aquella penosa situación provocaba en el matrimonio una gran tensión emocional que no les dejaba conciliar el sueño, seguida a su vez de largos de depresión y de malhumor.

Pero lo que Carmen no sabía era que aquel deplorable estado de ánimo  podía ser un incentivo que en un momento dado podía ser capaz de llevarla a conocer un aspecto insospechado de la realidad más allá del tiempo y del espacio inmediato.

Y así ocurrió.

Una noche estrellada, el matrimonio regresó a su casa al salir del hospital; pues se había acostumbrado a hacer visitas periódicas a dicho centro con la vaga esperanza de que la nuera y la nieta salieran de aquel  trance, y súbitamente Carmen tuvo la singular sensación de que en la casa había "alguien" más que el matrimonio, que bien podía estar agazapado en algún rincón de la vivienda. ¿Un ladrón acaso? Aquello parecía imposible porque ellos vivían en un quinto piso de un inmueble y al salir habían cerrado la puerta con llave. Lo más seguro fuese que aquella inquietante sensación no dejas de ser una simple sugestión causada por el estrés de aquellos días. En consecuencia Carmen optó por no decir nada a su marido.

Así que aquella triste pareja cenó frugalmente y al poco tiempo se retiraron a dormir. Pero antes de acostarse Carmen que era una mujer que creía en el mito religioso de un modo bastante tradicional miró fijamente un crucifijo que estaba colgado en la cabecera de la cama, como implorando que se descrubriese de una vez por todas aquel misterio que los consumía tanto.

Ramón que adivinó los pensamientos de su mujer le echó un cubo de agua fría con su esceptismo diciéndole:

- ¿Pero  qué esperas, que este crucifijo te dé una respuesta de lo ocurrido? Anda mujer. Métete en la cama y procura dormir.

Mas Carmen se revolvió iracunda hacia  su marido y le increpó:

-¡No puedo dormir, no puedo.¿Lo oyes...?! Además, ¿quién eres tú para ahogar la poca fe que me queda en algo que es la llama de mi pobre esperanza? Porque tú no creas en nada no significa que los demás tangamos que ser como tú.

Ramón se quedó totalmente desconcertado ante la irascible reacción de Carmen y sin saber qué contestar dio media vuelta en la cama e hizo ver que dormía. En realidad en la casa los nervios estaban a flor de piel.

Seguidamente, al estrés de la mujer le siguió un inusitado relajamiento; se puede asegurar que su estado emocional se había comportado como una montaña rusa, por lo que inesperadamente aquello dio lugar a que su intuición se agudizara más hasta el punto que se le despertó la percepción extrasensorial.

Se hallaba en aquel especial estado mental cuando oyó un ruido que venía del comedor.

Ella se levantó de la cama y se dirigió a aquella dependencia de la casa con el ánimo en vilo.

A decir verdad todo sucedía como en un sueño. Sin embargo Carmen sabía que estaba viviendo una situación bien real. No había duda de que allí había "alguien". ¿Quién?

De repente Carmen sintió que la llamaban en un susurro.

- Mamá, mamá...

Carmen fijó su atención al rincón desde donde la llamaban, y como si fuese un radar vio a un ser oscuro, como una sombra que a juzgar por su silueta se diría que era su hijo Andreu. ¿Cómo podía ser si estaba muerto?

-¡Andreu, hijo! ¿Eres tú? - preguntó la mujer con el corazón acelerado.

- Sí, soy yo - respondió la sombra en un tono sombrío.

Como es natural Carmen instintivamente quiso abalanzarse sobre su hijo para darle un abrazo, mas éste la detuvo con un gesto de la mano.

- ¡No te acerques mamá! Soy un mísero espectro.

Ciertamente Andreu parecía ser un resto energético compuesto por un conglomerado de fotones (capas de luz) el cual contenía la impregnación psíquica del hombre que había sido en esta vida.

Entonces Carmen se estremeció porque comprendió que su hijo por alguna nefasta razón se había convertido en un ente oscuro, en una especie de sombra cuyo estado lo condenaba a vagar indefinidamente en nuestra dimensión como una alma en pena.

-  Andreu, hijo. ¿Qué fue lo que ocurrió aquella noche en tu casa?. Ni tu padre ni yo entendemos nada.

- Mamá, no deseo que  sufras más - dijo susurrante la sombra-. Si quieres saber la verdad de lo sucedido y el porqué, ve a mi torre de Manlleu. Una vez en ella dirígete a mi dormitorio y mira en los cajones del armario. En ellos encontrarás la respuesta que andas buscando. Pero sobre todo mamá, ayúdame. Reza por mí - suplicó.

Al día siguiente Carmen y su marido fueron al lugar que les había indicado el supuesto espectro del hijo, aunque ella también dudaba de la veracidad de aquella aparición.

Cuando llegaron al pueblo se acercaron a la torre. Carmen se apresurö a ir a la habitación de su hijo, hurgó en los cajones del armario y descubrió unas fotos comprometedoras en las que aparecía su nuera desnuda en la habitación de un motel junto a su amante que había sido su profesor de una autoescuela.

Luego todo señalaba que el responsable de aquellas muertes había sido el mismo Andreu, el cual al descubrir gracias a los servicios de un detective privado el adulterio de su mujer éste presa de unos enfermizos celos se había querido vengar de ella suministrándole un veneno en su comida; pero por una ironía del destino había distribuido tan mal la pócima que había provocado una tragedia de amplias proporciones.

Al desvelarse el misterio fue revelado al juez que llevaba el caso, mas éste decretó el Secreto de Sumario porque a su parecer no convenía que el público especulara con aquellas sorprendentes declaraciones. Y no por ocultar el lado ignoto de la vida quiera decir que ésta no exista.

Yo me enteré de este caso de un modo extraoficial, por vía oral.

Mientras tanto en el transcurso del interrogatorio a los padres de Andreu, Mercedes y su hija salieron del coma, aunque la niña tal como se temía quedó afectada en el esófago. 

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