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8 min
El ASCENSO DE LOS COAGUILA
Varios |
14.08.18
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Sinopsis

No todo es lujo, balas, fiesta, mujeres hermosas y sexo en la vida de la mafia.

                                      El ASCENSO DE LOS COAGUILA

A los jóvenes Coaguila los conocí hace algún tiempo.

Al mayor, Ramiro, le enseñé Lenguaje en el colegio 6022, hace algunos años, mientras que al menor, Michel, lo conocia desde hacía poco, cuando entró a primer año.  Eran de los más pobres del colegio, lo que es un decir en un colegio donde casi todos son pobres.  No creo que se distinguieran por algo especial, y tampoco que fueran muy educados; pero eran del tipo de personas a las que uno perdona muchas cosas cuando piensa que ya de por sí la pobreza es un castigo. Por supuesto que uno sabe que todo esto es culpa de sus padres; pero al verlos tan pobres como sus hijos, uno no podía dejar de compadecerlos por su estupidez y su mala suerte.

Por eso, cuando los vi en las aulas del San José de Copertino, donde yo trabajaba unas horas a la semana, fue toda una sorpresa. No es que el Copertino sea uno de los colegio más caros del Cono Sur; pero sí uno que está fuera del alcance de los pobres, aunque ya había oído hablar ciertas cosas de los Coaguila, cosas que hubiera preferido no saber.

Al parecer los cambios de fortuna se iniciaron cuando el padre comenzó a trabajar como cargador de una empresa que traía maderas de la selva de Chanchamayo, en Junín. Ignoro los pormenores del negocio; pero dicen que no demoró mucho en independizarse y comprar su propio camión con el que empezó a trabajar por su cuenta. Casi al mismo tiempo sacó del Ejército a su hijo mayor que cumplía el servicio militar, y lo puso a trabajar con él. Al poco tiempo la madre y la hermana mayor aparecieron administrando una tienda de ropa en la zona comercial de Gamarra. (La señora hasta entonces se había recurseado como empleada de limpieza los fines de semana). No pasó mucho tiempo para que la familia comprara un auto que dio a un primo medio borrachín que hasta entonces había trabajado como cobrador de colectivo, y poco después adquirieron la camioneta 4x4 color rata con la que harían sus viajes a la selva. Ya para entonces estaban levantando la futura casa de tres pisos en el mismo terreno donde habían vivido, y al poco tiempo los dos chicos dejaron el colegio 6022, y aparecieron vistiendo el uniforme celeste y la corbata del San José de Copertino, donde los vi por primera vez, naturalmente que con extrañeza.

En el colegio nacional ya se hablaba del rápido “progreso” de los Coaguila, y se hacía en broma y a media voz, como si se tuviera miedo de meter en algún lío con una familia que ya empezaba a andar acompañada de miembros de seguridad armados.

 Pero, hasta donde pude saber, los Coaguila no eran malos vecinos. A diferencia de otros nuevos ricos que apenas consiguen dinero se mudan a barrios “exclusivos”, los Coaguila continuaron en Villa María del Triunfo, en el barrio en que vivían, e incluso cooperando más con la comunidad. En las fiestas patronales o los torneos deportivos hicieron de mayordomos y padrinos, e incluso los regalos de juguetes y las chocolatadas que se acostumbra hacer los fines de año, fueron financiados por ellos.  Algunos insinuaron que se preparaban para meterse en la política; pero nada pudo comprobarse.

De lo que sí puedo dar fe es que a los muchachos Coaguila no les fue fácil adaptarse a su nuevo modo de vida. Los primeros días que los vi en el Copertino los recuerdo en el aula, solos, muy serios y tranquilos, incluso fríos, como intimidados por sus nuevos compañeros, hijos de empresarios o profesionales, que nunca  habían tenido que pasar las necesidades materiales que ellos.  Supongo que comprobarían también el poco aprecio que los estudiantes de colegios particulares tienen a los de colegios nacionales a quienes consideran generalmente delincuentes, miserables, ignorantes y feos; pero que en realidad la diferencia es mucha menos de lo que creen.

Sin embargo no fue por mucho tiempo.

