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3 min
El antojo de los Famosos
Reflexiones |
22.11.12
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  • 1956
Sinopsis

Reflexionando...

“A partir de los cincuenta años cada persona es responsable de su propio rostro”

 

Hay personas que no acceden a ser responsables de su rostro, y muchas veces ni siquiera de su cuerpo, por lo que echan mano a sus billeteras y intentan disimular (cosa que, en contadas ocasiones consiguen) los efectos y derivados de la edad con cirugías y tratamientos novedosos. Crean rostros ficticios y dejan atrás señas de identidad. Los usuarios más familiarizados con este tipo de operaciones son sin duda los famosos, es tal su fortuna y su apetito de verse cada vez más guapos y radiantes, que no dudan en aferrarse a cualquier método flamante regenerador. Este tipo de “mutaciones” serían totalmente rechazadas por la sociedad si más de un “Socrates” siguiese coleando; serían totalmente criticados y increpados, por hacer tan alto hincapié en su físico. Al no ser así y estar viviendo en una sociedad totalmente material y egoísta, los adinerados y hasta los que no lo son tanto, hacen lo que sea para atraer la mirada de cuantos focos puedan, y les surge efecto.

 

Como ya he dicho anteriormente, la sociedad tiene la culpa de la gran renta que los cirujanos estéticos están sacando a la situación. Aún así, no siempre sale como uno espera, ya que cuando te metes en un quirófano nunca se sabe lo que puede ocurrir. Hay cantidad de casos que aprueban esta afirmación, como pueden ser los de Michael Jackson y Jocelyn Wildenstein. Esta última, fue casada con Alec Wildenstein, el cual iba a heredar una fortuna de 10.000 millones de dólares. Tras el enlace, Alec se fue a vivir a Kenia donde se enamoro de los leones. Jocelyn no tuvo mejor idea que intentar interpelar la atención de su marido tirando de la cirugía para adoptar rasgos felinos. El resultado es estremecedor, madre mía!

 

 

Aun así, siempre queda gente que se revela y se opone a seguir con tan alta manipulación, pero por desgracia son pocos. El más claro ejemplo, lo tenemos en el cómico y guionista Berto Romero. A pesar de su nariz gigantesca no tiene miedo en esconderla, ni en bromear con ella. Al fin y al cabo, no hay nada mejor que reírse de uno mismo, y abolir los complejos que se entrometen en tu bienestar.

 

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