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11 min
El artista de la obra divina: Estrellas en la oscuridad
Ciencia Ficción |
10.02.19
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Sinopsis

Les traigo galaxias y mundos nuevos, seres y bestias, paz y guerra. En esa realidad surgen los artistas. Algunos pintan por amor, otros por pasión, los hay quienes lo hacen por miedo y quienes lo hacen por venganza. Algunos, incluso, llevan sus obras a niveles inimaginables. Muchos chocarán en sus pinceladas, pero sólo uno pintará el cuadro completo. El artista de la obra divina.

  Su trabajo había terminado por ese día y estaba presta a descansar. Aún podía sentir el cansancio del arduo día laboral, había tenido muchos clientes. Un presentimiento no muy bueno la acompañó ante cada persona que llegaba a su hogar. Mala cosa.

  La famosa bruja cerró la puerta de su casa, como todas las noches alrededor de ese horario. Llevaba unos signos de preocupación en aquella cara arrugada y llena de manchas, propia de una anciana de cien años. Una bandana verde con llamas dibujadas le asomaba en la cabeza, cubriendo su calvicie. Su nariz aguileña y patas de gallo en los ojos estaban muy marcados, pero eran opacados por sus hermosos ojos negros. Ojos de gitana.

  Se cambió la ropa que habitualmente usaba para recibir a sus clientes por un camisón suave de color blanco. Nuemi siempre decía que en las noches había que estar envuelto en blanco para alejar a los brazos de la oscuridad. Tal es así que no sólo iba vestida del color de la nieve, sino que antes de acostarse se espolvoreaba la cara con una pomada blancuzca y se bañaba los pies en talco. Esa noche no fue la excepción.

  Nuemi era la bruja vidente más famosa en toda Ciafara, capital de Livra, su planeta. Diez de cada diez sueños se hacían realidad. Erró solamente dos en toda su vida y fue por falta de interpretación. Debía tener mucho cuidado cuando cerraba los ojos. Soñaba poco, pero cuando lo hacía, debía recordar. También veía el futuro en las manos de las personas, en las cartas y, a veces, en sus rostros; pero era un futuro mucho más general, no tan preciso. Los sueños en cambio, si los entendía correctamente, eran peligrosamente puntuales.

  Esa semana venía durmiendo mal. Sabía, por lo tanto, que iba a tener uno de esos sueños pronto, ya que sus síntomas no le fallaban. Pero tenía la intuición de que esta vez iba a ser diferente. Estaba intranquila, con cierto temor. ¿Cómo podía ella, una vidente de tantos años, sentir miedo por algo que hizo toda su vida? No lo sabía, pero así se sentía. Apoyó la cabeza en su almohada, se dejó atrapar por el cansancio y el sueño apareció.

  Se encontraba en la cima de una colina enana, llena de tierra roja que se le metía entre los dedos de sus pies, gastados y descalzos. Llevaba su camisón blanco y un cayado metálico del mismo color. Alrededor no había nada, solo abismo. Caminaba hacía un fuego oscuro que estaba prendido en el suelo a pocos metros. Al llegar, cerró sus dedos retorcidos con fuerza alrededor del cayado y habló:

  –¿Qué me mostrarás hoy?

  El fuego crepitó, pero no respondió.

  –¿Es otro acertijo, como la última vez?

  Las llamas crecieron y empezaron a danzar. El viento se agitó en aquella meseta y las estrellas comenzaron a brillar intensamente en el cielo nocturno.

  –¡Muéstrame!

  El fuego rugió y una mano de gran tamaño surgió de la fogata, se apoyó sobre la tierra y elevó el resto de un cuerpo en llamas. Sueño volvía una vez más.

  «Cuidado ahora. Mucho cuidado» pensó la bruja. Extendió su cayado delante, entre él y ella, para detener su paso cansino y suave.

  –Ya te di dos almas hoy. No necesitas más. ¿Tienes algo para mostrar?

  –Sí...–La voz era ronca y profunda.

  La vidente lo observaba atentamente por si se ponía juguetón, atenta a cualquier cosa que intentara. Sueño continuaba aproximándose mientras ella retrocedía, hasta que hizo un extraño gesto y empezó a bailar muy suavemente mientras daba vueltas alrededor de ella. Chispas volaban y chisporroteaban en cada uno de sus movimientos. La anciana lo seguía con la vista y procuraba siempre tenerlo de frente, con cayado de por medio. Cada tanto, aquel ser flameante daba unos manotazos ardientes para agarrarla del camisón, pero ella estaba lo suficientemente atenta como para esquivarlo a tiempo.

   –¡Muéstrame!

  –¡Sí!–respondió él, y siguió moviéndose. A Nuemi le empezaban a doler las rodillas y cada tanto se limpiaba el sudor de la frente con una manga. Deseaba tener su bandana cubriéndole la cabeza, pero en los sueños nunca la llevaba. Jamás sabía por qué.