Según supe, poco a poco las fiestas ostentosas se fueron convirtiendo en una marca de la familia. El día de la inauguración de la casa mayor, - ya para entonces tenían casas en otros lugares- celebraron cerrando la calle y trayendo una banda de música del Callao que no dejó dormir a nadie, y repartieron comida y cerveza a todo el que quisiera.  El día del cumpleaños de la niña, la última de la familia, lo celebraron con tobogán de plástico, torta gigantesca, piscina artificial, magos, payasos, y regalos para todos los que quisieran. Algunos vecinos incómodos llamaron a la policía; pero la policía que ya debía saber lo que se hablaba de ellos, no hizo nada por molestarlos. Ya para entonces, el padre había cambiado de aspecto y actitud. Las pocas veces que lo vi, a la salida del colegio cuando iba a recoger a los niños en la camioneta, me pareció mucho más gordo y chuscamente elegante, como un cafiche de provincia.

Nunca traté con él, pero me dio la impresión de alguien que intentaba darle a su familia una vida mejor de la que había llevado, y en su imaginación un colegio de prestigio como el Copertino debía cumplir esos objetivos; pero los chicos no parecían entenderlo. Porque a diferencia de los años anteriores en los que mal que bien se esforzaban por aprobar los cursos, ahora no se interesaban por aprender nada, como si el esfuerzo  escolar fuera también una las cosas que debería quedar en el pasado miserable.  Ya sea porque querían hacer olvidar su condición de advenedizos o por imitar el comportamiento ostentoso de sus padres, fueron adoptando la mentalidad y la conducta de sus nuevos compañeros, en especial de los peores. Los recuerdo – sobre todo al mayor- adquiriendo una conducta indisciplinada y matonesca frente a los niños engreídos y, como la mayoría de alumnos idiotas, querer tratar a los profesores como empleados que tenían la obligación de aprobarlo. Algo muy común en algunos colegios particulares; pero no el Copertino.

Por desgracia y por fortuna, la situación no duró mucho.

Hace algunos unos meses, durante las evaluaciones de fin de ciclo, tuve que cumplir con tomarles el examen oral y ponerles una nota por revisión de cuaderno e iba llamando a los alumnos para que me presentaran sus cuadernos en medio de un desorden que trataba de ordenar:

¡Bryan Carazas y Ramiro Coaguila!, llamé en voz alta. ¡Oral y cuaderno al día aquí, por favor! ¡Rápido!

Cuando solo un chico se me acercó, llamé, molesto de que me hicieran perder el tiempo. (Tenía 90 minutos para evaluar a toda la clase).

Coaguila, ¿qué está esperando?

No vino, profesor, gritó alguien.

¿Por qué?, grité yo.

¡No sé, no se sabe!, contestaron algunos. ¡Ya no viene!

¿Alguien sabe?  A ver, brigadier, ¿cuántos días que está faltando ese alumno?

Somoza, la brigadier encargada, contestó:

No sé, tres días creo.

¿Por qué? ¿Alguien sabe?

¡No sé no sabemos!, gritaron algunas voces que habían estado escuchando. ¡Dicen que su papá salió en las noticias!

Esa insinuación me hizo recordar algo que había oído de prisa en el noticiero; pero no quise tratar frente a los alumnos.  Continúe las labores del día, y al terminar la jornada entré a una cabina de internet para informarme más de la noticia: Hace algunos días una banda dedicada a la producción y transporte de droga y sus testaferros había caído en un megaoperativo que incluyó al Ejército y la fiscalía. Esta última había intervenido las casas de los implicados por la noche, sorprendiendo a los miembros mientras dormían y filmando a las familias intervenidas.  En uno de los videos se podía ver al padre y al hermano Coaguila siendo interrogados mientras les ponían las esposas, y después saliendo a abordar un patrullero para ser llevados a la comisaría.

Desde entonces los chicos Coaguila no han vuelto a aparecer en el colegio ni en el barrio.

Al parecer se han ido a vivir a otra parte.

