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7 min
Ejecutor de las Tierras del Norte, parte 2
Fantasía |
17.06.19
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Sinopsis

La siguiente campaña, ya al mando de su pequeño regimiento de treinta espaderos fue enviado al reino de Lirdan para apoyar al rey local Lirias contra las revueltas de sus súbditos descontentos.

La unidad de espaderos de Busont vestía con pantalón y camiseta blancas con finas y muy espaciadas rayas azules verticales, portaban un estandarte con la imagen de un enorme jabalí salvaje y hablaban con el rudo acento de Busont. También llevaban espada larga y escudo como en Viztadar, pero además portaban cuchillos arrojadizos que lanzaban con mucha habilidad, Vimara no tardó en adquirir algunos y practicar con ellos, pues a corta distancia veía suficientemente bien para apuntar.

Vimara trató de levantarles el animo todo lo que pudo tras la desgraciada campaña anterior y al segundo oficial novato que le asignaron, llamado Vestos, le dio toda la confianza que necesitaba y le ayudó cuanto pudo.

Allí permanecieron un par de años en esa fácil misión, pues el rey de Lirdan tenía un gran ejército pagado con los altos impuestos que cobraba a sus súbditos, y los rebeldes ni estaban organizados ni bien equipados.

Pese a no existir mucho riesgo, Vimara mandó levantar una empalizada en torno al campamento en Duras, la segunda ciudad de Lirdan, y para que no estuviese inactivo el regimiento, les hacía entrenar a diario una hora con la espada y el escudo y media hora lanzando cuchillos además de una hora de caminata con todo el equipo. Por último dividía el regimiento en dos grupos de quince y mientras un grupo descansaba, el otro patrullaba las calles de Duras, él iba con un grupo y el segundo oficial con el otro.

Las funciones que llevaron a cabo fueron más bien de fuerzas del orden locales que militares, tuvieron que controlar a salteadores de comerciantes a la afueras de Duras, poner orden en las inmediaciones de un par de tabernas durante los fines de semana, y ayudar a los habitantes de Duras en la extinción de varios incendios y reconstruir un puente que fue quemado por uno de los incendios y que era de vital importancia económica para el pueblo.

El pueblo de Duras quedó muy agradecido en ese periodo, pues disfrutaron de unas fuerzas del orden justas, competentes y que se implicaron en la ayuda a todo el mundo. Desafortunadamente para ellos, las revueltas fueron aplastadas y los soldados de Vimara, que ni se pelearon en esos dos años, pues entre los rebeldes nadie les quería ningún mal, fueron destinados a otra parte.

Cuando llegaron a su nuevo destino, un ejército que defendía la frontera del Imperio Batura con el Imperio Gatusko, el general de Batura, en esta ocasión un tipo larguirucho de mediana edad llamado Palinulus, los consideró nuevamente “prescindibles”, pues el regimiento de mercenarios de Busont lo hizo penosamente contra los Deducos, tenían un oficial novato y llevaban dos años en semi-inactividad.

Pero al menos este general no era un incompetente y les dejó en la retaguardia como reserva por si las cosas se ponían feas, entrasen en acción permitiendo que las tropas más pesadas huyeran sin ser hostigadas.

Y así fue, el centro del ejército de Batura que no podía aguantar las embestidas de las bien formadas y compactas tropas del Imperio Gatusko, que no sólo utilizaba tropas pesadas y muy disciplinadas sino que eran acompañadas por pequeños regimientos auxiliares de honderos que llenaban el cielo de piedras y a corta distancia dañaban mucho a los soldados de Batura. Palinulus ordenó retirada lo más escalonada posible, las tropas de mercenarios entraron en acción para cubrir la retirada con sus grandes escudos ovalados y sus cuchillos arrojadizos, permitiendo así que el núcleo del ejército pudiese huir y reorganizarse. Las tropas de mercenarios tenían más fácil la huida al apenas llevar armadura y no les costaba tanto moverse como a las tropas pesadas.

