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6 min
´´El abogado del diablo´´
Drama |
18.04.17
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Sinopsis

El los caminos que rige la ley, siempre hay un precio a pagar cuando se atraviesa el umbral que nos define entre el bien y el mal.

La noche lo abrumaba y sometía en sus desvelos, que acompañaba con sedantes a sus ansias. James McNeil calculaba la vida que había compartido con ella, pero era un número en tiempo bastante borroso a su memoria y más aún desde que sabía que su mujer lo engañaba. Su vida se volvió imágenes cotidianas en un mundo en el que soportaba un peso ajeno de dudas y constantes preguntas sin respuesta que tensaban los hilos más delgados de su cordura que ahora rescataba del ahogo con barbitúricos y antidepresivos.

María por su lado vivía una furibunda primavera de amor febril de volátil reflexión. Un fuego que pintaba su alma de cálidos y suaves colores que su matrimonio casi fenecido había decolorado como el brillo de sus anillos nupciales que atestiguaban con nostalgia su posicionamiento en el recuerdo.

Pronto ella buscaría a George, sabiendo que él jamás encontraría duda a sus quejas y jamás se negaría a su pasión por mas sometida que por fuerza moral disponga, puesto para el eso eran estupideces, como sentencia de temas conservadores a su libertino juicio.

El verano del 87 rugía con locura, sus rayos centelleaban como grito de felino cayendo en su perpendicularidad pintando de mística imagen sus jardines descuidados y yermos como su amor en ocaso. James poso su cuerpo aletargado en una crujiente banca tras el soplo del viento bajo los robles que latiguean resueltos su descolgada camisa. Conto los relucientes proyectiles en sus trepidantes manos. Perdiendo por instantes su mirada en sus brillantes cascos resplandecientes que reflejaban el sol de la tarde entre sus dedos, augurando un fatídico crepúsculo como las ideas que rondaban incesantes por su cabeza. Su mente retomo por un instante su pasado, pensando. ¿En qué punto todo había empezado a salir mal?

El un ilustre abogado, que había combatido luchas odiseicas, mares de batallas presuntando el beneficios de la duda en sus clientes, en juicios casi incorrectos como los caminos del oficio. Recordando como su abuelo le confeso hacía muchos años aglomerados como dudas en su mente, diciéndole: Los abogados son los más grandes farsantes, mentirosos con saco y corbata. Pero él nunca quiso resolver el misterio. Esa trama de diretes y conjeturas populares que giraban en torno a su trabajo, mas solo actuaba por la voracidad del prestigio que su firma exigía y el éxito que reclamaba su carrera, como apetito de insaciable poder ascendente, sin tomar en cuenta éticas ni razonamientos morales, que la sociedad no justifica y por el contrario condena. Eso para James eran obstáculos, solo eso, montones de objetos en el camino que atropellaba sin duda y certeza de fe en pensamiento y acciones. Liberando a violadores, exculpando a ladrones, patrocinando a asesinos, limpiando a corruptos. Sus valores median el fin de sus objetivos sin importar los medios ni caminos tomados. Bajo el rígido limite que las leyes alumbran en flaquezas y debilidades para exculpan castigos. Él y su meticulosa mente ordenaba esos límites del juego, tomándolas como ventaja de la partida y se levantaba siempre victorioso en complicados juicios. 

Pero ahora que su mundo íntimo decaía, que el vértigo de la desdicha acometía a su destruido matrimonio. El reflexionaba sentado en el banquillo, con solo una 44 entre las manos y algunos proyectiles como testigos brillantes en su presencia así como esos mismos testigos que el usaba en las audiencias, de caras lánguidas, inflexibles, quizás temerosas, en los tribunales que resolvían sus casos.

Poso con cada recuerdo una tras otra las balas que golpeaban galopantes topando el fondo del tambor del arma mientras recordaba los fines de semana de etiqueta, esas noches glamorosas con sabor a tango y vino. Una atmosfera que reservaba solo el fino tino de los protegidos por la firma McGregor. Los salones tan amplios y opulentos como las excentricidades de su jefe que abría las puertas de par en par al infierno que esconde los mismos vastos misterios que el oficio envuelve.