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  • Es un tema complicado, el de la pobreza y la edcación, soy docente y acabo de subir un cuento corto humoristico basado en una historia real, pero dos por tres me entero de historias de corte mucho más dramático, Tu historia esta muy bien contada te felicito.
    Gracias, Peibol. No sé cuál es el procedimiento para la elección de los relatos, pero entro al foro después de un tiempo, y me acabo de sorprender al ver este texto en los relatos del mes. Una grata sorpresa, sin duda. O dos: ayer me enteré que apareció mi novela en Klinde; y hoy, de este relato. No sé quién fue el responsable; pero se lo agradezco por tan inmerecido honor. Un abrazo. Abrazo a todos. Saludos.
    Omar un gran texto muy entretenido y bien narrado. Felicidades por relato del mes, me alegro. Saludos
    Gracias, Antonio. Tu relato fue todo un reto; pero valió la pena por lo sorpresivo y novedoso que obliga a volver a leer para comprenderlo. Gracias por comentar. Y Frank, sí, algo escribiste, y creo que fue precisamente eso lo que me animó a terminar el borrador que ya tenía. Yo también soy profesor; pero a mí me apenan más los chicos de colegios públicos. Esos la van a tener difícil toda la vida. Sobre todo las niñas. A veces, su inteligencia es precisamente su condena cuando no tienen ninguna oportunidad. Ya escribiré sobre eso. Un abrazo desde Lima. Nos leemos.
    Es doloroso, Omar. No se si lo escribí en el comentario de tu anterior relato pero soy profesor de matemáticas de una escuela privada de mi amada Trujillo. Duele mucho ver esto en las noticias y duele aun mas, cuando sabes por todo lo que tienen que pasar esos chicos. Un fuerte abrazo, amigo. Un gusto leerte.
    Se veía venir que ese rápido ascenso social estaba motivado por ese tipo de negocios, lamentablemente. Es una buena historia, que sabes conducir para atrapar al lector. Al hilo de ello celebro que siguieras leyendo mi trabajo (Traslado a la mansión) aunque no te atrapara. He estado un poco apartado de escribir por la página porque estoy centrado en la confección de una novela histórica. Procuraré ir entremetiendo relatos o micros. Gracias por tu atención. Un saludo.
    Gracias, Sebastian, Carlos, Noah y Martín por leer, y comentar. Últimamente no he tenido tiempo de escribir, y no me gusta entrar a comentar sin colgar nada; pero estoy tratando de darme tiempo. Sí, creo que la historia hubiera dado para más; pero no me animó mucho la idea de trabajarlo pues el tema deprimente, que solo he podido tocar sin humor, pues este tipo de temas no se acostumbra a verse desde el punto de los niños. Y esto es precisamente lo que a mí me interesaba. Me da mucho gusto que a algunas personas les haya gustado. Les agradezco eso, y solo leyéndolos he pensado que podría ampliarse. Gracias por Noah y Martín, por animarme. Voy a pensarlo. Un abrazo a todos.
    El texto engancha, es ameno y se lee fácil. Además, está bien narrado. Solo le hubiera faltado el qué le pasa a esa familia mafiosa. Podrías escribir una segunda parte y hasta incluso una serie de capítulos, daría para ello. Pero es una opiniñon. Saludos.
    Guau, bárbara historia que hubiera dado para más, aunque ya se sabe más de 7 u 8 minutos parece ser que no interesan
    Buen relato que se ajusta a la realidad de muchos mafiosos. Saludos
  • ¡Se ve cada cosa!

    Aviso sobre la aparición de mi libro CIUDAD DEL APOCALIPSIS en Klinde

    Ah, los políticos!

    A algunos creyentes no les va a gustar; pero si nos contuviéramos siempre para no molestar a alguien, no escribiríamos nada.

    No todo es lujo, balas, fiesta, mujeres hermosas y sexo en la vida de la mafia.

    Ahora que triunfa el libre mercado y las denuncias por corrupción se vuelven a extender por Latinoamérica, una empresa transnacional anuncia la cárcel soñada por delincuentes de alto vuelo.

    La última vez defendí en un ensayo el relato largo. Me parece inconsecuente defender los relatos largos y publicar relatos cortos. Así que aquí va un relato largo. Si no lo leen, no interesa. Ya debería dejar de interesarme por eso.

    Testimonios, reflexiones, advertencias y malas experiencias de mi ejercicio en foros literarios. No intento molestar; pero tampoco ser complaciente.

    Un poquito de pornografía, para variar. :)

    Reseña de un futuro best seller. :)

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