Pero Vimara tenía un plan en mente, sabía que el ejército enemigo pensaba que las tropas mercenarias cubrirían la retirada de Batura y no se esperarían una ofensiva de tropas ligeramente equipadas contra el grueso del ejercito Gatusko, y esto fue lo que sucedió: Vimara que había hecho señas a la gente de su pueblo, los Viztadar, cargó con su regimiento de espaderos de Busont contra el regimiento en el que estaba el estandarte de batalla del Imperio Gatusko y tras una ráfaga de cuchillos arrojadizos, donde cayeron seis gatuskos, uno de los cuales gracias a uno de sus cuchillos arrojadizos, su regimiento cargó y destrozó la línea del ejército enemigo, Vimara asestó varios tajos en las zonas no bien cubiertas por las armaduras, a uno le clavó la espada bajo el brazo, a otro le rebanó el cuello y al último que abatió, le asestó un golpe a la rodilla y siguió avanzando mientras sus compañeros lo remataban, y así consiguieron abrir una brecha tras la cual pasaron los espaderos de Viztadar y tras aniquilar a los regimientos auxiliares de honderos, comenzaron a atacar por la espalda a la infantería Gatusko.

El general Palinulus al ver como se habían desarrollado los últimos acontecimientos, y con el ejército ya reorganizado, mandó volver a la batalla a las tropas pesadas y exterminaron a los Gatusko.

Palinulus se cabreó porque se desobedecieron sus órdenes, pero el ejército aclamaba a Vimara y decidió no castigarlo en público, pero intentó librarse de él mandándole misiones difíciles, más no lo consiguió. La toma del castillo de Gutank con solo tropas mercenarias se añadió a su creciente fama, en ese asedio compraron los mercenarios dos catapultas de su propio dinero por iniciativa de Vimara, eran armas de asedio muy caras, pero minimizaron las bajas considerablemente y los mercenarios captaron la idea de que mercenario muerto, mercenario que no cobraba.

También le fueron ordenadas dos misiones de penetración en territorio enemigo, la primera, la captura de un príncipe del Imperio Gatusko, se adentraron ochenta kilómetros en territorio enemigo y acamparon en los bosques donde cazaba el joven Ignatus. Esperaron una semana y después otra vigilando constantemente el bosque hasta que al final apareció el príncipe con su pequeño cuerpo de guardia. En unos pocos segundos, la guardia yacía muerta por los cuchillos arrojadizos y el príncipe muy asustado fue capturado, maniatado y con la boca bien cerrada por unas pieles.

La otra misión en territorio enemigo fue la de rescatar a dos nobles que habían sido capturados en una escaramuza en la frontera. El Imperio Gatusko había pedido doscientas monedas de oro por su rescate, pero Terio II no quería pagar esa cantidad, así que ordenó que se organizase una misión de rescate con mercenarios.

Palinulus le mandó a Vimara dirigirla, a ver si al fin conseguía librarse de él, pero otra vez volvió a fracasar. Los mercenarios de Vimara aprovechando la oscuridad de la noche y tras matar a los guardas que vigilaban el exterior del campamento con sus cuchillos arrojadizos, entraron al campamento Gatusko con el mayor sigilo que pudieron. Allí encontraron a los nobles torturados, pero todavía en condiciones de moverse, salieron rápidamente y cuando los nobles estaban ya a una distancia prudencial y antes de que se acabase la noche, prendieron fuego a varias tiendas del campamento para destruirlo, dar un golpe anímico a los enemigos y para que se entretuviesen apagando el fuego mientras ellos corrían velozmente para alejarse de allí.

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Vimara significa "Famoso en la Batalla", como el señor de la guerra y caudillo gallego que reconquistó Oporto a los moros. Desde pequeño me han gustado la fantasía y la ciencia ficción. Ya de niño me inventaba mis historias y ahora quiero escribirlas. Propicios días/noches.

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