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6 min
EL AMOR ES PROSAICO
Amor |
06.11.18
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Sinopsis

Una mujer tendrá que pasar por unas desagradables pruebas para demostrar su amor a un hombre.

María Rubianes era una mujer rubia, alta; de cincuenta y cinco años, con un temperamento muy enérgico; y separada de su marido desde hacía varios años; aunque tenía dos hijos mayores que eran unos ejecutivos de unas empresas de Informática.

Y al haber sido ella propietaria de unas paradas de carnicería en un Mercado Municipal de un barrio obrero de Barcelona que le había permitido ganar grandes beneficios en una época de expansión económica y de modernización del país a la sombra de la dictadura franquista, se sentía agradecida de aquel sistema ultraconservador y autoritario que a su juicio la había enriquecido, por lo que ahora despoltricaba contra los partidos políticos de izquierdas que la obligaban a ser más solidaria a través de los impuestos.

Mas por otro lado debido a su fracaso sentimental parecía que sufría una fobia hacia el sexo masculino y siempre decía que no necesitaba la compañía de ningún hombre.

Sin embargo a pesar de su óptima situación financiera y de sus brillantes hijos, así como de gozar de cierta proyección social, en su fuero interno se sentía tremendamente sola ya que en realidad todo el mundo vivía encerrado en su concha particular y nadie se preocupaba realmente de nadie.

No obstante un día cuando menos se lo esperaba gracias a un viejo amigo la mujer conoció a Fabián. Se trataba de un sujeto tan alto como ella y casi de su misma edad, que a tenor de su innata simpatía y don de gentes, María enseguida se sintió atraída por él.

Muy pronto de una manera espontánea empezaron a congeniar y como es de esperar a salir juntos. Iban tanto a espectáculos como hacían pequeñas excursiones los fines de semana a los lugares más pintorescos de la provincia de Barcelona, y en la Costa Brava donde en la mayoría de las calas la vegetación se miraba en la superficie del mar confiriéndole un brillante color verde-esmeralda. Fue entonces cuando a María se le puso en evidencia a propósito de las atenciones, al sincero interés personal que demostraba aquel hombre hacia ella que le transmitía una seguridad afectiva, hasta que punto andaba necesitada de ternura.

A su vez también Fabián se sentía a gusto al lado de María, ya que era viudo y de hecho se sentía bastante solo puesto que sus dos hijas se habían independizado y residían en otras provincias de la Península Ibérica. Se puede afirmar que la pareja vivió unos meses de plenitud en los que se revitalizó la confianza mútua que la sellaron con un subido erotísmo - pues a Fabián le encantaba la ropa interior de color blanco de la fémina, y especialmente sus nalgas-, teñido todo ello de un profundo romanticismo.

Pero no todo iba a ser de color de rosa. Se daba el caso que Fabián estaba enfermo de gravedad. Padecía una leucemina y en breve tenía que ser intervenido quirúrgicamente.

- No te preocupes. Seguro que todo irá bien. Y yo estaré contigo - trató de animarle María cuando él le dio la noticia.

Efectivamente Fabían tuvo que pasar por el quirófano, y María si quería darle muestras de su amorincondicional, además de tener que arrinconar su rígido sentido práctico de su existencia que le costó un considerable esfuerzo, y desarrollar su espíritu de generosidad poníendose al cuidado del enfermo dentro de sus posibilidades, tuvo asimismo que enfrentarse con las hijas de aquel hombre las cuales vinieron a Barcelona para hacer compañía a su padre.

Éstas eran unas chicas prepotentes, ariscas, y muy desconfiadas que no veían con buenos ojos la relación de su progenitor con aquella decidida mujer. Las jóvenes pensaban que dicha señora sólo iba en busca del patrimonio familiar, y en consecuencia la trataban con desdén.

Aunque esta historia se asemeje a un melodramático culebrón ¿tenían razón las hijas de Fabián en sospechar de la honestidad de María? Desde luego que sí.

Hacía unos años cuando Fabián enviudó conoció casualmente a una mujer divorciada de modestos recursos económicos que al percibir su acomodada situación no dudó en colarse en su vida y en la misma familia sin ningún tacto. Pues ella como muchas mujeres de su tiempo, según el sistema mercantilista en el que estamos inmersos, iba a la caza del hombre adinerado, del "buen partido" para que la llevase "en bandeja" sin fijarse para nada en su valor humano, a cambio de un poco de sexo.

Claro que tan pronto como las hijas de Fabián se percataron de las descaradas intenciones de aquella mujer no tardaron en reaccionar e hicieron lo imposible no sin grandes discusiones con su padre para que ésta se marchara de su vida cuanto antes.

Por eso mismo ahora ellas temían que María fuese otra aprovechada.

- No tenéis nada que temer de mí, porque yo tengo mucho dinero y amo de veras a vuestro padre - les dijo María a las dos jóvenes en la sala de espera del Hospital.

-¡ Pues te vigilaremos, y no te vamos a dejar pasar ni una! - le contstaron ellas desafiantes.

Pero María que era de ánimo fuerte y perrseverante, aunque no se atrevió a explicar a sus hijos la resistencia de las hijas de Fabián que tenía que vencer por temor a que ellos la tacharan de tonta, no dejó de velar a su novio en la habitación del Centro Sanitario viendo cómo las interminables horas pasaban muy lentamente - en estos lugares el tiempo se relantiza de un modo alarmante- con un deprimente matiz ambiental derivado de las circunstancias, dado que de vez en cuando el enfermo se despertaba de su sopor y su mente enturbiada a causa de los calmantes perdía la noción de su entorno.

Y es que el verdadero amor es una rosa con espinas como dijo el poeta; es decir que el valor de este sentimiento desinteresado hacia otra persona, sólo se forja y se mide a través de las dificultades. Pues el amor romántico de connotaciones más estéticas que éticas, y que está subliminado por los bellos relatos, por la poesía galante, o los espectáculos no es más que el ténue umbral de unas relaciones, que dura un tiempo efímero.

Por tanto cuando Fabián despertó de uno de sus letargos, al ver a María a su lado la tomó cariñosamente de una mano, y le sonrió en silencio.

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