  La danza continuaba. Aquel ser ardiente seguía inmerso en sus movimientos melódicos, soltando manotazos hacia ella, quien siempre los esquivaba e interponía rápidamente su cayado entre ellos.

  «La danza del sueño es peligrosa, pero sigue siendo un precio bajo para el premio que hay al final.»

  –¡Muéstrame!– Volvió a gritar, y esta vez Sueño se detuvo. Un montículo emergió repentinamente del suelo, allí donde antes había solo tierra roja. Él se sentó y la miró sin ojos, le sonrió sin boca y alzó los brazos, desprendiendo miles de chispas hacia el cielo nocturno. El momento, como tantas otras veces, había llegado.

  Nuemi sintió un escalofrío desde la espalda hasta el cuello que la hizo estremecerse, y la sensación tardó unos cuantos segundos en desaparecer.

  «Mal presagio.»

  Sobre Sueño se había formado una nebulosa chispeante, que empezaba a retorcerse, queriendo dar forma a algo.

  –Arrtiisstasss... – dijo muy lentamente, casi con esfuerzo, con la voz más grave que la bruja hubiera escuchado. El índice de la mano en llamas señaló el ballet de chispas sobre él.

  Se había dibujado un gran punto en el centro y alrededor de él giraban otros círculos más pequeños. Parecía ser una galaxia. Cuando la imagen se hizo más nítida, la vidente comprendió que era su galaxia.

  «Vira.»

  Su vista dejó aquella ilusión por un segundo y se dirigió al ser ardiente, pero éste no la observaba, miraba con atención su creación.

  «No me mira. Aún no acaba, quiere que siga mirando» pensó.

  Los planetas giraban alrededor del sol, pero estrellas empezaron aparecer en torno a la galaxia, encendiéndose una a una. Eran seis.

  –Arrtiisstasss...– volvió a decir Sueño.

  «Artistas» se repitió ella, sin entender su significado. Aun así sabía que esa palabra era importante.

  Las estrellas comenzaron a bailar con los planetas y a acercarse de a poco al sol. Poco a poco la galaxia y las chispas empezaron a esfumarse, pero las estrellas se mantuvieron, cada vez más nítidas. De pronto una se detuvo, se alzó por sobre las demás y una visión nació de ella.

  «¿Un océano?» Nuemi creía verlo. Un mar tan negro como el universo mismo y una luz pequeña que se movía a través de él, entre muchas luces mayores. De repente, las aguas calmas se transformaron en una marea furiosa y empezaron a apagar todos los puntos brillantes, pero la pequeña aún no era devorada.

  La visión se esfumó. Sueño tampoco le dirigió el rostro, por lo que supo que había más. Otra estrella se irguió por sobre las demás. La ilusión que emergió de ésta fue distinta.

  Parecía algo similar a un faro, un faro que desde la cima proyectaba una luz intensa e iluminaba toda la colina. Giraba hacia todas direcciones, pero se detuvo un momento sobre una de las estrellas que aún no se había alzado, el tiempo suficiente como para que la bruja lo notara. Luego siguió su recorrido hasta extinguirse por completo.

  Nuemi había tenido razón. Sus sentidos nunca la traicionaban, sabía que éste sueño era importante, nunca había tenido más de dos visiones en una misma noche. Jamás. Tenía los ojos negros bien abiertos.

  La tercera estrella no subió como las demás, empezó a apagarse allí debajo. Estuvo a punto de desaparecer, pero cuando creyó que se extinguía, se volvió blanca, tan brillante que opacaba al resto. Una imagen se divisaba ahora: una montaña. Parecía convulsionada. La montaña se hizo ciudad, la ciudad, planeta; y el planeta, sol. Al final todo desapareció, dando paso a la cuarta estrella.

  Ésta no proyectó visión alguna. La anciana miró al ser llameante esperando alguna explicación, pero aquel no le prestaba atención, por lo que no le quedó otra que volver la vista y tratar de comprender el mensaje por ella misma. Esperó y esperó, pero nunca hubo nada. Un misterio.

  Sin embargo, la quinta y la sexta estrella no fueron menos. Una empezó a bailar alrededor de la otra, mientras aquella se alzaba más alta que el resto. Era la estrella más grande, sin dudas. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo nuevamente, estaba incómoda. Por precaución, levantó su cayado metálico. Se sentía más segura así.

