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4 min
El amor de un padre
Terror |
26.07.18
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Sinopsis

El amor paternal desde un punto de vista diferente.

Eran ya altas horas de la noche y Guillermo no parecía tener ningún ápice de sueño. Todo esto debido a que sus padres discutían en la recámara contigua y aquello no le daba ninguna tranquilidad.

Sin embargo, ya llevaban dos horas dentro y ya no se escuchaban las voces. Ni una voz; ni un murmullo. Esto, en vez de calmar al chico, lo inquietó un poco. Era claro que la discusión bajó de tono (casi literal, de no ser que ya no se emanaba ningún ruido). Su reloj marcaba la una de la madrugada y sus ojos se posaron en los números verdosos; acto seguido tomó el despertador y se levantó de la cama.

A paso ligero, caminó de puntillas hasta llegar a la manija de su puerta. Quizás su racionalidad no se lo permitió, pero era evidente que su mano estaba temblando. A pesar de no saber cuál era la razón, la realidad es que no existía ninguna. Accionó la manija y asomó su cabeza al corredor.

El cuarto de sus padres se encontraba a lado derecho y a la izquierda se ubica el baño. Salió de su recámara y tocó la puerta de sus padres para acto seguido preguntar:

  • Mamá, papá – preguntó con cautela - ¿todo está bien allá dentro? No quiero ser imprudente; solo quisiera saber si están bien…

La pregunta pareció perderse en el pasillo. En el interior se escuchaban resoplidos bestiales y se escuchaban crujidos. Cuando Guillermo tomó la manija, la puerta se abrió un poco. El chico dio un respingo del susto; después de un segundo consternado, tomó aire y abrió la puerta lentamente. Las bisagras hicieron lo suyo sonando a una puerta antigua. Todo estaba oscuro. Guillermo  prendió el foco y lo consiguiente lo dejó sin aliento.

El cuarto parecía impecable y vacío. No había señales de sus padres. La ventana, que daba a la vista a la calle, ilustraba a través las ramas de un árbol. La Luna parecía no dar ni una señal (al menos, en ese cuarto). Guillermo no podía creer lo que veía; escuchó a sus padres discutir. Comenzó a escuchar susurros en la cabeza y después ecos cavernosos que le decían:

  • En el baño, en el baño, en el baño… - la voz parecía perderse en el vacío onírico de su mente.

El niño cerró la puerta y con extremo cuidado se dirigió al baño. Se escuchaban voces… Tal vez gritos de advertencia.

  • ¡Sal de ahí! – se escuchaba lo que parecía una muchedumbre eufórica.

La cabeza le daba vueltas y no controlaba sus movimientos. Al tomar la manija del baño, escuchó que alguien subía por las escaleras. Guillermo, volteando en dirección a la escalera observo una cabeza asomándose. Lo miraba fijamente. Parecía de rasgos femeninos. Hasta que el niño volvió en sí; era su madre.

  • ¡Mamá! – el niño se dispuso a ir hacia a ella, hasta que algo ocurrió – Mamá…

Aquella cabeza reveló su identidad. Ciertamente, era su madre, pero no como él la esperaba. Se movía en cuatro extremidades, su cabeza giraba en su mismo eje y su mandíbula sangraba de forma vertiginosa. El niño trató de abrir la puerta del baño. Exhalaba y gemía de miedo. La criatura se acercaba lentamente. No había escapatoria.

Del baño salió su padre, con toda tranquilidad, miró al niño, después de que éste último lo abrazara después de abrir la puerta. El hombre preguntó, confundido:

  • ¿Qué ocurre, hijo?
  • Papá, miré a mi madre. ¡Era un monstruo! – chilló de terror.

Su padre miró al fondo del pasillo y vio que había un charco de sangre.

  • ¿Dices que viste a tu madre? – le preguntó el hombre.
  • Sí, papá. Estaba ahí.
  • Iré a ver.

El niño no quería soltar a su padre, pero el hombre le regaló una sonrisa de complicidad y acto seguido, el infante lo dejó ir a investigar. Se escucharon martillazos huecos que Guillermo oyó. Después sonó una puerta cerrándose de golpe. Su padre regresó con el niño. La ropa de dormir llevaba sangre y en la cara llevaba manchas.

  • Ya, hijo. Tu mamá no te molestará más.
  • Gracias, papá.
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"Alguien desconocido por fuera, alguien diferente por dentro."

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