Eran los excesos que gravitaban su ego en sus lascivos sueños y aires triunfales que no lo hacían reaccionar hasta que tocaba fondo cuando regresaba de sus dispersiones de desenfreno a una concreta realidad que lo golpeaba mostrándole a cuenta la expiración de su amor con una infidelidad de su esposa en brazos de otro.

El no culpaba a María, él sabía que sus actos eran los desenlaces a consecuencia de sus escenas infidentes con múltiples amantes que el transitaba en esa película tan rápida y mortal que se tornó su vida.

Sus excesos lo consumían y aspiraba deseoso de librar el peso de sus penas como la droga que necesitaba en mayor cantidad para maquillar los agujeros que atravesaban a cada minuto su alma.

Volviendo nuevamente a preguntarse. ¿En qué momento todo empezó a salir mal?

Quizás ya había quemado muchas etapas, hasta llegar a aquella donde la inconciencia nos rige. Pero ahora entendía el pago a la certeza de atravesar el umbral que nos define entre el bien y el mal. Y él sabía en qué posición estaba y cuál era el precio que ahora el destino pronto lo obligaría a pagar.

Nunca supe nada más de James McNeil. Él era una posible pieza que constituía una parte de la incertidumbre que generaba en mi ese posible nexo por la invitación que me realizo Mr. McGregor a su firma de abogados. El rompecabezas que no dejaba pistas de su paradero final y de la gran expectativa que me genero esa historia que terminaba de oír de un amigo corredor de bolsa de Wall Street mientras tomábamos un café antes de mi cita con el letrado.

 

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  • Gracias amigos, es parte de mi progreso de aprendizaje mientras los leo y de vez en cuando escribo. Un saludo.
    Que estilo en tu narración. Intriga y te lleva de la mano por todos aquellos pensamiento del protagonista. Como desmembrado las partes de su pasado. Narras de manera exquisita. De verdad. Un abrazo.
    Excelente Frank. Avanzas con mucha soltura y gran riqueza literaria. Elegante narrativa. Felicitaciones. Un saludo afectuoso.
    Eres bueno escribiendo!! felicitaciones
    Gracias amigo, que bueno que te haya gustado. Yo ya te he leído mucho antes y tus escritos son tan certeros e inteligentes como tus comentarios. Un abrazo maestro!
    Acabo de leerte por primera vez Frank y realmente tu prosa es muy original. Manejas un estilo que no le teme a los adjetivos y que es fuertemente visual. Este trabajo es muy interesante, en especial por la graduación emocional que le vas otorgando a medida que los hechos avanzan. No seguimos leyendo. Un abrazo. 5*
    Gracias Adela
    Un gran texto, Coyote. Construyes muy bien las frases, con riqueza de vocabulario y sintáctica. Se nota que eres un gran lector. Enhorabuena.
  • ¿Puede el amor esperar tanto la desdicha que acontece al olvido en el tiempo?

    El los caminos que rige la ley, siempre hay un precio a pagar cuando se atraviesa el umbral que nos define entre el bien y el mal.

    “Es casi ley, los amores eternos son los más breves” Mario Benedetti https://www.youtube.com/watch?v=_6_5JLcii3A

    Una visión desde la otra margen al mundo del porno, encontrando en sus personajes la tragedia en su afán por la innovación en los excesos del cuerpo.

    En el umbral de lo paranormal y lo metafísico, donde la mente esconde los más oscuros terrores. Camine de la mano de July, por un pasadizo lleno de muerte y desolación. Ella regresa algunas noches y me acompaña a buscar la salida del panóptico pero desaparecen sus pasos, entonces siento como se desvanece mi vida. Pero yo ya había muerto mucho antes, cuando desperté en esa habitación de hospital sin las dos personas que July me intenta mostrar, caigo en absoluta oscuridad y solo queda... el coyote.

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