  La visión se presentó lentamente: unos ojos rojos hicieron presencia. Aquellos parecieron darse cuenta de que lo observaban. Era extraño. Por momentos miraba a la estrella que giraba en torno a él, en otros parecía observar la colina misma y a Sueño; pero cuando observó a Nuemi, aquella mirada escarlata se clavó en ella y no la soltó más. De aquellos puntos rojizos empezaron a nacer delgados hilos rojos. Un cuerpo parecía empezar a divisarse, como si estuviera saliendo de una niebla. Ella sintió miedo y  cómo se le calentaba el cayado. Nunca había sentido nada en los sueños. Antes y después de tenerlos sí, pero nunca durante. Ésta vez ya había sentido escalofríos y ahora sentía miedo.

  La imagen que vio le inspiraba tanto temor como admiración. Pero se estaba empezando a salir de aquella ilusión. Quería llegar a ella.

  –¡Basta!–gritó la anciana–. ¡Basta, ya es suficiente! –Pero Sueño permanecía quieto. La imagen de aquellos ojos furiosos salió de la visión y empezó a caminar hacia ella. Nuemi levantó el cayado y gritó unas palabras extrañas, pero no se detenía. El cuerpo ya no caminaba, trotaba. Ya no trotaba, corría.

  –¡Ya basta! ¡Sueño, haz que termine!– Había desesperación en la voz de la vidente. Cuando lo tuvo cerca, la maravilla temible de ojos rojos se abalanzó sobre ella, quien se dispuso a recibir la embestida agachada y cubriéndose la cabeza con las manos. Su cayado estaba en el suelo, ardiendo.

  –¡Noo!

  Su piel sintió como si una suave nube hubiera chocado contra ella y se hubiera desarmado con el impacto. Abrió los ojos y ya no había nada más. Bajó los brazos, levantó la cabeza y ya no había visión, el cielo estaba limpio. Sueño estaba de pie delante de ella. El ser estaba en silencio, observándola. Nuemi rápidamente tomó su tibio cayado, que ya no ardía y lo interpuso entre ellos.

  –¡¿Qué fue eso?!– preguntó horrorizada. Su cara arrugada parecía más vieja después de esas visiones. Cada sueño la deterioraba un poco más.

  Sueño no le respondió, en su lugar levantó seis delgadas llamas de sus manos, a modo de dedos.

  «Seis.–se dijo ella–. Las seis estrellas, pero ¿qué significan?»

  –Arrtiisstasss...–dijo con voz grave y ronca la criatura flameante. Dio media vuelta y se dirigió hacia la fogata oscura. La bruja había quedado exhausta, tantas visiones y esfuerzo la habían dejado abrumada. Al llegar al fuego, Sueño empezó a descender, pero justo antes de desaparecer, giro para observarla y levantó seis dedos nuevamente, pero esta vez un séptimo se erigió junto a los demás.

  –Sieetee..–dijo, y la señaló. Volvió a desaparecer en el fuego.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  • La premonición onírica siempre ha acompañado al hombre desde los albores de los tiempos, un matiz místico y mágico nunca le viene mal a una historia, buen aditivo; 7.... Un buen número, y ya tenemos justamente 7 personajes; (Exceptuando a "Dios"). Sobre lo que me pediste por correo... Te estaré enviando todo un rudo testamento vía e-mail a la proximidad posible, espero ser correspondido con la misma rudeza, jejeje, va genial el relato, éxitos.
    Muchísimas gracias francesc, valoro mucho tu opinión. Esperemos seguir con la vara alta para cubrir sus expectativas, y si algun relato queda flojo, ni dudes en criticarlo para yo ir mejorando. Un abrazo grande!
    Tienes una gran imaginación, y además el relato está muy bien escrito. Los sueños son un lenguaje alegórico, simbólico que nos hablan acerca de nosotros mismos, y a veces sin reparar en el tiempo presente.
  • Les traigo galaxias y mundos nuevos, seres y bestias, paz y guerra. En esa realidad surgen los artistas. Algunos pintan por amor, otros por pasión, los hay quienes lo hacen por miedo y quienes lo hacen por venganza. Algunos, incluso, llevan sus obras a niveles inimaginables. Muchos chocarán en sus pinceladas, pero sólo uno pintará el cuadro completo. El artista de la obra divina.

    Les traigo galaxias y mundos nuevos, seres y bestias, paz y guerra. En esa realidad surgen los artistas. Algunos pintan por amor, otros por pasión, los hay quienes lo hacen por miedo y quienes lo hacen por venganza. Algunos, incluso, llevan sus obras a niveles inimaginables. Muchos chocarán en sus pinceladas, pero sólo uno pintará el cuadro completo. El artista de la obra divina.

    Les traigo galaxias y mundos nuevos, seres y bestias, paz y guerra. En esa realidad surgen los artistas. Algunos pintan por amor, otros por pasión, los hay quienes lo hacen por miedo y quienes lo hacen por venganza. Algunos, incluso, llevan sus obras a niveles inimaginables. Muchos chocarán en sus pinceladas, pero sólo uno pintará el cuadro completo. El artista de la obra divina.

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