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5 min
El ahorcado de Tihzel - Capitulo II
Ciencia Ficción |
19.04.17
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Sinopsis

Primer capitulo http://www.tusrelatos.com/relatos/el-ahorcado-de-tihzel-capitulo

II

El encargo del secretario

   Ococ nos permitió atravesar sin dificultades y logramos arribar al puerto Los Hijos un lunes 13 de marzo alrededor del medio día. El alboroto de la tripulación era caótico en la cubierta de carga y no lograba encontrar al capitán para reiterarle mi más sincero agradecimiento por su hospitalidad. Me aventuré por la cubierta principal, pasando la chimenea de proa y popa, llegué a los camarotes principales, a un costado de estos, resaltando, una puerta entreabierta con el nombre del capitán en letras doradas. Llamé a la puerta en varias ocasiones y sin obtener respuesta de su inquilino me tomé la libertad de entrar sin su permiso.

   Lo que vi fue abrumador, un huracán pareciese que había arrasado con el lugar. Documentos, mapas, libros dispersados por todos lados, de revés el cómodo sillón que horas antes yo había disfrutado, un librero de caoba que contenía los exquisitos volúmenes de navegación inclinado sobre una pared, los visillos decorando el piso con marcas de pisadas, el capitán de un lado a otro se movía sin destino, balbuceaba con su característica voz bronca, los surcos en la frente por la edad se besaban con repudio, producía un silbido exasperante en sus narices, su rostro denotaba preocupación y sin cesar se jaloneaba su escasa cabellera blanca.

   —¿Dónde estás, donde te dejé? —se cuestionaba aquel hombre.

   —Buena tarde tenga usted capitán —dije mientras avanzaba por su cuarto evitando pisar algo importante —. Un excelente trayecto, como ningún otro debo confesarle.

   —Espero lo esté disfrutando señor Olaf—comentó sin detener su marcha —. Estamos a nada de arribar. Le sugiero que vaya a proa para admirar la vista, estoy seguro, sus ojos se lo agradecerán por siempre.

   En ese instante el capitán me había dejado impactado. Abandonado en el rastreo de un tesoro que enterró en su propia alcoba. Tan absorto en su búsqueda que se distanció de su buque dejando las maniobras al segundo, aunque este, no lo hizo nada mal.

   —Maravilloso el puerto capitán —le comenté para alejar su éxtasis —, el carguero Madero está a punto de partir con el carbón y el grafito.

   —¿El carguero Madero? —Se preguntó el capitán —Madero, Madero, Madero —repetía sin cesar.

   De pronto, como si la apreciada recordación hubiese atravesado las encrucijadas de su memoria senil, pisando una puericia penosa y una agitada madurez y hallado ahí la salida del dédalo de sus luctuosos recuerdos, atravesando el umbral del pensar para transformarse en jocosas palabras, dijo:

  —¡Ah, qué va, qué memoria la mía! ¿Estoy de coña? Ya no se puede confiar en los viejos lobos de mar.

   Al terminar su comentario se dirigió a una de las paredes del camarote, se inclinó debajo de una ventanilla rectangular que proyecta al puente de gobierno. Sorpresa la mía, al acercarse desentabló una pequeña madera oblonga de la pared; un escondrijo ocultaba el capitán, y de ahí, retiró un pequeño sobre arrugado que se llevó enseguida al pecho y sus ojos parecieron iluminarse al igual que un pirata desentierra un tesoro.

   —Aquí estás —gritó con júbilo.

   —Capitán, —dije susurrando —¿se encuentra bien?

   —Claro que sí señor Olaf —comentó con vives mientras me tomaba del hombro —estoy mejor que nunca. Este sobre que tengo en mi poder —añadió —me lo entregó en confianza el secretario, a su vez, usted lo entregará al rey Augusto, de La Primera Familia. En estos momentos debe estar esperando su llegada.

   Cuando terminó de hablar quedé estupefacto. Se había robado toda idea, todo verbo de mí ser, pálido mi rostro debió de haber estado con la confesión que había disparado con toda naturalidad aquél hombre atarantado. La instrucción que yo había recibido por parte del secretario del actual  monarca de mi adoptiva nación, era la de vigilar la carga que íbamos a recibir, que al parecer, era muy valiosa. De un simple mensajero local que era yo a un centinela, fue un gran logro de mi parte. Tener la oportunidad de conocer esta isla, pisar sus tierras, escuchar sus leyendas, conocer su gente, ir formando parte del círculo de confianza del secretario, era todo un honor para mí. Lo extraño fue que omitiera la orden que yo tenía que entregar ese sobre en las manos de Augusto, la autoridad de los integrantes de La Primera Familia; el regidor, el que crea y destruye las leyes en Tihzel.

   —¡Ande, ande! —me decía el capitán mientras me empujaba hacia la salida del camarote —. No puede darse el lujo de hacer esperar a una persona de la talla de Augusto.

   —Pero capitán…

   —Pero nada señor —dijo interrumpiendo mi oración con brusquedad mientras colocaba el sobre en el bolsillo de mi chaqueta —. Cuide este documento y vaya enseguida hacia la villa. Una persona lo espera en la entrada al valle y le conducirá hacia él.

   Alcancé a ver la rúbrica del secretario antes que el capitán colocara el sobre en mi bolsillo, y no me quedó duda que provenía de él. El capitán siempre ha sido un amigo cercano al secretario, gran confianza le tiene y no tuve oportunidad de vacilar con sus términos.

   —Mañana —ordenó el capitán —partiremos cuando los guardianes partan al sol por la mitad. Entregue el recado y no demore en volver…hay mucho que hacer aquí.

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Otros relatos del autor
  • Sigue interesante el relato, aunque me he perdido en la frase "¿Si tiene conocimiento de esta encomienda señor?" Parece como que falta algo. El resto bien narrado. Saludos.
  • http://www.tusrelatos.com/relatos/eel-ahorcado-de-tihzel-capitulo http://www.tusrelatos.com/relatos/el-ahorcado-de-tihzel-capitulo-ii

    Siete veces giró esa noche la manivela de la cajita musical. El cilindro comenzó a dar vueltas y las vibraciones del peine florecieron en una frágil y bella melodía....

    Primer capitulo http://www.tusrelatos.com/relatos/el-ahorcado-de-tihzel-capitulo

    «Ennegrecidas las aguas que nos rodean, manipuladas por el demonio de dos lenguas». Estas fueron las últimas palabras de Francisco “la tortuga” antes de ser ahorcado por un crimen hacia el corazón de Tihzel.

    Sombras, sombras por doquier; osadas se movían con libertad entre la brillante luz sin temor a esfumarse...

    En los ayeres de mi clara lucidez y copioso afecto, mis emociones eran iluminadas por el resplandor de la pasión y el amor....

    El rechinido de la gran puerta de madera se escuchó....

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